Agricultura

Argentina logra hasta un 35 % más de maíz al recuperar suelos arroceros

Publicado el 21/10/2026 ·

Un ensayo de larga duración del INTA en Entre Ríos comprobó que incorporar trébol alejandrino a la rotación reduce los efectos de herbicidas residuales y mejora el rendimiento del maíz. Los aumentos alcanzaron 1.566 kilogramos por hectárea en uno de los híbridos evaluados.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Argentina, obtuvieron resultados favorables al incorporar trébol alejandrino como cultivo de servicio en terrenos utilizados para producir arroz. Los ensayos desarrollados en San Salvador, provincia de Entre Ríos, mostraron una reducción de los efectos fitotóxicos asociados con herbicidas residuales y aumentos de rendimiento de hasta el 35 % en el maíz sembrado posteriormente.

Los resultados fueron difundidos por el INTA el 19 de octubre de 2026 y proceden de una investigación de larga duración destinada a mejorar el funcionamiento de las rotaciones agrícolas en sistemas arroceros.

El equipo, dirigido por el investigador Héctor Rodríguez, evaluó el comportamiento del suelo y la respuesta productiva del maíz cuando se incorpora una leguminosa entre los cultivos comerciales.

La novedad no consiste únicamente en mantener el terreno cubierto. El trabajo encontró que la presencia del trébol alejandrino estuvo asociada con una menor manifestación de daños por herbicidas que permanecían en el suelo después del cultivo de arroz.

Esta mejora se reflejó en el establecimiento de las plantas, el desarrollo de las raíces y la producción de grano de los híbridos evaluados.

Los residuos de herbicidas complican la rotación después del arroz

En numerosas regiones productoras, el arroz forma parte de esquemas agrícolas que incorporan otros cultivos, como maíz y soja, para diversificar la producción y aprovechar mejor los terrenos.

Sin embargo, cambiar de cultivo no siempre resulta sencillo. Algunos herbicidas utilizados durante una campaña pueden mantener actividad residual en el suelo y afectar a especies sembradas posteriormente.

Este fenómeno se conoce como fitotoxicidad por residuos de herbicidas y puede manifestarse mediante dificultades de emergencia, alteraciones del crecimiento, menor desarrollo radicular o pérdida de rendimiento.

El problema depende de numerosos factores, entre ellos el principio activo utilizado, la dosis aplicada, las características del suelo, la humedad y el tiempo transcurrido desde el tratamiento.

En los sistemas arroceros estudiados por el INTA, una de las preocupaciones era la persistencia de herbicidas del grupo de las imidazolinonas.

Estas sustancias pueden utilizarse en determinados programas de control de malezas, pero su comportamiento residual exige considerar la sensibilidad de los cultivos siguientes.

La necesidad de ajustar las prácticas de manejo también se observa en las estrategias de control de malezas en el arroz, donde la elección de herbicidas debe contemplar tanto su eficacia como las características del sistema productivo.

La investigación argentina se concentró precisamente en una de las consecuencias posteriores a la aplicación: cómo reducir los efectos que pueden persistir cuando el agricultor establece maíz después del arroz.

El trébol alejandrino se incorporó como cultivo de servicio

El equipo del INTA San Salvador utilizó trébol alejandrino, una leguminosa conocida científicamente como Trifolium alexandrinum, para evaluar su contribución al funcionamiento del suelo.

Esta especie puede establecerse como cultivo de servicio, es decir, una planta sembrada principalmente para aportar beneficios agronómicos al sistema, aunque no se destine necesariamente a una cosecha comercial.

Los cultivos de servicio cumplen distintas funciones según la especie utilizada y las condiciones de manejo.

Entre ellas se encuentran la producción de biomasa, la protección de la superficie, la incorporación de residuos vegetales y la participación en los ciclos de nutrientes.

En el caso de las leguminosas, su asociación con microorganismos fijadores de nitrógeno puede representar una ventaja adicional, aunque el aporte efectivo depende de las condiciones de crecimiento y del manejo posterior.

La utilización de estas especies forma parte de las prácticas agrícolas destinadas a proteger el suelo mediante coberturas vegetales, especialmente durante los períodos en que no se encuentra establecido el cultivo principal.

En el ensayo de Entre Ríos, el interés principal estaba relacionado con la posibilidad de mejorar el ambiente donde crecería el maíz después de la campaña arrocera.

La investigación combinó parcelas agrícolas y análisis del suelo

Los investigadores desarrollaron un ensayo de larga duración que incluyó rotaciones de arroz con maíz y soja.

Para examinar los efectos del trébol alejandrino, establecieron macroparcelas con diferentes materiales de maíz y complementaron la evaluación con muestras de suelo obtenidas a distintas profundidades.

Esta combinación permitió observar tanto la respuesta de las plantas como las condiciones del terreno donde se desarrollaban sus raíces.

El trabajo comparó parcelas con incorporación del cultivo de servicio frente a otras manejadas sin esa cobertura.

Los especialistas prestaron atención al crecimiento inicial del maíz, la manifestación de fitotoxicidad y las diferencias de rendimiento entre los tratamientos.

También analizaron el comportamiento del suelo en diferentes estratos del perfil, una distinción importante porque los residuos de herbicidas y las raíces no se distribuyen necesariamente de manera uniforme.

Según Héctor Rodríguez, la incorporación de cobertura vegetal permitió observar condiciones más favorables en profundidad, posiblemente relacionadas con una mayor actividad microbiana y con el aporte de biomasa.

El investigador señaló que estos procesos podrían contribuir a reducir los efectos de los herbicidas acumulados y favorecer el establecimiento del cultivo siguiente.

La fitotoxicidad disminuyó en las capas evaluadas

Uno de los resultados centrales de la investigación fue la reducción de los efectos fitotóxicos en los terrenos donde se había incorporado trébol alejandrino.

El INTA informó una disminución del 21 % de la fitotoxicidad en el intervalo comprendido entre la superficie y los 30 centímetros de profundidad.

En el estrato de 10 a 30 centímetros, la mejora observada alcanzó el 34 %.

Es importante precisar el significado de estas cifras: el 34 % corresponde a una mejora relacionada con la reducción de la fitotoxicidad en una capa del suelo, no a un aumento general del 34 % en todos los indicadores de calidad edáfica.

La distinción resulta necesaria porque la salud del suelo comprende múltiples propiedades físicas, químicas y biológicas que no pueden resumirse mediante un único porcentaje.

Los investigadores también observaron un mayor contenido de materia orgánica en las parcelas con trébol alejandrino respecto de las sometidas al manejo tradicional.

Estos resultados sugieren que el cultivo de servicio contribuyó a generar un ambiente más favorable para el crecimiento radicular y la implantación del maíz.

Sin embargo, los datos difundidos no permiten atribuir toda la reducción de la fitotoxicidad a un mecanismo único.

La actividad biológica, la incorporación de residuos vegetales y la interacción entre plantas y suelo pueden intervenir simultáneamente.

El maíz produjo hasta 1.566 kilogramos adicionales por hectárea

La mejora observada en el suelo estuvo acompañada por una respuesta productiva medible.

En el híbrido de maíz que mostró mayor sensibilidad a las condiciones de la rotación, las parcelas con trébol alejandrino produjeron 1.566 kilogramos adicionales de grano por hectárea.

Esta diferencia representó un incremento del 35 % respecto del tratamiento sin cobertura.

El segundo material evaluado también respondió favorablemente, aunque con una magnitud menor.

En ese caso, el aumento fue de 557 kilogramos por hectárea, equivalente a una mejora del 11 %.

La diferencia entre ambos híbridos demuestra que la respuesta a una práctica de manejo puede variar según las características del material sembrado.

El resultado del 35 % no debe interpretarse como una ganancia garantizada para cualquier productor que incorpore trébol alejandrino.

Corresponde a uno de los híbridos evaluados bajo las condiciones específicas del ensayo.

Los resultados permiten identificar un potencial agronómico concreto, pero su aplicación en otras explotaciones requiere considerar el historial de herbicidas, el tipo de suelo, el ambiente y la rotación utilizada.

Las raíces del maíz encontraron mejores condiciones de crecimiento

El equipo del INTA relacionó los aumentos de rendimiento con una combinación de factores observados durante el desarrollo del cultivo.

Entre ellos destacaron un establecimiento más favorable, mayor uniformidad de las plantas y mejores condiciones para el crecimiento de las raíces.

También se registraron diferencias en el tamaño de las espigas y en la fijación de granos.

Estos componentes ayudan a explicar por qué una mejora durante las primeras etapas puede terminar reflejándose en la cosecha.

Cuando el maíz enfrenta condiciones adversas después de emerger, su crecimiento inicial puede quedar limitado y comprometer el aprovechamiento posterior de agua, nutrientes y radiación solar.

Por el contrario, un establecimiento uniforme permite que las plantas desarrollen su potencial con menores diferencias dentro del lote.

La importancia de estos procesos está vinculada con la función de las rotaciones agrícolas en la conservación de la salud del suelo, ya que los efectos de una campaña pueden influir en el desempeño de los cultivos siguientes.

El ensayo argentino aporta una observación específica dentro de ese contexto: la incorporación de una leguminosa estuvo asociada con una menor manifestación de daños residuales y una mejora cuantificable del rendimiento del maíz.

Los efectos persistieron más de 300 días después de aplicar herbicidas

Uno de los datos más relevantes comunicados por los investigadores fue la persistencia de síntomas de fitotoxicidad sobre el maíz después de transcurridos más de 300 días desde la aplicación de herbicidas en el arroz.

Este resultado muestra que el tiempo transcurrido entre dos cultivos no siempre es suficiente para descartar posibles efectos residuales.

La duración de la actividad de un herbicida depende de sus propiedades y de las condiciones ambientales que influyen en su transformación y degradación.

La humedad, la temperatura, las características químicas del suelo y la actividad microbiana pueden modificar esos procesos.

Por esa razón, los períodos de espera y las restricciones de rotación establecidos para cada producto deben respetarse conforme a su autorización y etiquetado.

El trébol alejandrino redujo la manifestación de fitotoxicidad en el ensayo, tanto en híbridos tolerantes como en materiales no tolerantes a imidazolinonas.

Sin embargo, esta observación no significa que sembrar la leguminosa elimine automáticamente todos los residuos de herbicidas ni que permita ignorar las restricciones agronómicas y legales de los productos utilizados.

La investigación identifica una práctica complementaria de manejo, no un procedimiento universal de descontaminación.

La materia orgánica y la actividad biológica podrían explicar parte del efecto

Los investigadores señalaron que la mayor cantidad de materia orgánica, la actividad biológica del suelo y la biomasa del trébol alejandrino podrían contribuir a reducir los efectos de las imidazolinonas presentes en el sistema.

La incorporación de residuos vegetales modifica el aporte de carbono y puede favorecer procesos biológicos relacionados con la transformación de diferentes compuestos.

Las raíces también influyen sobre el entorno inmediato del suelo mediante su crecimiento y sus interacciones con microorganismos.

En determinadas condiciones, estos procesos pueden participar en la degradación de sustancias orgánicas.

No obstante, distinguir cuánto corresponde a degradación microbiana, absorción vegetal u otros mecanismos requiere mediciones específicas.

La información divulgada por el INTA permite afirmar que hubo una reducción de la fitotoxicidad observada, pero no cuantificar de manera independiente la contribución de cada proceso.

Esta precisión resulta importante para evitar interpretar una mejora en el crecimiento del maíz como prueba automática de eliminación completa del herbicida.

La experiencia también coincide con el interés agronómico por seleccionar cultivos de cobertura según las necesidades de cada rotación, en lugar de utilizar una misma especie para todas las condiciones productivas.

La rotación arroz-maíz plantea desafíos específicos

Los sistemas que alternan arroz con cultivos de secano presentan condiciones particulares de manejo.

El arroz puede desarrollarse bajo regímenes de humedad y prácticas agronómicas diferentes de las utilizadas para el maíz o la soja.

Cuando cambia el cultivo, también se modifican las necesidades de drenaje, preparación del terreno, fertilización y control de malezas.

Estas diferencias hacen que la planificación de la rotación deba comenzar antes de la siembra del cultivo siguiente.

En el caso estudiado, el INTA evaluó si una especie de cobertura podía ayudar a mejorar las condiciones heredadas de la campaña arrocera.

Los resultados indican que la presencia del trébol alejandrino favoreció la respuesta del maíz, especialmente del híbrido más sensible a las condiciones residuales.

La investigación aporta una alternativa de manejo para explotaciones que necesitan mantener la productividad de sus lotes sin depender exclusivamente de cambios en la elección de los cultivos comerciales.

También abre la posibilidad de evaluar otras especies de servicio y diferentes secuencias agrícolas.

Sin embargo, el ensayo no demuestra que todos los sistemas arroz-maíz necesiten incorporar trébol alejandrino ni que la respuesta sea idéntica en suelos con otros antecedentes de manejo.

El beneficio productivo debe evaluarse junto con los costos

Un aumento de rendimiento puede representar una ventaja económica, pero no determina por sí solo la rentabilidad final de una práctica agrícola.

La incorporación de un cultivo de servicio implica gastos de semilla, implantación, manejo y terminación.

También requiere disponer de una ventana de crecimiento adecuada entre los cultivos comerciales.

Para evaluar su conveniencia económica es necesario comparar esos costos con el valor de la producción adicional y con otros posibles beneficios agronómicos.

En el ensayo de Entre Ríos, los incrementos de 1.566 y 557 kilogramos por hectárea constituyen resultados productivos concretos.

Sin embargo, la información difundida no incluye un balance económico completo que permita establecer un margen neto general para todos los sistemas arroceros.

La rentabilidad dependerá de los precios del maíz, los costos de implantación de la cobertura, las condiciones de cada explotación y la magnitud de la respuesta obtenida.

También deben considerarse los efectos acumulados sobre la materia orgánica y el funcionamiento del suelo, que pueden extenderse más allá de una campaña.

Una alternativa para mejorar el manejo de los suelos agrícolas

La investigación del INTA San Salvador ofrece evidencia de campo sobre una práctica que puede ayudar a resolver dificultades concretas de las rotaciones arroceras.

El trébol alejandrino no solamente aportó cobertura vegetal. Su incorporación estuvo asociada con una reducción de los efectos fitotóxicos de herbicidas residuales, mejores condiciones para el crecimiento del maíz y aumentos significativos de rendimiento.

Los resultados más destacados fueron la reducción del 21 % de la fitotoxicidad en el perfil de 0 a 30 centímetros, la mejora del 34 % en el estrato de 10 a 30 centímetros y el incremento de hasta el 35 % en la producción de grano de uno de los híbridos evaluados.

El hallazgo también demuestra la importancia de estudiar los efectos de las prácticas agrícolas durante varios ciclos productivos.

Los residuos de herbicidas, la actividad biológica y las propiedades del suelo pueden generar consecuencias que no terminan cuando se recoge una cosecha.

Para los productores, el trabajo ofrece una referencia útil al momento de planificar rotaciones de arroz con maíz y seleccionar especies de cobertura adaptadas a sus necesidades.

La aplicación práctica deberá acompañarse de evaluaciones locales, seguimiento de la respuesta del cultivo y cumplimiento de las recomendaciones correspondientes a los herbicidas utilizados.

El resultado central es que una modificación del manejo entre campañas permitió reducir una limitación agronómica persistente y mejorar la productividad del cultivo siguiente bajo las condiciones estudiadas en Entre Ríos.

Fuente referencial:
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) — Investigación sobre cultivos de servicio y fitotoxicidad en sistemas arroceros, 19 de octubre de 2026