Productores de las islas del Pacífico combinan acolchado, cultivos asociados, árboles leguminosos y pastoreo de ovejas para conservar humedad, reducir herbicidas y proteger sus cosechas
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Agricultores de Samoa y Tonga están combinando sus conocimientos tradicionales con prácticas de intensificación agrícola sostenible para responder a las sequías prolongadas, las lluvias irregulares, el deterioro de los suelos y el aumento del coste de los insumos. Los primeros ensayos muestran mejoras en el manejo de malezas, la conservación de humedad y el desempeño de cultivos fundamentales como el taro y el ñame.
La experiencia forma parte de un proyecto multinacional encabezado por la Universidad de Melbourne junto con la Universidad del Pacífico Sur, MORDI Tonga Trust y la Universidad Lincoln de Nueva Zelanda. Durante los últimos tres años, investigadores, productores y funcionarios públicos han evaluado soluciones directamente en explotaciones agrícolas y parcelas experimentales.
El planteamiento no busca sustituir los sistemas locales con un paquete tecnológico externo. Las prácticas se seleccionan y modifican junto con los productores, quienes comparan su funcionamiento bajo condiciones reales y deciden cuáles pueden integrarse a sus métodos habituales.
El cambio climático altera los calendarios productivos
Las comunidades agrícolas del Pacífico desarrollaron durante generaciones conocimientos específicos sobre lluvias, suelos, cultivos de raíces y manejo de pequeñas superficies insulares. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y la creciente irregularidad de las precipitaciones dificultan utilizar los calendarios estacionales con la misma seguridad que en el pasado.
Samoa y Tonga afrontan periodos prolongados de sequía combinados con lluvias impredecibles. Cuando la precipitación disminuye, los cultivos disponen de menos agua durante etapas sensibles; cuando llega de manera concentrada, puede erosionar el suelo, transportar nutrientes o dificultar las labores.
La presión se agrava por el deterioro de la fertilidad y el encarecimiento de herbicidas y otros insumos. En territorios insulares, una parte importante de esos productos debe importarse, por lo que cualquier alteración logística o comercial puede trasladarse con rapidez al coste de producción.
La recuperación de prácticas locales coincide con una tendencia más amplia. Una revisión científica reciente concluyó que los saberes indígenas pueden fortalecer sistemas alimentarios resilientes y sostenibles cuando las comunidades conservan autoridad sobre su conocimiento y participan en el diseño de las intervenciones.
Ensayos controlados y parcelas dirigidas por agricultores
El proyecto utiliza dos tipos complementarios de sitios experimentales. En las parcelas principales, investigadores locales aplican tratamientos replicados y obtienen datos biofísicos detallados. Paralelamente, los productores manejan ensayos no replicados en sus propias fincas para comprobar la utilidad de las prácticas bajo condiciones comerciales y familiares.
Esta estructura permite distinguir entre un resultado técnicamente favorable y una solución que realmente puede incorporarse al trabajo cotidiano. Una práctica puede funcionar en una estación experimental, pero resultar demasiado costosa, laboriosa o incompatible con los recursos disponibles en una comunidad.
Los tratamientos se orientan por principios de intensificación agrícola sostenible: aumentar la productividad, utilizar mejor el agua, el suelo y otros recursos y reducir los impactos ambientales negativos. El proyecto evalúa también los beneficios económicos y las barreras que podrían limitar la adopción.
Los rendimientos obtenidos en las parcelas administradas por agricultores han sido comparables con los observados en los sitios controlados. Este resultado preliminar indica que las prácticas no dependen exclusivamente de condiciones experimentales y pueden conservar su utilidad bajo manejo rural.
El acolchado protege el taro cultivado en Samoa
El taro, Colocasia esculenta, ocupa un lugar central en la alimentación y la identidad cultural de Samoa. También representa un cultivo comercial y puede consumirse fresco o transformarse en harina, chips, fideos y alimentos infantiles.
El control de malezas dentro de los campos de taro suele depender de herbicidas químicos cuyo precio afecta el margen de los productores. Su uso reiterado también puede deteriorar el suelo y generar impactos sobre el ambiente circundante.
Los ensayos comparan el deshierbe manual tradicional con alternativas como el acolchado orgánico y el pastoreo controlado de ovejas. La cobertura sobre el terreno dificulta el crecimiento de malezas, limita la evaporación y contribuye a mantener la humedad alrededor de las raíces.
Sala Sagato, presidente de la Asociación de Agricultores de Samoa y responsable de uno de los sitios, explicó que los herbicidas resultaban costosos y en ocasiones no controlaban adecuadamente la vegetación. Según su experiencia, el acolchado y los cultivos en callejones permiten conservar el suelo húmedo y reducir la dependencia de productos químicos.
La conservación de agua es especialmente relevante en sistemas expuestos a sequías. Otras experiencias agrícolas muestran que la cobertura del suelo y la selección de cultivos ayudan a reducir la vulnerabilidad frente a la escasez hídrica, aunque cada medida debe ajustarse al ambiente local.
Árboles leguminosos enriquecen el sistema agrícola
Los productores samoanos también están probando cultivos en callejones con árboles leguminosos de rápido crecimiento, entre ellos especies de los géneros Gliricidia, Sesbania y Erythrina. Su biomasa se corta y se utiliza como acolchado biológico.
Este material cubre la superficie, limita la aparición de malezas y devuelve materia orgánica al terreno. Las leguminosas pueden además contribuir al ciclo del nitrógeno mediante su asociación con microorganismos fijadores, aunque la magnitud del beneficio depende de la especie, el suelo y el manejo.
El objetivo no consiste únicamente en sustituir un herbicida. La integración de árboles, cultivos y cobertura busca mejorar varias funciones simultáneas: conservar agua, proteger el suelo, reciclar nutrientes y sostener la productividad.
Los investigadores evalúan estos efectos mediante ciclos sucesivos de cultivo. En el sitio principal de la Universidad del Pacífico Sur en Samoa se han desarrollado tres ciclos, con atención especial a la calidad del suelo, la presión de malezas y la resiliencia del sistema.
Las ovejas controlan malezas y generan otro ingreso
El pastoreo de ovejas constituye una incorporación novedosa dentro del cultivo tradicional de taro en Samoa. Los animales consumen parte de las malezas y disminuyen la necesidad de deshierbe manual o aplicación de productos químicos.
Tauiliili Polito Vili, anfitrión de otro sitio experimental, señaló que el cercado mantiene a las ovejas dentro del área asignada y evita el ingreso de cerdos, un problema anterior en su plantación. La práctica reduce trabajo, limita el uso de herbicidas y añade la posibilidad de obtener ingresos pecuarios.
La integración exige control cuidadoso. Las ovejas deben ingresar en el momento adecuado y mantenerse alejadas de las plantas que podrían dañar. También se necesitan cercas seguras, disponibilidad de animales y capacidad para atender sus requerimientos sanitarios y alimentarios.
La revisión de mitad del proyecto, todavía no publicada formalmente, identificó precisamente estas limitaciones. Una expansión amplia requeriría nuevas pruebas, capital para adquirir ganado y apoyo destinado a la instalación de cercados.
Tonga combina taro, ñame y banano
En Tonga, los sitios dirigidos por agricultores se concentran en el acolchado y los cultivos asociados dentro de sistemas tradicionales. El taro y el ñame se producen simultáneamente en la misma parcela, mientras otros ensayos combinan raíces tropicales con bananos.
Tevita Kata Finefeuiaki, agricultor de Kauvai, observó que el ñame cultivado bajo los tratamientos produjo abundante material de siembra para los ciclos posteriores. Las parcelas acolchadas también generaron rendimientos superiores a las tratadas con herbicidas y tubérculos visiblemente mayores durante el primer ciclo.
Vitolio Ongolea destacó que la asociación entre bananos y cultivos de raíces permite obtener productos diferentes dentro del mismo terreno. Esa diversidad distribuye los riesgos productivos y abre varias fuentes de ingreso sin abandonar la base tradicional del sistema.
La conservación de cultivos y variedades locales tiene un valor estratégico. El análisis sobre la protección de variedades tradicionales en bancos de germoplasma muestra que todavía existen vacíos importantes, por lo que el mantenimiento activo en las fincas continúa siendo indispensable.
La ciencia se adapta al conocimiento de cada comunidad
El proyecto utiliza un proceso de codiseño en el que los productores no actúan únicamente como receptores de instrucciones. Participan en la selección, aplicación y evaluación de los tratamientos y aportan información sobre clima, comportamiento del suelo, disponibilidad de mano de obra y aceptación cultural.
Esta participación genera confianza y sentido de propiedad sobre los resultados. También permite detectar problemas que pueden pasar inadvertidos en un diseño exclusivamente académico, como el coste de una cerca, la disponibilidad estacional de residuos para acolchado o la necesidad de mantener determinados cultivos por razones culturales.
La experiencia coincide con investigaciones que advierten que recuperar prácticas agrícolas antiguas requiere respetar su contexto social y territorial. Una técnica tradicional no puede separarse automáticamente de las comunidades, el acceso a la tierra y las relaciones que permitieron mantenerla.
La Universidad de Melbourne trabaja con instituciones que poseen experiencia directa en Samoa y Tonga. Además de la Universidad del Pacífico Sur y MORDI Tonga Trust, participan investigadores y estudiantes encargados de fortalecer la capacidad científica regional.
Reducir herbicidas puede mejorar el margen agrícola
Los beneficios potenciales no se limitan a la adaptación climática. El acolchado, los árboles leguminosos y el pastoreo pueden reducir el gasto en herbicidas y labores manuales, dos componentes importantes del coste productivo.
Los cultivos asociados diversifican a su vez las cosechas. Una explotación que combina taro, ñame, banano y producción ovina posee más alternativas de alimento e ingreso que otra dependiente de un solo producto.
Sin embargo, los resultados disponibles corresponden a una fase intermedia. Los investigadores todavía necesitan ampliar las pruebas, observar varios ciclos y determinar cómo cambian la fertilidad, la presión de malezas, el rendimiento y los costes a largo plazo.
La adopción tampoco será idéntica en todas las islas. Los sistemas del Pacífico abarcan suelos volcánicos, atolones arenosos y condiciones muy distintas de lluvia, disponibilidad de tierra y acceso a mercados. Cada práctica deberá validarse antes de promoverse fuera de los sitios estudiados.
La extensión agrícola será decisiva para ampliar las prácticas
La siguiente etapa requiere formar investigadores, extensionistas, graduados jóvenes y agricultores capaces de compartir los resultados. Los talleres, jornadas de campo y parcelas demostrativas permiten que las comunidades observen directamente los tratamientos y evalúen su pertinencia.
El proyecto ya ha incorporado sus sitios a cursos de la Universidad del Pacífico Sur y mantiene estudiantes de posgrado investigando suelos, enfermedades del taro y el ñame, coberturas leguminosas, pastoreo y seguridad alimentaria.
El apoyo público tendrá que incluir acceso a material de siembra, cercas, ganado, asesoramiento y financiación. Sin estas condiciones, una práctica agronómicamente eficaz podría permanecer fuera del alcance de los pequeños productores.
La experiencia de Samoa y Tonga demuestra que la innovación rural no siempre comienza con el reemplazo de las prácticas existentes. En este caso, surge de combinar la experiencia acumulada por las comunidades con mediciones científicas que permitan comprobar qué alternativas conservan humedad, protegen el suelo y sostienen la producción bajo un clima más variable.
Fuentes referenciales:
Phys.org y Universidad de Melbourne
Universidad de Melbourne: proyecto de intensificación agrícola sostenible en el Pacífico

