La campaña 2025/26 alcanzó 2,8 millones de hectáreas, con demanda firme desde mercados de Oriente, márgenes atractivos y un nuevo congreso técnico en Trenque Lauquen
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El girasol atraviesa uno de sus momentos más fuertes dentro del campo argentino. Después de años en los que quedó relegado frente a otros cultivos extensivos, la oleaginosa volvió a ocupar un lugar destacado en las rotaciones y en la agenda técnica del sector. La campaña 2025/26 alcanzó una superficie récord de 2,8 millones de hectáreas a nivel nacional, una cifra que confirma el renovado interés de productores, semilleros, asesores e investigadores.
El crecimiento no aparece aislado. La demanda internacional continúa siendo un factor clave, con mercados de Oriente que sostienen el interés por el cultivo y aportan firmeza a los precios. Ese escenario, combinado con márgenes atractivos y genética más adaptada a distintos ambientes, fortaleció la competitividad del girasol dentro del sistema productivo argentino.
En este contexto, el próximo 11 de junio se realizará en la Sociedad Rural de Trenque Lauquen la segunda edición del Congreso Nacional PURO GIRASOL 2026, un encuentro que busca reunir a referentes técnicos, productores, investigadores, semilleros y asesores para analizar el presente y el futuro de una cadena que todavía tiene espacio para seguir creciendo.
Una campaña récord que reposiciona al cultivo
La campaña 2025/26 marcó un punto alto para el girasol argentino. Con 2,8 millones de hectáreas sembradas, el cultivo se consolidó como una alternativa competitiva dentro de la agricultura extensiva, especialmente en zonas donde la diversificación de rotaciones se volvió una necesidad productiva y económica.
Regiones como el NEA y el norte de Santa Fe volvieron a consolidarse como protagonistas, con más de 400.000 hectáreas y rendimientos destacados favorecidos por condiciones climáticas favorables. También el oeste y el sudoeste bonaerense aparecen como zonas clave dentro de esta nueva etapa, lo que explica la elección de Trenque Lauquen como sede del encuentro técnico.
El avance del girasol en Argentina forma parte de una dinámica más amplia de recuperación productiva. En los últimos meses, el cultivo ya venía mostrando señales de expansión en regiones no tradicionales, como se observó en el análisis sobre cómo el girasol redefine el mapa agrícola argentino y vuelve a disputar espacio dentro de los planteos extensivos.
La demanda externa sostiene precios e interés productivo
Uno de los motores centrales del momento girasolero es la demanda internacional. Los mercados de Oriente mantienen interés por el cultivo y ayudan a sostener precios, en un escenario donde la oleaginosa argentina gana visibilidad frente a cambios productivos y comerciales en otras regiones del mundo.
Para el productor, esa demanda mejora la lectura económica del cultivo. El girasol aparece como una alternativa con márgenes atractivos, capaz de integrarse en rotaciones donde otros cultivos enfrentan mayores costos, incertidumbre climática o presión comercial. La combinación entre precio, menor requerimiento relativo de insumos y adaptación a ambientes diversos vuelve a ponerlo en conversación.
Este reposicionamiento también se relaciona con el comportamiento del mercado global de aceites y oleaginosas. La competencia entre soja, colza, girasol y otros cultivos energéticos o industriales sigue muy ligada a la demanda alimentaria, a la disponibilidad internacional y a las decisiones geopolíticas que influyen sobre los flujos comerciales. En ese tablero, la Argentina encuentra una oportunidad para fortalecer una cadena que había perdido superficie en etapas anteriores.
Genética, manejo y regiones nuevas
El crecimiento del girasol no depende únicamente del precio. La genética más adaptada a distintos ambientes permitió que el cultivo gane estabilidad y vuelva a zonas donde antes había retrocedido. Para muchos productores, esa mejora reduce el riesgo y permite pensar el girasol no como una apuesta marginal, sino como una herramienta productiva dentro de la planificación agrícola.
El desafío ahora es sostener rendimientos y mejorar decisiones de manejo. La elección de híbridos, la fecha de siembra, el control de malezas, la nutrición y la protección frente a plagas o enfermedades seguirán siendo factores determinantes para que el crecimiento de superficie se traduzca en productividad estable.
La innovación genética también aparece como un frente estratégico. Investigaciones recientes sobre mejoramiento del girasol muestran que la ciencia sigue buscando vías para acelerar el desarrollo de materiales más eficientes, una necesidad clave cuando el cultivo se expande hacia ambientes más variados.
PURO GIRASOL 2026 como punto de encuentro de la cadena
El Congreso Nacional PURO GIRASOL 2026 llega en un momento de expansión. Su segunda edición se realizará el 11 de junio en la Sociedad Rural de Trenque Lauquen, con el objetivo de potenciar las capacidades del cultivo más allá de sus fronteras tradicionales.
La agenda del encuentro estará enfocada en abordar el girasol desde una mirada integral: manejo agronómico, mercados globales, coyuntura económica, genética, productividad y oportunidades regionales. La propuesta busca funcionar como un espacio colaborativo para conectar a investigadores, técnicos, productores, semilleros y asesores.
La elección de Trenque Lauquen responde al crecimiento del cultivo en el oeste y sudoeste de Buenos Aires, regiones donde el girasol volvió a ganar relevancia. Allí, la demanda de información técnica creció junto con el interés de productores que buscan diversificar sus planteos y capturar mejores oportunidades comerciales.
Más que superficie: una oportunidad de cadena
El aumento de hectáreas es una señal fuerte, pero no alcanza por sí solo para consolidar al girasol. El cultivo necesita sostener productividad, calidad, logística, industrialización y acceso a mercados. En una cadena oleaginosa, el valor no se limita al grano: también incluye aceite, harina, comercio exterior y uso en alimentación animal.
El girasol tiene además un lugar relevante dentro de los cultivos oleaginosos por su capacidad de aportar aceite comestible y subproductos. Esa condición lo vincula con otras alternativas agrícolas que también forman parte de la estrategia productiva regional, como se observa en el análisis sobre soya y girasol como especies oleaginosas con potencial agroindustrial.
Para Argentina, el reto es convertir el buen momento en una trayectoria más estable. Si el cultivo logra mantener superficie, mejorar rindes y sostener demanda, puede dejar de ser una alternativa coyuntural para ocupar un lugar más permanente dentro de las rotaciones extensivas.
El clima y la rotación siguen definiendo el margen
El girasol es valorado por su rusticidad relativa y por su capacidad de adaptarse a ambientes donde otros cultivos pueden mostrar más limitaciones. Sin embargo, esa ventaja no elimina la necesidad de manejo preciso. La implantación, la disponibilidad hídrica, la sanidad y la cosecha siguen siendo decisivas para que el cultivo exprese su potencial.
En regiones con variabilidad climática, el girasol puede funcionar como una pieza útil dentro de una rotación más equilibrada. Pero su expansión debe ir acompañada de información local, ensayos, recomendaciones técnicas y decisiones ajustadas a cada ambiente. El crecimiento desordenado puede generar expectativas que luego no se traduzcan en resultados.
La importancia de los servicios ecosistémicos tampoco debe quedar fuera del análisis. Estudios recientes mostraron que los polinizadores pueden aumentar el rendimiento del girasol, un dato que refuerza la necesidad de mirar el cultivo no solo desde la genética y el mercado, sino también desde la biodiversidad y el manejo del paisaje.
Un cultivo con presente fuerte y futuro abierto
El girasol argentino llega a 2026 con superficie récord, regiones en expansión y una demanda externa que sostiene el interés comercial. El Congreso Nacional PURO GIRASOL 2026 aparece como una señal de madurez sectorial: la cadena busca ordenar información, discutir tecnología y proyectar crecimiento sobre bases más firmes.
La oportunidad está abierta, pero depende de sostener competitividad. El cultivo ganó protagonismo porque combinó precio, genética, demanda y adaptación. Para que ese impulso no sea pasajero, productores, técnicos e industria deberán transformar el buen momento en decisiones agronómicas y comerciales consistentes.
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