Agricultura

Las olas de calor tempranas causan mayores pérdidas en el trigo

Publicado el 20/09/2026 · REDACCION

Ensayos de campo de la Universidad de Lleida muestran que el cereal es especialmente vulnerable antes de la floración, aunque un primer episodio térmico puede activar una respuesta protectora frente a un segundo evento


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.

Las olas de calor que afectan al trigo antes de la floración pueden provocar pérdidas de rendimiento mayores que los episodios registrados posteriormente, según una investigación de la Universidad de Lleida, en Cataluña, España. Los experimentos también detectaron un efecto inesperado: las plantas sometidas a un primer episodio de calor mostraron una menor pérdida adicional cuando posteriormente afrontaron una segunda ola durante la misma temporada.

El trabajo, publicado en el Journal of Experimental Botany, analizó conjuntamente la intensidad, la frecuencia y el momento en que se producen las olas de calor respecto de la floración. Los resultados indican que evaluar únicamente la temperatura máxima no basta para estimar el daño: la etapa de desarrollo en la que ocurre el estrés térmico puede ser determinante para la cosecha final.

El trigo resulta más vulnerable antes de la floración

El equipo realizó experimentos de campo durante dos temporadas de cultivo con dos variedades modernas de trigo que presentan estrategias diferentes para construir su rendimiento. A pesar de esas diferencias, ambas respondieron de manera similar a los tratamientos térmicos aplicados por los investigadores.

Para reproducir las olas de calor, el trigo fue cultivado temporalmente dentro de estructuras transparentes que elevaban la temperatura mediante un efecto invernadero. Los científicos estandarizaron la carga térmica aplicada antes y después de la floración, lo que permitió comparar las consecuencias de episodios ocurridos en diferentes momentos del ciclo.

La investigación aporta nuevos elementos a un problema ya observado en sistemas agrícolas europeos. Un análisis de más de 35 años publicado recientemente mostró que el calentamiento y la sequedad están reduciendo el rendimiento del trigo en regiones de Alemania, pese a los avances obtenidos mediante el mejoramiento y el manejo agronómico.

El calor temprano reduce principalmente el número de granos

Los experimentos permitieron distinguir dos tipos de daño. Cuando la ola de calor se produjo antes de la floración, disminuyó principalmente el número de granos que posteriormente podía producir el cultivo. En cambio, el estrés térmico posterior a la floración afectó sobre todo el peso alcanzado por esos granos.

Esta diferencia ayuda a explicar por qué el momento del episodio extremo modifica su impacto sobre el rendimiento. Durante las etapas reproductivas tempranas se están definiendo componentes fundamentales de la cosecha, por lo que una alteración térmica en ese periodo puede limitar desde el principio la cantidad de grano disponible al final del ciclo.

La vulnerabilidad del trigo frente a temperaturas elevadas no se limita al calor diurno. Investigaciones anteriores han encontrado que el aumento de las temperaturas nocturnas también puede reducir el rendimiento del trigo, incluso en variedades seleccionadas previamente por su tolerancia al calor durante el día.

Una primera ola de calor puede preparar a la planta

El resultado más llamativo apareció cuando el trigo experimentó dos olas de calor sucesivas. Las plantas sometidas a un episodio antes de la floración parecieron quedar parcialmente preparadas para afrontar un segundo episodio después de esa etapa, reduciendo el impacto adicional respecto de plantas que solamente sufrieron el calor tardío.

Los investigadores describen este fenómeno como un efecto de “priming” o preparación fisiológica. Una primera exposición al estrés puede desencadenar respuestas protectoras que permanecen parcialmente activas y permiten que la planta reaccione de forma diferente cuando vuelve a enfrentarse a condiciones adversas.

Gustavo Slafer, coautor del estudio, indicó que se trata, hasta donde conoce el equipo, de la primera evidencia de esta interacción antagónica entre olas de calor sucesivas observada en cultivos desarrollados en condiciones de campo. El resultado no significa que la primera ola resulte beneficiosa para la producción: ese episodio ya reduce el rendimiento, especialmente al disminuir el número de granos.

La adaptación debe concentrarse en las etapas reproductivas sensibles

Los hallazgos refuerzan la importancia de proteger el trigo durante los periodos en los que se determina el número de granos, particularmente alrededor de la floración. Para los investigadores, las medidas de adaptación serán más eficaces cuando consigan reducir la exposición del cultivo durante sus etapas reproductivas más sensibles.

La selección varietal constituye una de las líneas disponibles para afrontar ese desafío. Décadas de mejoramiento han incrementado la tolerancia al estrés, aunque un clima más cálido y errático también dificulta la selección de líneas de trigo ampliamente adaptadas y de alto rendimiento.

El manejo del agua puede aportar otra herramienta cuando la disponibilidad hídrica y la infraestructura lo permiten. Experiencias en regiones secas han mostrado que el riego suplementario combinado con variedades adecuadas y ajustes en la fecha de siembra puede fortalecer la producción de trigo frente a condiciones climáticas desfavorables.

Las olas de calor sucesivas complican las previsiones de rendimiento

Uno de los aportes del estudio es demostrar que dos episodios térmicos no necesariamente producen daños que puedan calcularse simplemente sumando el efecto de cada uno por separado. La respuesta a una segunda ola puede estar condicionada por lo que ocurrió anteriormente durante el desarrollo de la planta.

Esta interacción tiene implicaciones para los modelos utilizados para estimar rendimientos bajo escenarios climáticos futuros. Si las olas de calor se vuelven más frecuentes, intensas o prolongadas, será necesario considerar no solamente cuántos episodios ocurren, sino su secuencia y su coincidencia con las diferentes fases fenológicas del trigo.

La sensibilidad del mercado a estos fenómenos ya se observa cuando las temperaturas extremas amenazan las cosechas. Durante el verano de 2026, una fuerte ola de calor en Europa elevó la preocupación por el rendimiento y la calidad del trigo y otros cereales, provocando movimientos en las cotizaciones ante el riesgo climático.

Los resultados podrían ser relevantes para otros cereales

Los investigadores consideran que la respuesta observada podría no ser exclusiva del trigo. Cereales de clima templado como cebada, avena y centeno podrían presentar interacciones comparables frente a episodios térmicos sucesivos, aunque los umbrales de temperatura y la sensibilidad de cada fase del desarrollo pueden variar entre especies.

El estudio tampoco implica que una exposición temprana al calor deba utilizarse deliberadamente como tratamiento agronómico. Los propios resultados muestran que el primer episodio reduce la producción potencial. Su importancia reside en revelar que la historia térmica del cultivo modifica la respuesta posterior y debe incorporarse a la evaluación del riesgo.

Para los productores, mejoradores y responsables de modelos agrícolas, distinguir entre calor previo y posterior a la floración puede mejorar la interpretación de las pérdidas y ayudar a identificar las ventanas del ciclo en las que las medidas de adaptación tienen mayor valor. En un escenario con eventos extremos más frecuentes, el calendario de las olas de calor puede resultar tan importante como su intensidad para anticipar el comportamiento del trigo.

Fuente referencial:
Phys.org



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