Agricultura

Bancos de semillas aceleran la mejora de la calidad del maíz

Publicado el 12/08/2026 · REDACCION

Un estudio en Estados Unidos identificó regiones genéticas vinculadas con el contenido de proteína, almidón y aceite mediante el análisis de casi 1.000 líneas de maíz.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign demostraron que las colecciones públicas de semillas pueden utilizarse para identificar con mayor rapidez características genéticas capaces de mejorar la calidad y el valor comercial del maíz. El trabajo examinó cerca de 1.000 líneas endogámicas conservadas en un banco de germoplasma de Ames, Iowa, Estados Unidos.

El estudio se concentró en la composición del grano, una cualidad decisiva para determinar su aprovechamiento alimentario e industrial. Además del rendimiento, las proporciones de proteína, almidón y aceite influyen en el destino de la cosecha, su precio y sus posibilidades de acceso a mercados especializados.

Los resultados, publicados en la revista The Plant Genome, indican que los bancos públicos contienen información genética aprovechable desde las primeras etapas de un programa de mejoramiento. Esta estrategia permitiría seleccionar los materiales más prometedores antes de emprender ensayos de campo extensos, costosos y prolongados.

Casi 1.000 líneas de maíz examinadas

El proyecto fue dirigido por Martin Bohn, profesor del Departamento de Ciencias de Cultivos de la Universidad de Illinois. El equipo estudió líneas procedentes de la Estación Regional Centro-Norte de Introducción de Plantas del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, conocida como NCRPIS.

Esta colección forma parte del sistema estadounidense de bancos de germoplasma y ofrece material genético a los investigadores. Su diversidad permite buscar características que pudieron quedar relegadas durante la selección histórica de variedades orientadas principalmente a elevar el rendimiento.

Los científicos emplearon espectroscopia de infrarrojo cercano para estimar la composición de los granos y combinaron esas mediciones con información genómica disponible públicamente. Posteriormente aplicaron estudios de asociación del genoma completo, análisis de variabilidad y modelos de predicción genómica.

La metodología permitió localizar regiones genéticas relacionadas tanto con los valores promedio como con la variación de diferentes componentes del grano. Algunas coincidieron con genes previamente vinculados con proteína, almidón y aceite, mientras que otras representan posibles objetivos nuevos para investigaciones posteriores.

La importancia productiva de estos rasgos también aparece en investigaciones destinadas a obtener un maíz con mayor contenido de proteína sin reducir su rendimiento, una combinación de interés para la alimentación humana, las raciones animales y los mercados de granos diferenciados.

Muestras pequeñas ofrecieron información genética útil

Uno de los desafíos fue la reducida cantidad de material disponible para cada línea. Las accesiones de los bancos de semillas suelen entregarse en paquetes de aproximadamente 100 semillas de un solo genotipo, una limitación que impidió realizar repeticiones experimentales convencionales con todas las muestras.

Para comprobar la confiabilidad de los resultados, el equipo comparó sus estimaciones con las obtenidas en un ensayo de campo amplio y replicado desarrollado por otros investigadores en Minnesota. Entre 200 y 300 líneas coincidían en ambos trabajos, y la correlación observada respaldó la capacidad de las muestras sin repetición para captar señales genéticas reales.

Esta validación no elimina la necesidad de realizar pruebas posteriores en distintos ambientes. Su aporte consiste en ofrecer un mecanismo de selección preliminar que ayuda a decidir qué materiales justifican inversiones mayores de tiempo, superficie agrícola y recursos económicos.

Una vía para orientar el mejoramiento del maíz

Los programas tradicionales de mejoramiento pueden necesitar años de cruzamientos, evaluaciones y ensayos replicados antes de determinar si una característica merece avanzar. El procedimiento desarrollado en Illinois propone comenzar con el análisis de los recursos ya almacenados, utilizando herramientas de fenotipado y datos genómicos compartidos para reducir el universo inicial de candidatos.

Christopher Mujjabi, estudiante doctoral y coautor del trabajo, explicó que consultar primero el contenido de los bancos genéticos ayuda a priorizar los materiales más prometedores. El método no sustituye la evaluación agronómica, pero puede hacer más eficiente el diseño de las etapas siguientes.

Esta aproximación complementa otros esfuerzos dirigidos a desarrollar variedades de maíz adaptadas a condiciones climáticas futuras. También puede contribuir a localizar características asociadas con la calidad nutricional, el procesamiento industrial y la producción destinada a mercados especializados.

Las colecciones de germoplasma poseen utilidad adicional para estudiar la adaptación del cultivo. Un análisis anterior de variedades de maíz con raíces profundas y tolerancia a la sequía mostró cómo la diversidad genética conservada puede revelar características que resulten valiosas ante condiciones productivas adversas.

Calidad del grano y oportunidades comerciales

Modificar la composición del grano permite orientar el maíz hacia destinos con exigencias específicas. Un mayor contenido de determinados componentes puede resultar de interés para la elaboración de alimentos, nutrición animal, molienda, producción de aceite, aplicaciones industriales y mercados internacionales.

El estudio no presentó nuevas variedades comerciales ni recomendó materiales para su siembra inmediata. Su resultado principal es una ruta de trabajo que permite explorar con mayor eficiencia la diversidad existente e identificar genes candidatos que deberán someterse a validaciones agronómicas adicionales.

Los autores consideran que la combinación de colecciones públicas, fenotipado de alto rendimiento y datos compartidos puede extenderse a otros rasgos y cultivos. De esta manera, los bancos de semillas funcionarían no solo como depósitos de conservación, sino también como plataformas activas para la investigación y el mejoramiento agrícola.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Illinois Urbana-Champaign
The Plant Genome



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