Investigadores de las universidades Estatal de Ohio y de Florida estimaron que los brotes de ciclosporiasis y las retiradas de productos redujeron un 3,89 % las compras semanales de ensaladas envasadas en Estados Unidos, con pérdidas comerciales calculadas en 374 millones de dólares.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Los brotes de enfermedades transmitidas por alimentos pueden provocar pérdidas económicas en el sector hortícola que van mucho más allá de los productos directamente contaminados. Una investigación de las universidades Estatal de Ohio y de Florida, en Estados Unidos, encontró que las alertas relacionadas con el parásito Cyclospora estuvieron asociadas con una disminución de las compras de ensaladas envasadas, incluso en territorios donde no se habían registrado brotes.
El estudio, difundido el 28 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica Risk Analysis, examinó la respuesta de los consumidores estadounidenses a seis grandes brotes multiestatales de ciclosporiasis ocurridos entre 2018 y 2022.
Los investigadores encontraron que las compras semanales de ensaladas envasadas fueron, en promedio, un 3,89 % inferiores durante los períodos de brotes y retiradas de productos. A partir de sus estimaciones, calcularon pérdidas para el comercio minorista cercanas a 374 millones de dólares.
El resultado aporta una perspectiva económica sobre la inocuidad alimentaria: una alerta sanitaria puede modificar el comportamiento de compra de numerosos consumidores, aunque los productos que encuentran en los establecimientos no hayan sido identificados como contaminados.
Seis brotes sanitarios y millones de dólares en pérdidas
La investigación analizó seis brotes importantes de ciclosporiasis registrados en diferentes estados estadounidenses entre 2018 y 2022. Cuatro de ellos estuvieron relacionados con productos utilizados en ensaladas.
En conjunto, los seis acontecimientos comprendían 2.157 enfermedades notificadas, equivalentes aproximadamente al 65 % de los 3.344 casos asociados con brotes registrados en el sistema nacional estadounidense durante el período examinado.
Para estudiar sus consecuencias económicas, los científicos utilizaron información sobre las compras de los hogares y la actividad de búsqueda en internet relacionada con el parásito.
Los resultados mostraron que los episodios de 2018 y 2020 estuvieron asociados con algunas de las mayores pérdidas comerciales.
Las pérdidas estimadas para 2018 alcanzaron 79 millones de dólares, mientras que las correspondientes a 2020 se aproximaron a 190 millones.
Estas cantidades representan estimaciones económicas asociadas con la disminución de compras, no el valor de mercancías que necesariamente tuvieron que destruirse por contaminación.
La distinción es importante porque las pérdidas comerciales pueden extenderse a productos y empresas que no estuvieron directamente involucrados en el origen de una enfermedad.
Las búsquedas sobre Cyclospora anticiparon cambios en el consumo
Uno de los aspectos más novedosos del trabajo fue relacionar las decisiones de compra con la atención pública que recibieron los brotes.
Los investigadores examinaron la actividad de búsqueda del término Cyclospora en 210 mercados mediáticos estadounidenses y la compararon con las variaciones de las compras domésticas de ensaladas envasadas.
El volumen de búsquedas se utilizó como indicador de la atención que los consumidores prestaban a las noticias, advertencias sanitarias y conversaciones públicas relacionadas con los brotes.
Los resultados mostraron que las búsquedas específicas sobre Cyclospora estuvieron asociadas con disminuciones de compras más pronunciadas que las búsquedas generales relacionadas con ensaladas.
Esto sugiere que la información sanitaria puede influir sobre la percepción de riesgo y sobre las decisiones comerciales de los hogares.
Sin embargo, el análisis no demuestra que cada búsqueda individual provocara directamente una compra menos. Los investigadores utilizaron patrones agregados de atención y consumo para estudiar cómo evolucionaba la demanda durante los acontecimientos sanitarios.
La relación identificada resulta relevante para productores, procesadores y distribuidores de hortalizas frescas, porque muestra que el impacto comercial de una alerta puede depender también de su difusión pública.
El temor sanitario afectó a regiones sin brotes registrados
La investigación encontró que las disminuciones de compras no se limitaron a los estados directamente afectados por los brotes.
También se observaron reducciones en estados sin casos notificados que compartían mercados mediáticos con territorios donde se habían registrado enfermedades.
Este resultado indica que las consecuencias comerciales pueden extenderse geográficamente a través de la circulación de información.
Una noticia sobre contaminación alimentaria puede llegar simultáneamente a consumidores de distintas regiones y modificar su percepción sobre una categoría completa de productos.
El estudio también examinó si la disminución de las ventas podía explicarse por restricciones de suministro.
Los resultados no mostraron que los establecimientos minoristas hubieran reducido considerablemente la disponibilidad general de ensaladas durante los períodos estudiados.
Por ello, los investigadores consideran que la preocupación de los consumidores por la inocuidad alimentaria constituye una explicación más probable de la caída de las compras que una escasez generalizada de productos en los comercios.
Esta dimensión comercial complementa las investigaciones sobre estrategias de control de la contaminación en hortalizas de hoja verde, que examinan cómo prevenir los riesgos sanitarios a lo largo de la cadena de producción y procesamiento.
Qué es Cyclospora y por qué preocupa a la horticultura
Cyclospora cayetanensis es un parásito microscópico que puede provocar ciclosporiasis, una infección intestinal asociada con el consumo de alimentos o agua contaminados.
La enfermedad puede producir diarrea acuosa, molestias abdominales, distensión y pérdida del apetito. Las personas con sistemas inmunitarios debilitados pueden experimentar complicaciones más prolongadas o graves.
El parásito presenta dificultades particulares para la industria alimentaria porque puede persistir en determinadas condiciones ambientales y no se elimina necesariamente mediante los procedimientos convencionales de lavado con cloro utilizados durante el procesamiento.
La prevención requiere prestar atención a las condiciones sanitarias del agua, las prácticas agrícolas, la manipulación de las hortalizas y las operaciones posteriores a la cosecha.
Durante 2026, el problema también generó actuaciones oficiales relacionadas con la posible procedencia de productos hortícolas. Las autoridades mexicanas, por ejemplo, investigaron un posible vínculo entre lechugas y un brote de ciclosporiasis en Estados Unidos, sin considerar que la identificación del país de origen demostrara por sí sola dónde había ocurrido la contaminación.
Ese episodio corresponde a un acontecimiento sanitario diferente de los brotes de 2018 a 2022 analizados en el nuevo estudio económico.
Las alertas alimentarias pueden perjudicar a toda una categoría
Uno de los problemas identificados por los investigadores es que los consumidores no siempre diferencian entre una marca, un lote, una procedencia o un producto concreto cuando reciben información sobre un brote.
La preocupación puede extenderse a otras ensaladas envasadas, aunque no estén incluidas en las retiradas oficiales.
Para las empresas hortícolas, este comportamiento representa un riesgo económico adicional al coste directo de identificar, retirar o destruir mercancías afectadas.
Una disminución de la demanda puede repercutir sobre la planificación de pedidos, los inventarios, las operaciones de procesamiento y la comercialización de productos frescos.
Las hortalizas de hoja tienen una vida comercial limitada y requieren una cadena logística capaz de mantener su calidad durante el transporte, almacenamiento y distribución.
Cuando las compras disminuyen de manera inesperada, las empresas disponen de menos margen para ajustar sus operaciones que en el caso de productos almacenables durante períodos prolongados.
La preocupación por estos riesgos ha impulsado investigaciones sobre la vulnerabilidad de diferentes productos hortícolas, incluidos los microvegetales cultivados para consumo fresco y su posible exposición a patógenos.
Aunque ese trabajo aborda riesgos microbiológicos distintos, ambos estudios muestran que la inocuidad alimentaria constituye una condición importante para sostener la confianza en los productos vegetales.
El brote de 2020 muestra que la atención pública no depende solo del número de casos
Los investigadores encontraron diferencias entre la magnitud sanitaria de los brotes y la atención pública que recibieron.
El episodio de 2020 fue el mayor acontecimiento individual incluido en el estudio, con 771 enfermedades registradas.
Sin embargo, las búsquedas relacionadas con Cyclospora fueron más intensas durante los brotes de 2018.
Los autores señalan que la pandemia de COVID-19 dominó buena parte de la atención informativa durante 2020, una circunstancia que pudo influir sobre la visibilidad pública de otras alertas sanitarias.
Este resultado muestra que la respuesta comercial ante una enfermedad alimentaria no depende exclusivamente del número de personas afectadas.
La difusión de las noticias, la coincidencia con otros acontecimientos importantes y la percepción de riesgo pueden modificar la intensidad de la reacción de los consumidores.
Por esa razón, las consecuencias económicas de dos brotes con características sanitarias diferentes no necesariamente siguen una relación proporcional con el número de casos.
La comunicación del riesgo adquiere importancia económica
La investigación fue desarrollada por especialistas vinculados con la Universidad Estatal de Ohio y la Universidad de Florida.
Entre sus autores se encuentra Xuerui Yang, quien participó en el trabajo durante su formación doctoral en la Universidad Estatal de Ohio y posteriormente continuó su actividad investigadora en el Instituto de Ciencias Alimentarias y Agrícolas de la Universidad de Florida.
Los investigadores consideran que el seguimiento de la atención pública puede contribuir a comprender dónde se concentran las pérdidas de demanda durante una alerta sanitaria.
También destacan la importancia de comunicar los riesgos con precisión, evitando tanto minimizar una amenaza real como extender injustificadamente las sospechas a productos que no han sido identificados como afectados.
Para las autoridades sanitarias, la información debe permitir a los consumidores reconocer los alimentos involucrados y adoptar las precauciones correspondientes.
Para los productores y distribuidores, una comunicación clara puede ayudar a reducir la incertidumbre comercial y facilitar la recuperación de la confianza después de un brote.
El estudio no demuestra que una determinada estrategia informativa elimine las pérdidas económicas. Sus resultados permiten identificar asociaciones entre atención pública y comportamiento de compra que pueden orientar futuras investigaciones y medidas de gestión.
Una investigación económica basada en datos de 2018 a 2022
El artículo científico se titula Information Spillovers Across Media Markets: Risk Perceptions and Cyclospora Outbreaks in U.S. Bagged Salads y fue publicado en la revista Risk Analysis en 2026.
Su novedad consiste en cuantificar cómo las alertas relacionadas con un parásito alimentario estuvieron asociadas con variaciones de demanda en diferentes mercados geográficos.
Los resultados proceden de brotes ocurridos entre 2018 y 2022 y no deben confundirse con una estimación de las pérdidas causadas por los episodios sanitarios de 2026.
La disminución media del 3,89 % en las compras semanales y las pérdidas estimadas de 374 millones de dólares corresponden al conjunto de acontecimientos y condiciones examinados por los investigadores.
Estas cifras tampoco representan automáticamente las pérdidas directas sufridas por los agricultores, ya que el cálculo se refiere al comercio minorista de ensaladas envasadas.
La investigación aporta una dimensión económica a la gestión de enfermedades transmitidas por alimentos: el daño comercial de un brote puede extenderse más allá de los lotes afectados y alcanzar mercados donde la preocupación pública modifica las decisiones de compra.
Fuente referencial:
Society for Risk Analysis — Información sobre el estudio publicado en Risk Analysis, 28 de octubre de 2026


