Ganadería

El calor reduce la producción de leche y obliga a enfriar los establos

Publicado el 16/09/2026 · REDACCION

Tres olas de calor registradas desde la primavera en Europa occidental y central aumentaron la presión térmica sobre las vacas lecheras


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

Tres olas de calor atravesaron Europa occidental y central desde la primavera de 2026 y expusieron nuevamente a los rebaños lecheros a temperaturas capaces de reducir el consumo de alimento, alterar su comportamiento y disminuir la producción de leche. La repetición de estos episodios obliga a los productores a revisar la ventilación, el acceso al agua y la organización de las diferentes zonas del establo.

Las pérdidas típicas de producción atribuidas al estrés térmico se sitúan entre el 2 % y el 7 %, de acuerdo con estudios veterinarios citados por la empresa de climatización FabricAir. El impacto económico podría alcanzar el 9 % cuando se consideran también las consecuencias sobre la fertilidad y la salud general del rebaño.

Las vacas reducen el consumo antes del calor extremo

Las vacas lecheras generan una cantidad considerable de calor metabólico, especialmente cuando mantienen una producción elevada. Para conservar su temperatura corporal necesitan transferir ese calor al ambiente, una tarea que se dificulta cuando coinciden temperaturas altas, humedad elevada, radiación solar y escaso movimiento del aire.

La reducción del consumo de materia seca puede comenzar cuando la temperatura ambiental alcanza entre 25 y 26 °C. Por encima de 30 °C, el descenso se vuelve más pronunciado, precisamente en un rango registrado repetidamente en amplias zonas europeas durante el verano.

Comer menos reduce la energía y los nutrientes disponibles para sintetizar leche. Al mismo tiempo, el animal destina recursos fisiológicos a disipar calor mediante una mayor frecuencia respiratoria, cambios en la circulación sanguínea y otras respuestas que alteran su equilibrio metabólico.

El problema puede iniciarse incluso antes de que el productor observe una caída evidente en el tanque. Una investigación sobre los efectos del calor moderado en vacas lecheras detectó respuestas inflamatorias y cambios relacionados con la coagulación, lo que refuerza la importancia de intervenir antes de alcanzar temperaturas extremas.

Las señales tempranas permiten actuar antes de perder leche

El aumento de la frecuencia respiratoria, el jadeo, la salivación, la permanencia prolongada de pie y la concentración de animales alrededor de bebederos o zonas ventiladas son señales de alerta. También pueden observarse menor rumia, reducción del consumo, búsqueda de sombra y cambios en los horarios de alimentación.

La temperatura por sí sola no describe completamente el riesgo. La humedad ambiental reduce la capacidad de enfriamiento por evaporación y puede convertir una jornada aparentemente moderada en una situación exigente para el ganado. La radiación directa, la velocidad del aire y el enfriamiento nocturno también modifican la respuesta.

Las herramientas de seguimiento permiten combinar varios de estos factores con datos fisiológicos y productivos. El desarrollo de modelos para evaluar el estrés térmico de vacas lactantes busca precisamente anticipar cuándo el ambiente comienza a superar la capacidad de adaptación del animal.

Cada zona del establo necesita una corriente de aire diferente

La ventilación debe diseñarse de acuerdo con la distribución de los animales y no limitarse a mover aire de manera uniforme dentro del edificio. El área de alimentación, las camas, los pasillos de espera y la sala de ordeño presentan densidades, tiempos de permanencia y necesidades distintas.

FabricAir desarrolló el sistema ClimaBarn para distribuir aire mediante conductos textiles configurados según cada zona. La propuesta se diferencia de los ventiladores convencionales y los conductos metálicos al dirigir velocidades específicas hacia los puntos donde permanecen las vacas.

En la sala de ordeño, el sistema conduce aire hacia los animales a velocidades de entre 2,5 y 3 metros por segundo. En los espacios ocupados por el personal mantiene una corriente más suave, de hasta 0,5 metros por segundo, con el objetivo de aliviar a las vacas sin generar condiciones incómodas para los trabajadores.

La empresa sostiene que esta distribución puede favorecer un ingreso y una salida más tranquilos de los animales, reducir interrupciones durante los días calurosos y mantener mayor regularidad en el ordeño. Estos resultados deben valorarse en cada explotación según el diseño del edificio, el clima, la densidad del rebaño y el mantenimiento del equipo.

El movimiento del aire también debe llegar a las camas

Una ventilación intensa en los pasillos no garantiza que el aire alcance el lugar donde la vaca descansa. Si las camas permanecen calientes o estancadas, los animales pueden pasar más tiempo de pie, reducir el descanso y aumentar la presión sobre las pezuñas.

La evaluación debe comprobar la velocidad real del aire a la altura del animal y en diferentes puntos del establo. También conviene identificar obstáculos creados por muros, equipos, cortinas o estructuras que produzcan zonas sin circulación suficiente.

Las experiencias con estrategias de enfriamiento durante el día y la noche indican que prolongar el alivio térmico puede resultar rentable cuando las temperaturas nocturnas no permiten que el ganado elimine el calor acumulado.

El enfriamiento nocturno resulta particularmente importante durante olas de calor consecutivas. Si el organismo no recupera una temperatura adecuada antes de la jornada siguiente, la carga térmica se acumula y aumenta el riesgo de que desciendan el consumo y la producción.

Agua, sombra y horarios completan la estrategia

El acceso continuo a agua limpia y fresca es una prioridad. Los bebederos deben disponer de caudal suficiente para recuperar rápidamente el nivel cuando numerosos animales beben al mismo tiempo, además de ubicarse en puntos accesibles sin crear aglomeraciones.

La sombra reduce la radiación directa en sistemas al aire libre, patios y zonas de espera. Dentro de las instalaciones, la combinación de ventilación con aspersión puede mejorar la disipación de calor cuando se diseña correctamente, se evita mojar excesivamente las camas y existe circulación de aire suficiente para favorecer la evaporación.

También puede ser útil trasladar la alimentación y determinadas labores hacia las horas más frescas. Mantener alimento fresco disponible, retirar los rechazos deteriorados y vigilar la estabilidad de la ración ayuda a conservar el consumo durante los periodos cálidos.

La nutrición puede complementar el manejo ambiental, pero no sustituirlo. Las dietas diseñadas para vacas sometidas al calor buscan aportar nutrientes con menor generación de calor metabólico y sostener la ingestión, siempre bajo formulación profesional y adaptadas a la producción del rebaño.

La inversión debe partir de una evaluación del establo

Antes de instalar nuevos equipos conviene medir temperatura, humedad y velocidad del aire durante varios momentos del día. También deben revisarse la orientación del edificio, la altura y apertura de los laterales, las salidas de aire, la densidad animal y la ubicación de los principales focos de calor.

El dimensionamiento incorrecto puede producir corrientes insuficientes, zonas sin ventilación o un consumo eléctrico elevado sin conseguir el alivio esperado. La limpieza periódica, la inspección de motores y conductos y la comprobación de los sistemas de control son necesarias para conservar el rendimiento.

El cálculo económico debe comparar el costo de instalación y funcionamiento con las pérdidas de leche, fertilidad y salud que se pretende evitar. Las prioridades pueden variar entre una explotación con episodios breves de calor y otra donde las temperaturas elevadas y las noches cálidas se prolongan durante semanas.

La mayor frecuencia de olas de calor convierte el enfriamiento del ganado en una parte estructural de la gestión lechera. La respuesta más eficaz combina vigilancia temprana, ventilación dirigida, agua abundante, sombra, manejo nutricional y protocolos definidos antes de que llegue el siguiente episodio extremo.

Fuente referencial:
BWagrar Landwirtschaftliches Wochenblatt



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