Un estudio de Embrapa basado en cinco décadas de datos muestra que la fecha de siembra y el manejo del suelo modifican la respuesta del cultivo en cuatro grandes zonas productoras del Cerrado
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Un estudio desarrollado en Brasil encontró que El Niño y La Niña afectan de manera diferente la productividad de la soja en el Cerrado y que sus efectos cambian según la región, la fecha de siembra y el sistema de manejo del suelo. La investigación analizó cinco décadas de información climática, entre 1975 y 2024, y simuló el comportamiento del cultivo en Barreiras, Planaltina, Rio Verde y Cuiabá, cuatro importantes zonas agrícolas de Brasil.
El trabajo fue realizado por Maria Clara Biondo, de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), bajo la orientación del investigador Alfredo Luiz, de Embrapa Meio Ambiente, y con la colaboración de Fernando Macena, de Embrapa Cerrados. Los resultados publicados el 25 de septiembre de 2026 indican que los años de La Niña tendieron a favorecer el rendimiento de la soja en los escenarios evaluados, mientras que El Niño estuvo asociado con pérdidas, particularmente cuando la siembra se realizó anticipadamente.
La investigación aporta información directamente aplicable a la planificación agrícola porque el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur puede identificarse con meses de anticipación a la principal ventana de siembra del Cerrado. En lugar de considerar únicamente cuánto llueve durante una campaña, el estudio destaca la importancia de observar cuándo llega esa precipitación y cómo se distribuye durante las fases críticas de la soja.
Cinco décadas de clima para simular la producción de soja
Los investigadores trabajaron con la variedad BRS 8383IPRO y utilizaron datos de productividad simulados mediante el modelo de cultivos STICS. La serie climática comprendió el periodo 1975-2024 y permitió comparar campañas bajo las fases El Niño, La Niña y neutral del ENOS.
Los años fueron clasificados utilizando el Índice Oceánico Niño observado entre marzo y mayo. Ese intervalo fue elegido porque proporciona una señal con suficiente anticipación para apoyar la planificación de una campaña cuya siembra se concentra principalmente entre septiembre y diciembre en el Cerrado.
La investigación se relaciona con un desafío ampliamente documentado en la oleaginosa: la humedad disponible antes, durante y después de un episodio de sequía puede determinar la capacidad de la soja para sostener su rendimiento. Incluso variedades consideradas tolerantes pueden registrar pérdidas importantes cuando el déficit hídrico coincide con fases sensibles del desarrollo.
Las simulaciones brasileñas incorporaron diferentes fechas de siembra y compararon dos sistemas de manejo: Plantío Directo y Plantío Convencional. Esta combinación permitió evaluar no solamente la señal climática de cada campaña, sino también hasta qué punto las decisiones agronómicas pueden modificar sus consecuencias.
El Niño penalizó especialmente las siembras anticipadas
De manera general, las simulaciones mostraron mejores rendimientos durante los años clasificados como La Niña y pérdidas durante los años de El Niño. La disminución resultó particularmente evidente en las fechas de siembra más tempranas, lo que convierte al momento de implantación del cultivo en una variable estratégica cuando existe una señal climática desfavorable.
El resultado no significa que todas las campañas de El Niño provoquen pérdidas ni que La Niña garantice una cosecha elevada. Los investigadores advierten que la productividad final depende simultáneamente de la lluvia, temperatura, condiciones locales del suelo, manejo y otros patrones meteorológicos de gran escala.
Esta variabilidad regional es especialmente importante en Brasil por la enorme extensión de su producción. Las previsiones nacionales pueden mostrar una tendencia general sin representar lo que ocurre en cada zona. De hecho, las primeras proyecciones para la campaña 2026/27 sitúan a Brasil ante una posible expansión de la producción de soja y maíz condicionada por la distribución regional de las lluvias.
La investigación de Embrapa aporta una herramienta adicional para interpretar ese riesgo. Conocer anticipadamente la fase probable del ENOS puede ayudar a decidir si conviene mantener una fecha prevista de siembra o esperar a que la temporada lluviosa esté suficientemente establecida.
La siembra directa superó al manejo convencional
Uno de los resultados más consistentes apareció al comparar los sistemas de manejo. El Plantío Directo presentó un desempeño superior al Plantío Convencional en todos los escenarios evaluados por los investigadores.
En este sistema, el suelo no se remueve mediante las labores convencionales y permanece protegido por residuos vegetales. Esa cobertura contribuye a disminuir la evaporación, moderar la temperatura del suelo, conservar humedad y reducir la erosión, propiedades especialmente importantes cuando las lluvias son irregulares.
Brasil posee una larga experiencia con este enfoque. La expansión de la siembra directa acompañada por una cobertura permanente de residuos vegetales fue decisiva para estabilizar numerosos suelos agrícolas tropicales y mejorar su capacidad de conservar agua.
Esto no significa que la ausencia de labranza produzca automáticamente mejores resultados en cualquier explotación. El funcionamiento del sistema depende de rotaciones apropiadas, cantidad y calidad de residuos, estructura del suelo, manejo de malezas, fertilidad y condiciones ambientales. Sin embargo, en las simulaciones realizadas para la soja del Cerrado, el Plantío Directo mantuvo su ventaja en los distintos escenarios climáticos estudiados.
La distribución de las lluvias importó más que el acumulado aislado
Otro hallazgo relevante fue la elevada correlación entre productividad y transpiración de las plantas. Esta relación señala la importancia de que la soja disponga de agua durante su desarrollo y refuerza una idea fundamental para el manejo agrícola: dos campañas con precipitaciones acumuladas similares pueden terminar con rendimientos diferentes si el agua llega en momentos distintos.
Un periodo seco durante una fase crítica puede afectar la formación y el llenado de los granos aunque posteriormente se registren precipitaciones abundantes. Por esa razón, utilizar únicamente el total de lluvia de una temporada puede ocultar déficits temporales que tuvieron consecuencias fisiológicas importantes.
Investigaciones anteriores también han mostrado que la respuesta de la soja al estrés climático puede involucrar tanto cantidad como calidad del grano. Un estudio realizado por científicos de la Universidad de São Paulo examinó cómo sequía, temperaturas elevadas y mayores concentraciones de CO₂ pueden modificar la producción y composición de las semillas de soja, mostrando la complejidad de las interacciones entre clima y cultivo.
En el Cerrado, la irregularidad de las lluvias adquiere una importancia adicional porque una gran proporción de los cultivos depende directamente de las precipitaciones. El establecimiento de la estación lluviosa condiciona tanto la germinación como la disponibilidad posterior de agua almacenada en el perfil del suelo.
Evitar el “plantío en polvo” en el Cerrado
A partir de los resultados, Alfredo Luiz, investigador de Embrapa Meio Ambiente, recomienda que la soja sea sembrada, siempre que sea posible, después del establecimiento regular de la temporada de lluvias. El objetivo es evitar la práctica conocida en Brasil como “plantio no pó”, en la que la semilla se coloca en un suelo todavía seco esperando precipitaciones posteriores.
La estrategia puede acelerar las operaciones cuando las lluvias llegan inmediatamente, pero también aumenta el riesgo si las precipitaciones se retrasan o resultan insuficientes. Una germinación irregular puede reducir la población de plantas y comprometer desde el inicio el potencial productivo del lote.
La disponibilidad de humedad en el perfil constituye además una reserva frente a interrupciones temporales de las precipitaciones. Los análisis internacionales sobre la vulnerabilidad de los cultivos de secano frente a la sequía han identificado a sectores agrícolas de Brasil entre las zonas donde la producción puede responder con fuerza a déficits hidroclimáticos extremos.
Por esta razón, los investigadores brasileños plantean que conocer la fase del ENOS no debe utilizarse como una predicción determinista del rendimiento, sino como información adicional para reducir exposición al riesgo mediante decisiones sobre fechas de siembra y manejo.
El ENOS podría complementar el calendario agrícola
Brasil utiliza actualmente el Zoneamento Agrícola de Risco Climático (ZARC) como una de sus principales referencias para establecer periodos de siembra con diferentes niveles de riesgo. La herramienta combina series históricas de clima, características de los cultivos y condiciones de suelo para orientar las decisiones productivas.
Los autores consideran que la información sobre El Niño y La Niña podría complementar en el futuro esas recomendaciones. Mientras el ZARC se apoya fundamentalmente en el comportamiento climático histórico, incorporar una señal conocida antes de cada campaña permitiría añadir un componente dinámico relacionado con las condiciones esperadas para ese ciclo específico.
La propuesta todavía requiere investigación y validación antes de convertirse en una recomendación incorporada formalmente al sistema. El estudio se basó en productividad simulada y evaluó una variedad de soja, cuatro localidades y dos sistemas de manejo, por lo que sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a todas las regiones, variedades y condiciones agrícolas de Brasil.
El valor inmediato del trabajo está en mostrar que la señal del Pacífico puede interpretarse conjuntamente con decisiones que sí están bajo control del productor. Fecha de siembra, conservación de humedad y manejo del suelo pueden modificar la exposición de la soja a periodos críticos de déficit hídrico.
La información climática gana peso antes de sembrar
El estudio llega cuando los productores brasileños preparan una campaña 2026/27 en la que El Niño constituye una de las principales variables meteorológicas bajo vigilancia. La investigación histórica no determina qué ocurrirá en un establecimiento concreto, pero permite reconocer situaciones que en el pasado estuvieron asociadas con mayores o menores rendimientos.
Para los investigadores, esa información puede utilizarse junto con pronósticos regionales, humedad real del suelo y recomendaciones agronómicas. La decisión de sembrar deja así de depender únicamente de una fecha del calendario y pasa a incorporar las condiciones efectivamente observadas al comienzo de la estación lluviosa.
El resultado también refuerza la importancia del manejo conservacionista. La siembra directa puede conservar humedad y reducir la erosión del suelo, aunque su desempeño depende del diseño completo del sistema productivo y no únicamente de eliminar las labores de arado.
Tras analizar medio siglo de clima, las simulaciones de Embrapa muestran que la productividad de la soja del Cerrado responde a una interacción entre fenómenos oceánicos de gran escala y decisiones realizadas directamente en el lote. La utilidad práctica del ENOS reside, por tanto, menos en anticipar una cifra exacta de cosecha que en ayudar a identificar cuándo aumenta el riesgo y qué decisiones agronómicas pueden reducirlo.
Fuente referencial:
Embrapa Meio Ambiente


