Ensayos de laboratorio y dos años de pruebas de campo identificaron una barrera salina que limita los beneficios de esta enmienda en tierras marginales
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Santiago Duarte
El biochar producido a partir de paja y otros residuos de cosecha puede empeorar las condiciones de determinados suelos salinos cuando se aplica sin analizar previamente su composición. Ensayos realizados por investigadores del Instituto de Ciencias del Suelo de la Academia China de Ciencias y centros agrícolas europeos detectaron un efecto denominado “barrera de salinidad”, capaz de limitar el funcionamiento de la enmienda y favorecer una acumulación adicional de sales en la zona radicular.
Los resultados cuestionan la idea de que cualquier biochar resulta beneficioso para recuperar tierras degradadas. La materia prima, la temperatura de pirólisis, la concentración de sales, la dosis aplicada y las características del terreno determinan si el producto mejora el suelo o introduce un nuevo factor de estrés para los cultivos.
La salinidad interrumpe el envejecimiento del biochar
El biochar es un material rico en carbono obtenido al calentar biomasa con disponibilidad limitada de oxígeno. Su estructura porosa puede favorecer la retención de agua y nutrientes, pero esas propiedades no permanecen invariables después de incorporarlo al terreno.
En un suelo con actividad biológica adecuada, la superficie del biochar experimenta un proceso gradual de envejecimiento. La acción de bacterias, hongos y reacciones químicas provoca su oxidación y genera grupos funcionales que participan en la retención y el intercambio de nutrientes.
Los experimentos observaron que una concentración elevada de sales puede inhibir a los microorganismos responsables de parte de esa transformación. El biochar envejece con mayor lentitud, permanece relativamente inerte y no desarrolla en la medida esperada las propiedades necesarias para intervenir favorablemente en el intercambio de iones.
Esta respuesta muestra por qué la actividad microbiana debe considerarse antes de seleccionar una enmienda. Las estrategias basadas en bioinsumos para regenerar la salud del suelo también dependen de condiciones físicas y químicas que permitan la supervivencia y el funcionamiento de los microorganismos.
Las sales contenidas en la paja pueden concentrarse
El segundo mecanismo identificado procede del propio material utilizado para fabricar el biochar. La paja de los cereales, los tallos de maíz y la cascarilla de arroz contienen minerales solubles que pueden concentrarse en la fracción de cenizas durante la pirólisis.
Cuando se aplica una cantidad excesiva de biochar con elevada carga salina, esos minerales se incorporan al terreno y pueden provocar una salinización secundaria. La acumulación aumenta la presión osmótica alrededor de las raíces y dificulta que las plantas absorban agua, incluso cuando existe humedad en el suelo.
Los investigadores también registraron una intensificación de la evaporación y un aumento repentino de las emisiones de dióxido de carbono bajo determinadas condiciones experimentales. Estos resultados indican que una enmienda destinada a almacenar carbono y recuperar la fertilidad puede producir respuestas opuestas si no es compatible con el terreno receptor.
El riesgo resulta especialmente importante en zonas costeras y tierras marginales donde la acumulación de sales ya restringe la producción. Un estudio reciente sobre el impacto de la salinidad en la rentabilidad de los cultivos confirmó que incluso niveles moderados pueden reducir los rendimientos y modificar qué especies resulta viable sembrar.
El tipo de suelo cambia el resultado de la enmienda
Las propiedades del biochar no pueden evaluarse separadamente de la textura, el pH, la salinidad, la capacidad de intercambio catiónico, el drenaje y la disponibilidad de agua del terreno. Una formulación eficaz en un suelo ácido o arenoso puede comportarse de forma diferente en un suelo salino o sódico.
La misma precaución se aplica a otros contaminantes y desequilibrios químicos. El biochar puede ayudar a inmovilizar ciertos elementos, pero su efecto depende de las condiciones locales, como se explica en el análisis sobre la presencia de arsénico y las alternativas de remediación del suelo.
Los resultados tampoco significan que deba abandonarse el aprovechamiento agrícola de los residuos de cosecha. Indican que el biochar de paja necesita caracterización y un protocolo de aplicación específico, especialmente cuando se pretende utilizar en terrenos que ya sufren salinidad.
El cocompostaje puede reducir los riesgos
Una de las alternativas propuestas consiste en evitar la incorporación directa del biochar recién producido. El cocompostaje con materiales ricos en nitrógeno o con estiércol líquido puede acelerar su acondicionamiento antes de llevarlo al campo.
Durante ese proceso, el material interactúa con microorganismos, nutrientes y compuestos orgánicos que modifican su superficie. Este envejecimiento previo podría mejorar su capacidad de intercambio y reducir algunos de los efectos asociados con la aplicación del biochar sin tratar.
Sin embargo, el cocompostaje tampoco debe utilizarse como una receta universal. La mezcla necesita control de humedad, aireación, temperatura y proporción de materiales. Además, el producto final debe analizarse para determinar su conductividad eléctrica, pH, contenido de nutrientes y concentración de elementos potencialmente perjudiciales.
La recuperación de terrenos difíciles suele exigir combinaciones adaptadas a cada lote. Las experiencias con técnicas para mejorar suelos arenosos degradados muestran igualmente que una intervención eficaz debe integrar enmiendas, maquinaria, cultivos y manejo de nutrientes en lugar de depender de una única solución.
El nanobiochar abre otra línea de investigación
Los investigadores plantean también reducir el biochar hasta partículas extremadamente pequeñas para aumentar su superficie reactiva. En teoría, el nanobiochar puede acelerar el intercambio entre calcio y sodio y favorecer la salida de sales de la zona ocupada por las raíces.
Esta alternativa requiere una evaluación cuidadosa antes de su adopción comercial. El tamaño de las partículas puede modificar la movilidad del material, su interacción con los microorganismos y su comportamiento en el agua y el suelo. También deben estudiarse los costos de producción y los posibles riesgos ambientales derivados de su dispersión.
Por ello, la propuesta no equivale a una recomendación general para sustituir inmediatamente el biochar convencional. Representa una vía de investigación dirigida a superar las limitaciones observadas en ambientes salinos.
Analizar el biochar antes de llevarlo al campo
La conductividad eléctrica del producto constituye uno de los indicadores básicos para estimar su carga salina. También resulta necesario conocer el contenido de cenizas, sodio, potasio, calcio, magnesio, cloruros y otros componentes solubles, además del pH y la procedencia de la biomasa.
El análisis debe complementarse con muestras representativas del terreno. La salinidad no siempre se distribuye uniformemente dentro de una parcela y puede concentrarse en determinados horizontes, sectores mal drenados o zonas donde asciende agua subterránea rica en sales.
Antes de extender la aplicación a toda la explotación, una prueba en parcelas pequeñas permite comparar dosis y observar la respuesta del cultivo, la conductividad del suelo, la disponibilidad de nutrientes y los cambios en la actividad biológica. El seguimiento debe continuar durante más de una campaña porque algunas alteraciones aparecen progresivamente.
La principal advertencia para los productores es que el origen residual y la capacidad de almacenar carbono no garantizan por sí solos la seguridad agronómica de una enmienda. En suelos salinos, el biochar de paja debe considerarse un insumo variable que requiere diagnóstico, acondicionamiento y dosificación técnica antes de incorporarse al programa de recuperación.
Fuente referencial:
AgroXXI


