Productores y comercializadores de carne de cerdo se movilizaron el 26 de octubre en Bucaramanga para exigir una solución a la ausencia de infraestructura autorizada para el sacrificio porcino. La situación afecta, según el gremio, a unas 750 familias.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Los porcicultores del departamento de Santander, en el nororiente de Colombia, realizaron el lunes 26 de octubre de 2026 una protesta en Bucaramanga para reclamar soluciones a un problema que afecta directamente la comercialización de sus animales: la falta de una planta de sacrificio porcino autorizada dentro del departamento. La movilización consiguió el compromiso de celebrar una reunión con representantes del Ministerio de Agricultura el próximo sábado 31 de octubre.
La situación se remonta a 2020, cuando dejó de funcionar la línea de sacrificio de cerdos de la planta de Vijagual. Desde entonces, los productores han tenido que recurrir a instalaciones ubicadas fuera de Santander, lo que incrementa los gastos asociados con el transporte y dificulta las operaciones comerciales.
De acuerdo con las cifras proporcionadas por los representantes del sector, aproximadamente 750 familias vinculadas con la cría y el levante de cerdos están afectadas por la falta de infraestructura, además de comerciantes y expendedores de carne que dependen de esta actividad.
La protesta representa un acontecimiento nuevo dentro de una problemática que lleva seis años sin resolverse. El compromiso de diálogo constituye un avance en las conversaciones, pero todavía no equivale a una solución financiera ni a la construcción de una nueva planta.
Seis años sin una planta de sacrificio porcino
El cierre de la línea de sacrificio porcino de Vijagual en 2020 modificó las condiciones de funcionamiento de la cadena productiva en Santander.
Los animales criados en las explotaciones del departamento necesitan ser trasladados a establecimientos que cuenten con las autorizaciones correspondientes para su sacrificio y procesamiento.
Cuando estas instalaciones se encuentran lejos de las zonas productoras, aumentan las necesidades de transporte, coordinación logística y programación de operaciones.
Para los pequeños y medianos porcicultores, estos gastos pueden representar una carga especialmente importante, porque deben distribuirse entre cantidades de animales menores que las movilizadas por empresas de gran escala.
La distancia también puede influir en el tiempo que transcurre entre la salida de los animales de las granjas y su llegada a los establecimientos de sacrificio.
El transporte constituye una etapa sensible de la actividad ganadera. La experiencia internacional sobre los efectos del traslado de cerdos antes del sacrificio muestra la importancia de reducir situaciones de estrés y mantener condiciones adecuadas de manejo.
Sin embargo, la información disponible sobre Santander no incluye mediciones específicas de mortalidad, lesiones o pérdidas de peso durante los desplazamientos. Por tanto, no sería correcto atribuir al problema local resultados sanitarios que todavía no han sido documentados.
Unas 750 familias dependen de la actividad porcina
La dimensión social de la protesta constituye uno de los elementos centrales del reclamo.
Según las estimaciones difundidas por los representantes del gremio, cerca de 750 familias dedicadas a la crianza y el levante de cerdos enfrentan las consecuencias de la ausencia de una planta autorizada.
A ellas se suman los comerciantes y expendedores de carne que participan en las etapas posteriores de la cadena.
La cifra comunicada corresponde a una estimación sectorial. No se ha presentado un censo actualizado que permita comprobar individualmente el número de familias afectadas o establecer la distribución de las pérdidas económicas entre los distintos productores.
La actividad porcina incluye explotaciones de tamaños muy diferentes, desde unidades familiares hasta establecimientos comerciales tecnificados.
Las necesidades de cada sistema también varían. Una granja de pequeña escala puede enfrentar mayores dificultades para organizar transportes frecuentes, mientras que una explotación de mayor capacidad puede disponer de acuerdos logísticos más estables.
La diversidad de los sistemas productivos colombianos también se refleja en las actividades de vigilancia sanitaria de explotaciones porcinas de Risaralda, donde las autoridades incluyen desde predios de traspatio hasta granjas industriales y tecnificadas.
Aunque aquella actuación corresponde a un asunto sanitario diferente, muestra la variedad de establecimientos que integran la porcicultura del país.
Los productores buscan recuperar el sacrificio legal en Santander
El objetivo principal de los manifestantes es disponer nuevamente de una alternativa autorizada para el sacrificio de cerdos dentro del departamento.
Esta necesidad no se limita a reducir las distancias recorridas por los animales. También está relacionada con la continuidad de las operaciones comerciales y el cumplimiento de las condiciones sanitarias exigidas para la producción de carne destinada al consumo humano.
Los establecimientos de sacrificio deben funcionar bajo procedimientos de inspección y control que permitan gestionar los riesgos asociados con el procesamiento de animales.
La existencia de una planta cercana puede facilitar determinadas operaciones, pero su viabilidad depende de factores como la capacidad instalada, el volumen de animales disponible, los costos de funcionamiento y el cumplimiento de la normativa aplicable.
Los productores de Santander sostienen que la falta de infraestructura está perjudicando la rentabilidad de sus negocios.
No obstante, todavía no se dispone de un balance económico independiente que cuantifique las pérdidas acumuladas desde 2020 ni el costo promedio adicional que representa trasladar cada cerdo fuera del departamento.
Esos indicadores serían importantes para determinar la dimensión financiera del problema y evaluar las alternativas de inversión.
Girón aparece como posible ubicación de una nueva planta
Durante la jornada de protesta también se conocieron detalles de una propuesta para construir una planta de sacrificio porcino en el municipio de Girón, Santander.
Jorge Suárez, representante de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del departamento, explicó que la iniciativa privada dispone de estudios, diseños, un terreno y permisos relacionados con el proyecto.
Sin embargo, la obra todavía necesita asegurar los recursos económicos necesarios para su financiación.
La Gobernación de Santander informó que adelanta gestiones ante el Gobierno nacional para explorar posibilidades de cofinanciación.
También se estudian otras alternativas para atender las necesidades del sector.
La información divulgada no establece el costo definitivo de la construcción, la capacidad diaria prevista para el sacrificio de animales ni el calendario de ejecución.
Tampoco confirma que exista un contrato de obra adjudicado o que los trabajos de construcción hayan comenzado.
Por esa razón, el proyecto debe considerarse una alternativa en gestión y no una infraestructura cuya entrada en funcionamiento esté garantizada.
La infraestructura condiciona la competitividad de la carne de cerdo
La cadena porcina depende de la coordinación entre productores, transportistas, establecimientos de sacrificio, distribuidores y puntos de venta.
Cuando uno de estos componentes presenta limitaciones, las consecuencias pueden trasladarse a otras etapas del proceso.
La necesidad de transportar animales a departamentos vecinos introduce gastos que deben incorporarse a las decisiones comerciales de las explotaciones.
El efecto final sobre la rentabilidad depende de la cantidad de animales movilizados, las tarifas de transporte, las distancias recorridas y los precios obtenidos por los productores.
En este contexto, una planta autorizada dentro de Santander podría reducir algunas dificultades logísticas, siempre que su funcionamiento resulte técnica y económicamente viable.
La situación también pone de relieve que el desarrollo de la ganadería no depende exclusivamente del número de animales criados o de la productividad de las granjas.
La disponibilidad de instalaciones para el procesamiento y la comercialización constituye otro elemento necesario para que la producción pueda llegar al mercado.
La porcicultura colombiana busca ampliar sus mercados
El problema de Santander contrasta con otros avances recientes de la cadena cárnica colombiana.
Durante octubre de 2026, las autoridades sanitarias anunciaron la aprobación de certificados que permiten avanzar en el acceso de productos bovinos y porcinos colombianos al mercado de Filipinas.
La apertura sanitaria representa una oportunidad comercial, aunque las exportaciones efectivas dependerán de que los establecimientos cumplan las exigencias aplicables y encuentren condiciones competitivas para realizar los envíos.
Este proceso de acceso de la carne colombiana al mercado filipino muestra la importancia de contar con infraestructura autorizada y procedimientos sanitarios adecuados.
Sin embargo, la aprobación de certificados internacionales no resuelve automáticamente las dificultades de los productores de Santander.
Los dos acontecimientos corresponden a dimensiones distintas del sector: uno está relacionado con la apertura comercial externa y el otro con las limitaciones de infraestructura para atender las necesidades de una región productora.
Ambos ponen de manifiesto que la competitividad de la actividad porcina requiere condiciones sanitarias, logísticas y comerciales que funcionen de manera coordinada.
La reunión del 31 de octubre será el próximo paso
La movilización del 26 de octubre consiguió que se programara una reunión entre representantes del sector porcicultor y el Ministerio de Agricultura para el sábado 31 de octubre.
Los productores esperan que el encuentro permita establecer compromisos concretos sobre la recuperación de la capacidad de sacrificio legal en Santander.
Entre los asuntos pendientes se encuentran las posibles fuentes de financiación, la participación de las autoridades y las alternativas disponibles para atender la demanda regional.
También existe preocupación entre los manifestantes por eventuales dificultades administrativas que podrían presentarse a partir de noviembre para determinados productores.
La información disponible no permite confirmar que esas restricciones hayan entrado en vigor ni establecer su alcance jurídico exacto.
Por tanto, deben considerarse una preocupación expresada por el sector y no una prohibición ya aplicada de manera general a los porcicultores santandereanos.
La reunión prevista ofrece una oportunidad para precisar estos aspectos y examinar las soluciones propuestas.
Los productores reclaman soluciones después de seis años
La protesta de Bucaramanga pone de manifiesto una dificultad que afecta a la actividad porcina de Santander desde el cierre de la línea de sacrificio de Vijagual en 2020.
La principal novedad del 26 de octubre es la movilización de productores y comerciantes y el compromiso de establecer una mesa de diálogo con el Ministerio de Agricultura.
El sector reclama una alternativa que permita reducir los gastos logísticos y recuperar la capacidad de procesamiento dentro del departamento.
La propuesta de construir una planta en Girón constituye una posibilidad concreta en discusión, pero todavía carece de financiación asegurada y de una fecha confirmada para iniciar las obras.
Para las aproximadamente 750 familias que el gremio identifica como afectadas, el resultado más importante será comprobar si las conversaciones se traducen en compromisos verificables, recursos disponibles y una solución operativa.
El encuentro del 31 de octubre permitirá conocer si las autoridades y los representantes de los productores logran definir una ruta de trabajo para superar una limitación que continúa condicionando la producción y comercialización de carne de cerdo en Santander.
Fuente referencial:
Blu Radio — Información y testimonios sobre la protesta de porcicultores en Bucaramanga, 26 de octubre de 2026


