Un ensayo de 0,6 hectáreas en Oud Ade prueba unas 30 variedades y combina producción agrícola con un manejo más húmedo del suelo para reducir el hundimiento de las turberas y estudiar sus emisiones
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Países Bajos acaba de completar una cosecha de arroz poco habitual para su agricultura. En el Polderlab Vrouwe Venne, situado en Oud Ade, cerca de Leiden, el agricultor Sander Roeleveld realizó a finales de septiembre la primera cosecha mecanizada a una escala relativamente grande dentro de un proyecto que investiga si este cereal puede convertirse en una alternativa productiva para terrenos agrícolas de turba que necesitan mantenerse húmedos.
El ensayo ocupa 0,6 hectáreas, unos 6.000 metros cuadrados, y forma parte de una colaboración en la que participan Land van Ons, la Universidad de Leiden, Wageningen University & Research, Regio Holland Rijnland, la Organización Neerlandesa para la Investigación Científica (NWO), Wij.land y agricultores de la zona. Paralelamente, los investigadores mantienen parcelas donde comparan alrededor de 30 variedades de arroz para determinar cuáles responden mejor al clima neerlandés.
La novedad no consiste en que nunca se haya plantado arroz en Países Bajos. El programa comenzó con pequeños ensayos en 2023 y continuó durante los años siguientes. El avance de 2026 es el salto a una parcela considerablemente mayor y la utilización de maquinaria para plantar y cosechar, acercando el experimento a condiciones más representativas de una explotación agrícola.
El arroz busca producir sin drenar los suelos de turba
El objetivo agronómico está estrechamente ligado al manejo del agua. Buena parte de las turberas agrícolas neerlandesas se han drenado históricamente para permitir actividades como la ganadería y el tránsito de maquinaria. Cuando disminuye el nivel freático, la turba queda expuesta al oxígeno y comienza a degradarse, un proceso que libera dióxido de carbono y contribuye al hundimiento progresivo del terreno.
En el Polderlab, el nivel del agua de una polder de 32 hectáreas se ha elevado gradualmente para reducir la desecación de la turba. El desafío consiste en determinar qué actividades agrícolas pueden seguir siendo productivas cuando el suelo permanece más húmedo.
El arroz resulta interesante precisamente porque tolera condiciones de inundación incompatibles con numerosos cultivos convencionales. Su introducción permitiría estudiar un modelo en el que el productor no necesite mantener la turbera intensamente drenada para obtener una cosecha.
El problema de fondo tiene antecedentes ampliamente documentados en Países Bajos. Mundo Agropecuario ha explicado cómo el drenaje histórico de los suelos de turba neerlandeses favoreció su oxidación, la liberación de CO2 y el hundimiento del terreno, un proceso que condiciona tanto la agricultura como la gestión del agua.
La parcela creció desde pequeños ensayos hasta 6.000 metros cuadrados
Las primeras plantas de arroz del proyecto se establecieron en pequeñas parcelas experimentales en 2023. Los ensayos posteriores permitieron seleccionar materiales y ajustar las prácticas necesarias para cultivar el cereal bajo las condiciones particulares del pólder.
En 2025, los participantes decidieron ampliar el experimento hasta 6.000 metros cuadrados. La plantación de la parcela mayor comenzó en mayo de 2026. Las plántulas fueron producidas sobre una especie de mantas y posteriormente trasplantadas mediante maquinaria, mientras los ensayos varietales más pequeños continuaron con apoyo manual de investigadores y voluntarios.
La cosecha realizada a finales de septiembre también se mecanizó. Este paso resulta relevante porque una alternativa agrícola destinada eventualmente a productores comerciales necesita demostrar no solo que la planta puede completar su ciclo, sino también que las labores pueden integrarse en sistemas operativos razonablemente escalables.
La experiencia neerlandesa se suma a otros casos donde el arroz se está probando fuera de sus ambientes tradicionales. investigadores en Alemania también han planteado la posibilidad de cultivar arroz en regiones donde el cambio climático está modificando las condiciones agrícolas.
Unas 30 variedades buscan adaptarse al clima neerlandés
Una de las preguntas centrales del proyecto es qué material vegetal puede completar de forma fiable su ciclo bajo temperaturas relativamente bajas y una temporada de crecimiento distinta a la de las grandes regiones arroceras.
Durante 2026 se establecieron alrededor de 30 variedades procedentes de diferentes regiones productoras. Los materiales difieren, entre otras características, en su sensibilidad a la temperatura. Las observaciones preliminares divulgadas por los responsables del proyecto indican que una variedad originaria del norte de Japón se encuentra entre las que mejor han respondido a las condiciones locales.
La elección varietal es especialmente importante durante las etapas reproductivas. Un arroz puede crecer vegetativamente y producir plantas aparentemente saludables, pero sufrir pérdidas importantes si las temperaturas son inadecuadas durante la floración y formación del grano.
La sensibilidad del cultivo al ambiente también se observa en regiones arroceras consolidadas. investigaciones en China muestran que el momento y la intensidad del estrés hídrico modifican tanto el rendimiento como la calidad del arroz, lo que refuerza la necesidad de adaptar conjuntamente genética y manejo.
Los primeros ensayos mostraron el riesgo de las bajas temperaturas
La ampliación actual se apoya en varios años de aprendizaje. En los primeros experimentos, el arroz consiguió desarrollarse en las parcelas neerlandesas, pero las condiciones durante la reproducción demostraron ser un obstáculo importante.
Las experiencias previas registraron problemas de esterilidad durante episodios fríos en la floración, lo que redujo fuertemente la formación de grano. También se produjeron pérdidas por aves y roedores, hasta el punto de que algunas parcelas experimentales tuvieron que protegerse para evitar que los animales consumieran las plantas o la cosecha.
Esos resultados explican por qué el programa está comparando tantas variedades. El objetivo no es únicamente encontrar plantas capaces de crecer durante el verano neerlandés, sino identificar materiales que puedan florecer y madurar de forma suficientemente estable antes de que las temperaturas se vuelvan desfavorables.
El desafío climático del arroz funciona en ambas direcciones. Mientras el frío limita la experimentación en latitudes septentrionales, el calentamiento amenaza la producción en regiones tradicionales. Un análisis global publicado este año encontró que las mejoras de manejo y la expansión del riego ayudaron a compensar parte del efecto negativo del cambio climático sobre la producción mundial de arroz.
La cosecha esperada ronda las tres toneladas, pero sigue bajo evaluación
Los responsables del ensayo han situado alrededor de tres toneladas la producción esperada en la parcela de 0,6 hectáreas. Esa cifra debe interpretarse como una expectativa del proyecto y no como el rendimiento comercial definitivo que podría obtener regularmente un agricultor neerlandés.
El programa trabaja principalmente con arroz de grano corto, adecuado para preparaciones como sushi o risotto. Parte del material cosechado también tiene valor para continuar la investigación y producir plantas destinadas a los siguientes ciclos experimentales.
El rendimiento por sí solo tampoco determinará la viabilidad. Los investigadores necesitan evaluar costes de establecimiento, mano de obra, mecanización, control de fauna, manejo hídrico y precio potencial del producto antes de establecer si el arroz neerlandés puede sostener un modelo comercial.
La competencia internacional constituye otro factor. Países con décadas de especialización arrocera cuentan con sistemas de producción, transformación y comercialización a gran escala. Por ello, los investigadores consideran que una eventual producción neerlandesa podría encontrar más oportunidades como producto local diferenciado que como sustituto masivo del arroz importado.
Las emisiones de metano son una variable decisiva
Mantener húmeda una turbera puede reducir su oxidación y las emisiones de dióxido de carbono asociadas al drenaje, pero cultivar arroz bajo condiciones inundadas introduce otra variable: el metano.
Los suelos saturados de agua generan condiciones con poco oxígeno en las que determinados microorganismos pueden producir este potente gas de efecto invernadero. Por ello, no basta con comprobar que la turba deja de secarse para concluir que el balance climático del nuevo sistema es favorable.
Investigadores vinculados al proyecto están realizando mediciones periódicas de emisiones del suelo y comparando las parcelas arroceras con otros usos del terreno. Martijne Kannekens, de la Universidad de Leiden, realiza además mediciones relacionadas con biodiversidad y estudia la respuesta de insectos acuáticos.
La necesidad de equilibrar agua, rendimiento y emisiones es uno de los grandes retos actuales de la producción arrocera. Incluso las técnicas diseñadas para reducir el consumo de agua pueden producir efectos inesperados: un estudio reciente identificó el mecanismo por el cual determinadas condiciones de riego ahorrador pueden favorecer la acumulación de cadmio en el arroz.
El proyecto también mide biodiversidad y funcionamiento del pólder
El Polderlab Vrouwe Venne no se diseñó exclusivamente para producir arroz. Funciona como un espacio experimental donde investigadores, agricultores y organizaciones locales estudian actividades económicas compatibles con la recuperación de las turberas, la reducción del hundimiento del suelo y una mayor biodiversidad.
El arroz es una de varias posibilidades exploradas en terrenos donde elevar el agua modifica las condiciones para la agricultura tradicional. El seguimiento de insectos acuáticos permite analizar si los arrozales aportan nuevos hábitats, mientras las mediciones de gases buscan establecer el coste o beneficio climático real del sistema.
Esta evaluación integral es necesaria porque un cambio de cultivo puede trasladar impactos de una variable a otra. Una alternativa que reduzca la oxidación de la turba pero genere cantidades elevadas de metano, necesite demasiada energía o no produzca ingresos suficientes requeriría ajustes antes de considerarse sostenible.
Los investigadores todavía no han publicado un balance definitivo que permita cuantificar conjuntamente rendimiento, emisiones de dióxido de carbono, metano, biodiversidad y rentabilidad de la parcela ampliada de 2026.
El ensayo no significa que Países Bajos vaya a convertirse en productor masivo
La primera cosecha mecanizada a esta escala demuestra que es técnicamente posible cultivar y recolectar arroz en el pólder de Oud Ade, pero el proyecto permanece en fase experimental.
La superficie de 0,6 hectáreas es pequeña frente a una explotación comercial y los resultados de una campaña no permiten establecer todavía rendimientos medios, estabilidad interanual ni rentabilidad. Los investigadores necesitan repetir ciclos y observar cómo responden las variedades ante años con condiciones meteorológicas diferentes.
Además, no todas las tierras agrícolas neerlandesas tienen las características del Polderlab. La posible utilidad del arroz se concentra especialmente en determinadas zonas de turba donde mantener niveles freáticos elevados puede contribuir a reducir la degradación del suelo.
La selección de variedades será igualmente determinante. La historia del cultivo demuestra que adaptar el arroz a nuevos sistemas requiere combinar genética y manejo; otros sistemas arroceros han aumentado su productividad mediante la selección de cultivares y la mecanización de las labores, aunque sus condiciones productivas son diferentes a las neerlandesas.
La próxima prueba será demostrar estabilidad y rentabilidad
Land van Ons señaló antes de la cosecha que el proyecto aspira a continuar aumentando progresivamente la superficie experimental, con la posibilidad de alcanzar unas tres hectáreas durante los próximos años. Agricultores de los alrededores ya han cedido pequeñas superficies donde también se cultiva arroz para ampliar las observaciones.
Ese crecimiento permitirá comprobar si la mecanización funciona en superficies mayores y si los resultados obtenidos en las parcelas experimentales se mantienen cuando la producción se acerca más a las condiciones de una explotación agrícola.
El ensayo también puede aportar información sobre un problema que trasciende al propio arroz: cómo conservar la actividad económica de los agricultores cuando mantener secos los terrenos de turba deja de ser ambientalmente sostenible.
La cosecha de Oud Ade ofrece una primera respuesta práctica. El arroz puede crecer, madurar y cosecharse mecánicamente en una parcela neerlandesa de turba húmeda. Determinar si puede transformarse en una alternativa estable para los agricultores dependerá ahora de los resultados de las variedades, las emisiones, la biodiversidad, los costes y el rendimiento durante las próximas campañas.
Fuentes referenciales:
Land van Ons
Regio Holland Rijnland
Resource – Wageningen University & Research


