Brasil abre un nuevo frente judicial contra el glifosato y aumenta la presión sobre Bayer


Fiscales brasileños buscan prohibir el herbicida por riesgos para la salud humana, la seguridad laboral y el ambiente de trabajo, en un proceso que podría tener consecuencias millonarias para el grupo alemán


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

El debate mundial sobre el glifosato sumó un nuevo capítulo en Brasil, una de las principales potencias agrícolas del planeta. Fiscales brasileños presentaron una demanda contra la agencia sanitaria Anvisa y contra el gobierno en Río de Janeiro con el objetivo de forzar una prohibición completa del herbicida, una decisión que, si prospera, podría tener consecuencias económicas de gran alcance para Bayer.

La demanda fue presentada por una división de la fiscalía especializada en la protección de los derechos laborales. El planteamiento pide revocar la autorización de los productos que contienen glifosato y prohibir la producción, exportación, importación, venta y uso del principio activo. El argumento central se apoya en riesgos para la salud humana, la seguridad de los trabajadores y el ambiente laboral.

Brasil como escenario agrícola y judicial

Brasil no es un mercado menor dentro de esta discusión. Se trata de la mayor economía de América Latina y de un actor central en cultivos extensivos, exportaciones agrícolas y uso de tecnologías asociadas al control de malezas. Por eso, una eventual prohibición del glifosato tendría efectos que irían más allá del expediente judicial.

El glifosato es uno de los herbicidas más utilizados en la agricultura moderna. Su presencia en sistemas de producción de gran escala lo convierte en una herramienta importante para muchos agricultores, pero también en una sustancia sometida a escrutinio regulatorio, sanitario y ambiental. En Mundo Agropecuario ya se ha abordado cómo el debate sobre dónde está prohibido o restringido el glifosato varía entre países y depende de decisiones sanitarias, agrícolas y políticas.

La acción brasileña busca ir más lejos que una revisión parcial. Al solicitar la suspensión de autorización y la prohibición de toda la cadena del producto, desde la producción hasta el uso final, el proceso coloca a Brasil en el centro de una discusión que combina salud ocupacional, regulación de agroquímicos y seguridad productiva.

La presión sobre Bayer se amplía fuera de Estados Unidos

El caso brasileño llega después de años de litigios en Estados Unidos contra Bayer por productos basados en glifosato. Los demandantes estadounidenses han acusado a la compañía de no advertir suficientemente sobre supuestos riesgos sanitarios vinculados al herbicida, entre ellos linfoma no Hodgkin y mieloma múltiple.

La empresa alemana ha enfrentado una larga ola de demandas desde la adquisición de Monsanto. Hasta finales de 2025, sus provisiones y obligaciones relacionadas con litigios por glifosato ascendían a 11.300 millones de dólares. Bayer espera que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ayude a limitar el alcance de esas reclamaciones.

Un proceso adverso en Brasil abriría un frente distinto: no se trataría solo de compensaciones judiciales por casos individuales, sino de la posible restricción de un principio activo de uso masivo en una potencia agrícola. Ese escenario podría alterar el mercado de herbicidas, la estrategia jurídica de la compañía y el debate regulatorio regional.

Un herbicida clave en sistemas de producción intensivos

El glifosato se utiliza para controlar malezas que compiten con los cultivos por agua, luz y nutrientes. En sistemas extensivos, su papel ha estado vinculado al manejo de grandes superficies y a modelos productivos que dependen de aplicaciones químicas para sostener eficiencia operativa.

Ese peso productivo explica por qué cualquier prohibición genera debate entre autoridades, agricultores, empresas y sectores ambientales. Para una agricultura como la brasileña, donde cultivos como soja, maíz y algodón tienen una escala internacional, el reemplazo de un herbicida ampliamente utilizado no sería una operación simple.

El problema se vuelve más complejo cuando aparecen malezas resistentes o alternativas aún limitadas. Brasil ya ha sido mencionado en debates sobre malezas resistentes y posibles bioherbicidas, una línea que muestra la dificultad de depender de una sola herramienta química durante largos periodos.

Riesgos sanitarios, trabajo agrícola y ambiente

El planteamiento de los fiscales brasileños se centra en tres dimensiones: salud humana, protección laboral y condiciones del ambiente de trabajo. Esta orientación es relevante porque desplaza el debate desde la eficacia agronómica hacia la exposición de trabajadores y comunidades vinculadas al uso de herbicidas.

En la práctica, las controversias sobre glifosato suelen moverse entre dos planos. Por un lado, los productores y fabricantes destacan su utilidad para el control de malezas. Por otro, sectores sanitarios, ambientales y laborales reclaman mayor control por posibles daños sobre personas expuestas y ecosistemas afectados.

El impacto de los agroquímicos en el ambiente también ha sido documentado en sistemas sensibles. En la Amazonía, por ejemplo, estudios recientes detectaron residuos de pesticidas en sitios de muestreo y advirtieron sobre riesgos ecotoxicológicos para especies acuáticas. Ese tipo de evidencia mantiene abierto el debate sobre los plaguicidas y la salud de la Amazonía.

Un mercado con consecuencias regionales

Si la fiscalía brasileña logra imponer su posición, el impacto podría extenderse a otros países de América Latina. Brasil influye en cadenas de suministro, decisiones agrícolas y debates regulatorios regionales, por lo que una prohibición en ese país tendría un peso simbólico y práctico considerable.

El caso también podría acelerar la búsqueda de alternativas. Entre ellas aparecen manejo integrado de malezas, rotación de principios activos, control mecánico, cultivos de cobertura y desarrollo de bioherbicidas. Sin embargo, ninguna transición de esa escala ocurre sin costos, ajustes técnicos y nuevas preguntas sobre rendimiento, disponibilidad y precio.

La discusión no es solo jurídica. También afecta a fabricantes, agricultores, exportadores, reguladores y consumidores. En el fondo, Brasil enfrenta una tensión cada vez más visible en la agricultura global: cómo mantener productividad y competitividad sin ignorar los riesgos sanitarios, laborales y ambientales de las herramientas utilizadas para producir.

Un debate que ya no se limita a una empresa

Aunque Bayer aparece en el centro de las consecuencias económicas, el proceso brasileño supera el caso de una compañía. El glifosato es vendido por múltiples fabricantes y forma parte de un mercado amplio de herbicidas, incluidos productos genéricos. La presión judicial, por tanto, podría afectar a todo un segmento de insumos agrícolas.

La relevancia de estos productos queda clara en el comercio mundial de plaguicidas. En Mundo Agropecuario se ha explicado que los plaguicidas han tenido un papel central en la agricultura mundial, aunque también generan preocupaciones por sus posibles impactos sobre salud humana, suelo, agua y biodiversidad.

El litigio en Brasil marca una nueva fase del conflicto internacional por el glifosato. Ya no se trata únicamente de demandas en Estados Unidos ni de decisiones regulatorias europeas. Ahora el debate entra en una de las agriculturas más importantes del hemisferio sur, donde cualquier cambio en el uso de herbicidas puede repercutir en la producción, los costos, el comercio y la política agrícola regional.

Fuente(s) referenciales

Handelsblatt – Glyphosat: Staatsanwälte klagen auf Verbot des Herbizids in Brasilien



Mundo Agropecuario
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