El Niño pone en alerta al agro colombiano


Arroz, banano, palma africana y ganadería aparecen entre los sectores más expuestos, mientras café, aguacate y cítricos podrían resistir mejor si el evento no llega a ser extremo.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

El agro colombiano vuelve a mirar al Pacífico con preocupación. La posible llegada de El Niño, con una probabilidad superior al 80 % a partir de mayo, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), encendió las alertas sobre cultivos, ganadería y disponibilidad de agua en el país.

El riesgo no está solo en la formación del fenómeno, sino en su intensidad. Las proyecciones citadas por El Espectador señalan que la posibilidad de un evento muy fuerte, más intenso que el anterior, alcanzaría su pico hacia enero de 2027, con una probabilidad del 31 %. Ese margen mantiene abierta la incertidumbre, pero obliga al sector agropecuario colombiano a prepararse desde ahora.

Colombia llega a este escenario con una agricultura diversa y de alto peso económico. En Mundo Agropecuario ya se ha analizado cómo el campo colombiano combina crecimiento productivo y desafíos estructurales, especialmente por su dependencia de condiciones climáticas variables.

Sequía, calor y menos agua disponible

El Niño suele asociarse en Colombia con periodos de sequía, temperaturas más altas y menor disponibilidad de agua. Para el agro, esas tres variables pueden afectar directamente siembras, productividad, costos de manejo y estabilidad de las cadenas alimentarias.

La sequía no golpea a todos los cultivos por igual. El impacto depende del sistema productivo, del acceso a riego, de la etapa fenológica del cultivo y de la capacidad de cada región para almacenar o administrar agua durante los meses más críticos.

El problema también debe leerse desde la gestión del riesgo. El agro concentra cerca del 82 % de los daños y pérdidas asociados a eventos de sequía, lo que convierte al sector en uno de los más vulnerables cuando el clima reduce la oferta hídrica.

Arroz bajo mayor presión hídrica

El arroz aparece entre los cultivos más expuestos, especialmente cuando se produce bajo sistema secano. Este modelo depende directamente de las lluvias y no cuenta con una infraestructura de riego que permita amortiguar una temporada seca prolongada.

La Radiografía Trimestral del Sector Agropecuario Colombiano de Bancolombia advierte que el arroz podría llegar al fenómeno con una base ya debilitada. El área sembrada cayó 11 % en 2025 por el retroceso en los precios del arroz paddy, y la amenaza de mayores costos de fertilización podría acentuar el retroceso de siembras, sobre todo en el primer semestre de 2027.

La relación entre clima y costos es directa: menos agua disponible puede reducir rendimiento, aumentar gastos de manejo y obligar a los productores a revisar decisiones de siembra. En otros países de la región, Mundo Agropecuario ya ha explicado cómo la falta de agua obliga a tomar medidas de adaptación frente a los efectos de El Niño en la agricultura.

Banano, plátano y palma africana

El banano y el plátano también figuran entre los cultivos más sensibles. El Niño puede afectar el llenado del fruto, especialmente en plantaciones sin sistema de riego. Esto preocupa porque el banano venía de un buen desempeño comercial: las exportaciones en volumen crecieron 108 % a marzo de 2026.

Ese dinamismo podría verse comprometido si el fenómeno se intensifica. Una reducción de agua en momentos claves del cultivo puede afectar calibre, calidad y volumen comercializable, con impacto directo sobre productores, trabajadores y exportadores.

La palma africana enfrenta un panorama similar. El sector venía beneficiándose del alza en los precios de aceites vegetales asociada al conflicto en Medio Oriente, pero El Niño suele afectar negativamente la productividad del cultivo. El informe citado no descarta que 2027 sea un año de menor producción.

Ganadería y riesgo por sequía prolongada

La ganadería colombiana también aparece entre los sectores históricamente más afectados por sequías prolongadas. Cuando disminuyen las lluvias, se reduce la disponibilidad de pastos, aumenta la presión sobre fuentes de agua y pueden elevarse los costos de suplementación.

El impacto puede sentirse con especial fuerza en pequeños y medianos productores, que muchas veces cuentan con menor capacidad de almacenamiento de agua, menos infraestructura y menos margen financiero para enfrentar periodos secos extensos.

La experiencia regional muestra que la sequía ya no puede tratarse como una anomalía aislada. En Mundo Agropecuario se ha abordado el nuevo mapa de sequías en América Latina, donde el campo enfrenta ciclos hídricos más erráticos y costosos.

Café, aguacate y cítricos podrían resistir mejor

No todos los cultivos llegarían en la misma condición. Mientras El Niño no sea extremo, el café, el aguacate y los cítricos podrían salir mejor librados. En estos sistemas, condiciones más secas pueden favorecer la floración y ayudar al control de algunas plagas, dos factores que inciden sobre la productividad.

El café merece una atención especial. El sector venía de un primer trimestre complicado, con lluvias de inicio de año que afectaron negativamente la floración de los cafetales. Además, el PIB real del sector cayó 30,5 % en el primer trimestre de 2026.

Un El Niño moderado podría ofrecer condiciones más favorables para la recuperación del grano. Sin embargo, el beneficio depende de que el fenómeno no se intensifique demasiado. Una cosa es una reducción controlada de humedad que favorezca floración; otra muy distinta es una sequía severa que comprometa agua, sanidad y desarrollo del cultivo.

Azúcar y precios internacionales

El sector azucarero también podría verse favorecido bajo ciertos escenarios. Aunque atraviesa un momento complejo por la apreciación del peso colombiano y por bajos precios globales del azúcar, algunos analistas proyectan para 2027 un balance azucarero menos excedentario.

Parte de esa expectativa se relaciona con el posible impacto de El Niño sobre la producción de Asia. Si la oferta internacional se reduce, los precios podrían recuperarse y mejorar el entorno comercial para productores colombianos.

El vínculo entre clima y mercado es cada vez más evidente: una anomalía climática en una región puede alterar disponibilidad mundial, precios, costos logísticos y decisiones de siembra en otros países. Por eso, el monitoreo climático se ha vuelto una herramienta económica, no solo meteorológica.

Preparación antes del pico de riesgo

El dato clave para el agro colombiano es que el mayor riesgo de intensidad no se ubicaría de inmediato, sino hacia enero de 2027. Eso abre una ventana para planificar: revisar fuentes de agua, priorizar riego eficiente, ajustar calendarios de siembra, proteger suelos y reforzar sistemas de información climática.

La experiencia de otros países muestra que la anticipación puede reducir pérdidas. En Argentina, por ejemplo, el posible regreso de El Niño ya ha llevado a revisar campañas agrícolas, reservas hídricas y riesgos productivos, como se explicó en Mundo Agropecuario en el análisis sobre El Niño y el agro argentino.

Para Colombia, el reto será evitar una lectura única del fenómeno. Arroz, banano, plátano, palma y ganadería requieren planes de protección frente a sequía y calor; café, aguacate, cítricos y azúcar necesitan seguimiento para aprovechar posibles ventanas favorables sin subestimar el riesgo de un evento más severo.

Fuente(s) referenciales

El Espectador: El agro se prepara para El Niño: qué cultivos están en riesgo y cuáles podrían beneficiarse