Un estudio con 178 hogares agrícolas de 15 aldeas revela que mercado, altitud, mano de obra y usos alimentarios determinan qué semillas conservan o abandonan los productores
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La expansión de semillas híbridas de calabaza no está provocando una sustitución uniforme de las variedades tradicionales entre los pequeños agricultores del norte de Vietnam. Una investigación realizada en dos zonas agrícolas contrastantes encontró que los productores adoptan, combinan o abandonan las variedades introducidas dependiendo de su rendimiento, acceso al mercado, disponibilidad de tierra y mano de obra, necesidades alimentarias y posibilidades de integrar el cultivo dentro del resto de la explotación.
El estudio, publicado en Agronomy for Sustainable Development, fue desarrollado por investigadores vinculados con Wageningen University & Research, el Centro Internacional de Agricultura Tropical y la Universidad Nacional de Agricultura de Vietnam. El equipo entrevistó a 178 agricultores de 15 aldeas y recopiló además información de comerciantes de frutas y semillas, responsables de empresas semilleras, autoridades locales, extensionistas y especialistas agrícolas.
Los resultados cuestionan una interpretación frecuente de la modernización agrícola: que la llegada de una variedad comercial mejorada conduce progresivamente al abandono de las semillas tradicionales. En las comunidades estudiadas, la elección resultó mucho más dinámica y los agricultores modificaron sus decisiones conforme cambiaban sus condiciones productivas y económicas.
Dos zonas agrícolas mostraron decisiones muy diferentes
La investigación comparó Mai Son, en la provincia de Son La, situada aproximadamente a 700 metros sobre el nivel del mar, con Sa Pa, en Lao Cai, a unos 1.600 metros. Las diferencias de altitud se traducen en temperaturas, calendarios agrícolas, sistemas de cultivo y oportunidades productivas distintas.
En Mai Son, los investigadores identificaron cuatro grupos: agricultores que abandonaron las calabazas tradicionales y cultivaban únicamente tipos introducidos; productores que mantenían materiales tradicionales e introducidos; agricultores que probaron los nuevos tipos pero posteriormente regresaron a los tradicionales; y familias que nunca incorporaron las variedades introducidas.
En Sa Pa apareció una diferencia significativa: no se encontró el grupo que hubiera sustituido completamente las calabazas tradicionales por las introducidas. Los materiales locales continuaban ocupando un lugar importante dentro de las explotaciones.
Esta permanencia de variedades mantenidas directamente por agricultores coincide con una cuestión más amplia de la agricultura mundial: la conservación de la diversidad agrícola también depende de que los cultivos continúen siendo utilizados en las fincas, además de su almacenamiento en bancos de germoplasma.
Las semillas híbridas llegaron a las montañas desde 2006
Las variedades híbridas de calabaza comenzaron a expandirse en Vietnam durante las últimas décadas y sus semillas están disponibles en las tierras altas del norte desde aproximadamente 2006. En las zonas bajas del país, la producción comercial creció impulsada por variedades de alto rendimiento, ciclos más cortos y una demanda favorable.
En el norte montañoso, sin embargo, el estudio encontró una convivencia más compleja entre materiales tradicionales e introducidos. Los productores no deciden exclusivamente comparando el rendimiento potencial de cada variedad.
Los híbridos pueden resultar atractivos por su productividad, uniformidad y posibilidades comerciales. Esta clase de ventajas forma parte de las razones por las que las variedades híbridas se han convertido en una herramienta importante para numerosos sistemas agrícolas. Sin embargo, su desempeño agronómico no garantiza automáticamente que sean la opción preferida en todas las explotaciones.
Las calabazas tradicionales pueden conservar características que responden a otros objetivos de las familias, entre ellos sabor, autoconsumo, alimentación animal, adaptación al sistema de cultivos y posibilidad de guardar las propias semillas para la campaña siguiente.
El mercado favoreció los híbridos en Mai Son
La relación con los compradores resultó especialmente importante en Mai Son. Todos los agricultores que todavía cultivaban calabazas introducidas tenían buen acceso a comerciantes de fruta.
En esa zona, el clima permite además organizar diferentes campañas agrícolas durante el año. Muchos productores cultivaban las calabazas introducidas dentro de plantaciones jóvenes de árboles frutales, antes de que el crecimiento de las copas redujera la entrada de luz.
El 71,2 % de los agricultores de Mai Son que utilizaban calabazas introducidas las cultivaba de esta manera durante el verano. La estrategia permite obtener una cosecha mientras los árboles todavía no han entrado plenamente en producción y aprovechar temporalmente tierra, trabajo y nutrientes disponibles.
Otros productores sembraban calabaza después del maíz o como cultivo independiente. La decisión dependía de la configuración de cada explotación y de las posibilidades comerciales existentes.
En Sa Pa las variedades tradicionales resistieron mejor
La situación fue diferente a mayor altitud. En Sa Pa, únicamente 18 de los 82 agricultores entrevistados cultivaban simultáneamente calabazas tradicionales e introducidas, y ningún grupo había realizado una sustitución completa hacia los nuevos materiales.
Las condiciones agroecológicas limitan allí algunas de las opciones disponibles en Mai Son. Sa Pa tiene un clima montañoso más frío, con una temporada de cultivo condicionada por bajas temperaturas durante el invierno.
Los agricultores también mencionaron dificultades para combinar las calabazas introducidas con el maíz. Entre ellas figuraron el sombreado, diferencias en las necesidades de fertilización y agua, daños durante las labores del maíz y distintos momentos de maduración.
El resultado muestra que una semilla no se adopta de manera aislada. Debe encontrar un espacio dentro de un sistema donde ya existen otros cultivos, calendarios de trabajo, necesidades familiares y restricciones ambientales.
Más del 90 % guardaba semillas de las calabazas tradicionales
Una de las diferencias fundamentales apareció en el origen de las semillas. Más del 90 % de los agricultores obtenía las semillas de las calabazas tradicionales de sus propias cosechas. Cuando necesitaban conseguirlas fuera de la explotación, recurrían principalmente a redes sociales y comunitarias.
Para las variedades introducidas, en cambio, la disponibilidad comercial podía ser limitada. Algunas aldeas carecían de proveedores y otras contaban únicamente con uno o dos vendedores que ofrecían una gama reducida de semillas y tipos de frutos.
La distancia también influía. Para determinados agricultores, desplazarse hasta el mercado del distrito para comprar semillas resultaba poco conveniente.
La conservación de semillas dentro de las propias explotaciones continúa desempeñando un papel importante en numerosos sistemas agrícolas. Experiencias como la recuperación y multiplicación de variedades tradicionales a partir de semillas conservadas muestran cómo el cultivo activo permite mantener materiales que podrían desaparecer cuando dejan de sembrarse.
Los agricultores seleccionan después de la cosecha
Los investigadores observaron que la mayoría de los productores no aplicaba medidas sistemáticas para controlar la polinización entre diferentes tipos de calabaza. La selección se concentraba principalmente después de la cosecha.
Los agricultores guardaban semillas procedentes de frutos que presentaban las características que preferían, especialmente forma, sabor, valor comercial y rendimiento. En las variedades tradicionales, la presencia de diferentes formas dentro de un mismo campo podía considerarse normal.
Esta gestión práctica de la diversidad muestra que la conservación agrícola no siempre responde a un objetivo explícito de preservar recursos genéticos. Los productores mantienen una variedad cuando continúa cumpliendo funciones concretas dentro de su explotación o de su hogar.
Otros trabajos han mostrado igualmente que el conocimiento de los agricultores sobre las variedades locales puede aportar criterios diferentes a los utilizados exclusivamente en programas formales de selección, especialmente cuando deben valorarse adaptación, usos específicos y condiciones locales de producción.
La calabaza cumple funciones que van más allá de la venta
En las comunidades estudiadas, prácticamente todas las partes aprovechables de la calabaza pueden tener utilidad. Hojas, brotes, flores, frutos y semillas participan en la alimentación, mientras determinadas producciones generan ingresos o sirven como alimento para animales.
Los investigadores comprobaron que las decisiones sobre variedades introducidas dependían del rendimiento agronómico y de las oportunidades de mercado, pero también de la disponibilidad de tierra y trabajo, las necesidades alimentarias de la familia y la alimentación del ganado.
Los cambios en otros sectores de la explotación también modificaron la elección de semillas. La expansión de árboles frutales, la evolución del cultivo de maíz, el empleo de herbicidas, los cambios en la producción porcina y la disponibilidad de actividades económicas distintas de la agricultura alteraron progresivamente el espacio disponible para cada tipo de calabaza.
Adoptar una variedad no es una decisión definitiva
El principal aporte del estudio es mostrar que la adopción de semillas debe entenderse como un proceso y no como una decisión tomada una sola vez. Los agricultores pueden probar una variedad, cultivarla durante varias campañas, combinarla con materiales tradicionales y finalmente mantenerla o abandonarla.
En Mai Son, algunos productores que habían experimentado con calabazas introducidas terminaron cultivando nuevamente solo tipos tradicionales. Otros mantuvieron ambos grupos, mientras una parte sí realizó la transición completa hacia materiales introducidos.
Las variedades tradicionales, por tanto, no se conservaron necesariamente porque los agricultores persiguieran un objetivo formal de protección de la agrobiodiversidad. Permanecieron cuando continuaron aportando valor dentro de las necesidades productivas, alimentarias y económicas de las familias.
Esta conclusión obliga a matizar la idea de que introducir una semilla de mayor rendimiento conducirá automáticamente a su adopción permanente. Para los autores, las iniciativas destinadas a promover nuevas variedades o conservar materiales tradicionales necesitan considerar las prioridades cambiantes de los agricultores, las condiciones agroecológicas, el mercado y la organización completa de cada sistema productivo.
Fuentes referenciales:
Agronomy for Sustainable Development
Wageningen University & Research


