Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia documentó la contracción agrícola registrada en Flandes, El Espinal y Guamo durante el episodio climático de 2023-2024
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El fenómeno de El Niño de 2023-2024 provocó una reducción del 21 % en el área cultivada de una de las principales zonas arroceras del Tolima, según una investigación de la Universidad Nacional de Colombia. El impacto se concentró en los municipios de Flandes, El Espinal y Guamo y afectó principalmente las superficies destinadas a arroz, maíz y soya.
El estudio documentó cómo la disminución de las precipitaciones, el incremento de las temperaturas y la menor disponibilidad de agua alteraron el uso agrícola del territorio. Los resultados proporcionan una referencia para identificar los sectores más expuestos y preparar medidas frente a futuros episodios de sequía.
La contracción del área cultivada no equivale necesariamente a una pérdida uniforme del 21 % en la producción o el rendimiento. El indicador describe la superficie que dejó de mantenerse bajo cultivo dentro de la zona analizada, mientras que el volumen cosechado depende además del estado de las parcelas que continuaron produciendo.
El arroz mostró una elevada dependencia de la disponibilidad hídrica
El Tolima forma parte de la zona arrocera Centro de Colombia y concentra una actividad productiva que depende en gran medida de sistemas de riego. La disponibilidad regular de agua permite preparar los lotes, establecer el cultivo y sostener las etapas de desarrollo que determinan el rendimiento y la calidad del grano.
Durante El Niño, la reducción de lluvias puede disminuir los caudales utilizados para el riego y elevar simultáneamente las necesidades hídricas de las plantas. Las temperaturas más altas aceleran la pérdida de humedad desde el suelo y aumentan la evapotranspiración.
La situación observada en el Tolima confirma los riesgos señalados cuando El Niño combina sequía, calor y menor disponibilidad de agua en Colombia. La intensidad del impacto varía según la región, el cultivo, la infraestructura disponible y el momento en que ocurre el déficit.
En el arroz, la escasez de agua puede afectar el establecimiento, la floración y el llenado del grano. El efecto final depende de la duración del estrés y de la etapa fenológica, ya que no todos los periodos del ciclo presentan la misma sensibilidad.
Flandes, El Espinal y Guamo concentraron el análisis
La investigación examinó los cambios registrados en un corredor agrícola integrado por Flandes, El Espinal y Guamo. Estos municipios mantienen una participación destacada en la producción regional de arroz y cuentan también con áreas dedicadas al maíz y la soya.
El análisis territorial permitió observar que la respuesta no fue idéntica en toda la zona. Las diferencias en acceso al riego, humedad del suelo, calendario de siembra y disponibilidad de fuentes hídricas condicionaron la permanencia de los cultivos durante el episodio climático.
La identificación de los lotes más vulnerables puede orientar decisiones sobre distribución del agua, adecuación de canales, fechas de establecimiento y selección de actividades con menores requerimientos hídricos. También ofrece información para calcular qué productores necesitarían atención prioritaria durante una sequía.
El agua no constituye la única limitación de la infraestructura arrocera del departamento. En distritos del sur del Tolima, la sedimentación de canales y bocatomas ha representado históricamente otro obstáculo para conducir el recurso hacia las plantaciones, lo que demuestra la necesidad de mantener los sistemas de riego antes de una emergencia climática.
Maíz y soya también perdieron superficie cultivada
Aunque el arroz ocupa el centro del análisis por la importancia productiva de la región, la contracción también alcanzó al maíz y la soya. Ambos cultivos dependen de una humedad suficiente durante la germinación, el crecimiento y sus etapas reproductivas.
En el maíz, la falta de agua alrededor de la floración puede interferir con la polinización y reducir la formación de granos. En la soya, un déficit prolongado puede limitar el desarrollo vegetativo, la cantidad de vainas y el llenado de las semillas.
La presencia de varios cultivos afectados muestra que el impacto no respondió únicamente al sistema de inundación o riego del arroz. El episodio modificó la disponibilidad general de agua agrícola y condicionó las decisiones de siembra en un territorio expuesto a temperaturas elevadas.
Esta amplitud sectorial coincide con evaluaciones internacionales según las cuales un episodio severo de El Niño puede amenazar simultáneamente al arroz, el maíz y otros cultivos básicos al reorganizar las lluvias y elevar el estrés térmico.
La eficiencia del riego aparece como una medida prioritaria
Los resultados respaldan la necesidad de mejorar la eficiencia con la que se distribuye el agua disponible. Esto no significa mantener permanentemente los arrozales inundados, sino aplicar el recurso en la cantidad y el momento que requiere el cultivo.
Una investigación desarrollada también con participación de la Universidad Nacional mostró que determinados métodos de riego pueden reducir hasta un 54 % el uso de agua en arroz durante un ciclo experimental sin afectar el rendimiento. Entre las alternativas evaluadas estuvieron el riego por múltiples entradas y la alternancia de periodos secos y húmedos.
La posibilidad de trasladar esos resultados a cada finca depende del tipo de suelo, la nivelación del terreno, la infraestructura y la capacidad de supervisar la humedad. Las estrategias deben validarse localmente antes de adoptarse de forma generalizada.
También será necesario mantener canales, reducir pérdidas durante la conducción y coordinar turnos entre usuarios. La eficiencia dentro de la parcela tiene un alcance limitado cuando el agua no llega oportunamente desde la fuente o se pierde en una red deteriorada.
El monitoreo territorial puede anticipar nuevas pérdidas
El valor del estudio reside en convertir un episodio climático pasado en información para la planificación. Al conocer qué zonas dejaron de cultivarse durante El Niño, las autoridades y organizaciones de productores pueden elaborar mapas de vulnerabilidad y establecer umbrales de alerta.
El seguimiento podría integrar precipitación, temperatura, caudales, humedad del suelo y estado de los cultivos. La actualización frecuente de esas variables ayudaría a diferenciar una reducción temporal de lluvias de una sequía capaz de comprometer la campaña.
Los productores podrían utilizar las alertas para ajustar fechas de siembra, reservar agua para etapas críticas o evitar el establecimiento de superficies que no podrán sostenerse hasta la cosecha. Las decisiones tempranas reducen el riesgo de invertir en semillas, fertilizantes y labores sobre lotes que posteriormente deberán abandonarse.
La experiencia de otras regiones arroceras muestra que el momento de la disponibilidad hídrica influye tanto en el rendimiento como en la calidad del arroz. La planificación debe proteger las fases más sensibles en lugar de basarse únicamente en el volumen total utilizado durante el ciclo.
La adaptación requiere medidas diferenciadas por municipio
La reducción conjunta del 21 % no implica que Flandes, El Espinal y Guamo posean el mismo nivel de riesgo. Cada municipio cuenta con distintas fuentes de abastecimiento, redes de riego, suelos y patrones de ocupación agrícola.
Las medidas pueden incluir rehabilitación de infraestructura, monitoreo de caudales, almacenamiento de agua, nivelación de lotes y asistencia técnica para aplicar riegos más eficientes. La diversificación productiva también puede reducir la exposición, siempre que los cultivos alternativos tengan mercado y se adapten al territorio.
El análisis científico permite pasar de una respuesta general ante El Niño a una intervención territorial. Su utilidad dependerá de que los resultados se integren a la planificación agrícola, la administración del agua y los programas de apoyo a los productores.
La pérdida de superficie registrada en 2023-2024 evidencia que la vulnerabilidad no se limita a una posible caída del rendimiento. En condiciones severas, parte de la tierra puede quedar fuera del ciclo productivo, con efectos sobre los ingresos rurales, la demanda de mano de obra y el suministro de granos.
Fuente referencial:
Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia

