Ensayos de dos años en un sistema orgánico de China registraron controles de hasta 97,73% sobre Fusarium y aumentos de rendimiento de entre 35,28% y 38,83%
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Un tratamiento de fumigación del suelo con etilicina redujo fuertemente poblaciones de hongos y nematodos asociados con enfermedades del tomate y elevó el rendimiento del cultivo durante dos años consecutivos en el Parque Ecológico Orgánico de Yanqing, en Beijing, China. La investigación evaluó este compuesto volátil antes del trasplante en suelos sometidos durante años al cultivo continuo de tomate y con una elevada presión de patógenos.
Los resultados, publicados en la revista científica Agriculture, mostraron eficacias de control que alcanzaron 97,73% contra Fusarium spp., 95,30% frente a Phytophthora spp. y 96,91% contra nematodos del género Meloidogyne durante el segundo año del ensayo. Al mismo tiempo, el rendimiento del tomate aumentó 38,83% en 2023 y 35,28% en 2024 frente a las parcelas sin tratamiento.
La experiencia se inscribe en la búsqueda de alternativas para reducir las enfermedades que permanecen en suelos utilizados repetidamente para una misma hortaliza. En tomate, tanto el marchitamiento por Fusarium como los nematodos agalladores pueden comprometer el sistema radicular, y diferentes investigaciones han estudiado el uso de Trichoderma para proteger las plantas frente a Fusarium y Meloidogyne como otra vía de manejo de estos problemas.
La etilicina se aplicó mediante el sistema de riego por goteo
Los ensayos de campo se realizaron antes de plantar los tomates, el 11 de agosto de 2023 y el 12 de agosto de 2024. Antes del tratamiento, el suelo fue trabajado mediante labranza rotativa y posteriormente irrigado hasta mantener un contenido de humedad de entre 60% y 70%.
La etilicina se suministró mediante riego por goteo a una dosis de 20 gramos por metro cuadrado. Inmediatamente después, la superficie se cubrió con una película de polietileno para conservar las condiciones de fumigación y reducir la pérdida del compuesto volátil.
El procedimiento combinó así la acción del fumigante con el aumento de temperatura generado debajo del plástico. Durante el tratamiento, la temperatura máxima alcanzó 50,8 °C en la superficie del suelo y 42,6 °C a 10 centímetros de profundidad. Los investigadores consideran que este calentamiento pudo contribuir a la supresión de los organismos dañinos y potenciar la acción de la etilicina.
El principio de utilizar calor bajo una cubierta plástica también aparece en otras estrategias de desinfección. Investigaciones anteriores han analizado sistemas de biosolarización capaces de reducir plagas y patógenos del suelo, aprovechando conjuntamente humedad, temperatura y procesos biológicos.
Fusarium, Phytophthora y Meloidogyne disminuyeron durante los ensayos
En 2023, la fumigación alcanzó eficacias de control de 96,44% contra Fusarium spp., 68,12% contra Phytophthora spp. y 72,12% frente a Meloidogyne spp. Sin embargo, en ese primer año las reducciones de Fusarium y Phytophthora no fueron estadísticamente significativas, mientras que la disminución de los nematodos sí lo fue.
El comportamiento fue más consistente durante 2024. La eficacia alcanzó 97,73% para Fusarium, 95,30% para Phytophthora y 96,91% para Meloidogyne, con reducciones estadísticamente significativas para los tres grupos evaluados.
Los nematodos agalladores representan un desafío particularmente relevante para tomate y otras solanáceas porque atacan las raíces y pueden disminuir la capacidad de las plantas para absorber agua y nutrientes. La expansión geográfica de algunas especies también preocupa a los productores, como demuestra la detección de nematodos agalladores tropicales capaces de afectar tomates y patatas en nuevas regiones productoras.
La pudrición radicular prácticamente desapareció en el segundo año
La fumigación también redujo la pudrición de raíces asociada con Phytophthora parasitica. En 2023, el índice de enfermedad descendió de 3,75 ± 3,23 en el control a 1,25 ± 2,50 en el tratamiento con etilicina.
Durante 2024, el índice pasó de 5,56 ± 1,92 en las parcelas sin tratar a cero en las fumigadas. Los investigadores no observaron síntomas visibles de pudrición radicular en las plantas correspondientes al tratamiento con etilicina durante ese segundo año.
La acumulación de organismos causantes de enfermedades constituye uno de los riesgos del cultivo repetido de tomate bajo estructuras protegidas. Por esta razón, además de los tratamientos directos, la rotación y los cultivos previos pueden desempeñar un papel fitosanitario. La mostaza, por ejemplo, ha sido utilizada antes del tomate porque sus tejidos pueden ejercer un efecto biofumigante capaz de contribuir a suprimir patógenos del suelo.
El tratamiento también modificó las propiedades del suelo
Los investigadores no se limitaron a contabilizar patógenos. También analizaron pH, conductividad eléctrica, materia orgánica, nitrógeno nítrico, nitrógeno amoniacal y potasio disponible para determinar cómo la fumigación afectaba las condiciones físicas y químicas del suelo.
El tratamiento disminuyó el contenido de nitrógeno en forma de nitrato y la conductividad eléctrica, mientras aumentó el nitrógeno amoniacal, la materia orgánica y el potasio disponible. Estos cambios muestran que el efecto de la fumigación fue más amplio que la reducción directa de los organismos perjudiciales.
El control de patógenos mediante sustancias generadas por materiales vegetales constituye el fundamento de otras prácticas de manejo. La biofumigación con brásicas aprovecha compuestos derivados de los glucosinolatos que pueden actuar contra determinados hongos, bacterias, insectos y otros organismos presentes en el suelo.
Los tomates crecieron más y aumentaron su rendimiento
Las diferencias también aparecieron en el desarrollo de las plantas. En las mediciones realizadas por el equipo, la altura aumentó 16,52%, el diámetro del tallo 20,71% y el contenido de clorofila de las hojas 6,73% después del tratamiento.
El rendimiento respondió durante las dos temporadas. En 2023, las plantas tratadas produjeron en promedio 0,56 kilogramos por planta, un incremento de 38,83% frente al control. En 2024, el rendimiento promedio alcanzó 0,22 kilogramos por planta, equivalente a una mejora de 35,28%.
Estas cifras corresponden a las condiciones concretas del experimento de Yanqing y no implican que la misma respuesta productiva vaya a reproducirse automáticamente en otros suelos, climas, sistemas de invernadero o programas de manejo.
Las enfermedades del tomate pueden involucrar numerosos organismos y requieren estrategias diferentes según el agente causal. Entre los problemas habituales se encuentran hongos y nematodos que afectan hojas, frutos o raíces, por lo que la identificación correcta de las principales plagas y enfermedades que pueden comprometer el cultivo de tomate continúa siendo una parte esencial del manejo.
La etilicina ya había mostrado potencial como fumigante del suelo
La investigación de Yanqing amplía trabajos anteriores sobre el mismo compuesto. Un estudio publicado en Science of the Total Environment había evaluado en China la etilicina como posible fumigante en producción comercial de tomate y registrado reducciones importantes de Fusarium, Phytophthora y Meloidogyne, además de incrementos del rendimiento.
El nuevo ensayo aportó dos temporadas consecutivas bajo condiciones de agricultura orgánica y una elevada presión de enfermedades derivada del cultivo continuo. Los autores plantean que la etilicina puede representar una opción de fumigación previa a la plantación para sistemas hortícolas protegidos donde existe especial interés en el control de residuos y en reducir la dependencia de fumigantes convencionales.
Los resultados también muestran que parte de la eficacia observada pudo estar relacionada con la combinación entre el compuesto y las altas temperaturas generadas bajo la película plástica. Por ello, la respuesta debe interpretarse como resultado del sistema de tratamiento evaluado y no únicamente como efecto aislado de la sustancia.
El estudio proporciona así una base experimental para continuar evaluando la etilicina en el manejo de enfermedades transmitidas por el suelo, particularmente en invernaderos con antecedentes de monocultivo y elevada presencia de hongos fitopatógenos y nematodos.
Fuentes referenciales:
AgroXXI
Agriculture
Science of the Total Environment


