Un informe de Oxford Economics encargado por Bayer revela que la producción de cultivos de la Unión Europea aumentó apenas un 0,1 % anual entre 2011 y 2023, mientras los costos, el clima y las restricciones regulatorias presionan al sector.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La agricultura de la Unión Europea enfrenta un desafío de competitividad frente a las principales potencias productoras del mundo. Un informe internacional presentado el 15 de octubre de 2026, encargado por la compañía Bayer y elaborado con análisis económico de Oxford Economics, advierte que el crecimiento de la producción de cultivos europeos ha sido considerablemente inferior al registrado en Brasil, Estados Unidos, Canadá, China e India.
La investigación, titulada The Resilience Gap, examina la evolución del sector agrícola europeo y las dificultades que enfrentan los productores para mantener su capacidad de abastecimiento en un escenario caracterizado por mayores costos, fenómenos climáticos adversos y diferencias en el acceso a herramientas productivas.
El estudio combina datos económicos, encuestas a más de 8.000 consumidores y entrevistas con aproximadamente 90 agricultores de ocho mercados europeos. Sus conclusiones plantean que la capacidad productiva del continente podría quedar sometida a mayores presiones si no se fortalecen las condiciones para invertir, producir y afrontar los riesgos agrícolas.
Brasil registra un crecimiento agrícola muy superior al europeo
Uno de los resultados más relevantes del análisis corresponde a la evolución de la producción de cultivos entre 2011 y 2023. Durante ese período, la Unión Europea registró un crecimiento promedio anual de apenas el 0,1 %, mientras que el Reino Unido permaneció prácticamente estancado, con una variación del 0,0 %.
La comparación internacional muestra una trayectoria diferente. Brasil alcanzó un crecimiento anual promedio del 3,3 %, Estados Unidos registró un 1 % y el promedio mundial se situó alrededor del 2 %. China, Canadá e India presentaron incrementos anuales comprendidos entre el 2 % y el 3 %.
El contraste también aparece cuando se compara la producción agrícola media de la última década con la del período anterior. En la Unión Europea, el incremento fue de solamente un 2 %, frente al 16 % de Estados Unidos, el 44 % de Canadá y el 51 % de Brasil.
Estas diferencias reflejan trayectorias productivas distintas, aunque no deben interpretarse automáticamente como una comparación directa de eficiencia por hectárea. Los resultados también dependen de factores como la expansión de la superficie cultivada, las condiciones agroclimáticas, la composición de los cultivos y la evolución de los mercados.
La expansión de la producción agrícola brasileña constituye uno de los cambios más significativos del comercio agropecuario internacional. Su crecimiento ha fortalecido la presencia del país sudamericano en los mercados de granos y otros productos agrícolas, aunque también presenta desafíos ambientales y logísticos.
La agricultura aporta miles de millones a la economía europea
El informe destaca que la producción de cultivos mantiene una importancia estratégica para la economía de Europa, no solamente por su contribución al abastecimiento alimentario, sino también por las actividades industriales y comerciales que dependen de las cosechas.
Según las estimaciones presentadas por Oxford Economics, la agricultura de cultivos y sus efectos económicos asociados contribuyen con aproximadamente 246.000 millones de euros al producto interno bruto de la Unión Europea y 5.700 millones de euros al del Reino Unido.
El análisis calcula, además, que cada 1.000 millones de euros de producción agrícola sostienen cerca de 3.000 millones de euros de actividad productiva en otros sectores vinculados a la cadena de valor.
Entre las actividades relacionadas se encuentran la transformación de alimentos, el transporte, el almacenamiento, la comercialización y diferentes servicios utilizados por las explotaciones agrícolas.
Esta interdependencia explica por qué los problemas de competitividad del campo pueden extenderse hacia otras actividades económicas. Una menor expansión de las cosechas puede limitar oportunidades de inversión y modificar las necesidades de abastecimiento de las industrias agroalimentarias.
El clima provoca pérdidas agrícolas de 17.400 millones de euros anuales
Los fenómenos meteorológicos extremos constituyen otro de los factores analizados. Según las estimaciones recogidas en el informe, las pérdidas agrícolas relacionadas con el clima alcanzan un promedio anual aproximado de 17.400 millones de euros en la Unión Europea.
Esta cantidad equivale al 6,4 % de la producción de cultivos del bloque comunitario. Las proyecciones utilizadas por los investigadores indican que, hacia 2050, las pérdidas anuales podrían situarse entre 24.800 y 28.900 millones de euros, dependiendo de las condiciones consideradas.
Las cifras proyectadas representan escenarios estimados y no pérdidas futuras garantizadas. Su evolución dependerá de la intensidad de los fenómenos climáticos, las medidas de adaptación y las condiciones de producción.
Durante 2026, diferentes regiones europeas ya han experimentado problemas agrícolas asociados al calor y la sequía, con consecuencias sobre cereales, hortalizas, forrajes y otras producciones.
Los efectos pueden variar considerablemente entre regiones. Mientras algunas explotaciones enfrentan restricciones de agua, otras deben afrontar precipitaciones intensas, daños por tormentas o alteraciones de los calendarios de siembra y cosecha.
El desafío para los agricultores consiste en sostener la productividad bajo condiciones cada vez más variables, manteniendo al mismo tiempo la viabilidad económica de sus explotaciones.
La disponibilidad de productos fitosanitarios abre un debate regulatorio
Una parte importante del informe se concentra en las diferencias entre los marcos regulatorios europeos y los de otros grandes productores agrícolas.
Bayer sostiene que los procedimientos de autorización y las restricciones aplicadas a determinadas herramientas agrícolas pueden dificultar la capacidad de respuesta de los productores europeos frente a plagas, enfermedades y nuevas necesidades productivas.
La compañía señala que, a comienzos de la década de 2000, existían más de 1.000 sustancias activas autorizadas para la protección de cultivos en la Unión Europea, mientras que actualmente quedan aproximadamente 420.
Según los datos difundidos por la empresa, durante los últimos siete años dejaron de estar disponibles 92 sustancias activas y solamente se incorporó una nueva sustancia activa sintética.
La reducción de sustancias fitosanitarias disponibles ya había generado advertencias del sector agrícola sobre las dificultades para proteger determinadas producciones.
Sin embargo, la evaluación de estas restricciones requiere considerar también sus objetivos sanitarios y ambientales. Las autorizaciones europeas buscan controlar riesgos para la salud humana, los organismos no objetivo y los ecosistemas, por lo que el número de sustancias disponibles no constituye por sí solo una medida de la eficacia o seguridad de los sistemas agrícolas.
El debate se concentra, por tanto, en cómo mantener procedimientos científicos rigurosos y previsibles sin generar demoras innecesarias en el acceso a soluciones que hayan demostrado cumplir los requisitos establecidos.
Los costos y las diferencias comerciales presionan a los productores
La competitividad agrícola también depende de los gastos necesarios para mantener una explotación. Fertilizantes, energía, maquinaria, transporte y otros insumos pueden representar una proporción considerable de los costos de producción.
En Europa, el encarecimiento energético ha afectado especialmente a determinadas industrias proveedoras del sector agropecuario. La producción europea de fertilizantes ha enfrentado dificultades relacionadas con el precio del gas natural y la rentabilidad industrial.
Al mismo tiempo, los productores europeos compiten con países que presentan estructuras de costos, condiciones climáticas, extensiones agrícolas y marcos regulatorios diferentes.
Estas desigualdades han alimentado discusiones sobre las condiciones de acceso al mercado comunitario, especialmente cuando los agricultores consideran que las importaciones procedentes de terceros países no están sujetas a obligaciones equivalentes a las aplicadas dentro de la Unión Europea.
El debate comercial se ha manifestado también en las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur, donde la competitividad del sector agrícola brasileño constituye uno de los elementos centrales de las discusiones.
La situación muestra que la competitividad no depende exclusivamente de los rendimientos de los cultivos, sino también de las condiciones económicas, comerciales y regulatorias bajo las cuales operan los productores.
Los consumidores europeos respaldan el acceso a nuevas tecnologías
El trabajo encargado por Bayer incorporó una encuesta representativa a más de 8.000 consumidores de ocho mercados europeos para conocer sus percepciones sobre la producción de alimentos y las necesidades del sector agrícola.
Los resultados muestran que el 84 % de los encuestados considera que garantizar la disponibilidad de alimentos constituye una cuestión de seguridad nacional.
El mismo porcentaje manifestó su respaldo a que los agricultores puedan acceder a tecnologías modernas que contribuyan a mejorar las cosechas y mantener alimentos asequibles.
Por otra parte, el 77 % de los participantes consideró que reducir la burocracia podría contribuir a fortalecer la capacidad europea para producir suficientes alimentos.
Estos resultados indican una valoración favorable de la innovación entre los consumidores consultados, aunque no significan necesariamente un respaldo indistinto a todas las tecnologías o modificaciones regulatorias.
Las opiniones sobre herramientas agrícolas específicas pueden depender de sus características, beneficios, riesgos y condiciones de utilización.
Bayer pide acelerar el acceso a la innovación agrícola
Frank Terhorst, responsable de Estrategia y Sostenibilidad de la división agrícola de Bayer, planteó que la Unión Europea y el Reino Unido enfrentan una brecha creciente en su capacidad para responder a las presiones productivas y climáticas.
Desde la perspectiva de la compañía, la agricultura debería ocupar un lugar prioritario dentro de las políticas destinadas a fortalecer la autonomía estratégica y la competitividad económica europea.
Matthias Berninger, responsable de Asuntos Públicos, Ciencia, Sostenibilidad y Seguridad, Salud y Medio Ambiente de Bayer, también defendió una mayor apertura a la innovación y destacó las capacidades científicas, agrícolas e industriales existentes en Europa.
La empresa considera necesario facilitar la incorporación de nuevas soluciones agrícolas y establecer procedimientos regulatorios más previsibles, manteniendo las evaluaciones de seguridad correspondientes.
Es importante señalar que el estudio fue financiado por Bayer, una empresa con intereses comerciales directos en el mercado de insumos y tecnologías agrícolas. Por ello, sus recomendaciones regulatorias deben interpretarse dentro de ese contexto, aunque el análisis económico haya sido realizado por Oxford Economics.
La competitividad europea exige combinar productividad y sostenibilidad
El informe presenta la capacidad de producir alimentos como un componente fundamental de la seguridad económica europea. No obstante, aumentar la competitividad requiere considerar distintos factores que afectan la estabilidad de las explotaciones.
Entre ellos figuran la disponibilidad de agua, la fertilidad de los terrenos, el acceso a insumos, los costos energéticos, la rentabilidad de los cultivos y las condiciones del comercio internacional.
La conservación de los recursos productivos también forma parte de esta discusión. Diferentes iniciativas europeas han demostrado que mejorar la salud de los suelos agrícolas puede ofrecer beneficios económicos y ambientales cuando las prácticas se adaptan a las características de cada explotación.
De esta manera, el desafío no se limita a incrementar la producción a corto plazo, sino que incluye preservar la capacidad de los terrenos para sostener cosechas durante las próximas décadas.
Los resultados publicados en octubre de 2026 aportan nuevos elementos a una discusión que involucra a agricultores, empresas proveedoras, instituciones científicas y autoridades comunitarias: cómo evitar que la producción europea pierda participación relativa frente a sus competidores sin debilitar los objetivos de seguridad alimentaria, protección ambiental y sostenibilidad económica.
Fuentes referenciales:
Bayer — Comunicado oficial del 15 de octubre de 2026
Oxford Economics — Europe’s Agricultural Resilience: Why Innovation Matters
La Nación — Europa pierde terreno frente a sus competidores agrícolas, 15 de octubre de 2026


