El país africano adapta su cadena productiva a las reglas contra la deforestación, mientras los pequeños agricultores afrontan precios insuficientes y nuevos costos operativos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Ghana avanza en la preparación de su cadena de cacao para cumplir el Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación, conocido como EUDR. La adaptación busca conservar el acceso a uno de sus principales mercados, pero coincide con una pérdida de rentabilidad que amenaza la continuidad de miles de pequeños productores.
La normativa exige que el cacao comercializado en el bloque europeo pueda rastrearse hasta su lugar de producción y que no proceda de terrenos deforestados después del 31 de diciembre de 2020. Las empresas responsables de introducirlo en el mercado deberán presentar información suficiente para demostrar que el producto cumple esos requisitos.
Ghana ha desarrollado un sistema de trazabilidad y georreferenciación para identificar fincas, agricultores y movimientos del grano. Sin embargo, disponer de información sobre el origen resuelve solo una parte del desafío: los productores necesitan ingresos suficientes para mantener las plantaciones, aplicar las nuevas prácticas y evitar que otras actividades más rentables ocupen el territorio.
La regulación europea comenzará a aplicarse a finales de 2026
El EUDR incluye cacao, café, ganado bovino, soja, palma aceitera, caucho, madera y una serie de productos derivados. Su finalidad es impedir que el consumo europeo contribuya a la deforestación o degradación de bosques en los países proveedores.
Las obligaciones principales entrarán en aplicación el 30 de diciembre de 2026 para los operadores grandes y medianos. La mayoría de las microempresas y pequeñas empresas dispondrán hasta el 30 de junio de 2027, según el calendario actualizado por la Comisión Europea.
El producto deberá estar libre de deforestación, haberse elaborado de acuerdo con la legislación del país de origen y estar respaldado por una declaración de diligencia debida. Las empresas tendrán que evaluar el riesgo de incumplimiento antes de colocar el cacao o sus derivados en el mercado europeo.
Las nuevas reglas europeas están reconfigurando el comercio de café y cacao porque convierten la ubicación exacta de las parcelas y la separación física de las cosechas en componentes comerciales esenciales.
La trazabilidad comienza en cada pequeña finca
Aunque la obligación jurídica principal recae sobre los operadores que introducen el producto en la Unión Europea, la información debe generarse desde el origen. Cada lote necesita quedar vinculado con las parcelas donde se cultivó el cacao.
El sistema ghanés registra productores y fincas para seguir el grano durante su recorrido por la cadena. Los datos de geolocalización permiten comparar las áreas productivas con imágenes y mapas de cobertura forestal, mientras los registros de compra ayudan a conservar la identidad del cacao durante el acopio y la comercialización.
La precisión cartográfica resulta determinante. Una delimitación incorrecta puede clasificar una explotación legítima como ubicada dentro de un bosque o atribuirle una transformación territorial que no ocurrió. Las mejoras en los sistemas de mapeo de fincas de café y cacao buscan reducir ese riesgo para los pequeños productores.
El proceso también exige impedir que se mezclen granos verificables con cacao de procedencia desconocida. Eso puede obligar a separar entregas, almacenar partidas de forma diferenciada y mantener registros durante la fermentación, el secado, el transporte y la venta.
Los agricultores asumen nuevas tareas sin mejorar sus márgenes
La adecuación regulatoria introduce labores que no siempre son remuneradas de manera directa. Separar cosechas, adaptar los procesos de fermentación, conservar registros y facilitar inspecciones requiere tiempo, formación e infraestructura.
En las comunidades productoras visitadas por El País, los ingresos medios se situaban alrededor de 175 euros mensuales. Esa referencia refleja la distancia entre el valor generado por la cadena internacional del chocolate y los recursos que finalmente llegan a numerosos agricultores.
El precio de compra en Ghana está regulado y no sigue automáticamente cada subida del mercado mundial. En febrero de 2026, el Gobierno redujo el precio en finca hasta aproximadamente 41.392 cedis por tonelada para el resto de la campaña 2025-2026, después de una fuerte caída de las cotizaciones internacionales y de dificultades para colocar el cacao ghanés.
La referencia de ingreso digno calculada posteriormente por Fairtrade para Ghana se ubicó en 45,40 cedis por kilogramo, aproximadamente un 10 % por encima del precio regulado de 41,40 cedis. La comparación no significa que todos los agricultores necesiten exactamente la misma cantidad, pero muestra que el precio oficial permanece por debajo del nivel estimado para sostener un ingreso vital.
La volatilidad internacional no se traduce en estabilidad rural
Los futuros del cacao superaron los 12.000 dólares por tonelada durante el máximo de 2024 y posteriormente descendieron hasta niveles cercanos a 4.000 dólares. Esa oscilación afectó a compradores, procesadores y gobiernos productores, pero los hogares rurales continuaron expuestos a ingresos bajos e irregulares.
Ghana fija el precio pagado al agricultor para amortiguar parte de la volatilidad. Sin embargo, cuando el precio interno queda por encima de las cotizaciones que los compradores están dispuestos a asumir, pueden surgir dificultades de financiación, acumulación de existencias y retrasos en los pagos.
Durante 2026, compradores autorizados informaron problemas para disponer del capital necesario, mientras algunos agricultores denunciaron que seguían esperando el dinero correspondiente al cacao entregado. La falta de liquidez reduce la capacidad para pagar mano de obra, renovar árboles y adquirir insumos.
La situación forma parte de una transformación del mercado mundial del cacao marcada por cosechas variables, precios inestables, costos industriales y una distribución desigual del valor.
La minería ilegal compite con el cultivo de cacao
La baja rentabilidad está influyendo en las decisiones de las familias productoras. Parte de los jóvenes no percibe el cacao como una actividad capaz de ofrecerles ingresos suficientes y busca oportunidades en otros sectores.
En Ghana, la minería ilegal de oro se ha convertido en una alternativa de corto plazo para trabajadores y propietarios de tierras. La actividad puede ofrecer pagos inmediatos, pero también degrada suelos, contamina cursos de agua y destruye superficies agrícolas.
Este desplazamiento introduce una contradicción para la política forestal. Europa exige que el cacao no esté relacionado con la deforestación, mientras la falta de rentabilidad puede acelerar el abandono de plantaciones y favorecer usos del suelo con impactos ambientales más intensos.
El cacao dejó de ser el único factor bajo observación en la pérdida de bosques de Ghana. La expansión de la minería ilegal ha adquirido un peso creciente, por lo que proteger las plantaciones existentes también requiere ofrecer alternativas económicas viables a sus propietarios.
El cambio climático añade presión sobre la producción
Las fincas ghanesas también afrontan temperaturas más altas, modificaciones en las lluvias, enfermedades y envejecimiento de los árboles. Estos factores pueden reducir el rendimiento y aumentar el costo por kilogramo producido.
Una investigación sobre el impacto climático en el cacao de África occidental y central proyectó cambios en las zonas adecuadas para el cultivo y advirtió que la búsqueda de nuevas áreas productivas podría incrementar la presión sobre los bosques.
La respuesta no puede limitarse a trasladar las plantaciones. Mejorar la productividad de las fincas existentes, renovar árboles, manejar la sombra y conservar humedad puede ayudar a sostener la producción sin ampliar la frontera agrícola.
La agroforestería ofrece una vía posible cuando se seleccionan especies compatibles con el cacao. Los árboles de sombra pueden moderar la temperatura, proteger el suelo y aportar productos adicionales, aunque también deben manejarse para evitar una competencia excesiva por el agua.
El costo del cumplimiento necesita distribuirse en la cadena
Empresas compradoras, organizaciones internacionales y la Unión Europea han financiado parte de la adaptación mediante formación, registro de fincas y sistemas de trazabilidad. Ese respaldo facilita el cumplimiento técnico, pero no sustituye un precio que cubra los costos de producción y proporcione un ingreso suficiente.
Si las exigencias ambientales se financian principalmente con el trabajo de agricultores empobrecidos, el sistema puede certificar el origen del grano sin corregir las condiciones que favorecen el abandono de las plantaciones. La sostenibilidad ambiental y la económica necesitan avanzar juntas.
Los compradores pueden contribuir mediante primas verificables, contratos más estables, asistencia agronómica e inversión en infraestructura de acopio. También resulta necesario aclarar quién paga los costos de segregación, digitalización, auditoría y corrección de datos.
La diversificación constituye otra opción para reducir la dependencia de una sola cosecha. El aprovechamiento de más componentes del fruto ofrece posibilidades para crear productos adicionales y ampliar los ingresos de los cacaocultores, aunque requiere mercados, instalaciones y capacitación.
Ghana necesita conservar el mercado sin perder productores
El cumplimiento del EUDR es estratégico para Ghana porque Europa representa un destino esencial para su cacao. Perder compradores por falta de trazabilidad tendría consecuencias para las exportaciones, los ingresos públicos y cientos de miles de hogares rurales.
El sistema nacional de registro proporciona una base para demostrar el origen del grano, pero deberá funcionar de manera consistente desde la finca hasta el embarque. Los errores cartográficos, las mezclas de partidas y la información incompleta pueden bloquear operaciones aun cuando el agricultor no haya deforestado.
El desafío previo a diciembre de 2026 consiste en convertir la infraestructura de trazabilidad en un mecanismo operativo y accesible. Al mismo tiempo, las políticas de precios y financiación tendrán que evitar que producir cacao verificable resulte económicamente inviable.
La regulación europea puede reducir el riesgo de que el consumo impulse la tala de bosques, pero su impacto dependerá de las condiciones de aplicación. En Ghana, proteger el bosque también exige que las familias encargadas de cultivar el cacao puedan vivir de su trabajo y conservar sus fincas frente a actividades económicas más destructivas.
Fuentes referenciales:
El País
Comisión Europea: Reglamento sobre productos libres de deforestación
Fairtrade International
Reuters

