Agricultura Articulistas Oleaginosas Venezuela

Soya-Girasol, dos opciones para la agricultura venezolana


Pedro Raúl Solórzano Peraza

pedroraulsolorzano@yahoo.compedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

Soya y girasol son dos especies oleaginosas, cultivadas, que contienen concentraciones importantes de aceite comestible de muy buena calidad en sus semillas. Luego de la extracción del aceite, ambos granos, adicionalmente, dejan una excelente torta para preparar una harina muy útil en la elaboración de alimentos balanceados para animales. En esto, la soya ha sido por años insustituible, ya que tiene un alto contenido de proteína bien balanceada por su concentración de aminoácidos esenciales.

El cultivo de la soya se está arraigando en los llanos occidentales del país, y al mismo tiempo, ha continuado el interés por su siembra en regiones de comprobada adaptación como son los llanos centrales de Guárico y las sabanas orientales de Anzoátegui y Monagas.

En relación al girasol, en el país su producción ha sido cíclica durante los últimos 25 años, estando en la actualidad prácticamente en cero, especialmente durante los dos últimos años. Se ha promocionado por ser un cultivo de buenas perspectivas en regiones de errática precipitación, tales como algunos sectores de los llanos centrales, y en las sabanas orientales con suelos de baja capacidad de retención de humedad. Igualmente, se ha promocionado como segundo cultivo (salidas de aguas) en los Llanos Occidentales, todo lo cual se debe a que es una planta con un sistema radical profundo, capaz de aprovechar agua y nutrientes que escaparían a otras plantas cultivadas que tienen raíces más superficiales.

Soya y girasol son especies oleaginosas, por lo que su producción en el país vendría a contribuir en la disminución de la dependencia que tenemos de mercados externos, desde donde importamos grandes volúmenes de aceites y grasas comestibles visibles cada año.

Ambos cultivos tienen algo de historia dentro de la agricultura venezolana. Con la soya se viene insistiendo desde los años sesenta, cuando se logró una siembra comercial importante en los valles de Aroa y a partir de allí, se realizaron centenares de intentos por popularizar este cultivo, que por una variedad de razones, terminaron sin mayor éxito. Sin embargo, en los años recientes ha ocurrido un repunte con lo que han denominado La Ruta de la Soya, un movimiento organizado y llevado adelante por los propios agricultores. Ésta es una importante razón para el éxito que ha tenido, el cual comenzó en Portuguesa pero hoy se observa en Guárico, Anzoátegui, Monagas, Lara, Yaracuy y otras regiones del país.

El girasol se ha estado evaluando en diversas regiones desde principios de los años setenta por parte de dos especialistas del FONAIAP, Voinea y Mazzani. Las evaluaciones comenzaron por el estado Guárico con unas variedades de origen rumano al igual que Voinea, que sembraron de amarillo las agrestes tierras en la ruta Chaguaramas-Las Mercedes del Llano. Aquello era una novedad en una región donde solo se conocía el blanco del algodonero que sembraban algunos productores con el concurso y apoyo de las empresas textileras, y para ese entonces, el alegre tono rojizo de las panículas de sorgo granífero que comenzaba a despuntar como un cultivo ideal para esa región ganadera del país.

Posteriormente, se introdujeron materiales de USA, y cuando las evaluaciones se extienden a los llanos occidentales, también se trabaja con cultivares de origen argentino y de otros lugares. Luego de varios años, en la medida que se fueron obteniendo resultados favorables, el girasol se convirtió en una opción cierta y se comenzaron siembras comerciales que en un momento superaron las 100.000 ha anuales.

Especialmente el estado Portuguesa se convirtió en el principal productor de este grano oleaginoso, en parte porque las condiciones de sus ciclos Norte-Verano son muy favorables ya que hay humedad edáfica suficiente cuando la planta de girasol la requiere en sus etapas de rápido crecimiento, un ambiente poco propicio para enfermedades foliares y un período seco para el momento de la maduración del grano y la recolección, lo cual es muy conveniente. Quizás esta región del país sea la mejor para este cultivo, aunque no hay que descuidar otras donde se pueda cultivar girasol con bastante éxito.

Con la disponibilidad actual de nuevos cultivares de soya, se ha logrado tener buenos resultados en casi todo el país con siembras de secano (sembrando desde el mes de mayo hasta julio), y en los llanos occidentales en particular en lo que han llamado siembras agosteras y en siembras de Norte-Verano. De esta manera, la soya se convierte en un cultivo adecuado para rotaciones, en algunos casos de un año para otro por todo el país, y en otros casos el mismo año en sitios como algunos sectores de Monagas y los llanos occidentales, que tienen un marcado ciclo de Norte-Verano, donde la soya puede ser el cultivo principal de secano o puede ser el cultivo complementario de Norte-Verano.

En esos ciclos denominados Norte-Verano, tanto girasol como soya se siembran como segundo cultivo o cultivo complementario. Esto significa que después del cultivo principal que ocupa el primer pico de las lluvias, el cual puede ser maíz o arroz, se viene la siembra de la oleaginosa.  En estas condiciones, este segundo cultivo puede aprovechar el efecto residual de los fertilizantes fosfáticos y potásicos aplicados al cultivo principal, disminuyendo los costos de producción por concepto de fertilizantes.

Basados sobre todo el conocimiento que se tiene de estos dos cultivos, y la necesidad de producir fuentes de aceites comestibles en el país, es perentorio promover la siembra comercial de ellos en aquellos sistemas suelo-clima donde se tienen experiencias favorables, pero además mantener una evaluación permanente de los cultivares que pudieran tener buen comportamiento en esos sistemas, y de todas aquellas prácticas agronómicas que puedan contribuir a mejorar la productividad de los cultivos. Paralelamente, organizar un flujo suficiente y oportuno de los insumos requeridos para que las siembras puedan llegar a un final satisfactorio, con buenos rendimientos y  productos de elevada calidad.


Pedro Raúl Solórzano P es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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