Restaurar la salud del suelo también puede ser rentable para los agricultores europeos


Proyectos de investigación de la Unión Europea muestran que reducir la labranza, mejorar el carbono del suelo y valorar sus beneficios puede ayudar al ambiente sin sacrificar rendimiento agrícola


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Más de la mitad de los suelos de Europa están degradados, pero investigadores y agricultores están demostrando que recuperarlos mediante mejores prácticas agrícolas puede tener sentido ecológico y financiero. La salud del suelo ya no se presenta solo como una preocupación ambiental: también empieza a medirse como un activo productivo, económico y estratégico para el campo europeo.

El trabajo forma parte de una serie de proyectos impulsados por la Unión Europea dentro de la misión “A Soil Deal for Europe”, orientada a restaurar suelos degradados antes de 2030. Uno de esos proyectos es InBestSoil, coordinado por Andrés Rodríguez Seijo, investigador de la Universidad de Vigo, en España, quien trabaja para demostrar con datos que invertir en suelos sanos puede beneficiar a agricultores, empresas, propietarios de tierras e inversores.

Europa enfrenta una degradación silenciosa bajo sus campos

Los suelos europeos arrastran problemas de erosión, contaminación y exceso de nitrógeno, en buena medida vinculado al uso intensivo de fertilizantes. Más del 60% está clasificado actualmente como no saludable, y el cambio climático amenaza con agravar esa condición.

El costo económico de ese deterioro ya es considerable. Las estimaciones citadas por la Unión Europea sitúan la degradación del suelo en torno a 50.000 millones de euros anuales. Esa cifra refleja pérdidas productivas, impactos ambientales y daños que muchas veces no se contabilizan directamente en la economía de una finca.

La discusión coincide con preocupaciones ya presentes en la agricultura europea, donde la recuperación de los suelos europeos se ha convertido en una prioridad para mantener productividad, biodiversidad y resiliencia frente a sequías, lluvias intensas y pérdida de materia orgánica.

Ensayos en Cerdeña con trigo duro

Uno de los ensayos principales se desarrolla en Cerdeña, Italia, dentro de un Living Lab sobre suelos agrícolas mediterráneos. Allí, Valentina Mereu, del Euro-Mediterranean Centre on Climate Change, y Gianluca Carboni, de Agris, la agencia regional de investigación agrícola de Cerdeña, trabajan con agricultores locales para comparar estrategias de manejo.

El equipo está cultivando trigo duro mediante tres enfoques. En algunos campos se aplica labranza convencional, con arado y volteo del suelo antes de la siembra. En otros se emplea labranza reducida, que altera menos la estructura del suelo. Un tercer grupo utiliza siembra directa sobre cubierta, con control previo de malezas y siembra sin remover el suelo.

Los resultados preliminares son claros: el arado convencional provocó más daño, mientras que la labranza reducida y la siembra sin arado ayudaron a aumentar el carbono del suelo, la diversidad microbiana y los niveles de nutrientes. Lo más relevante para los agricultores es que esos métodos menos intensivos lograron rendimientos comparables a los del manejo convencional.

Menos labranza, menos gasto y más vida en el suelo

Gianluca Carboni señaló que reducir la labranza también permite ahorrar tiempo y dinero en mano de obra y combustible, sin sacrificar rendimiento ni calidad del suelo. Ese punto es central para que la restauración no quede limitada al discurso ambiental, sino que pueda integrarse en la contabilidad real de una explotación agrícola.

La labranza reducida no solo protege la estructura del suelo. También favorece el carbono, los microorganismos y la capacidad del terreno para sostener nutrientes. En sistemas mediterráneos, donde la presión climática puede aumentar, estas prácticas aparecen como posibles estrategias de adaptación y mitigación.

La experiencia se relaciona con otras iniciativas que analizan cómo la agricultura regenerativa puede recuperar la fertilidad del suelo mediante rotaciones, incorporación de materia orgánica y manejo más cuidadoso del terreno.

Una red de nueve sitios experimentales

Cerdeña es solo uno de los nueve sitios experimentales donde trabaja InBestSoil. En España, un grupo estudia un sistema de dehesa, un paisaje abierto donde los animales en pastoreo ayudan a regenerar suelos agotados por la agricultura convencional.

En Lituania y Croacia, los investigadores se concentran en áreas urbanas y suburbanas, donde los suelos sanos pueden absorber exceso de agua y reducir riesgos de inundación. La red también incluye usos agrícolas en Países Bajos y Suiza, suelos forestales en Letonia y terrenos mineros en España.

Esta diversidad permite analizar la salud del suelo más allá del cultivo. Un suelo funcional puede producir alimentos, almacenar carbono, filtrar agua, sostener biodiversidad y reducir riesgos climáticos. Por eso, herramientas como los análisis rápidos de salud del suelo cobran importancia para agricultores y gestores que necesitan tomar decisiones con datos concretos.

Convertir el suelo sano en un activo medible

El objetivo de InBestSoil no termina en los ensayos de campo. Una vez completadas las pruebas, el equipo usará los resultados para construir marcos prácticos que ayuden a agricultores, administradores de tierras e inversores privados a evaluar el retorno de restaurar suelos.

La idea es transformar la salud del suelo en un valor comprensible para diferentes actores. No se trata únicamente de medir beneficios de mercado, como rendimiento o ahorro de combustible, sino también beneficios no comerciales: regulación climática, filtración de agua, biodiversidad, reducción de inundaciones y estabilidad productiva.

Jorge Sánchez Navarro, investigador en economía agrícola y cooperativa de la Universidad Politécnica de Cartagena, lidera el desarrollo de una calculadora web destinada a estimar ese valor. La herramienta buscará dar a agricultores, administraciones públicas e inversores corporativos una forma compartida de entender lo que ocurre bajo la superficie.

La política europea también mira al suelo

El avance científico llega mientras la Unión Europea incorpora nuevas herramientas normativas. La primera Directiva centrada únicamente en salud del suelo exige a los 27 Estados miembros monitorear y evaluar la condición de sus suelos en todo el territorio.

Para Andrés Rodríguez Seijo, esta regulación necesita reconocer la diversidad de ecosistemas europeos. Algunos sistemas, como las dehesas, no encajan fácilmente en categorías simples de bosque o pastizal, pero cumplen funciones productivas, ecológicas y culturales que deben ser consideradas al legislar.

La degradación del suelo no depende de una sola práctica, sino de una combinación de manejo, clima, fertilización, erosión y pérdida biológica. Estudios previos han advertido que ciertas prácticas agrícolas amenazan la salud del suelo y pueden poner en riesgo la producción de alimentos si se mantienen sin corrección.

Restaurar suelos con argumentos productivos

InBestSoil se extenderá hasta diciembre de 2026. Para entonces, el equipo espera entregar herramientas capaces de mostrar a agricultores, propietarios y gestores de tierras que restaurar suelos puede ser una decisión ambientalmente necesaria y económicamente razonable.

El mensaje que surge de los ensayos europeos es práctico: reducir la intensidad del manejo, proteger el carbono del suelo, mejorar la actividad microbiana y valorar los beneficios no visibles puede fortalecer las fincas sin reducir el rendimiento. En un contexto de suelos degradados, costos altos y clima más variable, la salud del suelo empieza a verse como una condición básica para producir con estabilidad.

La restauración agrícola no se plantea como un lujo ambiental, sino como una estrategia para sostener la rentabilidad futura del campo europeo. Si el suelo pierde estructura, carbono y vida, la producción se vuelve más vulnerable; si se recupera, agricultores y ambiente pueden ganar al mismo tiempo.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – Why restoring soil health is a win-win for farmers and the environment



Mundo Agropecuario
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