La derogación de una prohibición histórica vuelve a enfrentar comercio exterior, bienestar animal, riesgos sanitarios e impacto ambiental
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La exportación de ganado en pie volvió al centro del debate argentino después de que el Decreto 133/2025 derogara una restricción histórica vigente desde 1973, que impedía la exportación de ganado vacuno vivo con destino a faena. La medida, presentada como parte de una política de apertura económica y desregulación, generó una reacción inmediata de organizaciones sociales, ambientales, animalistas, juristas y especialistas en bienestar animal.
El eje de la discusión no es solo comercial. La reapertura del transporte internacional de animales vivos plantea interrogantes sobre sufrimiento animal, riesgos sanitarios, legalidad, daños ambientales y conveniencia productiva. Mientras algunos sectores ven una oportunidad para ampliar negocios agropecuarios, otros advierten que esta práctica está siendo restringida o eliminada por países que antes la utilizaron de forma intensiva.
Una prohibición histórica que fue derogada
El 26 de febrero de 2025, el Gobierno argentino promulgó el Decreto 133/2025 y eliminó la restricción que desde 1973 impedía exportar ganado vacuno en pie con destino a faena. La decisión se apoyó en el marco de la Ley 27.742 y el Decreto 70/2023, orientados a la desregulación económica.
El argumento oficial fue que la eliminación de trabas permitiría mejorar la competitividad internacional y abrir nuevas oportunidades para el sector agropecuario. Sin embargo, la respuesta social fue rápida. Diversas organizaciones impulsaron movilizaciones, amparos, pedidos de información pública y un proyecto legislativo para volver a prohibir la exportación de animales vivos.
La discusión se conecta con debates previos sobre exportación de ganado en pie, donde el comercio internacional de animales vivos aparece atravesado por exigencias sanitarias, riesgos logísticos, certificaciones oficiales y cuestionamientos crecientes sobre bienestar animal.
El proyecto que busca frenar la actividad
La propuesta legislativa presentada bajo el nombre “Ley de Prohibición de Transporte de Ganado Vivo. Derogación del decreto 133/25” busca restablecer una prohibición amplia. El texto plantea impedir la exportación por tierra o por mar, con cualquier destino, de ganado mayor o menor vivo.
El fundamento central es que el transporte internacional expone a los animales a estrés, falta de alimento e hidratación, enfermedades, accidentes y condiciones de control sanitario limitadas. La iniciativa sostiene que esa situación resulta incompatible con el sistema jurídico argentino, especialmente con la Ley 14.346, que sanciona penalmente el maltrato y la crueldad animal.
El proyecto también invoca el principio de no crueldad y afirma que la economía no puede prevalecer sobre normas penales y regulatorias de protección animal. Además, destaca que la exportación en pie no representaría una demanda significativa ni una ventaja estructural para el sector productivo argentino.
Casos internacionales que marcaron el debate
Los cuestionamientos al transporte marítimo de animales vivos se apoyan en una serie de episodios graves ocurridos en distintos países. Uno de los casos más recordados es el del buque Trust 1, que zarpó desde Rumania hacia Jordania el 14 de junio de 2015 con 13.000 ovejas vivas.
El hacinamiento, la falta de ventilación y el desabastecimiento de agua provocaron una crisis a bordo que terminó con la muerte de más de 5.000 animales por deshidratación e inanición. El barco no pudo desembarcar en destino y permaneció a la deriva hasta que los animales murieron. A partir de ese hecho, Compassion in World Farming impulsó el 14 de junio como Día Internacional de Concienciación sobre la Exportación de Animales Vivos.
Otros episodios reforzaron la preocupación global. En 2019, el naufragio del Queen Hind en Rumania dejó miles de animales atrapados o muertos. En 2022, más de 14.000 ovejas murieron ahogadas tras el vuelco de un barco en el puerto de Suakin, en Sudán. Entre 2020 y 2021, los buques Karim Allah y Elbeik mantuvieron a casi 2.700 terneros atrapados en el Mediterráneo tras salir de España, hasta que finalmente fueron sacrificados por el deterioro irreversible de su condición sanitaria.
Bienestar animal y transporte de larga distancia
El transporte de animales vivos implica una cadena de estrés que empieza antes del embarque. Los animales pueden enfrentar arreo, carga, golpes, hacinamiento, cambios bruscos de temperatura, ruido, falta de descanso, dificultades de acceso a agua y alimento, lesiones y exposición a enfermedades.
En viajes marítimos de larga duración, esos riesgos aumentan. Las bodegas concentran calor, humedad, excrementos, amoníaco y animales debilitados. Cuando se producen demoras portuarias, bloqueos sanitarios, tormentas, fallas mecánicas o rechazos de desembarco, los animales quedan atrapados sin posibilidad de escape ni control efectivo.
Este punto coincide con los problemas descritos en el transporte ganadero y bienestar animal, donde el traslado puede transformarse en una etapa crítica para la salud, el comportamiento y la supervivencia del rodeo.
Riesgo ambiental y daño costero
La exportación marítima de animales vivos también plantea riesgos ambientales. Los barcos generan residuos diarios compuestos por orina, heces, restos de alimento y cadáveres de animales que no sobreviven a la travesía. Cuando esos desechos llegan al mar sin tratamiento adecuado, pueden aportar nitrógeno y fósforo, favorecer procesos de eutrofización, proliferación de algas y deterioro de ecosistemas costeros.
La antigüedad de muchas embarcaciones aumenta la preocupación. La nota original recuerda que más del 80% de estos buques supera los 40 años de antigüedad, lo que incrementa los riesgos de accidentes, fallas estructurales y contaminación asociada al uso de combustibles pesados.
A esos impactos se suman emisiones atmosféricas, ruido submarino, posibles brotes sanitarios y riesgos para la tripulación. En caso de naufragios o mortandades masivas, los cadáveres acumulados en el mar o en la costa pueden convertirse en focos infecciosos y afectar a comunidades locales, fauna marina y actividades económicas costeras.
Una tendencia internacional restrictiva
Mientras Argentina reabrió la posibilidad de exportar ganado vivo para faena, varios países avanzaron en sentido contrario. Nueva Zelanda prohibió totalmente la exportación marítima de animales vivos en abril de 2023. Reino Unido sancionó en mayo de 2024 una prohibición para exportaciones destinadas a engorde y sacrificio.
Australia aprobó el fin de la exportación marítima de ovejas para 2028. Luxemburgo restringió estos envíos fuera de la Unión Europea en 2022, y Alemania también endureció su posición frente a traslados hacia países donde no puede garantizarse el cumplimiento de estándares de bienestar animal.
En Brasil, un fallo de la justicia federal reconoció la crueldad del sistema y abrió una batalla legal sobre la posibilidad de prohibir embarques de ganado en pie en sus puertos. El contraste internacional alimenta el reclamo de quienes sostienen que Argentina estaría retomando una práctica que otros mercados están dejando atrás.
Comercio exterior y modelo ganadero
El debate argentino también obliga a preguntarse qué tipo de inserción internacional busca la ganadería. Exportar animales vivos puede generar operaciones puntuales, pero también implica ceder valor agregado que podría quedar en frigoríficos, empleo industrial, procesamiento, cortes, certificaciones y marcas de origen.
La cadena cárnica argentina ya participa del comercio internacional con carne procesada y con mercados exigentes. En 2026, el país mostró señales de recuperación en ventas externas de carne vacuna, con mayor volumen y mejores precios. Ese desempeño fue analizado en relación con el rebote exportador de carne vacuna, donde el valor agregado y los destinos externos ocupan un lugar central.
También existen modelos que buscan diferenciar la carne por manejo, trazabilidad, bienestar animal y atributos ambientales. La discusión sobre carne diferenciada con manejo holístico muestra que la competitividad ganadera puede construirse por calidad, certificación y confianza, no únicamente por vender animales vivos a terceros países.
Sanidad, trazabilidad y responsabilidad pública
El transporte internacional de ganado vivo exige una coordinación sanitaria estricta. Cualquier demora, sospecha de enfermedad, rechazo documental o bloqueo portuario puede transformar una operación comercial en una crisis veterinaria y logística.
El SENASA reconoció en 2025 la ausencia de exportaciones concretadas tras la derogación y la necesidad de marcos normativos específicos para el bienestar animal en el transporte marítimo. Ese dato muestra que la reapertura legal de la actividad no resuelve por sí sola los requisitos operativos, sanitarios y de control.
La trazabilidad, las inspecciones veterinarias, los protocolos de carga, el monitoreo durante el viaje y las garantías en destino serían condiciones mínimas para cualquier discusión seria. Sin esos elementos, la exportación de animales vivos queda expuesta a cuestionamientos éticos, jurídicos, sanitarios y ambientales.
Un debate que excede al comercio
La reapertura de la exportación de ganado en pie en Argentina no puede analizarse únicamente como una medida de desregulación económica. La práctica involucra animales vivos, transporte de larga distancia, riesgo ambiental, posibles daños costeros, salud pública, jurisprudencia sobre maltrato y una tendencia internacional cada vez más restrictiva.
El proyecto legislativo que busca prohibir nuevamente la actividad intenta llevar esa discusión al Congreso. Su planteo central es que el comercio exterior no debería habilitar formas de transporte que generen sufrimiento innecesario ni expongan al país a conflictos sanitarios, ambientales y legales.
Para la ganadería argentina, el fondo del asunto es estratégico: definir si el futuro exportador debe apoyarse en animales vivos trasladados largas distancias o en carne procesada, trazable, con valor agregado y estándares capaces de responder a las nuevas exigencias de los mercados y de la sociedad.
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