Acuicultura

España autoriza una granja de atún rojo con diez jaulas

Publicado el 29/08/2026 · REDACCION

El proyecto del grupo Ricardo Fuentes ocupará 43 hectáreas frente a Pilar de la Horadada y podrá engordar hasta 2.550 toneladas anuales, aunque su construcción no será inmediata


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

La Generalitat Valenciana autorizó la instalación de la primera granja dedicada al engorde de atún rojo en la Comunidad Valenciana. El proyecto, promovido por el grupo murciano Ricardo Fuentes frente a las costas de Pilar de la Horadada, en la provincia española de Alicante, contempla diez jaulas flotantes distribuidas sobre una superficie marina de 43 hectáreas.

La explotación tendrá capacidad para producir un máximo de 2.550 toneladas de atún rojo al año. La autorización permite avanzar administrativamente, pero no significa que las instalaciones vayan a construirse de manera inmediata, pues la empresa todavía deberá completar las actuaciones y trámites necesarios antes de iniciar la fase material del proyecto.

La iniciativa representa un cambio respecto del planteamiento original presentado para esa zona marítima. La propuesta anterior estaba orientada a la cría de dorada y lubina, dos especies ampliamente utilizadas por la piscicultura mediterránea, pero el promotor modificó el proyecto para especializarlo en el engorde de atún rojo.

Un complejo acuícola de 43 hectáreas en mar abierto

La granja se situará en aguas abiertas frente al término municipal de Pilar de la Horadada, el municipio más meridional de la Comunidad Valenciana. Las diez estructuras previstas funcionarán como viveros flotantes destinados a mantener los atunes durante la fase de alimentación y aumento de peso.

El engorde de atún rojo se diferencia de la cría completa de peces nacidos en cautividad. En el modelo más extendido, ejemplares capturados vivos durante la temporada autorizada son trasladados hasta las jaulas marinas, donde reciben alimentación hasta alcanzar el peso, la proporción de grasa y la calidad comercial requeridos por los compradores.

Esta modalidad de producción ya está establecida en otros puntos del litoral español, particularmente frente a la Región de Murcia y en áreas vinculadas históricamente con la captura de atunes. El nuevo proyecto amplía esa actividad hacia la costa alicantina y crea un polo acuícola especializado cerca de una de las zonas españolas con mayor experiencia empresarial en el manejo de la especie.

El cultivo en jaulas debe responder a las condiciones oceanográficas del emplazamiento. Profundidad, corrientes, oleaje, calidad del agua y distancia respecto de la costa influyen en el diseño de los fondeos, la resistencia de las redes, las operaciones de alimentación y la seguridad de las embarcaciones de servicio.

Ricardo Fuentes cambia la dorada y la lubina por atún

La modificación transforma tanto la especie producida como la escala y el funcionamiento de la instalación. Doradas y lubinas suelen proceder de criaderos y completan su crecimiento dentro de la cadena acuícola, mientras que buena parte del engorde comercial de atún rojo continúa dependiendo de ejemplares capturados en el medio natural bajo cuotas y controles pesqueros.

La diferencia obliga a organizar operaciones específicas para el traslado de los peces, su adaptación a las jaulas y el suministro de alimento. También exige una logística capaz de manejar ejemplares de gran tamaño y de conservar posteriormente un producto dirigido a mercados que imponen requisitos elevados de calidad y trazabilidad.

El grupo Ricardo Fuentes cuenta con una trayectoria estrechamente relacionada con la pesca, comercialización y engorde de atún rojo. Su participación aporta al proyecto conocimientos sobre captura, transporte, alimentación, procesamiento y distribución internacional, etapas que deben coordinarse para mantener la calidad del producto.

El desarrollo del sector también depende de los avances científicos para cerrar el ciclo biológico de la especie. La reproducción del atún rojo en cautividad busca obtener peces nacidos en instalaciones acuícolas y disminuir la dependencia de capturas silvestres, aunque persisten dificultades importantes durante las fases larvarias.

Una capacidad máxima de 2.550 toneladas por año

El volumen autorizado define el límite productivo de la explotación, pero no constituye una previsión automática de producción desde el primer ejercicio. La cantidad obtenida dependerá del calendario de construcción, la disponibilidad de ejemplares, las cuotas aplicables, las condiciones del mar y la capacidad operativa que alcance la empresa.

La instalación deberá contar con embarcaciones y equipos para transportar alimento, inspeccionar las redes, vigilar los fondeos, retirar mortalidades y controlar el estado sanitario de los peces. Las operaciones en mar abierto requieren mayor resistencia estructural y una planificación meteorológica más estricta que los sistemas ubicados en bahías o zonas costeras protegidas.

Proyectos recientes muestran un interés creciente por trasladar la producción hacia aguas más expuestas. La granja acuícola autorizada frente al Algarve portugués, destinada a lubina y dorada, también plantea el uso de instalaciones oceánicas para ampliar la producción, aunque con exigencias elevadas de mantenimiento, vigilancia y logística.

Las corrientes más intensas pueden favorecer la renovación del agua y dispersar los residuos orgánicos, pero esa circunstancia no elimina la necesidad de evaluar el impacto ambiental. La densidad de peces, la alimentación, la acumulación de materia bajo las jaulas y la interacción con especies silvestres requieren seguimiento durante la operación.

Alimentación, sanidad y trazabilidad serán factores centrales

El alimento representa una parte esencial del manejo y del costo del engorde. Los atunes necesitan dietas con un elevado contenido energético para recuperar peso y desarrollar la grasa demandada comercialmente. En los sistemas tradicionales se utilizan peces como sardina y alacha, cuyo abastecimiento añade presión logística y obliga a controlar la calidad sanitaria de los insumos.

La alimentación también influye en la huella ambiental de la piscicultura. El sector investiga formulaciones con ingredientes alternativos, pero la fisiología carnívora del atún dificulta sustituir determinados recursos marinos. Los avances en piensos acuícolas con proteínas alternativas deberán demostrar que mantienen el crecimiento, la salud y la composición nutricional requerida por cada especie.

Otro componente será la vigilancia sanitaria. La concentración de animales dentro de una instalación facilita su observación y manejo, pero también puede favorecer la propagación de problemas si no existen controles adecuados. La revisión del comportamiento, el consumo de alimento, las lesiones y la mortalidad permite detectar alteraciones antes de que afecten a toda la población.

La trazabilidad deberá documentar el origen de los ejemplares, su traslado, el tiempo de permanencia en la granja, la alimentación suministrada y el destino comercial. Estos registros resultan indispensables para cumplir las normas pesqueras y sanitarias, además de responder a compradores que exigen información precisa sobre la cadena productiva.

El proyecto se incorpora al debate sobre acuicultura sostenible

La acuicultura aporta una proporción creciente de los alimentos acuáticos consumidos en el mundo, pero su expansión plantea desafíos relacionados con piensos, energía, bienestar animal, residuos e interacción con los ecosistemas. El balance depende de la especie, la ubicación, la densidad y las prácticas aplicadas en cada instalación.

En el Mediterráneo, uno de los objetivos del sector es mejorar la eficiencia productiva sin aumentar proporcionalmente su presión ambiental. Las iniciativas orientadas hacia una piscicultura mediterránea más sostenible y competitiva incluyen ajustes en alimentación, logística, sanidad, uso de energía y planificación de las explotaciones.

En el caso del atún rojo, la sostenibilidad no depende únicamente del funcionamiento de las jaulas. También está vinculada con la situación de la población silvestre y con el cumplimiento de las cuotas establecidas para la pesca, ya que los ejemplares destinados al engorde suelen proceder inicialmente del mar.

La autorización en Pilar de la Horadada abre una nueva etapa administrativa para el proyecto, pero su materialización dependerá de los pasos pendientes y de la decisión empresarial de ejecutar la inversión. Hasta que comiencen las obras y se instalen las jaulas, la capacidad aprobada debe entenderse como un límite autorizado y no como producción disponible.

Fuentes referenciales:
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