Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia identificó cambios en el uso del suelo, concentración de la propiedad y dificultades para mantener la agricultura campesina en una zona rural del Valle del Cauca. El estudio examinó 16 fincas y encontró una importante diversidad productiva que persiste pese a las presiones territoriales.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) reveló que alrededor de 250 hectáreas de cultivos han dejado de sembrarse durante los últimos años en la Zona de Reserva Campesina de Pradera, un territorio rural del departamento del Valle del Cauca, en Colombia. El estudio identificó que el 43,3 % del territorio presenta un alto conflicto por el uso del suelo, mientras actividades como la ganadería, el turismo y la construcción de viviendas campestres ganan espacio en terrenos con vocación agrícola.
Los resultados fueron divulgados el 5 de octubre de 2026 por la UNAL Sede Palmira y forman parte de una investigación desarrollada por Fabio Alexander Agudelo Serna, doctor en Agroecología de esa institución.
El trabajo examinó las condiciones productivas y territoriales de una zona campesina de aproximadamente 8.545 hectáreas, distribuida en nueve corregimientos del municipio de Pradera.
Además de documentar la reducción de superficies cultivadas, la investigación encontró que numerosas familias conservan semillas, animales criollos y prácticas agrícolas tradicionales. Sin embargo, las dificultades económicas, la fragmentación de la propiedad y la salida de jóvenes del campo amenazan la continuidad de esas actividades.
Una parte del suelo agrícola está cambiando de actividad
Uno de los principales resultados del estudio fue la identificación de cambios en la utilización de terrenos que tradicionalmente han servido para producir alimentos.
Según la investigación, alrededor de 250 hectáreas de cultivos han dejado de sembrarse en los últimos años dentro del territorio estudiado.
La cifra representa una señal de transformación de la actividad agrícola, aunque no significa necesariamente que toda esa superficie haya perdido su capacidad productiva de manera irreversible.
El investigador encontró que terrenos con aptitud agrícola están siendo utilizados para otras actividades económicas y residenciales.
Entre ellas destacan la ganadería, los proyectos turísticos vinculados con espacios naturales y la construcción de viviendas campestres.
Estas transformaciones modifican la disponibilidad de tierra destinada a cultivos y pueden reducir las oportunidades de producción para las familias que dependen de pequeñas explotaciones.
El problema también está relacionado con la distribución de la propiedad y las dificultades para mantener actividades agrícolas rentables en parcelas de tamaño reducido.
El 43,3 % del territorio presenta conflictos de uso del suelo
La investigación identificó que el 43,3 % de la Zona de Reserva Campesina de Pradera presenta un alto conflicto por el uso del suelo.
Este indicador describe situaciones en las que el aprovechamiento actual de la tierra no corresponde adecuadamente con sus características o vocación productiva.
En el territorio estudiado, parte de las superficies con potencial agrícola está siendo destinada a usos diferentes de la producción de cultivos.
La transformación puede tener consecuencias para la disponibilidad de alimentos, la organización de las explotaciones y la continuidad de determinadas actividades rurales.
Sin embargo, el porcentaje no debe interpretarse como una medición directa de pérdida de fertilidad ni como una estimación de terrenos completamente degradados.
El estudio aborda principalmente las relaciones entre la aptitud de la tierra, las actividades que se desarrollan sobre ella y las condiciones sociales que influyen en las decisiones productivas.
La importancia de este tipo de análisis también se relaciona con los desafíos estructurales de la agricultura colombiana, entre los que se encuentran la distribución de la tierra, la infraestructura rural y las dificultades para mejorar la productividad.
La concentración de la propiedad limita las oportunidades agrícolas
Otro de los hallazgos fue la elevada concentración de la propiedad rural.
El investigador identificó valores del coeficiente de Gini de tierras comprendidos entre 0,858 y 0,916.
Este indicador se utiliza para medir desigualdades en la distribución de la propiedad. Los valores próximos a cero representan una distribución más igualitaria, mientras que aquellos cercanos a uno indican una mayor concentración.
Los resultados encontrados en Pradera muestran una distribución muy desigual de la tierra.
La investigación también identificó problemas de fragmentación de predios, una situación que puede dificultar la organización de explotaciones con suficiente superficie para desarrollar determinadas actividades productivas.
Para algunas familias campesinas, disponer de parcelas demasiado pequeñas limita las posibilidades de generar ingresos suficientes mediante la agricultura.
Estas condiciones se combinan con factores económicos, sociales y territoriales que afectan la continuidad de las explotaciones.
El investigador identificó cuatro presiones principales: la agroindustria y los monocultivos, la concentración y fragmentación de la propiedad, los cambios en el uso del suelo y los efectos del conflicto armado sobre las comunidades.
El estudio examinó 16 fincas de nueve corregimientos
Para conocer las condiciones reales de producción, Fabio Alexander Agudelo Serna realizó un diagnóstico preliminar de 16 fincas campesinas distribuidas entre los nueve corregimientos que integran la zona.
El trabajo incluyó encuestas y una caracterización de las prácticas agrícolas presentes en las explotaciones.
También se utilizó un índice de potencial agroecológico, una herramienta de evaluación que permitió identificar características relacionadas con la diversidad y el manejo de los sistemas productivos.
A partir de los resultados, el investigador seleccionó cuatro fincas con los mejores indicadores, una por cada subzona considerada en el estudio.
Este procedimiento permitió profundizar en las características de explotaciones que conservan prácticas agrícolas diversas.
La muestra proporciona información sobre las condiciones de las fincas examinadas, pero no constituye un inventario exhaustivo de todas las unidades productivas de Pradera.
Por tanto, las características observadas en las 16 explotaciones no deben atribuirse automáticamente a la totalidad de los agricultores del municipio.
Una finca conservaba más de 37 especies útiles
Entre los resultados más interesantes apareció la diversidad de especies mantenidas dentro de algunas explotaciones familiares.
En una de las fincas estudiadas se identificaron más de 37 especies utilizadas para alimentación, medicina y protección del suelo.
La investigación encontró sistemas de agricultura asociada en los que diferentes cultivos comparten una misma explotación.
Entre las especies cultivadas se encuentran maíz, fríjol, café, plátano, banano, yuca, hortalizas y diversas frutas.
Parte de la producción se destina al consumo de las familias, mientras que otros productos pueden contribuir a la alimentación animal y a la generación de ingresos.
La coexistencia de diferentes especies permite mantener actividades productivas diversificadas, aunque los beneficios económicos y agronómicos dependen del manejo de cada finca.
La importancia de estas explotaciones también se ha observado en investigaciones sobre productos agroecológicos del Valle del Cauca, donde se han examinado alimentos procedentes de sistemas campesinos con distintas prácticas de producción.
En Pradera, el estudio muestra que esa diversidad agrícola continúa presente, incluso en un contexto de transformación del territorio.
Las semillas y los animales criollos siguen formando parte de las fincas
La investigación también identificó la conservación de animales domésticos y recursos productivos asociados con la agricultura campesina.
Entre ellos figura el cerdo San Pedreño, una raza porcina criolla colombiana.
Asimismo, se registró la presencia de gallinas criollas, caballos y asnos utilizados en distintas actividades familiares y rurales.
Las gallinas criollas son valoradas por las comunidades por su adaptación a las condiciones de crianza, sus posibilidades de alimentación y su contribución al consumo doméstico.
La venta de animales y productos pecuarios también puede representar una fuente complementaria de ingresos.
El mantenimiento de estas poblaciones animales tiene importancia porque permite conservar recursos ganaderos adaptados a sistemas de producción tradicionales.
Sin embargo, el estudio no presenta una evaluación genética de las razas ni demuestra que todos los animales criollos sean más productivos que las líneas comerciales.
Su principal hallazgo consiste en documentar la permanencia de estos recursos dentro de las explotaciones estudiadas.
Los cafetales también conservan árboles de utilidad agrícola
El diagnóstico incluyó observaciones sobre las especies arbóreas presentes en las fincas.
Los investigadores encontraron árboles conservados por sus diferentes usos, entre ellos especies conocidas localmente como chagual, laureles y balso.
También identificaron leguminosas arbóreas de gran tamaño dentro de algunos cafetales.
Estas plantas pueden cumplir funciones ecológicas relevantes, incluida la fijación biológica de nitrógeno cuando existen asociaciones adecuadas con microorganismos del suelo.
La presencia de árboles en explotaciones agrícolas también puede contribuir a proporcionar sombra y modificar las condiciones ambientales de los cultivos.
No obstante, sus efectos dependen de las especies, la densidad de plantación y las necesidades de cada cultivo.
En otras regiones colombianas, la integración de recursos naturales y prácticas de manejo también ha sido objeto de investigaciones sobre el aprovechamiento de microorganismos de montaña para mejorar las condiciones de producción agrícola.
El caso de Pradera se diferencia porque examina principalmente la diversidad conservada en las fincas y las condiciones territoriales que permiten mantenerla.
La salida de los jóvenes amenaza la continuidad de la agricultura
El estudio no se limitó a examinar cultivos, animales y superficies agrícolas.
También investigó cómo las condiciones sociales afectan la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Para ello, se organizaron tres grupos focales con jóvenes, adultos y adultos mayores.
Los resultados mostraron que numerosas familias consideran necesario que sus hijos busquen oportunidades fuera del territorio debido a las dificultades económicas, la falta de apoyo y las consecuencias del conflicto armado.
Esta situación puede reducir la disponibilidad de personas interesadas en continuar las actividades agrícolas familiares.
También dificulta la transmisión de conocimientos relacionados con el manejo de semillas, la crianza de animales y las prácticas de cultivo.
El investigador identificó un fenómeno que denominó latencia de la memoria biocultural.
Con este concepto describe una situación en la que los conocimientos tradicionales permanecen entre las comunidades, pero existen dificultades materiales para aplicarlos de manera continua en las explotaciones.
El estudio encontró además un debilitamiento de prácticas colectivas como el trueque y las mingas, formas de cooperación comunitaria que históricamente han contribuido a organizar determinadas actividades rurales.
La reserva campesina fue constituida en 2024
La Zona de Reserva Campesina de Pradera fue constituida en 2024 como parte de los mecanismos destinados a fortalecer la organización y planificación del territorio rural.
Su extensión aproximada es de 8.545 hectáreas distribuidas en nueve corregimientos.
La figura busca contribuir al ordenamiento territorial, fortalecer la economía campesina y proteger los recursos utilizados por las comunidades.
La investigación muestra que la existencia de una zona de reserva no elimina automáticamente las dificultades relacionadas con la distribución de la propiedad o la transformación de los usos del suelo.
El territorio también presenta diferencias entre sus áreas planas y montañosas.
En la zona plana de Pradera predomina el monocultivo de caña de azúcar, mientras que en las montañas se mantienen explotaciones campesinas diversificadas.
Además, más de 16.000 hectáreas de la zona montañosa forman parte de la reserva forestal nacional, una superficie que debe distinguirse de la extensión específica de la Zona de Reserva Campesina.
Estas características muestran la coexistencia de diferentes figuras territoriales y actividades económicas dentro del municipio.
El potencial agrícola depende también de las condiciones sociales
Uno de los aspectos centrales de la investigación es que la capacidad de una finca para producir alimentos no depende exclusivamente de las propiedades físicas del suelo.
La disponibilidad de tierra, la organización comunitaria, el acceso a recursos y la continuidad de los conocimientos agrícolas también influyen en las posibilidades de producción.
En Pradera, algunas familias conservan sistemas diversificados, semillas y animales adaptados a sus condiciones locales.
Sin embargo, las dificultades para obtener ingresos suficientes y la reducción de superficies cultivadas limitan el aprovechamiento de esos recursos.
El estudio muestra que mantener la diversidad productiva requiere algo más que preservar especies dentro de las explotaciones.
También es necesario que las familias dispongan de condiciones para continuar sembrando, criando animales y transmitiendo sus conocimientos.
La investigación no cuantifica cuánto podría aumentar la producción mediante determinadas intervenciones ni presenta un programa experimental para recuperar las hectáreas que dejaron de cultivarse.
Su aportación consiste en identificar las presiones que afectan a la agricultura campesina y documentar los recursos productivos que todavía permanecen en el territorio.
Un diagnóstico para orientar decisiones sobre el campo colombiano
Los resultados de la Universidad Nacional de Colombia ofrecen una visión detallada de las transformaciones que enfrenta una zona rural del Valle del Cauca.
El dato de aproximadamente 250 hectáreas que han dejado de sembrarse refleja una reducción de la actividad agrícola en el territorio estudiado.
El alto conflicto de uso del suelo identificado en el 43,3 % de la zona y los elevados valores de concentración de la propiedad muestran dificultades adicionales para el desarrollo de las explotaciones familiares.
Al mismo tiempo, el diagnóstico de 16 fincas permitió documentar una diversidad importante de cultivos, árboles y animales criollos.
Estos recursos representan una base productiva que las comunidades han conservado mediante prácticas agrícolas transmitidas durante generaciones.
La investigación señala que su continuidad está condicionada por el acceso a la tierra, las oportunidades económicas y la permanencia de nuevas generaciones en el campo.
Para la planificación agropecuaria, el estudio aporta información sobre la necesidad de relacionar las decisiones de uso del suelo con las características de las explotaciones y las condiciones de vida de quienes producen alimentos.
Fuente referencial:
Universidad Nacional de Colombia — Cambio en uso del suelo y concentración de la tierra reducen áreas de cultivo en Pradera (Valle del Cauca), 5 de octubre de 2026


