Productores y cooperativas reportan menores rendimientos, problemas de riego y crecientes dificultades para conservar y transportar las cosechas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Camila Herrera R.
La crisis energética y económica de Cuba está debilitando la producción agrícola, reduciendo la capacidad de las fincas para contratar trabajadores y elevando los costos de sembrar, conservar y transportar alimentos. En Pinar del Río, la ingeniera agrónoma Leydis Díaz intenta mantener activa la finca Los Encinos, creada en 2022 sobre tierras estatales recibidas en usufructo y vinculada a una cooperativa agropecuaria.
Díaz comenzó con siete hectáreas cubiertas de marabú, un arbusto invasor que tuvo que retirar para habilitar el terreno. La explotación alcanza actualmente unas 29 hectáreas dedicadas al tabaco, frutales, frijoles, maíz, tubérculos y hortalizas, según un reportaje publicado por la agencia IPS el 28 de agosto de 2026.
La productora llegó a emplear a unas 40 mujeres en las labores de envasado de jugos. Sin embargo, la minindustria dejó de funcionar tras el agravamiento de la crisis energética registrado desde enero. Ahora la finca apenas puede sostener unos 15 puestos de trabajo, distribuidos entre la producción agrícola y el ensartado de hojas de tabaco.
La falta de electricidad compromete las cosechas
Los cortes eléctricos dejaron fuera de servicio la cámara frigorífica utilizada para conservar la producción de Los Encinos antes de enviarla a La Habana. La escasez de combustible también limita el transporte hacia la capital, obligando a comercializar parte de las cosechas en ferias locales y a preparar pequeñas cantidades de jugo para venderlas directamente en la finca.
La ausencia de refrigeración aumenta el riesgo de perder frutas y hortalizas después de la cosecha. Esta situación ha llevado a Díaz a destinar una parte mayor de sus tierras al tabaco, un cultivo más rentable y con mejores posibilidades de generar ingresos en divisas, aunque la productora advierte que los resultados de 2026 se encuentran por debajo de los obtenidos el año anterior.
El problema energético también afecta los sistemas de riego. William Hernández, agricultor asociado a la cooperativa Álvarez Breto, en la provincia de Artemisa, señaló que sus cultivos de plátano, aguacate, café y frutas rindieron aproximadamente 30 % menos que en 2025. Hernández y su esposa administran unas 35 hectáreas entregadas en usufructo.
La combinación de apagones, combustible escaso y dificultades para importar insumos amenaza incluso a productores que han adoptado métodos de diversificación. Experiencias como el manejo sostenible de tierras degradadas en Cuba muestran alternativas para recuperar suelos y ampliar la variedad de cultivos, pero no eliminan la necesidad de agua, energía, transporte y mercados funcionales.
Hortalizas y arroz reflejan la caída productiva
Los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística e Información citados por IPS muestran que Cuba produjo 773.430 toneladas de hortalizas en 2024. La cifra fue 30 % inferior a la de 2023, representó casi la mitad del volumen registrado en 2022 y quedó 55 % por debajo del nivel de 2021.
La producción de arroz también retrocedió. De acuerdo con información presentada en mayo por Frank Carbonell, director general de Agricultura del Ministerio de la Agricultura, el país obtuvo 79.000 toneladas en 2025, frente a las 100.000 toneladas de 2024. El resultado se encuentra muy alejado de las 304.000 toneladas alcanzadas en 2018.
En este escenario, distintos proyectos buscan sostener cultivos estratégicos y disminuir la dependencia externa. Entre ellos aparecen las iniciativas cubanas con minipapas y limones, desarrolladas en medio de restricciones alimentarias, energéticas y de combustible.
La crisis actual se inserta en un deterioro económico que se profundizó desde 2020. El impacto de la pandemia, los errores de gestión macroeconómica y monetaria reconocidos en el país y las presiones económicas de Estados Unidos han limitado la capacidad de importar alimentos, combustible, fertilizantes, maquinaria y repuestos. Cuba importa desde hace años más de 80 % de los alimentos consumidos por sus 9,4 millones de habitantes, según el informe de IPS.
Cooperativas afrontan combustible más caro y menos superficie sembrada
Las dificultades alcanzan a grandes cooperativas de Artemisa. Pablo Pérez, presidente de la cooperativa Frank País, que trabaja 858 hectáreas en Güira de Melena, informó que el rendimiento de 2026 fue de 11 toneladas por hectárea, un 27 % menos que el año anterior. La organización atribuye la reducción a la falta de fertilizantes, electricidad, combustible y otros recursos productivos.
La cooperativa Waldo Díaz Fuentes, con 888 hectáreas cultivables en el mismo municipio, recibía anteriormente 120.000 litros mensuales de combustible subsidiado a 15 pesos por litro. Esa asignación terminó después de un último suministro de 2.000 litros en enero, por lo que la entidad tuvo que adquirir combustible importado a un precio aproximado de tres dólares por litro.
El encarecimiento tiene consecuencias directas sobre la campaña agrícola. La cooperativa sembró cerca de 1.000 hectáreas en 2025, pero proyecta cerrar 2026 con unas 700 hectáreas. El 60 % de su sistema de riego funciona con diésel y el resto depende de electricidad, lo que la expone simultáneamente al costo del combustible y a los apagones.
Rafael Leal, presidente de esa cooperativa, advirtió que los estrechos márgenes entre costos, ganancias y riesgos pueden empujar a los agricultores hacia monocultivos o especies más resistentes. El efecto podría reducir la disponibilidad de productos como tomate, cebolla, pepino y frijoles cuando se recojan las siembras realizadas bajo las condiciones de 2026.
Una nueva legislación flexibiliza el usufructo agrícola
El Gobierno cubano publicó en abril un decreto para flexibilizar la comercialización de productos agrícolas, disminuir parte del control estatal sobre la distribución e incorporar con mayor amplitud a actores privados. En julio, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó además la Ley de Tierra Agropecuaria y Forestal.
La norma regula la propiedad, posesión, sucesión y utilización de tierras y bienes agropecuarios. Mantiene el límite de 67,10 hectáreas de propiedad privada por productor, restringe la concentración territorial y conserva el derecho preferente del Estado en determinadas transmisiones. Al mismo tiempo, facilita el otorgamiento de tierras en usufructo a personas y entidades vinculadas con proyectos productivos y simplifica algunos procesos hereditarios.
El debate sobre el régimen de posesión de tierras agrícolas en Cuba parte de una estructura en la que el país dispone de seis millones de hectáreas de superficie agrícola. De ese total, 79 % pertenece al Estado, 13 % es de propiedad privada y 7 % está en manos de cooperativas, de acuerdo con datos oficiales difundidos en 2024.
Las reformas pueden facilitar el acceso a la tierra y su transmisión, pero los testimonios de los productores indican que la recuperación también depende de restablecer el suministro de energía, combustible, fertilizantes y equipos. Sin esos recursos, ampliar el usufructo no garantiza por sí solo que las superficies disponibles puedan incorporarse de manera estable a la producción.
Diversificar para mantener activas las fincas
En Los Encinos, Díaz prepara desde agosto los semilleros para la campaña tabacalera que comienza en octubre. Entre septiembre y marzo también intenta aprovechar las temperaturas más frescas para sembrar cultivos de ciclo corto y producir semillas con valor comercial.
La estrategia consiste en distribuir las actividades a lo largo del año y obtener ingresos de varios cultivos, evitando que la finca dependa exclusivamente de una cosecha. Otras experiencias de permacultura y diversificación productiva en Cuba han mostrado la utilidad de combinar alimentos, recursos locales y prácticas de menor dependencia externa.
Sin embargo, la continuidad de esas explotaciones estará condicionada por su capacidad para bombear agua, conservar productos perecederos y trasladar las cosechas hasta los centros de consumo. Las siembras reducidas y los mayores costos acumulados durante 2026 podrían trasladarse a la oferta y a los precios agrícolas a finales del año y comienzos de 2027.
Fuente referencial:
IPS Inter Press Service


