Una simulación de la Universidad de Illinois proyecta ganancias hasta 23 % mayores al incorporar la oleaginosa en la rotación de maíz y soja
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La incorporación de canola de invierno a la rotación convencional de maíz y soja podría elevar la productividad, mejorar el balance de carbono y generar mayores ingresos para los agricultores de Illinois, según un estudio de simulación desarrollado por investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.
El trabajo evaluó un sistema de doble cultivo en el que la oleaginosa se establece durante una parte del año en la que numerosos campos del Medio Oeste estadounidense permanecen sin una producción comercial. Los resultados proyectaron ganancias anuales entre 10 % y 23 % superiores a las obtenidas con la rotación tradicional.
Los investigadores advierten que las conclusiones proceden de un modelo y todavía deben comprobarse mediante ensayos de campo. Por ahora, la propuesta identifica una oportunidad potencial para diversificar las explotaciones sin abandonar los dos cultivos que dominan la agricultura regional.
Seis años de condiciones agrícolas fueron llevados al modelo
El equipo utilizó DayCent, un modelo basado en procesos que permite simular el rendimiento de los cultivos, las emisiones de gases de efecto invernadero, la dinámica del carbono y los resultados económicos de diferentes sistemas de producción.
La simulación reprodujo condiciones ambientales registradas entre 2019 y 2024 y abarcó tres ciclos agrícolas de dos años. Los científicos compararon una rotación convencional de maíz y soja con otra formada por maíz, canola y soja.
Para examinar el efecto de la fertilización de la canola, la rotación diversificada fue evaluada bajo cuatro estrategias. La primera no recibió nitrógeno durante el desarrollo de la oleaginosa; la segunda recibió 112 kilogramos de nitrógeno por hectárea en primavera; la tercera combinó 28 kilogramos en otoño con 112 en primavera; y la cuarta aplicó 56 kilogramos en otoño y 112 en primavera.
El escenario con el aporte completo de nitrógeno durante ambas estaciones obtuvo la mejor clasificación conjunta al considerar rendimiento, biomasa, emisiones, intensidad de gases de efecto invernadero, balance de carbono y retorno económico.
La cosecha adicional compensó menores rendimientos individuales
La necesidad de dejar espacio en el calendario para sembrar la canola acortó las temporadas disponibles para los otros cultivos. Como resultado, el modelo calculó reducciones de rendimiento de entre 3 % y 5 % para el maíz y de entre 11 % y 19 % para la soja.
Sin embargo, la cosecha de canola compensó esas disminuciones. La productividad total del sistema diversificado aumentó alrededor de 18 %, mientras que su biomasa conjunta superó entre 13 % y 17 % la estimada para la rotación convencional.
La experiencia simulada coincide con el creciente interés por incorporar la canola en las rotaciones agrícolas del sur de Estados Unidos. En Tennessee, la oleaginosa ya se utiliza durante la temporada fría para complementar las explotaciones dedicadas al maíz y la soja en verano.
Este tipo de diversificación permite obtener una cosecha comercial en meses en los que el terreno permanecería improductivo o estaría ocupado por una cobertura sin ingresos directos. No obstante, requiere coordinar con precisión la recolección y siembra de cada especie para evitar retrasos que reduzcan el rendimiento del cultivo siguiente.
Más cobertura vegetal mejoraría el balance de carbono
La inclusión de canola elevó las emisiones totales en algunos escenarios debido al cultivo adicional y a la mayor demanda de nitrógeno. Aun así, la intensidad de gases de efecto invernadero se mantuvo estable porque el incremento de producción y biomasa compensó esas emisiones cuando se calcularon por unidad productiva.
El balance neto de carbono del ecosistema mejoró entre 21 % y 27 % en las rotaciones diversificadas. Este indicador ayuda a determinar si el campo retiene o pierde carbono después de considerar el crecimiento vegetal, los residuos, las raíces, los procesos del suelo y las emisiones.
La canola mantiene vegetación viva durante una parte más extensa del año y aporta materia orgánica mediante raíces y residuos agrícolas. Esa ocupación del terreno también puede reducir el tiempo durante el cual el suelo permanece expuesto a la erosión.
Los resultados guardan relación con investigaciones de la misma universidad sobre la intensificación de las rotaciones de maíz y soja mediante cultivos invernales. En un ensayo de nueve años, una secuencia diversificada redujo las pérdidas de nitratos sin comprometer el rendimiento general.
Otros análisis también han señalado que la rotación continua de maíz y soja plantea riesgos para la salud del suelo, lo que ha impulsado la búsqueda de especies capaces de ampliar la diversidad productiva del Medio Oeste.
La canola aportó ingresos en todos los escenarios evaluados
Cada estrategia que incorporó canola obtuvo una rentabilidad anual superior a la rotación convencional. Incluso el escenario sin nitrógeno aplicado a la oleaginosa superó económicamente al sistema de maíz y soja durante el conjunto del periodo analizado.
El incremento promedio de los beneficios osciló entre 10 % y 23 %. En el escenario con mayor fertilización, otro análisis agronómico de los resultados estimó una ventaja cercana a 100 dólares por acre frente a la secuencia tradicional.
El ingreso adicional depende de que exista un mercado capaz de adquirir la cosecha. La semilla de canola puede procesarse para producir aceite alimentario, alimentación animal, diésel renovable y combustibles sostenibles, pero el agricultor necesita acceso a compradores, instalaciones de procesamiento y una logística económicamente viable.
La rentabilidad simulada refuerza la evidencia de que las rotaciones diversificadas pueden aumentar los ingresos agrícolas. Sin embargo, la respuesta económica de cada explotación estará condicionada por los precios, el rendimiento efectivo, los fertilizantes, las semillas, la maquinaria y el transporte.
El sur de Illinois ofrece las condiciones más favorables
D.K. Lee, profesor del Departamento de Ciencias de los Cultivos y autor principal del estudio, considera que la canola de invierno está actualmente mejor adaptada al doble cultivo en el sur de Illinois. Las temperaturas comparativamente moderadas y una temporada agrícola más extensa facilitan su establecimiento y supervivencia.
La expansión hacia zonas más septentrionales requeriría variedades con mayor tolerancia al frío. También serían necesarios ajustes en las fechas de siembra, la nutrición, el manejo sanitario y la cosecha para reducir el riesgo de pérdidas.
Los investigadores preparan pruebas de campo destinadas a verificar si los beneficios proyectados por DayCent pueden reproducirse bajo condiciones productivas reales. Esos ensayos deberán medir el establecimiento de las plantas, su supervivencia durante el invierno, los rendimientos, la respuesta al nitrógeno y los márgenes obtenidos por los agricultores.
Hasta que esa validación se complete, los porcentajes de productividad, carbono y rentabilidad deben entenderse como resultados del escenario modelado y no como beneficios garantizados para cualquier finca. El estudio proporciona una base cuantitativa para determinar dónde y bajo qué manejo conviene probar la canola de invierno dentro de la agricultura del Medio Oeste.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Illinois Urbana-Champaign
Agricultural Systems

