Agricultura

Un El Niño severo puede amenazar cultivos básicos del mundo

Publicado el 07/07/2026 · REDACCION

La alteración global de las lluvias puede golpear arroz, maíz, trigo y otros alimentos esenciales, con sequías en regiones monzónicas y lluvias extremas en zonas agrícolas vulnerables.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Un episodio severo de El Niño puede reorganizar las lluvias del planeta y poner bajo presión cultivos esenciales para la alimentación mundial. Cuando este fenómeno climático aparece, algunas regiones reciben precipitaciones más intensas, mientras otras enfrentan sequías, debilitamiento de monzones y mayor estrés térmico sobre los cultivos.

El riesgo no se limita a un país ni a una campaña agrícola. El Niño puede alterar simultáneamente la producción en América, África oriental, Asia monzónica, Sudeste Asiático, India, Australia oriental y África austral, zonas donde se cultivan alimentos básicos para cientos de millones de personas.

Cómo El Niño reorganiza las lluvias

El Niño ocurre cuando el océano Pacífico tropical se calienta de forma anómala y modifica la circulación atmosférica. Ese cambio desplaza lluvias, altera temperaturas y puede intensificar extremos climáticos en distintas regiones agrícolas.

Partes de América y África oriental suelen recibir lluvias más abundantes. En cambio, las lluvias monzónicas de Asia pueden debilitarse, mientras condiciones más secas se instalan sobre Australia oriental, el Sudeste Asiático, India y África austral.

La relación entre El Niño y agricultura muestra que el mismo fenómeno puede generar excesos de agua en unas zonas y sequía en otras, complicando la planificación agrícola global.

Arroz, maíz y trigo bajo presión climática

Los cultivos básicos son especialmente sensibles a cambios bruscos de lluvia y temperatura. El arroz depende de disponibilidad hídrica y estabilidad de los monzones; el maíz puede sufrir pérdidas por calor y déficit de agua en floración; y el trigo enfrenta riesgos cuando las olas de calor coinciden con etapas de llenado de grano.

La última fase de El Niño, entre 2023 y 2024, ya puso en alerta los suministros de arroz. Un evento más intenso, combinado con el calentamiento global, puede añadir calor extra sobre patrones de lluvia ya alterados.

El impacto de la sequía no se reduce al rendimiento. También puede afectar la calidad nutricional, como mostró una investigación sobre cómo la sequía reduce el hierro en cultivos al modificar la absorción de micronutrientes por las raíces.

El calor amplifica el daño agrícola

El Niño por sí solo ya modifica la distribución de lluvias. Pero el cambio climático agrega una capa adicional de calor, elevando la probabilidad de estrés térmico sobre plantas, suelos y sistemas de riego.

Cuando el calor coincide con falta de agua, los cultivos reducen fotosíntesis, limitan crecimiento, pierden floración y pueden completar su ciclo con menor rendimiento. En cultivos como papa, los efectos combinados de temperatura y sequía ya han sido documentados en estudios sobre calor, sequía y productividad agrícola.

Regiones con señales opuestas

Una de las dificultades de El Niño es que no produce un solo tipo de impacto. En algunas zonas, el problema puede ser el exceso de agua: inundaciones, anegamientos, erosión, enfermedades fúngicas y retraso de cosechas. En otras, el daño llega por sequía, pérdida de humedad del suelo, menor disponibilidad de agua para riego y caída de rendimientos.

En América Latina, los efectos pueden variar entre países e incluso dentro de una misma región productiva. En Colombia, por ejemplo, arroz, banano, palma africana y ganadería fueron señalados como sectores expuestos ante un escenario de alerta agroclimática por El Niño.

La seguridad alimentaria entra en juego

La amenaza principal aparece cuando varios graneros del mundo sufren estrés al mismo tiempo. Si se reducen cosechas en regiones productoras de arroz, maíz o trigo, el impacto puede trasladarse a precios, comercio internacional, reservas alimentarias y acceso de los hogares a alimentos básicos.

Los pequeños agricultores son especialmente vulnerables. En América Central, los impactos intensos de El Niño ya han golpeado cultivos de maíz y frijol, dos alimentos fundamentales para la seguridad alimentaria familiar, como se observó en comunidades afectadas por sequía y pérdida de cosechas.

Adaptación agrícola frente a extremos más frecuentes

La respuesta agrícola exige anticipación. Sistemas de alerta temprana, manejo de agua, diversificación de cultivos, semillas más tolerantes al calor y la sequía, cobertura del suelo y planificación de siembras pueden reducir parte del riesgo.

Sin embargo, la adaptación tiene límites cuando los extremos se vuelven más severos o simultáneos. El Niño recuerda que la producción de alimentos depende de sistemas climáticos globales conectados, no solo de decisiones locales de manejo.

Un fenómeno climático con impacto productivo global

El dato central es que un El Niño severo no actúa como una anomalía aislada. Cambia la lluvia, modifica el calor disponible, altera los ciclos de cultivo y puede afectar al mismo tiempo regiones agrícolas muy distantes.

Para los agricultores, el desafío es convertir la información climática en decisiones oportunas. Para los gobiernos y mercados, la señal es más amplia: la seguridad alimentaria necesita planes capaces de responder a eventos climáticos que ya no pueden tratarse como excepcionales.

Fuente(s) referenciales

Phys.org



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