Un análisis de restos procedentes de 460 sitios reconstruye el auge de la lana, el uso de bovinos para el trabajo agrícola y el posterior aumento de la producción de carne
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Un estudio basado en restos animales de 460 sitios arqueológicos de Inglaterra reconstruyó cómo la expansión demográfica y comercial modificó el aprovechamiento del ganado bovino y ovino entre los años 400 y 1400. La investigación, publicada el 2 de septiembre de 2026 en la revista PLOS One, identificó cambios asociados con la producción de carne, leche y lana, así como con el empleo de animales en las labores agrícolas.
El trabajo fue encabezado por Matilda Holmes, de la Universidad de Leicester, y David Orton, de la Universidad de York, junto con otros investigadores. Su análisis reunió 701 conjuntos de restos procedentes del proyecto Feeding Anglo-Saxon England y de otras investigaciones regionales, con el propósito de establecer con mayor precisión cuándo cambiaron las funciones productivas de bovinos y ovejas.
Los resultados amplían el conocimiento sobre una economía ganadera en la que cada animal proporcionaba distintos recursos. Además de carne y leche, los bovinos aportaban fuerza de trabajo, estiércol, cuero, huesos y cuernos, mientras que la cría ovina adquirió una importancia creciente por el valor comercial de la lana.
Los bovinos dominaron la primera economía rural medieval
Entre mediados del siglo V y comienzos del VII, los restos bovinos fueron más abundantes que los ovinos en los sitios estudiados. Los investigadores interpretan esta presencia como evidencia de una producción mixta, vinculada principalmente con explotaciones relativamente autosuficientes en las que el ganado constituía alimento, fuerza productiva y una forma de riqueza transportable.
Los usos dependían de la edad, el sexo y la función de los animales, una distinción que todavía se refleja en los diferentes nombres aplicados al ganado bovino. En el registro arqueológico, esas variables permiten aproximarse a las decisiones que tomaban los productores sobre reproducción, ordeño, trabajo y sacrificio.
El estudio examinó la frecuencia de los restos, el desgaste dental, la edad al morir, el sexo y las alteraciones observadas en los huesos. Para ordenar materiales cuyas fechas podían abarcar periodos amplios, el equipo utilizó un método aorístico que distribuye estadísticamente cada conjunto a lo largo de su intervalo cronológico.
Las comunidades monásticas impulsaron la producción de lana
La proporción de ovejas empezó a crecer alrededor del año 625 y mantuvo una tendencia ascendente desde mediados del siglo IX. Hacia el año 1000, los restos de bovinos y ovinos aparecían con una frecuencia semejante, aunque una res aportaba considerablemente más carne, leche y materias primas que una oveja.
Los investigadores relacionan el crecimiento inicial de la ganadería ovina con las explotaciones de las nuevas comunidades monásticas de finales del siglo VII. Estos establecimientos habrían otorgado mayor prioridad a la producción de lana, una actividad que posteriormente se consolidó como uno de los pilares de la economía inglesa y mantuvo su relevancia hasta el siglo XVI.
El cambio no fue uniforme en todo el territorio. La representación de las especies varió según la región y el tipo de asentamiento, ya fuera rural, urbano, eclesiástico o de alto estatus. Los animales también podían trasladarse para reproducción, intercambio o comercio, de manera que los huesos recuperados en un lugar no siempre correspondían a ejemplares criados allí.
Los bovinos trabajaron como animales de tiro entre los siglos X y XII
Entre los siglos X y XII aumentó la presencia de bovinos machos que alcanzaban edades avanzadas. Al mismo tiempo, los huesos de sus extremidades inferiores mostraron más deformaciones compatibles con esfuerzos prolongados, una combinación que respalda su utilización para tirar de arados, carros y otras cargas.
Ese hallazgo indica que la intensificación agrícola dependió de una relación cotidiana más estrecha entre las personas y el ganado. La función de los bovinos trascendía así la producción de alimentos: eran integrantes esenciales de la fuerza laboral disponible para cultivar cereales y transportar productos.
La evidencia aporta perspectiva histórica a la evolución de la ganadería bovina y sus usos productivos. Aunque las tecnologías y los sistemas actuales son distintos, la adaptación del manejo a las necesidades de cada época continúa siendo una característica central de la actividad pecuaria.
La demanda urbana favoreció una producción mayor de carne
Después del siglo XII disminuyeron las señales asociadas con el empleo de bovinos para el tiro. Los autores vinculan esta transición con la creciente participación de los caballos en las tareas agrícolas y con una mayor demanda de carne y leche derivada de la expansión de la población y de los mercados urbanos.
El sacrificio de bovinos a edades más tempranas constituye una de las evidencias de esa reorientación. Durante los siglos XIII y XIV, la economía animal respondió con mayor intensidad al abastecimiento alimentario, mientras la producción de carne de vacuno y cordero adquiría más peso.
El estudio también muestra que las decisiones productivas modifican tanto la vida de los animales como las huellas que permanecen en sus cuerpos. Esa relación entre manejo y comportamiento sigue siendo relevante en investigaciones contemporáneas, incluidas las que analizan cómo las herramientas de manejo alteran la conducta del ganado.
Las diferencias entre sitios limitan una lectura uniforme
Los autores señalan que la conservación de los huesos fue desigual. El noroeste, el suroeste y algunas zonas del sureste están menos representados porque los suelos ácidos deterioran los restos orgánicos. También persisten diferencias metodológicas en la identificación del sexo de los animales y dificultades para separar huesos de ovejas y cabras.
Por esas razones, el estudio identifica tendencias generales y no un modelo idéntico para toda Inglaterra. Las investigaciones futuras deberán examinar con mayor detalle las variaciones entre sitios y normalizar algunos procedimientos arqueozoológicos.
La base de datos permite, sin embargo, ajustar la cronología de tres transformaciones importantes: el ascenso de la cría ovina desde el siglo VII, el máximo aprovechamiento de bovinos para el trabajo agrícola entre los siglos X y XII y el giro posterior hacia una producción ganadera orientada con mayor fuerza al mercado alimentario.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Estudio publicado en PLOS One


