Bovino

El calor moderado activa inflamación y coagulación en vacas lecheras

Publicado el 16/07/2026 · REDACCION

Un estudio con vacas Holstein comprobó que siete días a unos 28 °C bastaron para alterar la respuesta inmunitaria, favorecer procesos inflamatorios y activar señales relacionadas con la coagulación sanguínea.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Las vacas lecheras pueden desarrollar alteraciones inmunitarias y sanguíneas incluso cuando el estrés térmico todavía se considera moderado. Una investigación realizada en condiciones controladas detectó signos de inflamación, debilitamiento de determinadas defensas celulares y activación de la coagulación después de solo siete días de exposición al calor.

El trabajo fue desarrollado por científicos del Instituto de Investigación de Biología de Animales de Granja, conocido por sus siglas FBN, en Alemania. Los investigadores estudiaron vacas Holstein sometidas a una temperatura cercana a 28 °C y a un índice de temperatura y humedad de 76.

Los resultados muestran que el organismo del ganado lechero comienza a experimentar cambios relevantes antes de alcanzar condiciones térmicas extremas. Esta respuesta temprana obliga a reconsiderar el momento en el que deben aplicarse medidas de enfriamiento, control sanitario y manejo dentro de las explotaciones.

El estudio fue publicado en la revista científica Frontiers in Immunology y estuvo encabezado por la doctora Franziska Koch, investigadora del FBN.

El calor afecta a todo el organismo de la vaca

Las vacas lecheras producen una cantidad considerable de calor metabólico. La digestión, el mantenimiento corporal y la producción de leche elevan la generación interna de calor, especialmente en animales de alto rendimiento.

Cuando aumenta la temperatura ambiental, las vacas encuentran mayores dificultades para liberar ese calor hacia el exterior. El organismo activa mecanismos de enfriamiento como el aumento de la frecuencia respiratoria, la sudoración limitada y una reducción del consumo de alimento.

Esta situación puede disminuir la producción de leche, afectar el bienestar animal y alterar el funcionamiento de órganos y tejidos. La tolerancia genética del ganado al estrés por calor también varía entre individuos y se ha convertido en un criterio cada vez más importante para la selección de animales.

Franziska Koch explicó que, cuando las vacas están afectadas por el calor, reacciona todo su organismo. Los cambios en la sangre, el debilitamiento del sistema inmunitario y las primeras señales de coagulación pueden reducir el rendimiento y aumentar la susceptibilidad a enfermedades.

La aparición de estos procesos bajo temperaturas moderadas demuestra que el manejo térmico no debe comenzar únicamente cuando los animales presentan jadeo intenso, fuerte caída de la producción o signos visibles de agotamiento.

Siete días bajo estrés térmico moderado

Los científicos mantuvieron a las vacas Holstein durante siete días bajo condiciones controladas de estrés térmico moderado. El índice de temperatura y humedad alcanzó un valor de 76, equivalente aproximadamente a 28 °C con humedad ambiental intermedia.

Durante el experimento se tomaron muestras de sangre a intervalos regulares. Los investigadores analizaron la respuesta inmunitaria, la actividad de las células mononucleares de sangre periférica y distintos marcadores vinculados con la coagulación.

Las células mononucleares de sangre periférica, conocidas como PBMC por sus siglas en inglés, incluyen linfocitos y monocitos. Estas células desempeñan funciones fundamentales en la defensa frente a microorganismos y en la regulación de las respuestas inflamatorias.

Los análisis permitieron observar cómo cambiaban estas defensas a medida que avanzaba la exposición al calor. Los efectos no aparecieron únicamente al final del ensayo, sino que fueron desarrollándose durante el periodo de estrés térmico.

Componentes bacterianos pasaron al torrente sanguíneo

Uno de los principales hallazgos fue la detección en la sangre de endotoxinas procedentes de bacterias gramnegativas. La concentración de estos componentes bacterianos aumentó a medida que se intensificaba el estrés térmico.

Las endotoxinas forman parte de la membrana externa de determinadas bacterias. Cuando ingresan en la circulación sanguínea, el sistema inmunitario las reconoce como sustancias extrañas y activa una respuesta inflamatoria para eliminarlas.

Los investigadores relacionaron su presencia con un aumento temporal de la permeabilidad de la barrera intestinal. Bajo estrés térmico, el flujo sanguíneo puede desviarse desde el aparato digestivo hacia la superficie corporal para ayudar a disipar calor.

Esta redistribución puede afectar la integridad del intestino y facilitar el paso de sustancias bacterianas hacia la sangre. El fenómeno confirma que el estrés por calor no afecta únicamente la regulación de la temperatura, sino también el funcionamiento intestinal y la inmunidad.

Inflamación acompañada de una defensa debilitada

La entrada de endotoxinas desencadenó procesos inflamatorios destinados a retirar esos componentes de la circulación. Sin embargo, al mismo tiempo se redujo la actividad de determinadas vías defensivas necesarias para una respuesta inmunitaria adaptativa precisa.

Esta combinación resulta especialmente relevante. El organismo activa la inflamación, pero algunas de sus herramientas para responder de manera específica frente a agentes infecciosos quedan debilitadas.

La supresión de estas vías podría aumentar la vulnerabilidad de las vacas a enfermedades durante los periodos cálidos. El riesgo puede ser mayor en animales recién paridos, vacas de alta producción o ejemplares que ya enfrentan otros factores de estrés.

La investigación aporta indicadores sanguíneos que podrían utilizarse para identificar alteraciones antes de que aparezcan signos clínicos evidentes. El seguimiento veterinario de estos marcadores ayudaría a evaluar con mayor precisión la condición fisiológica de cada animal.

El calor moderado también activó la coagulación

Los científicos observaron una cantidad reducida de plaquetas en la sangre de las vacas expuestas al calor. Este descenso fue interpretado como una señal de activación de la cascada de coagulación.

Las plaquetas intervienen en la formación de coágulos y en la reparación de los vasos sanguíneos. Cuando la coagulación se activa, pueden consumirse o incorporarse a los procesos que intentan controlar alteraciones en el sistema circulatorio.

La activación de esta respuesta bajo estrés térmico moderado fue uno de los hallazgos más importantes del estudio. Anteriormente, alteraciones similares se habían observado principalmente en casos graves de estrés por calor con desenlaces potencialmente mortales.

Los nuevos datos indican que los procesos relacionados con la coagulación pueden comenzar mucho antes. En determinados casos, los veterinarios podrían considerar el análisis de la coagulación sanguínea para valorar mejor el estado de los animales afectados.

El índice de temperatura y humedad permite anticipar el riesgo

El índice de temperatura y humedad, conocido como THI o ITH, combina ambos factores ambientales para estimar el nivel de estrés térmico que experimenta el ganado.

En vacas lecheras en producción, un índice cercano a 68 ya se considera el umbral a partir del cual pueden aparecer las primeras consecuencias negativas. Esto significa que los animales pueden comenzar a sufrir antes de que las personas perciban el ambiente como extremadamente caluroso.

Un índice de 76, utilizado durante el experimento, representa un estrés térmico moderado. Valores superiores a 78 incrementan la presión fisiológica y pueden afectar con mayor intensidad la salud, la ingesta de alimento y el rendimiento lechero.

La elevada sensibilidad del ganado de alta producción se relaciona con la cantidad de calor que genera durante el metabolismo. La investigación sobre genética y tolerancia al estrés térmico busca identificar animales que mantengan su rendimiento y bienestar bajo condiciones ambientales más exigentes.

Las medidas preventivas deben comenzar antes

Los resultados indican que los productores deben aplicar medidas de mitigación antes de que las condiciones alcancen niveles extremos. Esperar a que los animales muestren síntomas intensos puede permitir que la inflamación, la alteración intestinal y los cambios en la coagulación ya estén en marcha.

Entre las medidas recomendadas se encuentran mejorar la ventilación del establo, proporcionar sombra, utilizar ventiladores o sistemas de aspersión y garantizar un suministro permanente de agua limpia y fresca.

También puede ser útil trasladar los horarios de alimentación hacia las horas más frescas del día. El consumo y la digestión generan calor adicional, por lo que ofrecer una mayor proporción del alimento durante la tarde, la noche o la madrugada puede disminuir parte de la carga térmica.

Los responsables de las explotaciones deben vigilar de cerca el consumo de agua y alimento. Una reducción de la ingesta puede ser una de las primeras señales de que el animal está teniendo dificultades para regular su temperatura.

Las estrategias de enfriamiento durante el día y la noche han mostrado beneficios para la temperatura corporal, el bienestar y la producción de leche, incluso en rebaños mantenidos al aire libre.

La producción lechera aumenta la sensibilidad al calor

Las vacas de alto rendimiento son especialmente vulnerables porque necesitan consumir y metabolizar grandes cantidades de alimento para producir leche. Ese metabolismo genera calor que debe ser expulsado hacia el ambiente.

Cuando la temperatura y la humedad dificultan la pérdida de calor, el animal reduce el consumo de materia seca. Esta respuesta disminuye la generación interna de calor, pero también limita la energía disponible para producir leche y mantener las funciones inmunitarias.

La exposición prolongada puede afectar la fertilidad, la condición corporal y la recuperación después del parto. También puede aumentar la incidencia de problemas sanitarios cuando el sistema inmunitario pierde parte de su capacidad de respuesta.

El impacto económico no depende únicamente de las muertes o de los episodios extremos. La disminución diaria de la ingesta, la producción y la eficiencia reproductiva puede acumular pérdidas considerables durante toda la temporada cálida.

En regiones afectadas por olas de calor, las explotaciones lecheras pueden experimentar rápidamente una menor producción debido a la reducción del consumo. Este riesgo también ha sido observado durante el impacto de las altas temperaturas sobre la ganadería y otras actividades agropecuarias.

El cambio climático intensifica el desafío ganadero

El aumento de la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor está transformando la producción ganadera. Las instalaciones y prácticas que anteriormente resultaban suficientes pueden dejar de proteger a los animales durante episodios térmicos más prolongados.

Las explotaciones deberán combinar medidas ambientales, nutricionales, sanitarias y genéticas. La ventilación, el acceso al agua, el diseño de los establos y la selección de animales tolerantes tendrán que integrarse dentro de planes de adaptación específicos para cada región.

El seguimiento del THI permite anticipar los periodos de riesgo y activar protocolos antes de que se deteriore la salud del rebaño. Las mediciones deben considerar tanto la temperatura como la humedad, ya que una humedad elevada reduce la eficacia de los mecanismos de enfriamiento corporal.

El estudio del FBN demuestra que el daño fisiológico puede comenzar bajo condiciones que no parecen extremas. La detección de endotoxinas, inflamación, supresión de determinadas defensas y señales de coagulación después de siete días confirma que el manejo preventivo debe iniciarse desde los primeros niveles de estrés térmico.

La investigación científica fue publicada con el título Dynamic immune and molecular responses to chronic heat stress in blood and peripheral blood mononuclear cells of dairy cows. El trabajo analizó las respuestas inmunitarias y moleculares de vacas lecheras sometidas de manera crónica a calor moderado.

Fuente(s) referenciales

Phys.org — Moderate heat is enough to trigger signs of inflammation and coagulation in dairy cows



Mundo Agropecuario
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