Un estudio de Cenipalma en el sur del Cesar revela diferencias de hasta 17 veces en el rendimiento laboral de algunas tareas utilizadas para manejar la enfermedad
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación de Cenipalma publicada el 17 de septiembre de 2026 cuantificó la productividad laboral de tres labores esenciales para enfrentar la pudrición del cogollo en plantaciones de palma de aceite del sur del Cesar, Colombia. Los resultados muestran grandes diferencias entre sistemas de trabajo: mientras algunas aplicaciones químicas manuales cubren alrededor de 20 palmas por jornal, determinados esquemas mecanizados pueden alcanzar hasta 1.300.
El estudio, publicado en el volumen 47 de la revista científica Palmas, examinó los censos fitosanitarios, la remoción de tejidos enfermos y las rondas de aplicación de productos utilizados dentro del manejo integrado de la enfermedad. El objetivo fue determinar cómo las decisiones técnicas, la logística y el grado de mecanización modifican la productividad de la mano de obra y, por extensión, el costo de intervenir cada palma.
La investigación adquiere especial importancia para una actividad agrícola en la que detectar rápidamente las plantas afectadas puede determinar la posibilidad de intervenir antes de que el problema avance. La pudrición del cogollo ha sido durante años uno de los principales desafíos fitosanitarios de la palmicultura colombiana y ha impulsado tanto estrategias de manejo como programas para obtener materiales de palma de aceite con mejor respuesta frente a condiciones ambientales adversas.
Entre 7 y 15 hectáreas revisadas por cada jornal
Una de las primeras tareas analizadas por los investigadores fue el censo fitosanitario. Esta labor consiste en recorrer las plantaciones para identificar oportunamente palmas que presentan síntomas y registrar la información necesaria para activar las medidas de manejo definidas por cada empresa o productor.
Los resultados muestran que la productividad de esta actividad osciló entre 7 y 15 hectáreas por jornal. La diferencia estuvo asociada a las características de los lotes y a la incidencia de la enfermedad, entre otros factores operativos.
La identificación temprana tiene una función estratégica porque permite localizar las plantas afectadas antes de que la enfermedad progrese. En el manejo fitosanitario, una detección oportuna también ayuda a organizar las cuadrillas, priorizar zonas y decidir dónde deben concentrarse las intervenciones.
La vigilancia constituye además una parte cada vez más importante de los sistemas de protección de cultivos. En las plantaciones de palma existen diferentes organismos capaces de reducir la productividad, y algunas investigaciones colombianas han mostrado que las avispas pueden actuar como controladores naturales de plagas defoliadoras, lo que refuerza la importancia de conocer con precisión qué ocurre dentro de cada lote antes de aplicar medidas de manejo.

La forma de retirar el tejido enfermo cambia la productividad
La segunda operación evaluada fue la remoción de tejidos afectados. En esta actividad aparecieron diferencias considerables dependiendo de la profundidad y características de la intervención realizada sobre las palmas.
Las cirugías profundas registraron rendimientos cercanos a 7 palmas por jornal. En cambio, los cortes superficiales alcanzaron entre 15 y 50 palmas por jornal, según los datos recopilados por los investigadores.
La diferencia significa que el procedimiento seleccionado puede modificar de manera sustancial la cantidad de plantas que una cuadrilla logra atender durante una jornada. Esa productividad termina reflejándose en el costo unitario de cada palma intervenida.
Los autores no plantean que una operación deba elegirse únicamente porque permita atender más palmas. La profundidad de la intervención responde a criterios técnicos y al estado de la enfermedad, por lo que comparar rendimientos laborales sirve principalmente para conocer los recursos que exige cada estrategia.
La mecanización alcanza hasta 1.300 palmas por jornal
Las mayores diferencias aparecieron en las rondas químicas. Las aplicaciones manuales localizadas mostraron rendimientos comprendidos entre 20 y 350 palmas por jornal, una variación de más de 17 veces entre los extremos registrados.
Cuando se utilizaron esquemas mecanizados generalizados, la productividad llegó hasta aproximadamente 1.300 palmas por jornal. El dato evidencia la magnitud con la que la organización de las operaciones y la mecanización pueden modificar el uso de mano de obra.
Sin embargo, los investigadores advierten expresamente que el trabajo no evaluó la eficacia fitosanitaria de cada tratamiento. El estudio caracteriza el funcionamiento operativo y económico de las prácticas, por lo que una mayor cantidad de palmas atendidas durante una jornada no significa automáticamente un mejor control de la enfermedad.
Esta distinción resulta importante. Una tecnología o sistema de trabajo puede reducir costos operativos sin que ello demuestre por sí solo una mayor efectividad biológica. Por esa razón, las cifras deben utilizarse como referencia para planificar las operaciones y no como una clasificación de las estrategias de control.
El manejo de la enfermedad tiene costos muy diferentes
Las variaciones observadas en productividad se trasladaron a los costos unitarios por palma intervenida. Según el estudio, las diferencias entre empresas están relacionadas con las prácticas adoptadas, los estándares técnicos, la logística y el grado de tecnificación de cada operación.
Para obtener estos resultados, los investigadores aplicaron un ejercicio de referenciación competitiva o benchmarking. Este método permite comparar la forma en que distintas plantaciones ejecutan una misma labor y localizar diferencias que pueden ayudar a identificar oportunidades de mejora.
La investigación se desarrolló con participación de Cenipalma y empresas palmeras de la región. Entre los autores figuran Daniel Eduardo Munévar Martínez, Elizabeth Ruiz Álvarez y Mauricio Mosquera Montoya, de Cenipalma, junto con profesionales vinculados a Palmeros Unidos, Palmas del Cesar y otras operaciones productivas.
La necesidad de mejorar la eficiencia económica es especialmente relevante en cultivos permanentes como la palma, donde las decisiones sanitarias forman parte de una estructura de costos que se mantiene durante años. La discusión ocurre además en un momento en que la palma y otros cultivos tropicales afrontan desafíos de productividad, costos y sostenibilidad.
La pudrición del cogollo sigue bajo vigilancia en Colombia
La pudrición del cogollo afecta los tejidos jóvenes de la palma y está asociada al patógeno Phytophthora palmivora. La enfermedad puede comprometer seriamente la capacidad productiva de las plantas y, cuando no es manejada oportunamente, generar importantes pérdidas en las plantaciones.
Su impacto histórico explica la atención que recibe en Colombia. Investigaciones anteriores han estudiado desde la identificación temprana y el manejo curativo hasta materiales vegetales con diferentes niveles de tolerancia y herramientas para mejorar el seguimiento de las plantas enfermas.
El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) destacó nuevamente la sanidad del cultivo durante la Conferencia Nacional sobre Palma de Aceite celebrada del 22 al 24 de septiembre de 2026 en Villavicencio, Meta. En ese encuentro se presentaron avances de investigación de Cenipalma sobre la pudrición del cogollo y diferentes insectos plaga, con énfasis en la detección temprana y el manejo oportuno.
La situación fitosanitaria se suma a otros factores que pueden condicionar la producción. Colombia se encuentra bajo vigilancia por el fortalecimiento de El Niño y, como se ha analizado anteriormente, la palma de aceite figura entre los sectores agrícolas expuestos a cambios en la disponibilidad de agua y a periodos de altas temperaturas.
Comparar plantaciones puede revelar dónde se pierde eficiencia
Uno de los principales aportes del nuevo estudio es mostrar que una misma labor fitosanitaria puede consumir cantidades muy diferentes de recursos dependiendo de cómo se organice. Para un productor, conocer cuántas hectáreas o palmas puede atender una cuadrilla por jornada permite estimar necesidades de personal, equipos y presupuesto.
También facilita comparar el desempeño propio con referencias obtenidas en otras plantaciones. Si una empresa necesita considerablemente más jornales para ejecutar una operación semejante, puede revisar factores como desplazamientos dentro del lote, herramientas disponibles, capacitación, método de aplicación o distribución de las tareas.
Esto no implica copiar automáticamente el procedimiento de la explotación con mayor productividad. Las condiciones de los terrenos, la edad de las palmas, la incidencia de la enfermedad y los estándares técnicos pueden ser diferentes. La utilidad del benchmarking consiste precisamente en detectar esas diferencias y determinar cuáles pueden corregirse sin comprometer la calidad de la labor.
El estudio también aporta una referencia para calcular con mayor precisión el costo de los programas sanitarios. En una enfermedad que exige vigilancia repetida y, cuando aparecen plantas afectadas, intervenciones adicionales, pequeñas diferencias de productividad pueden adquirir relevancia económica cuando se multiplican por miles de palmas.
Productividad laboral no equivale a eficacia fitosanitaria
Los investigadores delimitan claramente el alcance de sus resultados. La comparación se concentra en la productividad laboral y los costos de las operaciones, pero no determina cuál de las estrategias analizadas controla mejor la pudrición del cogollo.
Para establecer la eficacia fitosanitaria sería necesario evaluar variables adicionales, entre ellas la evolución de las plantas después de cada tratamiento, la incidencia posterior de la enfermedad, el tiempo de recuperación y el efecto de las intervenciones bajo distintas condiciones productivas.
Esta limitación evita interpretar, por ejemplo, que una aplicación mecanizada capaz de atender 1.300 palmas por jornal sea necesariamente superior a una intervención manual localizada que cubra muchas menos plantas. Son procedimientos con características y objetivos que deben analizarse dentro de un programa integral de manejo.
La eficiencia económica también debe evaluarse junto con la sostenibilidad del sistema productivo. La palma aceitera mantiene una elevada productividad por unidad de superficie, pero su desempeño depende del manejo agronómico, sanitario y ambiental. Estudios internacionales han mostrado que las prácticas de producción determinan buena parte del balance de sostenibilidad de la palma aceitera.
Una referencia práctica para los palmicultores
Los datos obtenidos en el sur del Cesar proporcionan a productores y administradores una referencia concreta para revisar la organización de sus programas contra la pudrición del cogollo. Los censos de 7 a 15 hectáreas por jornal, las diferencias entre cirugías profundas y cortes superficiales y la amplia dispersión registrada en las rondas químicas muestran que el componente operativo puede cambiar significativamente entre plantaciones.
La investigación no propone una receta única. Su aporte consiste en hacer visibles esas diferencias y relacionarlas con los costos, permitiendo que cada explotación contraste sus propios indicadores con los registrados en otras empresas.
En un cultivo donde la sanidad vegetal exige observación permanente, disponer de referencias de productividad laboral puede ayudar a dimensionar mejor las cuadrillas, programar las intervenciones y estimar el presupuesto requerido para contener la enfermedad.
Los resultados publicados por Cenipalma convierten así una tarea fitosanitaria cotidiana en información cuantificable: no solo importa detectar y tratar la pudrición del cogollo, sino conocer cuántos recursos exige hacerlo y dónde existen oportunidades para mejorar la eficiencia sin confundir rapidez operativa con efectividad sanitaria.
Fuentes referenciales:
Palmas – Cenipalma: Manejo de la pudrición del cogollo en el sur del Cesar
Instituto Colombiano Agropecuario – Conferencia Nacional de Palma de Aceite 2026


