Una investigación internacional de The Outlaw Ocean Project examinó más de 1.400 plantas procesadoras en 64 países y una flota de más de 2.400 embarcaciones. Sus hallazgos revelan cómo la producción de alimentos para peces de cultivo puede trasladar presiones pesqueras, contaminación y conflictos sociales a comunidades costeras.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
La expansión de la acuicultura mundial está planteando una pregunta cada vez más importante para la producción de alimentos: ¿cuántos peces silvestres deben capturarse para alimentar a los que se crían en granjas? Una investigación internacional desarrollada durante dos años por The Outlaw Ocean Project documentó los efectos ambientales, económicos y sociales asociados con la fabricación de harina y aceite de pescado, dos ingredientes utilizados en la alimentación de numerosas especies acuícolas.
El trabajo, divulgado en octubre de 2026 y encabezado por el periodista de investigación Ian Urbina, examinó una cadena de suministro que conecta embarcaciones pesqueras, plantas procesadoras, fabricantes de alimentos balanceados, explotaciones acuícolas y mercados internacionales.
La investigación identificó más de 1.400 instalaciones de producción de harina de pescado distribuidas en 64 países y analizó más de 2.400 embarcaciones vinculadas con esta actividad en aguas de al menos 30 naciones.
Los resultados describen una industria que proporciona proteínas y grasas esenciales para la producción animal, pero cuyos costes pueden concentrarse en territorios alejados de los mercados donde finalmente se comercializan salmones, truchas y otros productos acuícolas.
Las consecuencias documentadas incluyen presión sobre poblaciones de peces silvestres, contaminación industrial, riesgos laborales, conflictos comunitarios y dificultades para conocer el origen de las materias primas utilizadas en los alimentos para animales.
El crecimiento de la acuicultura aumenta la importancia de los piensos
La acuicultura se ha consolidado como una actividad fundamental para abastecer de alimentos acuáticos a la población mundial.
La cría de peces, crustáceos y moluscos permite obtener productos alimentarios mediante sistemas controlados, aunque las necesidades de alimentación varían considerablemente entre especies.
Los peces carnívoros, como el salmón y determinadas truchas, requieren dietas que aporten proteínas de calidad y nutrientes específicos para su desarrollo.
Tradicionalmente, una parte de estos requerimientos se ha cubierto mediante harina y aceite elaborados con organismos marinos.
La harina de pescado se obtiene mediante el procesamiento de materia prima pesquera para concentrar proteínas y otros nutrientes. El aceite proporciona grasas, incluidos ácidos grasos importantes para determinadas especies cultivadas.
Estos ingredientes pueden proceder tanto de peces enteros como de subproductos generados durante el procesamiento de pescado destinado al consumo humano.
La diferencia entre ambos orígenes resulta decisiva para evaluar la sostenibilidad de los alimentos balanceados.
Cuando se utilizan restos que de otro modo serían descartados, se aprovecha una materia prima ya disponible. En cambio, cuando se capturan peces enteros específicamente para fabricar piensos, aparece una demanda adicional sobre los recursos pesqueros.
La investigación sostiene que esta segunda situación continúa siendo importante dentro de la cadena mundial de alimentación acuícola.
Más de 1.400 fábricas forman parte de una cadena internacional
The Outlaw Ocean Project desarrolló una investigación destinada a reconstruir las conexiones entre la extracción de peces silvestres y su utilización posterior en la producción acuícola.
El equipo reunió información sobre instalaciones industriales, embarcaciones y empresas que participan en diferentes etapas del suministro.
El trabajo incluyó visitas a plantas de procesamiento, entrevistas con trabajadores y comunidades costeras, además de investigaciones realizadas a bordo de embarcaciones.
La identificación de más de 1.400 plantas en 64 países muestra la amplitud geográfica de una actividad que abastece a mercados internacionales.
El procesamiento puede realizarse en regiones donde la disponibilidad de especies marinas pequeñas permite capturar grandes volúmenes de pescado.
Posteriormente, la harina y el aceite se comercializan como materias primas para fábricas de alimentos balanceados.
Estos productos pueden viajar miles de kilómetros antes de incorporarse a las dietas de peces cultivados en otros países.
La distancia entre el lugar de captura y el consumidor final dificulta identificar todos los efectos asociados con la producción.
Por esta razón, los investigadores consideran que la evaluación de la sostenibilidad acuícola debe incluir la procedencia de los ingredientes utilizados en la alimentación.
La dependencia de peces silvestres varía según el sistema de cultivo
La investigación recoge estimaciones según las cuales aproximadamente dos tercios de la acuicultura mundial corresponden a sistemas que utilizan alimentación externa, incluidos ingredientes derivados del pescado.
Sin embargo, esta proporción no significa que dos tercios de toda la producción acuícola dependan exclusivamente de harina y aceite de pescado.
Existen diferencias importantes entre especies y métodos de producción.
Algunos peces consumen dietas formuladas con ingredientes vegetales, subproductos y proteínas de diferentes orígenes.
Los moluscos filtradores, como mejillones y ostras, obtienen alimento directamente del agua y no necesitan piensos concentrados.
Otras especies pueden desarrollarse mediante sistemas extensivos que aprovechan recursos alimentarios presentes en el ambiente.
La cantidad de peces silvestres necesaria para producir un kilogramo de pescado cultivado depende de la formulación del alimento, el aprovechamiento de subproductos y la eficiencia alimenticia de la explotación.
El estudio periodístico recoge casos en los que la producción de un salmón de cultivo puede involucrar una cantidad de pescado silvestre superior a seis veces su peso final.
Esta relación corresponde a determinados sistemas y métodos de cálculo; no representa una tasa universal aplicable a toda la salmonicultura.
Argentina enfrenta cuestionamientos por la contaminación industrial
La investigación dedica especial atención a Argentina, donde las plantas de harina de pescado forman parte de una actividad vinculada con la industria pesquera.
En ciudades costeras como Mar del Plata, las comunidades próximas a instalaciones procesadoras han denunciado molestias relacionadas con olores industriales.
Estos episodios pueden afectar la calidad de vida de los residentes y generar dificultades para actividades económicas como el turismo y la restauración.
El procesamiento de pescado requiere controles adecuados de temperatura, almacenamiento, ventilación y tratamiento de emisiones.
Cuando estas operaciones presentan deficiencias, pueden liberarse compuestos responsables de olores intensos y, en determinadas condiciones, sustancias potencialmente peligrosas.
Entre los compuestos asociados con la descomposición de materia orgánica se encuentran la trimetilamina, el amoníaco y el sulfuro de hidrógeno.
La presencia de olores no permite determinar por sí sola las concentraciones de estas sustancias ni establecer la exposición individual de los residentes.
Para evaluar los riesgos sanitarios se necesitan mediciones ambientales, información sobre duración de la exposición y análisis de las condiciones específicas de cada instalación.
La investigación destaca, sin embargo, que las molestias y denuncias comunitarias constituyen un componente importante de los costes sociales relacionados con el procesamiento industrial.
Más de 48.000 argentinos viven cerca de plantas procesadoras
Una herramienta de seguimiento desarrollada por The Outlaw Ocean Project, denominada Bait-to-Plate, permitió examinar la ubicación de instalaciones industriales y su proximidad con zonas habitadas.
Según los datos presentados por la investigación, más de 48.000 personas viven a menos de 1,5 kilómetros de plantas de harina de pescado en Argentina.
De ellas, más de 7.800 son menores de 15 años.
Estas cifras describen la población situada dentro de un área geográfica determinada alrededor de las instalaciones.
No equivalen a un recuento de personas enfermas ni demuestran que todos los residentes estén expuestos a concentraciones perjudiciales de contaminantes.
Sin embargo, permiten identificar comunidades donde sería especialmente relevante disponer de controles ambientales y vigilancia de las emisiones.
También ofrecen información para evaluar la localización de nuevas plantas industriales y la relación entre instalaciones productivas y áreas residenciales.
La gestión adecuada de estos riesgos requiere controles técnicos, inspecciones y mecanismos de comunicación con las comunidades próximas.
África occidental pierde pescado destinado al consumo local
Uno de los principales problemas documentados por la investigación aparece en países de África occidental.
En Gambia, Mauritania y Senegal, determinadas especies de peces pequeños que tradicionalmente abastecían mercados locales también son utilizadas como materia prima para fabricar harina y aceite de pescado.
La expansión de la demanda industrial puede intensificar la competencia por capturas que anteriormente se destinaban al consumo humano.
Esta situación tiene implicaciones económicas para pescadores artesanales, comerciantes y familias que dependen de esos recursos.
Cuando disminuye la disponibilidad local de pescado, pueden aumentar las dificultades para acceder a alimentos nutritivos y mantener los ingresos relacionados con la pesca.
Los efectos dependen de la abundancia de las especies, los volúmenes capturados, la regulación pesquera y la participación de otros factores que afectan a las comunidades costeras.
La investigación documentó testimonios de pescadores que relacionan la pérdida de oportunidades laborales con la reducción de las capturas disponibles.
Sin embargo, las dificultades económicas y los movimientos migratorios en la región responden a múltiples causas, por lo que no pueden atribuirse exclusivamente a la industria de harina de pescado.
La seguridad alimentaria entra en competencia con la alimentación animal
La utilización de pescado apto para consumo humano como ingrediente para animales plantea una cuestión central sobre la distribución de recursos alimentarios.
Un estudio publicado en 2017 en la revista científica Fish and Fisheries estimó que aproximadamente el 90 % de las capturas utilizadas para fabricar harina de pescado correspondía a especies potencialmente aptas para el consumo humano.
Esta proporción no significa que todo ese pescado pudiera comercializarse inmediatamente como alimento en cualquier mercado.
Su aprovechamiento directo depende de factores como la conservación, la infraestructura, las preferencias alimentarias y las condiciones sanitarias.
No obstante, la estimación muestra que una parte importante de las materias primas utilizadas en la alimentación animal procede de especies con potencial alimentario directo.
La competencia resulta especialmente relevante en regiones donde el pescado pequeño constituye una fuente accesible de proteínas y micronutrientes.
Los productores acuícolas, por su parte, necesitan garantizar dietas adecuadas para mantener el crecimiento y la salud de los animales.
El desafío consiste en mejorar el aprovechamiento de recursos sin trasladar una presión desproporcionada hacia las comunidades que dependen de la pesca local.
La falta de información dificulta controlar las flotas pesqueras
La investigación internacional examinó más de 2.400 embarcaciones relacionadas con la producción de harina de pescado.
Los resultados mostraron limitaciones importantes en la disponibilidad pública de información sobre parte de esa flota.
Menos del 30 % de los buques analizados disponía de información pública sobre su ubicación, mientras que menos del 25 % contaba con un número único de identificación accesible en los registros examinados.
Estas carencias dificultan reconstruir las operaciones pesqueras y comprobar el cumplimiento de determinadas normas.
La identificación de embarcaciones es una herramienta importante para vincular capturas, autorizaciones, empresas responsables y movimientos comerciales.
La falta de información pública no demuestra automáticamente que una embarcación opere ilegalmente.
Sin embargo, reduce la capacidad de vigilancia externa y complica las investigaciones sobre el origen de las materias primas.
El problema adquiere mayor importancia cuando los productos atraviesan varias etapas de procesamiento y comercialización antes de llegar a las explotaciones acuícolas.
La sobreexplotación de especies marinas amenaza el suministro
El análisis de The Outlaw Ocean Project también examinó la situación de las especies desembarcadas por las embarcaciones estudiadas.
Según la investigación, al menos la mitad de las especies identificadas en esas capturas habían sido clasificadas como sobreexplotadas en estudios científicos.
Esta información señala riesgos relacionados con la presión pesquera, aunque debe distinguirse entre el estado de una especie y la situación concreta de cada población o unidad de gestión.
Una misma especie puede presentar condiciones diferentes según la región donde se capture.
La evaluación de sostenibilidad requiere considerar el estado de las poblaciones, las cuotas autorizadas, la selectividad de los artes de pesca y los controles aplicados.
El problema también afecta a la estabilidad económica de las empresas que dependen de estas materias primas.
Cuando disminuye la disponibilidad de pescado silvestre, pueden aumentar los costes de los ingredientes utilizados en los piensos.
Perú constituye un ejemplo importante de esta dependencia. Mundo Agropecuario examinó anteriormente el papel de la anchoveta peruana en la producción mundial de harina y aceite de pescado, una actividad estrechamente vinculada con las condiciones del ecosistema de la corriente de Humboldt.
Los conflictos sociales también afectan a trabajadores y comunidades
La investigación periodística identificó al menos 80 episodios de conflictividad social vinculados con la industria de harina de pescado en países como India y Chile.
Los acontecimientos incluyeron protestas comunitarias, conflictos laborales y movilizaciones relacionadas con problemas de contaminación o funcionamiento de instalaciones industriales.
Algunos episodios derivaron en enfrentamientos violentos.
Los investigadores también documentaron denuncias de condiciones laborales abusivas y situaciones de trabajo forzoso en determinadas operaciones de pesca y procesamiento.
Estos hallazgos corresponden a casos investigados y no permiten atribuir automáticamente las mismas prácticas a todas las empresas del sector.
Sin embargo, evidencian la necesidad de incorporar criterios laborales y sociales a los mecanismos de seguimiento de las cadenas de suministro.
Una explotación acuícola puede cumplir exigencias ambientales dentro de sus instalaciones y, al mismo tiempo, adquirir ingredientes procedentes de proveedores sometidos a cuestionamientos en otros territorios.
La sostenibilidad comercial depende, por tanto, de una supervisión que abarque las distintas etapas de producción.
La acuicultura argentina reabre el debate sobre sus necesidades de alimento
En Argentina, el debate sobre la expansión de la acuicultura adquirió relevancia después de que Tierra del Fuego aprobara en diciembre de 2025 una modificación legislativa relacionada con la salmonicultura.
La decisión permitió reabrir la posibilidad de desarrollar esta actividad después de varios años de restricciones.
La votación se resolvió por un margen estrecho de ocho votos favorables y siete contrarios.
Los defensores de la iniciativa destacaron las oportunidades de inversión, empleo y producción alimentaria.
Sus críticos expresaron preocupación por los efectos ambientales de la cría de peces en instalaciones marinas.
La investigación internacional añade un componente al debate: el origen de los ingredientes necesarios para alimentar a los animales.
La evaluación de nuevos proyectos acuícolas requiere considerar no solamente las condiciones de cultivo, sino también las características de los piensos que utilizarán.
Esta cuestión adquiere especial importancia en sistemas dedicados a especies carnívoras que necesitan dietas con componentes nutricionales específicos.
El sector acuícola defiende su eficiencia en la producción de proteínas
La industria de harina y aceite de pescado sostiene que sus productos cumplen una función importante dentro de la alimentación animal.
Véronique Jamin, portavoz de IFFO, la organización internacional del sector, destacó la eficiencia de la acuicultura como sistema de producción de proteínas animales.
La representante también señaló que las políticas de sostenibilidad deben considerar las condiciones económicas reales de los mercados.
Desde esta perspectiva, los ingredientes marinos proporcionan nutrientes difíciles de sustituir completamente en determinadas formulaciones.
La harina de pescado presenta un perfil proteico adecuado para numerosas especies, mientras que el aceite constituye una fuente importante de determinados ácidos grasos.
Los fabricantes de alimentos balanceados han reducido progresivamente la proporción de ingredientes marinos en diferentes dietas mediante el uso de materias primas alternativas.
Sin embargo, el crecimiento de la producción acuícola puede mantener una demanda considerable de harina y aceite, incluso cuando disminuye su participación porcentual en cada kilogramo de pienso.
Por esta razón, la evaluación del sector requiere distinguir entre la cantidad de ingrediente utilizada por unidad de producción y el consumo total de materias primas a escala mundial.
La demanda de harina de pescado podría continuar aumentando
Las perspectivas de producción indican que los ingredientes derivados del pescado seguirán formando parte de la alimentación acuícola durante los próximos años.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha proyectado un incremento cercano al 10 % en la producción mundial de harina de pescado entre 2022 y 2032.
Una parte importante de ese crecimiento previsto estaría relacionada con el mayor aprovechamiento de subproductos del procesamiento pesquero.
Esta tendencia podría reducir la necesidad de utilizar peces enteros para determinados volúmenes de producción.
Sin embargo, la disponibilidad de subproductos depende de la cantidad de pescado procesado para consumo humano y de la capacidad industrial para recuperar esos materiales.
El aumento de la demanda también puede estimular la competencia entre diferentes sectores de alimentación animal.
La harina de pescado no se utiliza exclusivamente en acuicultura, ya que también puede incorporarse a determinadas formulaciones para aves y cerdos.
La evolución del mercado dependerá de los precios, la disponibilidad pesquera y la capacidad de incorporar ingredientes alternativos sin comprometer la nutrición animal.
Los insectos aparecen como una alternativa para alimentar peces
La búsqueda de materias primas capaces de sustituir parcialmente la harina de pescado constituye una de las principales líneas de investigación en nutrición acuícola.
Entre las alternativas estudiadas se encuentran las proteínas procedentes de insectos, especialmente larvas de mosca soldado negra y gusanos de la harina.
Estos organismos pueden transformar determinados subproductos orgánicos en biomasa aprovechable para la alimentación animal.
Sin embargo, su composición nutricional depende de la especie, la dieta utilizada durante la cría y los procesos industriales posteriores.
La sustitución de harina de pescado debe considerar la digestibilidad, el perfil de aminoácidos y el aporte de ácidos grasos esenciales.
Una investigación difundida por Mundo Agropecuario examinó las posibilidades y limitaciones de utilizar insectos como ingredientes en los alimentos para peces de cultivo.
Los resultados muestran que las sustituciones parciales pueden funcionar en determinadas condiciones, pero que los porcentajes adecuados varían según la especie y la formulación.
La incorporación de insectos tampoco elimina automáticamente todos los impactos ambientales, porque su producción requiere instalaciones, energía y materias primas.
Los ingredientes vegetales ofrecen oportunidades para los agricultores
La diversificación de los piensos acuícolas también está generando oportunidades para cultivos destinados a la alimentación animal.
La soja, los guisantes, la colza y otras materias primas vegetales pueden proporcionar proteínas y energía a diferentes formulaciones.
Su utilización requiere considerar factores antinutricionales y diferencias en la composición de aminoácidos.
Además, determinados peces carnívoros necesitan nutrientes que no siempre se encuentran en cantidades suficientes en los ingredientes vegetales convencionales.
En Chile, por ejemplo, se están desarrollando iniciativas destinadas a vincular la producción agrícola de lupino con la alimentación de salmones.
Mundo Agropecuario informó sobre un programa impulsado en la Región de La Araucanía para aprovechar el lupino como materia prima de la salmonicultura.
La iniciativa busca crear oportunidades comerciales para productores agrícolas y diversificar el origen de los ingredientes utilizados en los alimentos balanceados.
Sin embargo, sustituir insumos marinos por productos agrícolas también implica evaluar el uso del suelo, el agua y otros recursos necesarios para producir esas materias primas.
Brasil investiga el aprovechamiento de residuos agroindustriales
Otra línea de trabajo consiste en transformar subproductos agrícolas mediante procesos que mejoren su valor nutricional.
La fermentación en estado sólido permite utilizar determinados microorganismos para modificar las características de materias primas vegetales.
Estos procesos pueden contribuir a mejorar la disponibilidad de nutrientes o reducir algunos compuestos que dificultan su aprovechamiento.
La eficacia depende del sustrato, el microorganismo utilizado y las condiciones de procesamiento.
En Brasil, investigadores y representantes del sector analizaron estas posibilidades durante un encuentro científico desarrollado en la Universidad Federal de Lavras.
Mundo Agropecuario documentó las investigaciones brasileñas orientadas a transformar residuos agroindustriales en ingredientes para la alimentación de peces.
Estas alternativas pueden contribuir a diversificar los suministros y aprovechar materiales disponibles en las cadenas agrícolas.
Sin embargo, su incorporación comercial requiere comprobar la seguridad, estabilidad nutricional y viabilidad económica de cada ingrediente.
La producción de moluscos reduce la dependencia de piensos concentrados
No todos los sistemas acuícolas presentan las mismas necesidades alimentarias.
El cultivo de moluscos filtradores ofrece un ejemplo de producción que no requiere aportar harina de pescado mediante alimentos balanceados.
Los mejillones y otras especies filtradoras aprovechan partículas y organismos presentes naturalmente en el agua.
Esto elimina una parte de los costes asociados con la fabricación y distribución de piensos.
Sin embargo, la sostenibilidad de estos cultivos depende de otros factores, como la calidad del agua, la densidad de producción y las condiciones ambientales del lugar.
En Mundo Agropecuario se examinó cómo una explotación de mejillones en alta mar puede interactuar con la biodiversidad marina y proporcionar alimentos sin depender de pescado silvestre como pienso.
La comparación entre sistemas demuestra que el impacto ambiental de la acuicultura debe evaluarse por especie y método de producción, no como si toda la actividad funcionara de manera uniforme.
La trazabilidad será decisiva para evaluar la sostenibilidad acuícola
Uno de los principales desafíos identificados por The Outlaw Ocean Project es la dificultad para seguir el recorrido de los ingredientes desde las capturas hasta el producto final.
La cadena de suministro puede incluir múltiples intermediarios y procesos industriales desarrollados en diferentes países.
Esta complejidad dificulta determinar si una partida de harina de pescado procede de pesquerías sometidas a controles adecuados o de operaciones cuestionadas por sus impactos ambientales y sociales.
Una trazabilidad más completa permitiría vincular las materias primas con las embarcaciones, las zonas de captura y las instalaciones responsables de su procesamiento.
También facilitaría comprobar el cumplimiento de determinadas exigencias laborales y ambientales.
Los sistemas de certificación y auditoría pueden contribuir a mejorar la información disponible, aunque su eficacia depende de la calidad de los controles y de la transparencia de los registros.
Para los productores acuícolas, conocer el origen de los ingredientes resulta importante tanto para evaluar riesgos como para responder a las exigencias de compradores y consumidores.
La investigación muestra que la sostenibilidad de un pescado cultivado no puede establecerse únicamente mediante la observación de las condiciones de la granja.
La producción acuícola necesita considerar toda su cadena alimentaria
La investigación internacional pone de manifiesto que el crecimiento de la acuicultura genera oportunidades de producción, pero también nuevas responsabilidades sobre el origen de los recursos utilizados.
La harina y el aceite de pescado continúan proporcionando nutrientes importantes para determinadas especies, aunque su fabricación puede depender de capturas silvestres realizadas en regiones sometidas a presiones económicas y ambientales.
Los más de 1.400 establecimientos industriales y las 2.400 embarcaciones examinadas reflejan la dimensión internacional de esta actividad.
Los casos documentados en Argentina, África occidental y otros territorios muestran que los efectos de la cadena pueden concentrarse lejos de los mercados consumidores.
Al mismo tiempo, la diversidad de sistemas acuícolas y el desarrollo de ingredientes alternativos ofrecen posibilidades para reducir determinadas dependencias.
La utilización de subproductos pesqueros, las proteínas vegetales, los insectos y otras materias primas requiere evaluaciones nutricionales, económicas y ambientales específicas.
El desafío para el sector consiste en aumentar la disponibilidad de alimentos acuáticos sin trasladar de manera desproporcionada los costes de producción hacia las poblaciones pesqueras, los trabajadores y los ecosistemas de los que depende el suministro.
Fuentes referenciales:
Ian Urbina — Investigación de The Outlaw Ocean Project sobre la cadena mundial de harina de pescado, publicada en Clarín el 9 de octubre de 2026


