Agricultura

Mapean la resistencia del algodón al tizón bacteriano

Publicado el 23/06/2026 · REDACCION

Un equipo de North Carolina State University identificó una región clave del genoma del algodón asociada con la resistencia a la raza 18 del patógeno, una amenaza que reapareció en el cinturón algodonero de Estados Unidos.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Un equipo de North Carolina State University avanzó en el mapeo genético de la resistencia del algodón al tizón bacteriano, una enfermedad foliar que puede causar pérdidas importantes cuando se instala en los campos. El trabajo, publicado en The Plant Genome, analizó diversos genotipos de algodón para identificar las bases genéticas de la resistencia frente a la raza 18 del patógeno.

La investigación fue realizada en el laboratorio de Vasu Kuraparthy, profesor y mejorador de algodón del Departamento de Ciencias de Cultivos y Suelos de NC State University. Spoorti Gandhadmath, estudiante doctoral en ciencias de cultivos, evaluó plántulas de algodón en cámara de crecimiento para observar cómo respondían a la inoculación con una cepa especialmente virulenta del tizón bacteriano.

Una enfermedad que volvió a preocupar al algodón

El tizón bacteriano del algodón, también conocido como mancha angular de la hoja, comienza con pequeñas manchas verde oscuro y aspecto acuoso en el envés de las hojas. A medida que las lesiones crecen, las venas de la hoja limitan su expansión y les dan una forma angular característica.

La enfermedad puede avanzar hacia lesiones rojizas o marrones, afectar hojas, semillas, tallos y cápsulas, provocar defoliación prematura, decoloración de la fibra y pudrición de semillas. Su desarrollo se favorece con condiciones cálidas, húmedas y lluviosas.

En el manejo agrícola, la resistencia varietal es una defensa central frente a enfermedades difíciles de controlar una vez establecidas. Esa lógica aparece también en estrategias para prevenir brotes de enfermedades en cultivos agrícolas, donde la elección de variedades resistentes, la higiene agrícola y la reducción de fuentes de inóculo son medidas clave.

Sin tratamiento curativo en campo

Una vez que el tizón bacteriano se extiende dentro de una parcela, no existe un tratamiento capaz de detenerlo por completo. Por eso, los productores dependen principalmente de medidas preventivas: uso de variedades resistentes, semillas sometidas a deslintado ácido, menor humedad dentro del dosel y eliminación de residuos de cultivo después de la cosecha.

Kuraparthy explicó que el deslintado ácido, un proceso químico utilizado para retirar la fibra corta adherida a la semilla, ayuda a reducir poblaciones bacterianas presentes en la superficie. Sin embargo, desde 2011 aumentaron los brotes originados en malezas, rastrojos y plantas hospedantes alternativas que pueden conservar la bacteria.

La reaparición de enfermedades en cultivos comerciales muestra por qué el mejoramiento genético sigue siendo una herramienta estratégica. En algodón, esa necesidad también se ha observado en investigaciones orientadas a desarrollar algodón resistente a hongos frente a problemas sanitarios como el marchitamiento por Fusarium.

La raza 18 y el cinturón algodonero

En Estados Unidos, la incorporación de resistencia genética contra el tizón bacteriano disminuyó de forma notable en variedades liberadas entre finales de la década de 1990 y 2009. Como consecuencia, para 2009 más del 75% de la superficie sembrada con algodón era altamente susceptible a la enfermedad.

La situación favoreció un resurgimiento del tizón bacteriano en el cinturón algodonero hacia 2011. Un brote causado principalmente por la raza 18 dañó cultivos en el Midsouth, incluidos Texas, Mississippi y Oklahoma, con pérdidas importantes de productividad.

Kuraparthy señaló que, en ausencia de medidas adecuadas de control, las pérdidas pueden alcanzar hasta 60%. En North Carolina, la enfermedad apareció hasta ahora solo en focos localizados, pero el aumento de temperaturas, la humedad y el uso de variedades susceptibles elevan el riesgo de futuros brotes.

Fenotipos, ADN y 63.000 marcadores genéticos

El primer paso del estudio fue el fenotipado: observar la respuesta visible de las plantas tras la inoculación. Siete días después de sembrar las semillas, las hojas jóvenes estaban completamente emergidas. Luego fueron inoculadas con la raza 18 del patógeno, y una semana más tarde se evaluó si presentaban manchas acuosas de infección o zonas secas y muertas asociadas con resistencia.

Tras esa evaluación, el equipo examinó el ADN de las plantas para comprender los mecanismos de resistencia. Para ello realizó un análisis de asociación de genoma completo, conocido como GWAS, utilizando alrededor de 63.000 marcadores genéticos.

El análisis reveló una región principal del genoma del algodón fuertemente asociada con la resistencia a la raza 18 del tizón bacteriano. Estudios posteriores con poblaciones de mapeo genético confirmaron el hallazgo y mostraron que la resistencia está controlada en gran medida por un solo gen dominante.

Un hallazgo inesperado para el mejoramiento

Gandhadmath explicó que el equipo esperaba encontrar una resistencia controlada por varios genes, especialmente porque las accesiones de algodón estudiadas procedían de antecedentes genéticos diversos desarrollados durante muchos años en Estados Unidos.

El resultado fue distinto: pese a esa diversidad, la resistencia apareció vinculada sobre todo con una región clave del genoma. Ese hallazgo facilita el trabajo de los programas de mejoramiento, porque permite rastrear con mayor precisión la presencia del rasgo resistente.

El uso de marcadores de ADN para seguir genes de resistencia se aplica también en otros cultivos. En trigo, por ejemplo, se han identificado genes de resistencia a enfermedades que ayudan a desarrollar variedades más fuertes y productivas.

Herramientas prácticas para los fitomejoradores

El estudio produjo tres aportes concretos para los programas de mejoramiento de algodón: identificó líneas con fuerte resistencia al tizón bacteriano, estableció métodos confiables de evaluación de plantas resistentes y desarrolló marcadores de ADN que permiten seguir esa resistencia e incorporarla en nuevas variedades.

Estas herramientas pueden acelerar la selección de materiales resistentes antes de que una variedad llegue al campo. También reducen la dependencia de evaluaciones visuales tardías y permiten tomar decisiones más tempranas dentro de los programas de mejoramiento.

La búsqueda de variedades resistentes forma parte de una estrategia más amplia de protección de cultivos. En distintos sistemas agrícolas, la identificación de materiales con resistencia estable ayuda a reducir pérdidas, aplicaciones químicas y riesgos productivos, como muestran investigaciones sobre cultivos de arroz más resistentes a enfermedades.

La resistencia de un solo gen puede ser frágil

Kuraparthy advirtió que una resistencia basada en un único gen principal puede ser vulnerable. Con el tiempo, la bacteria puede evolucionar y superar esa defensa, especialmente si la misma fuente genética se utiliza de manera amplia y prolongada.

Por esa razón, Gandhadmath continuó el trabajo bajo la dirección de Kuraparthy para localizar con mayor precisión el gen y comprender cómo actúa a nivel molecular. El objetivo es diseñar una resistencia más durable y sostener la ventaja frente al patógeno.

La investigación plantea una carrera permanente entre hospedante y patógeno. Conocer los mecanismos genéticos de defensa permite anticipar mejor la evolución de la enfermedad y desarrollar variedades capaces de proteger al algodón durante más tiempo.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / North Carolina State University