Las lluvias excepcionales de junio y la fuerte caída del precio de la urea impulsaron la incorporación de nuevas hectáreas, especialmente en Buenos Aires y La Pampa.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La siembra de trigo en Argentina cambió de rumbo durante junio y ahora se encamina hacia la segunda mayor superficie implantada de los últimos 17 años. La combinación de lluvias abundantes y una fuerte reducción del precio de la urea llevó a numerosos productores a revisar sus planes y sumar hectáreas al cereal.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) elevó su estimación para la campaña 2026/27 hasta 6,95 millones de hectáreas. De confirmarse esa superficie, el área quedaría apenas un 3 % por debajo del máximo alcanzado durante el ciclo anterior.
El nuevo escenario representa un cambio significativo respecto de las previsiones formuladas en mayo, cuando el alto costo de los fertilizantes hacía esperar una reducción interanual cercana al 7 % en la superficie triguera.
La campaña pasó del recorte a la expansión
Las primeras proyecciones de la campaña mostraban un panorama económico desfavorable. La urea había superado los 1.000 dólares por tonelada y afectaba directamente la rentabilidad prevista del cultivo.
El encarecimiento del fertilizante había obligado a revisar dosis, niveles tecnológicos y decisiones de siembra. En varias regiones, los productores consideraban reducir el área o seleccionar únicamente los lotes con mejores condiciones productivas.
Ese escenario coincidía con las advertencias sobre una campaña marcada por márgenes ajustados y costos elevados, especialmente en los planteos que requieren una mayor inversión en nutrición.
Sin embargo, durante junio se produjo un giro importante. El precio de la urea cayó hasta aproximadamente 550 dólares por tonelada y las precipitaciones mejoraron de forma considerable la humedad disponible para la implantación.
La combinación de un insumo más accesible y mejores condiciones agronómicas permitió recuperar proyectos de siembra que habían quedado en suspenso.
Las lluvias de junio cambiaron las decisiones
Las precipitaciones fueron determinantes para ampliar el área. En el oeste de la región agrícola argentina, donde las lluvias invernales suelen ser escasas, se registraron acumulados muy superiores a los habituales.
En zonas donde durante esta época del año las precipitaciones rara vez superan los 20 milímetros, los registros de junio se ubicaron entre 50 y 100 milímetros.
La disponibilidad de agua permitió avanzar sobre lotes que anteriormente presentaban un riesgo elevado de implantación. También mejoró la posibilidad de lograr una emergencia uniforme y sostener el desarrollo inicial del cultivo.
El perfil hídrico favorable ya había sido identificado como uno de los principales respaldos de la siembra argentina de trigo 2026/27, aunque inicialmente el aumento de los costos limitaba la posibilidad de aprovecharlo plenamente.
La caída del precio del fertilizante terminó de modificar la ecuación y convirtió el agua acumulada en un incentivo concreto para incorporar superficie.
Buenos Aires y La Pampa aportaron nuevas hectáreas
El oeste de la región agrícola fue el principal motor del ajuste realizado por la BCR. La provincia de Buenos Aires sumó alrededor de 90.000 hectáreas de trigo respecto de las estimaciones anteriores.
La Pampa incorporó otras 45.000 hectáreas, favorecida igualmente por las precipitaciones superiores a las habituales y por la mejora del costo de implantación.
Entre ambas provincias añadieron aproximadamente 135.000 hectáreas al cálculo nacional. El aporte resultó decisivo para elevar la superficie proyectada hasta 6,95 millones de hectáreas.
Estas zonas suelen enfrentar una mayor incertidumbre durante el invierno debido a la limitada frecuencia de lluvias. Cuando el perfil del suelo dispone de humedad suficiente, la posibilidad de implantar trigo aumenta y el cereal puede integrarse con mayor seguridad dentro de las rotaciones.
Una superficie cercana al máximo del ciclo anterior
La nueva estimación ubica a la campaña 2026/27 muy cerca del récord de superficie registrado en el ciclo precedente.
La diferencia de apenas un 3 % muestra la magnitud de la recuperación. En mayo, el mercado esperaba una contracción importante; dos meses después, el trigo se aproxima a una de sus mayores áreas sembradas en casi dos décadas.
El avance también confirma la capacidad de los productores para modificar rápidamente sus decisiones cuando cambian los costos y las condiciones climáticas.
La campaña anterior había dejado una cosecha histórica de trigo en Argentina, un antecedente que mantiene elevadas las expectativas sobre el potencial productivo del cereal.
No obstante, una gran superficie sembrada no garantiza por sí sola un volumen récord. El resultado dependerá de las lluvias durante el ciclo, las temperaturas, las heladas, la fertilización y las condiciones sanitarias.
La producción podría alcanzar 20,5 millones de toneladas
Con la superficie actualmente proyectada, la BCR estima una producción cercana a 20,5 millones de toneladas de trigo.
La proyección parte de condiciones productivas normales y podrá ser modificada a medida que avance el cultivo. El rendimiento final dependerá de la evolución del clima en las principales regiones trigueras.
La disponibilidad inicial de agua constituye una base favorable, pero el cultivo necesitará nuevas precipitaciones durante las etapas de crecimiento, encañazón, floración y llenado de granos.
También será decisivo el manejo de la fertilización. El trigo requiere nitrógeno para sostener el rendimiento y alcanzar los niveles de proteína demandados por los mercados.
Las experiencias técnicas muestran que la genética, la nutrición y el agua definen conjuntamente el rendimiento. Ninguno de esos componentes puede compensar completamente la ausencia de los otros.
La baja de la urea alivió el presupuesto productivo
El descenso de la urea desde valores superiores a 1.000 dólares hasta aproximadamente 550 dólares por tonelada fue uno de los cambios más relevantes para la campaña.
El fertilizante nitrogenado representa una parte importante del costo directo del trigo. Cuando su precio aumenta, los productores pueden reducir dosis, disminuir el nivel tecnológico o abandonar los lotes con menor potencial.
La baja registrada durante junio permitió recuperar parte del margen previsto y redujo el rendimiento necesario para cubrir los gastos de implantación.
El cambio también mejoró las perspectivas del doble cultivo trigo y soja de segunda, un esquema cuya rentabilidad había quedado comprometida por la suba de los fertilizantes.
Aun con la corrección del precio, la planificación nutricional seguirá siendo fundamental. La dosis adecuada depende del rendimiento objetivo, el nitrógeno disponible en el suelo, la humedad y la calidad comercial buscada.
El trigo mantiene su función dentro de las rotaciones
Además de su resultado económico, el trigo cumple una función agronómica dentro de los sistemas agrícolas argentinos. El cultivo permite mantener cobertura durante el invierno, competir con malezas y aportar residuos al suelo.
También facilita la implantación posterior de soja de segunda y distribuye las labores y los ingresos del establecimiento a lo largo del año.
La disponibilidad de humedad y la reducción de costos hicieron que estos beneficios recuperaran peso en las decisiones de los productores.
Sin embargo, cada región presenta condiciones diferentes. La respuesta final dependerá del potencial de los lotes, la fecha de siembra, el acceso a insumos y la relación entre el precio esperado del trigo y los costos productivos.
Una campaña todavía expuesta al clima
La fuerte expansión del área no elimina los riesgos de la campaña. Parte de las hectáreas incorporadas se encuentra en regiones donde las lluvias invernales suelen ser limitadas.
Los acumulados de junio permitieron sembrar, pero la continuidad de las reservas dependerá de las precipitaciones de los próximos meses y del consumo de agua del cultivo.
Las heladas tardías también pueden afectar al trigo cuando coinciden con etapas reproductivas sensibles. A ello se suman posibles enfermedades foliares, plagas y problemas de calidad si las condiciones ambientales resultan desfavorables.
Por esa razón, la estimación de 20,5 millones de toneladas debe considerarse una proyección inicial asociada a la superficie prevista y a rendimientos que todavía no están definidos.
Del pesimismo de mayo al impulso de junio
La evolución de la campaña muestra cómo dos variables pueden transformar rápidamente el escenario agrícola. En mayo, la urea por encima de los 1.000 dólares y la incertidumbre económica hacían prever una caída importante de la siembra.
Durante junio, el fertilizante descendió hasta cerca de 550 dólares y las lluvias aportaron entre 50 y 100 milímetros en áreas donde normalmente se reciben menos de 20 milímetros durante el invierno.
El resultado fue la incorporación de nuevas hectáreas, principalmente en Buenos Aires y La Pampa, y una estimación nacional que ahora alcanza 6,95 millones de hectáreas.
El trigo argentino se encamina así hacia la segunda mayor siembra de los últimos 17 años. El próximo desafío será convertir esa superficie y la humedad inicial en una producción cercana a los 20,5 millones de toneladas.
Fuente(s) referenciales
Agrofy News: Argentina no para de sembrar trigo y sería la segunda mayor campaña en 17 años

