Un ensayo canadiense encontró que la veza vellosa y sus mezclas generaron más biomasa y ayudaron a contener malezas durante la transición hacia cultivos anuales
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Los cultivos de cobertura podrían facilitar la transformación de campos envejecidos de semillas forrajeras perennes en lotes destinados a cultivos anuales. Una investigación preliminar desarrollada en Canadá indica que algunas combinaciones vegetales ayudan a frenar el rebrote del cultivo anterior, competir con las malezas, conservar biomasa y reciclar nutrientes.
La transición suele resultar difícil porque las plantas perennes pueden sobrevivir al tratamiento aplicado para terminar el lote. Los espacios abiertos también permiten que nuevas malezas se establezcan antes de la implantación del cultivo comercial siguiente.
El estudio evaluó especies con diferentes funciones agronómicas y capacidad de cobertura. Este tipo de manejo coincide con otras investigaciones que analizan cómo los cultivos de cobertura pueden controlar malezas y proteger el suelo sin depender exclusivamente de una labranza intensa.
Cinco tratamientos después de eliminar la festuca
La investigación, prevista para tres años, comenzó en 2024 después de terminar con herbicida un campo de festuca roja rastrera dedicado a la producción de semillas. Los investigadores establecieron cinco tratamientos con distintas combinaciones de veza vellosa, trébol dulce, centeno de otoño, rábano de labranza y arveja de campo.
No se aplicó fertilizante durante esta etapa. La supresión de malezas dependió principalmente de la competencia ejercida por los cultivos de cobertura, mientras que el corte se utilizó para impedir que las plantas no deseadas completaran la producción de semillas.
Los residuos vegetales se mantuvieron sobre el terreno para que se descompusieran y aportaran nutrientes. Posteriormente se sembró canola en 2025, mientras que el trigo quedó incorporado como cultivo siguiente en la rotación de 2026.
La secuencia busca evitar que el suelo permanezca descubierto entre la eliminación de la forrajera y la implantación de los cultivos comerciales. Las coberturas vegetales también pueden limitar la erosión y la pérdida de humedad durante esos periodos de transición.
La veza vellosa produjo más biomasa
La veza vellosa alcanzó la mayor producción durante el primer año, con 7,5 toneladas de materia seca por hectárea. La combinación de veza vellosa y trébol dulce obtuvo 7 toneladas, mientras que la mezcla de veza y centeno de otoño llegó a 6,6 toneladas por hectárea.
Los tratamientos con mayor biomasa formaron doseles densos y mostraron el potencial más alto para competir con las malezas. La cobertura rápida redujo la luz y el espacio disponibles para el rebrote de la festuca y para las especies espontáneas.
La arveja de campo generó menos biomasa y estuvo vinculada con una mayor presión de malezas durante la campaña posterior. El resultado refuerza la importancia de seleccionar especies que se establezcan con rapidez y cierren tempranamente el espacio entre plantas.
No basta, por tanto, con sembrar cualquier cobertura. La especie o mezcla debe adaptarse al clima, al suelo, a la duración de la ventana disponible y al cultivo comercial que seguirá dentro de la rotación.
Los residuos ayudaron a reciclar nutrientes
La biomasa producida se dejó descomponer en el campo antes de implantar la canola. Este manejo permitió retener los restos vegetales y devolver parte de sus nutrientes al suelo, en lugar de extraerlos o dejar la superficie sin protección.
Las leguminosas como la veza vellosa y el trébol dulce pueden incorporar nitrógeno al sistema. Su utilización podría disminuir parcialmente las necesidades posteriores de fertilización, aunque el aporte efectivo depende de la cantidad de biomasa, su composición y la velocidad de descomposición.
Los residuos también crean una barrera física contra la emergencia de malezas. Este principio se utiliza en sistemas donde las coberturas se aplanan para formar una capa vegetal sobre la cual se establece el cultivo siguiente, como muestran los métodos orgánicos de cobertura y siembra con menor labranza.
La acumulación de biomasa, sin embargo, debe gestionarse de acuerdo con la sembradora y las condiciones del suelo. Una cantidad elevada de residuos puede dificultar la colocación de semillas si el equipo no consigue atravesar la cobertura y mantener un contacto adecuado con la tierra.
La sequía condicionó la canola en 2025
El experimento enfrentó limitaciones que obligan a interpretar los resultados económicos con cautela. Una sequía severa afectó el establecimiento de la canola durante 2025 y modificó el desempeño esperado de la rotación.
Además, los investigadores sembraron una variedad bienal de trébol dulce en lugar del tipo anual previsto. El centeno de otoño también persistió durante el segundo año, por lo que ambos materiales tuvieron efectos más prolongados de los contemplados en el diseño inicial.
A pesar de estas dificultades, la combinación de trébol dulce y rábano de labranza consiguió el mayor retorno expresado en equivalentes de canola. La mezcla de veza vellosa y trébol dulce ocupó el segundo lugar y ambos tratamientos mantuvieron niveles relativamente bajos de malezas.
Estos resultados no significan que las mismas mezclas producirán idénticos beneficios en otras regiones. Las respuestas pueden cambiar según las precipitaciones, la duración de la temporada, el cultivo perenne que se desea eliminar y el valor de la producción anual posterior.
Más biomasa también puede elevar emisiones
La descomposición de residuos de leguminosas puede suministrar nitrógeno, pero también generar emisiones de óxido nitroso. Por ello, el estudio examinó no solo la biomasa y el rendimiento económico, sino también este posible costo ambiental.
La veza vellosa produjo picos más altos de emisiones, aunque registró el nivel más bajo cuando las emisiones se relacionaron con la cantidad de biomasa generada. El tratamiento con trébol dulce y rábano de labranza presentó la mayor intensidad de emisiones.
La comparación muestra que maximizar biomasa no garantiza automáticamente el mejor resultado ambiental. La selección debe considerar simultáneamente control de malezas, reciclaje de nutrientes, retorno económico y gases liberados durante la descomposición.
También existen posibles efectos sobre el cultivo siguiente. Una revisión de estudios encontró que algunas coberturas de invierno pueden afectar cultivos en hileras, aunque la evidencia disponible no permite establecer relaciones uniformes en condiciones de campo.
El manejo debe ajustarse a cada rotación
Los resultados canadienses señalan que la veza vellosa y las mezclas con trébol dulce pueden desempeñar un papel relevante al terminar campos perennes de festuca. Su establecimiento vigoroso permite conservar cobertura mientras se reduce la presión del rebrote y de las malezas.
La rentabilidad depende de que esos servicios se traduzcan en beneficios medibles. Entre ellos se encuentran el ahorro en control de malezas, la retención de nutrientes, la protección del suelo o una mejora en el desempeño del cultivo comercial posterior. Mundo Agropecuario ha analizado también cuatro estrategias para mejorar la rentabilidad de los cultivos de cobertura.
Los productores deben definir la especie, densidad, fecha de siembra, momento de terminación y tratamiento de los residuos según las condiciones de su establecimiento. Una cobertura poco desarrollada puede dejar espacios para las malezas, mientras una demasiado persistente podría competir con la canola, el trigo u otro cultivo anual.
La investigación continuará con la secuencia de trigo prevista para 2026. Esa etapa permitirá evaluar mejor los efectos acumulados de los tratamientos y comprobar si las ventajas observadas durante la transición se mantienen más allá del primer cultivo anual.
Los hallazgos también podrían resultar de interés para productores de semillas de pasturas en otros países, pero requieren validación local antes de convertirse en una recomendación general. Clima, especies disponibles, maquinaria y costos pueden modificar de forma sustancial el resultado.
Fuente referencial:
Phys.org


