Investigadores de la Universidad de Queensland proponen una estrategia gradual para acelerar el desarrollo de variedades capaces de soportar temperaturas elevadas, un problema que afecta la floración, la formación de vainas y el llenado del grano.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
El aumento de las temperaturas durante las etapas decisivas del cultivo de garbanzo representa una amenaza para los rendimientos agrícolas en Australia. Ante este problema, investigadores de la Universidad de Queensland han presentado una propuesta científica para acelerar el desarrollo de variedades mejor adaptadas al calor, mediante una estrategia que combina la evaluación de características agronómicas con herramientas avanzadas de investigación vegetal.
El trabajo, difundido el 15 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica Food and Energy Security, fue desarrollado por un equipo en el que participa el investigador doctoral Callum Jamie, de la Queensland Alliance for Agriculture and Food Innovation (QAAFI).
La investigación identifica las principales dificultades que han limitado el aprovechamiento de nuevas herramientas científicas para mejorar la tolerancia térmica del garbanzo y propone una forma progresiva de incorporarlas a los programas de mejoramiento.
Su importancia para los productores reside en un problema concreto: cuando las temperaturas aumentan durante la floración y la formación del grano, las plantas pueden perder flores y vainas, reducir la viabilidad del polen y completar de manera deficiente el llenado de las semillas.
Estas alteraciones comprometen componentes esenciales de la cosecha y explican por qué el desarrollo de variedades adaptadas a condiciones más cálidas se ha convertido en una prioridad para determinadas regiones productoras australianas.
El calor afecta directamente la formación de flores y vainas
El garbanzo (Cicer arietinum) es una leguminosa cultivada por sus semillas, utilizadas ampliamente en la alimentación humana y comercializadas en distintos mercados internacionales.
Aunque puede desarrollarse en ambientes relativamente secos, su comportamiento frente a temperaturas elevadas depende de la variedad, la intensidad del calor y el momento del ciclo en que ocurre el episodio.
La doctora Millicent Smith, responsable del proyecto de investigación, explicó que el estrés térmico puede provocar consecuencias graves sobre el rendimiento debido a la pérdida de flores y vainas, la disminución de la viabilidad del polen y las dificultades para completar el llenado del grano.
Durante la floración, las plantas necesitan mantener procesos reproductivos que permiten la fecundación y el desarrollo posterior de las semillas.
Cuando las temperaturas superan la capacidad de tolerancia de una variedad, esos procesos pueden alterarse y reducir el número de vainas que llegan a desarrollarse.
Si el calor se presenta posteriormente, durante el llenado del grano, también puede afectar la acumulación de materia seca y limitar el peso final de las semillas.
Esta sensibilidad reproductiva explica por qué la resistencia al calor no puede evaluarse únicamente observando si una planta permanece verde o sobrevive a un episodio de altas temperaturas.
La cuestión fundamental para el agricultor es si la variedad consigue conservar una producción comercialmente aprovechable después de atravesar condiciones térmicas desfavorables.
Las siembras tardías presentan mayores riesgos en Australia
La investigación presta especial atención a las regiones productoras del sur de Queensland y el norte de Nueva Gales del Sur, donde las condiciones climáticas pueden exponer al garbanzo a temperaturas elevadas durante su desarrollo.
Según Smith, los cultivos sembrados tardíamente se encuentran entre los más expuestos al estrés térmico en buena parte de estas áreas agrícolas.
El problema aparece cuando el calendario de siembra desplaza etapas sensibles, como la floración y el desarrollo de las vainas, hacia períodos de mayor temperatura.
Una planta puede establecerse adecuadamente durante las primeras fases del cultivo y, sin embargo, encontrar condiciones desfavorables cuando comienza a definir su rendimiento.
Por ello, la fecha de siembra constituye una variable agronómica importante, aunque su efecto depende de las condiciones locales, la disponibilidad de humedad y las características de cada variedad.
El trabajo australiano no establece una nueva fecha universal de siembra ni recomienda modificar de manera inmediata los calendarios utilizados por los productores.
Su objetivo es contribuir al desarrollo de materiales vegetales capaces de mantener un comportamiento productivo más favorable cuando las temperaturas aumentan.
La importancia del problema también se observa en otros cultivos. Investigaciones sobre las pérdidas de rendimiento del trigo durante las olas de calor han demostrado que el momento del estrés térmico modifica los componentes de la cosecha afectados.
En el garbanzo, los investigadores australianos buscan comprender mejor las características que permiten conservar flores, vainas y semillas bajo condiciones de calor.
La diversidad limitada dificulta obtener variedades resistentes
Uno de los obstáculos identificados por Callum Jamie es la reducida diversidad genética disponible en determinados materiales comerciales utilizados por los programas de mejoramiento del garbanzo.
Esta limitación puede dificultar la selección convencional de plantas con mayor tolerancia a condiciones ambientales desfavorables.
Cuando las variedades disponibles comparten características genéticas semejantes, resulta más complicado encontrar diferencias suficientemente amplias para avanzar mediante cruzamientos y selección.
La investigación plantea que las nuevas herramientas de análisis pueden ayudar a comprender mejor los mecanismos responsables de la adaptación térmica.
Sin embargo, el equipo reconoce que disponer de una gran cantidad de información biológica no garantiza automáticamente la obtención de variedades superiores.
El desafío consiste en identificar qué características están relacionadas de manera útil con el rendimiento y cuáles pueden aprovecharse realmente dentro de un programa de mejoramiento.
Los trabajos sobre la variabilidad natural del garbanzo frente a la sequía ya habían mostrado que diferentes materiales vegetales pueden responder de manera distinta a condiciones ambientales adversas.
La nueva investigación se concentra específicamente en las oportunidades y limitaciones de integrar información científica para mejorar la adaptación a temperaturas elevadas.
Una estrategia gradual para seleccionar mejores plantas
La principal propuesta del equipo consiste en adoptar un procedimiento escalonado que permita aprovechar las herramientas disponibles sin depender desde el principio de análisis complejos y costosos.
La primera etapa combinaría la predicción genómica con la evaluación de características observables de las plantas, un procedimiento conocido como fenotipado.
En términos agronómicos, esto significa relacionar información de las plantas con características relevantes para el cultivo, como su comportamiento durante la floración, la formación de vainas y el desarrollo del grano.
Posteriormente podrían incorporarse otras capas de información biológica, siempre que aporten beneficios demostrables para la selección de materiales y que sus costos permitan utilizarlas de manera práctica.
Entre las herramientas examinadas por los investigadores se encuentran la genómica, la epigenómica, la transcriptómica, la proteómica, la metabolómica, la fenómica y la enviromía.
Estas disciplinas permiten estudiar diferentes dimensiones del funcionamiento vegetal, desde la actividad de los genes hasta la producción de proteínas, los procesos metabólicos y la influencia del ambiente.
Sin embargo, Jamie advierte que todavía existen interrogantes sobre qué información añade realmente valor a los programas de mejoramiento y cómo integrar los resultados de manera eficiente.
Por esa razón, la propuesta no consiste en utilizar simultáneamente todas las herramientas disponibles, sino en incorporarlas progresivamente a medida que se resuelvan las limitaciones técnicas y económicas.
Los investigadores identifican obstáculos para llevar los resultados al campo
El estudio señala que buena parte de las investigaciones anteriores se ha concentrado en conjuntos reducidos de información, pocos genotipos o tejidos específicos de las plantas.
Estas condiciones pueden limitar la capacidad de trasladar los resultados a poblaciones amplias utilizadas en programas comerciales de mejoramiento.
También existen dificultades relacionadas con el costo de los análisis, la posibilidad de aplicarlos a gran escala y la integración de información obtenida mediante métodos diferentes.
Para los productores, estas limitaciones son importantes porque una característica prometedora identificada en una investigación no necesariamente se traduce en una variedad capaz de ofrecer rendimientos superiores en condiciones agrícolas reales.
El comportamiento productivo debe evaluarse en ambientes representativos, considerando las diferencias entre temporadas, regiones y sistemas de cultivo.
Además, una variedad destinada a regiones cálidas necesita mantener otras características agronómicas y comerciales, como un desarrollo adecuado, resistencia a enfermedades y calidad de grano.
El trabajo de la Universidad de Queensland no presenta una nueva variedad comercial ni comunica un incremento experimental específico de rendimiento.
Se trata de una propuesta científica destinada a orientar y acelerar futuras investigaciones, no de la demostración de que un material vegetal determinado ya haya superado a las variedades utilizadas actualmente.
La resistencia al calor y la tolerancia a la sequía son desafíos diferentes
En muchas regiones agrícolas, las temperaturas elevadas coinciden con períodos de escasez de agua. Sin embargo, el estrés térmico y el estrés hídrico no son exactamente el mismo problema.
Una planta puede experimentar dificultades por temperaturas excesivas incluso cuando dispone de humedad suficiente en el suelo.
Del mismo modo, un cultivo puede sufrir falta de agua sin estar expuesto necesariamente a temperaturas extremas.
Esta distinción resulta relevante para el garbanzo, porque el riego puede ayudar a reducir determinadas limitaciones hídricas, pero no garantiza por sí solo que el polen, las flores y las vainas soporten episodios de calor intenso.
Investigaciones sobre la evaluación del estado hídrico del garbanzo han explorado procedimientos para mejorar las decisiones de riego y comprender la respuesta de las plantas a la disponibilidad de agua.
La propuesta australiana aborda otra dimensión del manejo productivo: desarrollar variedades con características que les permitan responder mejor a las temperaturas elevadas.
Ambas líneas de investigación pueden resultar complementarias, aunque requieren evaluaciones específicas antes de establecer recomendaciones de manejo.
El rendimiento del garbanzo dependerá de variedades adaptadas
La búsqueda de materiales tolerantes al calor adquiere relevancia en un contexto de creciente variabilidad climática y de exposición de los cultivos a episodios de temperaturas elevadas.
Para Australia, mantener la productividad del garbanzo representa un objetivo económico importante, especialmente en regiones donde esta leguminosa forma parte de las rotaciones agrícolas.
El cultivo también cumple una función agronómica dentro de sistemas que alternan cereales y leguminosas, gracias a su capacidad de establecer asociaciones con bacterias fijadoras de nitrógeno.
Sin embargo, esos beneficios no eliminan la necesidad de conseguir rendimientos suficientes para mantener la rentabilidad de las explotaciones.
La investigación de Queensland pretende contribuir a ese objetivo mediante una selección vegetal más informada, capaz de identificar características relacionadas con la adaptación térmica.
Los investigadores consideran que la incorporación gradual de herramientas científicas podría mejorar la eficiencia de los programas de mejoramiento, pero reconocen que todavía es necesario determinar cuáles ofrecen ventajas concretas y cómo deben combinarse.
El siguiente desafío será trasladar ese conocimiento a procesos de selección y evaluación que permitan obtener variedades con un comportamiento productivo comprobado bajo temperaturas elevadas.
Por ahora, el resultado verificable es una estrategia de investigación publicada en una revista científica, no una nueva semilla disponible para los agricultores.
Su aportación consiste en establecer un camino para estudiar de manera más completa la tolerancia al calor y facilitar el desarrollo futuro de garbanzos capaces de conservar su potencial de cosecha en ambientes agrícolas cada vez más exigentes.
Fuentes referenciales:
Food and Energy Security — The Multi-Omics Opportunity to Improve Heat Adaptation in Chickpea, Callum Jamie y colaboradores, 2026
Universidad de Queensland — Turning up the heat on chickpea yield, 15 de octubre de 2026


