Cierre de laboratorios amenaza a las abejas


La posible clausura de centros federales en Estados Unidos preocupa a apicultores, agricultores y al sistema alimentario


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Las abejas y los apicultores de Estados Unidos podrían perder una de sus principales redes de apoyo científico justo en un momento crítico para la sanidad de las colmenas. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos tiene previsto cerrar el Beltsville Agricultural Research Center, una estación de investigación agrícola de 6.500 acres ubicada en Maryland, donde funciona el Beltsville Bee Research Lab, considerado uno de los centros más importantes del país para investigación apícola y diagnóstico de enfermedades.

La decisión llega mientras el sector apícola enfrenta una combinación de pérdidas históricas, presión sanitaria, aumento de costos y amenazas emergentes. Durante el invierno de 2025, muchos apicultores perdieron más de la mitad de sus operaciones por la expansión de ácaros Varroa resistentes a pesticidas y los virus mortales que transmiten. Esa crisis redujo la producción de miel y encareció el traslado de colmenas para servicios de polinización agrícola.

El impacto no se limita a los apicultores. Las abejas melíferas aportan aproximadamente 15.000 millones de dólares a la producción agrícola estadounidense, mientras abejas gestionadas y nativas polinizan más de 130 cultivos. La pérdida de capacidad científica para diagnosticar enfermedades y responder a nuevas amenazas puede afectar a agricultores, consumidores y cadenas de suministro alimentario.

Por qué Beltsville es clave para la apicultura

El Beltsville Bee Research Lab forma parte de una infraestructura federal que ha apoyado a los apicultores durante más de 130 años, con casi 90 años de trabajo en la estación de Beltsville. Uno de sus servicios más relevantes es el diagnóstico gratuito de enfermedades, mediante el cual los apicultores pueden enviar muestras de abejas para análisis especializado.

Ese servicio es especialmente importante porque la sanidad de las colmenas requiere respuestas rápidas. Enfermedades, parásitos, residuos de pesticidas y virus pueden causar pérdidas severas si no se identifican a tiempo. En el manejo moderno de enfermedades en la colmena, la detección temprana se ha convertido en una herramienta decisiva para evitar el colapso de colonias.

Desde comienzos de los años 2000, los investigadores de Beltsville han trabajado en la respuesta frente a los ácaros Varroa, uno de los principales factores asociados a las pérdidas anuales de colonias. Ahora también desarrollan protocolos para detectar y responder a Tropilaelaps mercedesae, conocido como “tropi”, un ácaro más letal que afecta a abejas melíferas en Asia y que preocupa al sector apícola internacional.

Una crisis sanitaria con costos económicos

El argumento oficial para cerrar el Beltsville Agricultural Research Center se relaciona con el costo de mantenimiento y renovación de sus instalaciones, estimado en 500 millones de dólares. Sin embargo, el artículo advierte que el cierre del laboratorio podría generar costos mucho mayores para apicultores, agricultores y consumidores.

La crisis del invierno de 2025 ilustra ese riesgo. Muchos apicultores abrieron sus colonias en enero y encontraron que más del 60 % había muerto. A escala nacional, la pérdida se estimó en casi 1,7 millones de colonias. Los apicultores contactaron al laboratorio de Beltsville, y los investigadores se desplazaron para analizar residuos de pesticidas, enfermedades y ácaros Varroa en las colonias afectadas.

Pero mientras el equipo trabajaba en esa emergencia, el gobierno de Donald Trump despidió a investigadores y personal en periodo probatorio de los laboratorios de abejas, junto con miles de empleados del USDA. El equipo de Beltsville quedó debilitado y el personal restante tuvo restricciones para comunicarse con los apicultores. Los resultados tardaron casi seis meses en llegar, cuando la temporada ya había terminado y muchos productores habían enfrentado solos la crisis.

Las pérdidas de colonias costaron a los apicultores unos 600 millones de dólares en producción de miel, ingresos por polinización y reemplazo de colonias. Ese monto supera el costo estimado de modernizar todo el centro de investigación de Beltsville, lo que muestra la dimensión económica de perder capacidad pública de respuesta científica.

La polinización como servicio agrícola estratégico

El cierre de laboratorios apícolas no solo afectaría a quienes producen miel. Muchas explotaciones agrícolas dependen de servicios de polinización para sostener rendimientos en cultivos comerciales. Cuando los apicultores pierden casi la mitad de sus colmenas, suelen aumentar las tarifas de polinización para poder mantenerse operativos.

Ese aumento puede trasladarse al costo de frutas, hortalizas, frutos secos y semillas que dependen de polinizadores. En cultivos como arándanos, calabazas, arándanos rojos y otros productos del noreste de Estados Unidos, la presencia de colmenas gestionadas sigue siendo una pieza clave de la producción.

La importancia agrícola de los polinizadores también se observa en otros cultivos. Investigaciones recientes han mostrado que la polinización de la soja con abejas puede aumentar la formación de vainas y el peso de las semillas, lo que refuerza el papel productivo de estos insectos más allá de los cultivos tradicionalmente asociados a la apicultura.

Más recortes para la investigación en polinizadores

La posible clausura del laboratorio de Beltsville no sería un caso aislado. También se propone eliminar el área de misión de ecosistemas del Servicio Geológico de Estados Unidos, lo que podría dejar sin fondos al USGS Bee Lab, un recurso esencial para el estudio de abejas nativas.

Además, el gobierno planea cerrar 16 centros de investigación del USGS en todo el país, incluido el Northern Prairie Wildlife Research Center, en Dakota del Norte, el estado con mayor producción de miel de Estados Unidos. Durante décadas, los apicultores han llevado colonias a esa región para aprovechar pastizales como fuente de alimento. Allí, investigadores han seguido cómo el reemplazo de pastizales por cultivos afecta la salud de las abejas y los ingresos de los apicultores.

El Servicio Forestal de Estados Unidos también enfrenta recortes amplios, con el cierre previsto de 57 de sus 77 estaciones de investigación. Dado que esta agencia gestiona más de 193 millones de acres de tierras federales que sostienen plantas nativas y polinizadores, esas decisiones podrían reducir la capacidad de proteger hábitats clave.

El riesgo de perder conocimiento técnico

Uno de los efectos menos visibles de estos cierres es la pérdida de conocimiento especializado. Cuando una institución pública cierra o se reorganiza, no solo desaparecen edificios o presupuestos: también se dispersan equipos con décadas de experiencia acumulada en diagnóstico, sanidad, ecología y manejo de polinizadores.

El artículo recuerda un antecedente ocurrido en 2019, cuando el traslado del Servicio de Investigación Económica del USDA desde Washington hacia Kansas City provocó la pérdida de más del 75 % de su personal experimentado. La preocupación actual es que algo similar ocurra con laboratorios y centros vinculados a la investigación apícola.

Para los apicultores, ese conocimiento no es teórico. Sirve para interpretar pérdidas, identificar patógenos, responder a parásitos resistentes, diseñar protocolos de tratamiento y anticipar amenazas emergentes. Sin esa asistencia, los productores quedan más expuestos a decisiones tardías o incompletas.

Abejas nativas y sistemas agrícolas bajo presión

La situación también preocupa por las abejas nativas, cuya población continúa disminuyendo. A diferencia de las abejas melíferas gestionadas, muchas especies nativas no pueden trasladarse en camiones ni manejarse como una unidad productiva convencional. Sin embargo, cumplen funciones esenciales en ecosistemas y cultivos.

La relación entre hábitat, diversidad floral y salud de los polinizadores es central. Trabajos sobre hábitats de calidad para polinizadores han mostrado que abejas y mariposas contribuyen a la producción de alimentos al sostener la polinización de cultivos. Reducir investigación y seguimiento debilita la capacidad de entender qué especies están disminuyendo, dónde ocurre esa pérdida y qué medidas pueden ayudar.

El cierre de laboratorios también puede afectar la vigilancia de amenazas que cruzan entre abejas gestionadas y polinizadores silvestres. Pesticidas, sequías, contaminantes ambientales, pérdida de hábitat y enfermedades forman un conjunto de presiones que exige investigación continua, no respuestas aisladas.

Una decisión con impacto alimentario

La investigación federal sobre abejas funciona como una infraestructura silenciosa del sistema alimentario. Su valor se ve con más claridad cuando aparecen crisis: pérdidas masivas de colonias, ácaros resistentes, virus, baja producción de miel, aumento en costos de polinización y problemas para agricultores que dependen de esos servicios.

Si el USDA y el USGS avanzan con los cierres, la respuesta frente a nuevas amenazas podría ser más lenta, el seguimiento de abejas nativas más débil y la protección de hábitats para polinizadores más limitada. Para el sector agropecuario, esto significa mayores riesgos en producción, costos más altos y menos respaldo científico en momentos de emergencia.

El caso de Beltsville muestra que la sanidad de las abejas no es un asunto marginal de laboratorio. Está conectada con cultivos, alimentos, biodiversidad, ingreso rural y seguridad productiva. En un escenario de colonias debilitadas y amenazas crecientes, cerrar centros especializados puede dejar al sistema agrícola con menos herramientas justo cuando más las necesita.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – Shutting down federal bee labs threatens bees, beekeepers and the US food system