Eventos

Panamá impulsa un llamado regional para invertir más en el campo

Publicado el 04/10/2026 ·

El FIDA reunió a más de 80 representantes de 15 países para ampliar el financiamiento, los mercados y las oportunidades económicas de productores y jóvenes rurales de América Latina y el Caribe


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Ciudad de Panamá se convirtió esta semana en punto de encuentro para gobiernos, instituciones financieras, organismos internacionales, empresas y representantes juveniles de América Latina y el Caribe, convocados por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) para discutir cómo movilizar más capital hacia las economías rurales. Más de 80 participantes procedentes de 15 países analizaron inversiones, políticas y alianzas destinadas a ampliar las oportunidades económicas en el campo y fortalecer la capacidad de las comunidades rurales para afrontar perturbaciones económicas y climáticas.

El encuentro regional, denominado “El futuro comienza en las zonas rurales: invirtiendo en los jóvenes, los mercados y la innovación”, se celebró el 2 de octubre en Panamá en un contexto marcado por bajo crecimiento económico, incertidumbre internacional y riesgos climáticos crecientes. El FIDA planteó que la inversión rural debe entenderse no solo como apoyo social, sino como una herramienta para fortalecer la producción, los sistemas alimentarios y las economías nacionales.

El planteamiento conecta directamente con desafíos que ya enfrenta el agro panameño. Mundo Agropecuario ha documentado cómo el envejecimiento de los productores y la falta de relevo generacional presionan al sector agropecuario de Panamá, donde el acceso al financiamiento, la tecnología y oportunidades económicas condiciona la permanencia de los jóvenes en las actividades agrícolas y ganaderas.

El FIDA busca movilizar más capital hacia las economías rurales

Rocío Medina Bolívar, directora regional del FIDA para América Latina y el Caribe, sostuvo durante el encuentro que existe una oportunidad para movilizar recursos a mayor escala y acelerar la transformación de las economías rurales. El organismo vincula esa inversión con sistemas alimentarios más sólidos, mayores ingresos y una mejor preparación de las comunidades frente a crisis económicas y climáticas.

Entre las acciones señaladas durante las conversaciones aparecen dos barreras recurrentes para pequeños y medianos productores: el acceso al financiamiento y la conexión con los mercados. La propuesta no se limita a aumentar la producción primaria, sino que incluye ampliar la participación rural en actividades capaces de generar mayor valor, como procesamiento, almacenamiento y comercialización de productos agropecuarios.

Estas limitaciones son especialmente relevantes para explotaciones de menor escala. El acceso restringido al crédito puede impedir inversiones en infraestructura, tecnología, insumos o ampliación de la producción, mientras las dificultades comerciales reducen la capacidad de los agricultores para capturar una mayor proporción del valor generado por sus cosechas.

La relación entre financiamiento, escala y competitividad también aparece en el análisis de las economías regionales y el papel de los pequeños productores, donde el acceso al crédito, la tecnología, la logística y los mercados figura entre los factores que condicionan la capacidad de las explotaciones para crecer y agregar valor en sus propios territorios.

La inversión privada aparece como una pieza del desarrollo rural

El FIDA también destacó la necesidad de movilizar capital privado hacia las zonas rurales. Según datos presentados por el organismo, cuando existe una participación sólida del sector privado, determinadas inversiones pueden generar incrementos de hasta cuatro veces en los ingresos de trabajadores rurales. El dato corresponde a experiencias de inversión analizadas por la institución y no implica que ese resultado se produzca automáticamente en cualquier proyecto.

El organismo cuenta con mecanismos destinados precisamente a reducir las dificultades que encuentran los inversores para llegar a pequeños agricultores, cooperativas, microempresas y pequeñas y medianas empresas rurales. Entre ellos figura el Programa de Participación del Sector Privado en la Financiación, que utiliza instrumentos de deuda, capital, garantías y distribución de riesgos.

La discusión sobre inversión agropecuaria ya tiene antecedentes recientes en Panamá. En 2025, la FAO planteó en el país la necesidad de promover inversiones que combinaran tecnificación agrícola, innovación y sostenibilidad rural, con especial atención a territorios sometidos a riesgos productivos y climáticos.

Innovación para pequeños productores

La tecnología ocupó otro espacio central en el encuentro. El FIDA presentó como ejemplo Innovatech, una iniciativa financiada por el organismo y la Unión Europea que ha conectado a más de 30 empresas tecnológicas emergentes con más de 1.000 organizaciones de pequeños productores.

El objetivo es adaptar las soluciones a necesidades concretas del campo en lugar de trasladar tecnologías diseñadas para otros sectores. Las herramientas desarrolladas abarcan servicios financieros, comercialización, educación financiera y producción sostenible.

Para los pequeños productores, sin embargo, la tecnología por sí sola no resuelve los obstáculos estructurales. Una herramienta digital o una nueva práctica productiva puede tener un alcance limitado cuando la explotación carece de crédito, infraestructura o canales comerciales. Esa interacción entre tecnología y condiciones económicas también aparece en investigaciones sobre el uso de información satelital para orientar mejor el apoyo a pequeños agricultores, donde las restricciones financieras pueden ser tan determinantes como las limitaciones técnicas.

Los jóvenes rurales entran en el centro de la estrategia

Una parte importante del encuentro de Panamá estuvo dedicada al relevo generacional. Representantes juveniles participaron directamente en el diálogo con autoridades, instituciones financieras y organizaciones internacionales para analizar las condiciones necesarias para que vivir y producir en el campo constituya una alternativa económica viable.

José Aníbal Rincón, ministro de Desarrollo Agropecuario encargado de Panamá, sostuvo que la permanencia de las nuevas generaciones depende de ofrecer condiciones concretas: capacidad para producir y encontrar compradores, acceso a tecnología, financiamiento, posibilidades de emprender y oportunidades para agregar valor a la producción.

El planteamiento coincide con uno de los principales desafíos estructurales de numerosas comunidades agrícolas. Cuando la actividad agropecuaria ofrece ingresos inciertos, acceso limitado a capital y pocas posibilidades de crecimiento, la migración hacia ciudades u otros países se convierte en una alternativa para parte de la población joven.

Yeisully Tapias, fundadora de la Asociación de Jóvenes Emprendedores, defendió durante el encuentro una participación juvenil activa en el diseño de soluciones rurales y destacó la innovación y el emprendimiento como instrumentos para crear oportunidades dentro de los propios territorios.

Panamá acumula décadas de proyectos de desarrollo rural

El FIDA ha financiado ocho proyectos de desarrollo rural en Panamá con un costo conjunto de aproximadamente 182,4 millones de dólares, de los cuales cerca de 68,9 millones correspondieron a recursos aportados por la institución. Las iniciativas han alcanzado territorios como Darién, Ngäbe-Buglé, Coclé, Colón y Panamá Oeste e incluyen proyectos orientados a pequeños productores y comunidades indígenas.

El organismo identifica entre sus prioridades para Panamá el fortalecimiento de sistemas alimentarios resilientes, la adaptación climática de los pequeños productores y la participación de jóvenes, mujeres y pueblos indígenas en el desarrollo rural.

El país también ha avanzado en otros indicadores relacionados con la seguridad alimentaria. Mundo Agropecuario informó recientemente que Panamá redujo la prevalencia del hambre al 4,7 %, aunque persisten desafíos para garantizar dietas saludables y fortalecer las condiciones productivas de los territorios rurales.

Más de 9.000 millones de dólares movilizados en la región

Desde su creación en 1977, el FIDA ha movilizado más de 9.000 millones de dólares mediante 525 proyectos de desarrollo rural en América Latina y el Caribe. Su cartera activa regional comprende actualmente 25 proyectos valorados en alrededor de 2.500 millones de dólares, sumando recursos propios y financiamiento aportado por otros socios.

El modelo financiero del organismo combina las contribuciones de sus Estados miembros con cofinanciamiento y recursos procedentes de otras fuentes. Según el FIDA, cada dólar recibido mediante contribuciones básicas puede convertirse aproximadamente en seis dólares de inversión sobre el terreno gracias a esa capacidad de movilización adicional.

El organismo también ha recurrido a los mercados internacionales de capital. Desde 2022 ha emitido más de 1.000 millones de dólares en bonos sostenibles y cuenta con una calificación crediticia AA+, una estrategia con la que busca ampliar los recursos disponibles para proyectos rurales.

FIDA14 financiará inversiones entre 2028 y 2030

La reunión celebrada en Panamá forma parte de la Decimocuarta Reposición de Recursos del FIDA, conocida como FIDA14. Este proceso reúne las contribuciones de los Estados miembros que financiarán el programa de trabajo de la institución durante el periodo 2028-2030.

Los recursos serán combinados con cofinanciamiento y otras fuentes de capital para ampliar el alcance de las inversiones. La estrategia apunta a fortalecer sistemas agroalimentarios, conectar productores con mercados, mejorar el acceso al financiamiento y aumentar la capacidad de las comunidades para resistir impactos económicos y climáticos.

La resiliencia productiva ya ocupa un lugar central en la agenda regional. Frente a fenómenos como El Niño, los países centroamericanos han reforzado acciones que incluyen seguros agropecuarios, gestión del agua, financiamiento y asistencia a agricultores, como recoge la respuesta regional para proteger la producción y los medios de vida rurales frente a riesgos climáticos.

El encuentro de Panamá dejó así una agenda centrada en convertir la inversión rural en actividad económica: crédito para producir, infraestructura y tecnología para elevar productividad, mercados para comercializar, mecanismos para agregar valor y condiciones capaces de atraer a nuevas generaciones. El desafío planteado por el FIDA es llevar esas herramientas a una escala suficiente para que pequeños productores y comunidades rurales participen de manera más amplia en el crecimiento económico de América Latina y el Caribe.

Fuentes referenciales:
Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)
Ministerio de Desarrollo Agropecuario de Panamá
FIDA – Panamá
Infobae