Animales y Aves

Italia: una agricultora convierte arrozales en refugio de biodiversidad

Publicado el 13/10/2026 ·

En la provincia italiana de Vercelli, Alice Cerutti ha recuperado cerca de un tercio de su explotación de 110 hectáreas para crear bosques y humedales. Su modelo combina variedades tradicionales de arroz, fertilización orgánica y conservación de especies silvestres en una región amenazada por las sequías y el aumento de los costes agrícolas.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

En el norte de Italia, donde los arrozales forman parte del paisaje agrícola desde hace siglos, una productora ha decidido reducir la superficie dedicada al cereal para recuperar ecosistemas naturales y fortalecer la sostenibilidad de su explotación. Alice Cerutti, responsable de la histórica finca Cascina Oschiena, en la provincia de Vercelli, ha transformado aproximadamente un tercio de sus 110 hectáreas en espacios destinados a la conservación de la biodiversidad.

La iniciativa se desarrolla en la llanura de Vercelli, situada entre Milán y Turín, dentro de una de las principales regiones arroceras europeas. Allí, la agricultora combina la producción de variedades tradicionales de arroz con la restauración de humedales, la plantación de árboles autóctonos y el aprovechamiento del ganado ovino para mejorar la fertilidad del suelo.

El proyecto adquiere relevancia en un momento difícil para el sector arrocero italiano, afectado por episodios de sequía, temperaturas elevadas, mayores costes de producción y competencia comercial internacional.

La experiencia demuestra cómo una explotación agrícola puede integrar la producción alimentaria y la recuperación de hábitats, aunque también plantea interrogantes sobre la rentabilidad de destinar parte de las tierras cultivables a funciones ambientales.

Una finca arrocera con cuatro siglos de historia

Cascina Oschiena tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando comunidades de monjes benedictinos transformaron terrenos pantanosos del noroeste italiano en superficies destinadas al cultivo del arroz.

Durante generaciones, la actividad agrícola modificó el paisaje mediante canales, parcelas inundadas y sistemas de aprovechamiento del agua.

En 2012, Alice Cerutti asumió la dirección de la explotación familiar y comenzó a desarrollar un modelo que recupera parte de las características naturales del territorio.

En lugar de utilizar toda la superficie disponible para aumentar la producción de arroz, decidió reservar una proporción considerable para bosques, humedales y otros espacios favorables para la fauna.

La propiedad mantiene su actividad agrícola, pero incorpora objetivos de conservación que influyen directamente en la organización de los cultivos.

La transformación resulta especialmente significativa porque se desarrolla en una región donde la producción arrocera constituye una actividad económica y cultural de larga tradición.

Más de 10.000 árboles y plantas autóctonas recuperan el paisaje

Uno de los componentes centrales del proyecto es la restauración de la vegetación natural.

La agricultora ha impulsado la plantación de más de 10.000 ejemplares de especies autóctonas, entre ellas robles, alisos, fresnos y carpes.

Estas plantaciones han permitido crear zonas arboladas dentro de un paisaje dominado históricamente por parcelas agrícolas.

Los nuevos espacios proporcionan diferentes condiciones de sombra, humedad y refugio para organismos silvestres.

Según Cerutti, desde que comenzaron las plantaciones se ha observado un aumento notable de mariposas, libélulas y otras formas de vida asociadas con la vegetación y los ambientes húmedos.

La recuperación de árboles también contribuye a diversificar la estructura del paisaje agrícola.

En las zonas donde predominan grandes superficies dedicadas a un solo cultivo, la presencia de bosques, setos y humedales puede ofrecer hábitats complementarios para numerosas especies.

Sin embargo, la magnitud de los beneficios depende de factores como la conectividad entre espacios naturales, la disponibilidad de agua y la permanencia de las medidas de conservación.

Veinticinco hectáreas de humedales favorecen el regreso de especies raras

La recuperación ambiental de Cascina Oschiena incluye aproximadamente 25 hectáreas transformadas en humedales.

Estas superficies forman parte del tercio de la propiedad destinado a recuperar condiciones naturales.

Los humedales proporcionan ambientes adecuados para organismos que necesitan agua durante una parte o la totalidad de su ciclo de vida.

Entre las especies observadas se encuentra una mariposa conocida como gran cobriza, Lycaena dispar, vinculada con hábitats húmedos.

Su presencia representa uno de los resultados destacados por la agricultora al describir la recuperación de la biodiversidad dentro de la explotación.

La creación de estos ambientes también favorece a diferentes insectos acuáticos y aves que utilizan las zonas inundadas para alimentarse o reproducirse.

La restauración de humedales dentro de explotaciones agrícolas puede aportar beneficios ecológicos importantes, especialmente cuando existen pérdidas históricas de estos ecosistemas.

No obstante, los resultados dependen de que se mantengan condiciones adecuadas de agua y vegetación a lo largo del tiempo.

Un ave migratoria encuentra un lugar excepcional para reproducirse

Uno de los acontecimientos más significativos registrados en los humedales de Cascina Oschiena es la presencia de la aguja colinegra, Limosa limosa, un ave limícola migratoria.

De acuerdo con la información proporcionada por Cerutti, los terrenos restaurados albergan el único lugar de nidificación registrado de esta especie en Italia.

La observación resulta especialmente relevante en una región donde las poblaciones de aves migratorias han experimentado importantes dificultades.

La agricultora sostiene que la cantidad de aves migratorias presentes en el cinturón arrocero italiano ha disminuido aproximadamente un 80 % durante los últimos quince años.

Esta cifra corresponde a su valoración sobre la evolución regional y no debe interpretarse como un censo nacional exhaustivo de todas las especies migratorias.

La recuperación de áreas húmedas ofrece espacios que pueden resultar útiles para aves que dependen de aguas someras, vegetación y disponibilidad de invertebrados.

En este contexto, el retorno de especies poco frecuentes constituye una señal alentadora para los objetivos de conservación de la finca.

El arroz Carnaroli Classico muestra resistencia al calor

A pesar de haber reducido la superficie dedicada al cultivo, Cerutti continúa produciendo arroz mediante variedades tradicionales y especializadas.

Entre ellas se encuentran Carnaroli Classico y Arborio Classico, ampliamente vinculadas con la gastronomía italiana.

La explotación también cultiva variedades de arroz rojo y negro.

Según la agricultora, las variedades históricas que utiliza presentan una mejor respuesta frente a la sequía y las temperaturas extremas que determinadas variedades modernas.

Destaca especialmente el comportamiento de Carnaroli Classico, que posee aristas, estructuras alargadas semejantes a pequeñas cerdas asociadas con las espiguillas.

Cerutti considera que estas características pueden contribuir a proteger los granos frente a condiciones de calor y frío.

Sin embargo, la experiencia descrita corresponde a observaciones de la productora y no constituye una comparación experimental controlada entre todas las variedades disponibles.

Las diferencias de rendimiento y tolerancia ambiental también dependen del suelo, la disponibilidad de agua, las fechas de siembra y otras prácticas de manejo.

La agricultora reconoce que sus variedades tradicionales pueden producir cosechas menores, pero sostiene que ofrecen una calidad comercial superior y características que considera favorables para su explotación.

El abono verde permite cultivar arroz sin fertilizantes químicos

La estrategia productiva de Cascina Oschiena incluye prácticas orientadas a mantener la fertilidad del suelo mediante el aprovechamiento de materia orgánica.

Cerutti afirma que ha conseguido producir Carnaroli Classico sin utilizar fertilizantes químicos de síntesis.

Para ello emplea cultivos destinados a abono verde y plantas leguminosas.

El abono verde consiste en cultivar determinadas especies vegetales para incorporar posteriormente su biomasa al suelo o aprovechar sus residuos como fuente de materia orgánica y nutrientes.

Las leguminosas pueden establecer asociaciones con microorganismos capaces de fijar nitrógeno atmosférico, aunque la cantidad aprovechable depende de la especie y las condiciones del cultivo.

Estas prácticas pueden contribuir al mantenimiento de la fertilidad y a la estructura del suelo.

Sin embargo, su eficacia depende del equilibrio entre los nutrientes incorporados y los que se extraen mediante las cosechas.

La ausencia de fertilizantes sintéticos no garantiza por sí sola que todas las necesidades nutricionales estén cubiertas indefinidamente.

La evaluación del sistema requiere considerar la producción obtenida, las características del suelo y la evolución de sus reservas de nutrientes.

Un rebaño de 1.200 ovejas participa en el manejo agrícola

Otro componente destacado de la explotación es la integración temporal de ganado ovino.

Entre las cosechas de arroz, aproximadamente 1.200 ovejas son introducidas en determinadas parcelas para aprovechar la vegetación disponible.

Durante el pastoreo, los animales consumen parte de los cultivos de cobertura y depositan estiércol sobre el terreno.

Esta materia orgánica puede contribuir al reciclaje de nutrientes dentro del sistema agrícola.

La combinación de cultivos y ganadería permite aprovechar recursos de una actividad para apoyar otra.

Sin embargo, el manejo requiere controlar la intensidad del pastoreo y las condiciones del suelo para evitar compactación, deterioro de la cobertura vegetal o acumulaciones excesivas de nutrientes.

El modelo se relaciona con otras experiencias de integración agrícola que buscan aprovechar las interacciones entre animales, plantas y suelos.

En Mundo Agropecuario se ha documentado cómo agricultores chinos incorporan patos a los arrozales para controlar plagas, reducir malezas y aportar materia orgánica.

Aunque los sistemas son diferentes, ambos muestran alternativas de manejo que aprovechan procesos biológicos dentro de la explotación.

La sequía amenaza la producción arrocera del norte de Italia

El proyecto de Cerutti se desarrolla en un contexto de creciente preocupación por la disponibilidad de agua en la cuenca del río Po.

Esta región concentra una parte importante de la producción arrocera italiana y depende de sistemas de riego que aprovechan recursos procedentes de ríos, canales y reservas hídricas.

Los períodos de sequía y las temperaturas elevadas pueden reducir la disponibilidad de agua durante etapas decisivas del cultivo.

La situación también afecta a la planificación de las siembras y al manejo de las parcelas inundadas.

La organización agrícola Coldiretti ha estimado que las elevadas temperaturas podrían provocar pérdidas cercanas al 25 % de la producción de arroz durante 2026.

Esta cifra corresponde a una estimación sectorial y no a un balance definitivo de la cosecha nacional.

La agricultora reconoce que sus propias parcelas también han experimentado efectos negativos del calor.

Sin embargo, considera que la combinación de variedades tradicionales, manejo temprano del agua y conservación de la biodiversidad ha contribuido a mejorar la capacidad de respuesta de su explotación.

La vulnerabilidad de esta región ya había sido documentada por Mundo Agropecuario en un análisis sobre la sequía que afecta a los arrozales del valle del Po y sus consecuencias para los productores de Lombardía y Piamonte.

La situación demuestra que las decisiones individuales de manejo deben desarrollarse dentro de un contexto regional de disponibilidad hídrica cada vez más exigente.

La inundación temprana de los arrozales forma parte de su estrategia

Cerutti sostiene que mantener un manejo del agua favorable para la biodiversidad ha contribuido a afrontar períodos de sequía.

Entre las prácticas mencionadas destaca la inundación temprana de las parcelas.

El cultivo tradicional del arroz utiliza superficies inundadas durante determinadas etapas de crecimiento.

Este sistema permite controlar algunas malezas y modifica las condiciones físicas y biológicas del suelo.

La presencia de agua también puede favorecer hábitats temporales para organismos acuáticos y aves.

Sin embargo, la inundación continua no constituye una solución universal frente a la escasez hídrica.

Su conveniencia depende de la disponibilidad de agua, las características del terreno y las necesidades de cada explotación.

La investigación agronómica también examina métodos alternativos, como el riego intermitente y otras estrategias que buscan reducir el consumo hídrico.

Por ello, la experiencia de Cascina Oschiena debe interpretarse dentro de las condiciones particulares de su territorio.

El debate sobre la siembra en seco divide al sector arrocero

Ante las dificultades para disponer de agua, algunos productores italianos están adoptando sistemas de siembra en seco.

Estas técnicas permiten establecer el cultivo sin mantener las parcelas permanentemente inundadas durante las primeras etapas.

Sus defensores buscan reducir determinadas necesidades de manejo hídrico y adaptar la producción a nuevas condiciones.

Sin embargo, el agrónomo Giovanni Molina advierte que la disminución de las superficies inundadas podría tener consecuencias sobre la recarga de los acuíferos.

Según su interpretación, los arrozales tradicionales cumplen una función hidrológica importante al permitir que parte del agua se infiltre hacia las reservas subterráneas.

Esta perspectiva introduce una distinción entre el agua aplicada a una parcela y el agua efectivamente consumida por el sistema agrícola.

Una parte del riego puede regresar a los cursos de agua o infiltrarse en el subsuelo, aunque su destino depende de las características locales.

No obstante, la contribución real de los arrozales a la recarga de acuíferos necesita evaluarse mediante balances hídricos específicos.

La siembra en seco tampoco implica necesariamente una pérdida generalizada de fertilidad o una transformación irreversible del paisaje.

Los efectos dependen de los métodos utilizados, la estructura del suelo, la gestión regional del agua y las condiciones climáticas.

Los arrozales pueden funcionar como humedales agrícolas

Los campos de arroz inundados constituyen ambientes agrícolas que pueden ofrecer condiciones semejantes a las de ciertos humedales temporales.

Durante los períodos de inundación, estos espacios pueden albergar insectos acuáticos, moluscos, anfibios y aves.

La diversidad presente depende de la calidad del agua, el uso de productos fitosanitarios, las características de las parcelas y la conexión con otros hábitats.

La experiencia italiana muestra que mantener arrozales junto a humedales restaurados puede generar un paisaje con diferentes ambientes disponibles para la fauna.

Sin embargo, la presencia de aves en estos sistemas también puede favorecer el desplazamiento de organismos entre territorios.

Una investigación publicada anteriormente por Mundo Agropecuario examinó cómo las gaviotas pueden transportar invertebrados entre arrozales y espacios naturales protegidos.

El estudio mostró que estas interacciones pueden incluir tanto especies nativas como organismos exóticos.

La gestión de la biodiversidad agrícola requiere, por tanto, considerar los beneficios de la conectividad ecológica y los posibles riesgos asociados con la dispersión de determinadas especies.

La conservación ambiental también modifica los ingresos de la finca

Destinar una parte considerable de una explotación a bosques y humedales significa renunciar a ingresos potenciales procedentes de la producción agrícola.

Este es uno de los desafíos económicos que enfrenta Cascina Oschiena.

Para compensar parcialmente la reducción de superficie cultivada, Cerutti está desarrollando actividades complementarias relacionadas con la educación y el turismo rural.

Entre sus planes se encuentran la recepción de estudiantes, investigadores y visitantes, además de ofrecer alojamiento.

La explotación dispone de compradores de arroz en mercados internacionales, incluidos Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos.

La comercialización de variedades tradicionales de calidad forma parte de su estrategia para mantener la actividad productiva.

Sin embargo, no se han divulgado cifras suficientes para establecer cuánto representan las actividades complementarias en los ingresos de la finca.

Tampoco es posible afirmar que el modelo resulte económicamente viable para todas las explotaciones arroceras.

Su aplicación depende de factores como el tamaño de la propiedad, los precios del arroz, el acceso a mercados especializados y las oportunidades de generar ingresos adicionales.

La explotación forma parte de un área protegida reconocida por la Unión Europea

Cascina Oschiena cuenta con reconocimiento como espacio protegido por su biodiversidad dentro del marco europeo.

Esta condición refuerza la importancia de conservar los hábitats restaurados y mantener prácticas compatibles con la presencia de especies silvestres.

La recuperación de un tercio de la superficie agrícola también guarda relación con los objetivos internacionales de protección de la naturaleza.

La experiencia fue presentada en vísperas de una cumbre de biodiversidad de Naciones Unidas dedicada, entre otros asuntos, al compromiso internacional de conservar al menos el 30 % de las tierras y océanos para 2030.

Este objetivo forma parte del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.

Sin embargo, la recuperación de tierras dentro de una explotación privada no equivale automáticamente al cumplimiento de los criterios internacionales utilizados para contabilizar áreas protegidas.

La contribución de cada proyecto depende de su reconocimiento, objetivos de conservación y mecanismos de gestión a largo plazo.

La iniciativa italiana constituye un ejemplo de cómo una propiedad agrícola puede incorporar espacios de conservación sin abandonar completamente la producción alimentaria.

La producción de arroz también enfrenta desafíos climáticos

La sostenibilidad de los arrozales no depende exclusivamente de la biodiversidad o del consumo de agua.

Los suelos inundados pueden generar emisiones de metano debido a procesos microbianos que ocurren en condiciones de escasez de oxígeno.

La magnitud de estas emisiones depende del régimen hídrico, la materia orgánica disponible y las características del suelo.

Por ello, las prácticas que favorecen la biodiversidad deben evaluarse también desde una perspectiva climática.

Una investigación difundida por Mundo Agropecuario examinó el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los arrozales y las alternativas de manejo para reducirlas.

Los resultados muestran que los sistemas de cultivo pueden presentar ventajas y limitaciones ambientales diferentes.

En el caso de Cascina Oschiena, la información disponible describe medidas de restauración y manejo agrícola, pero no proporciona un balance completo de emisiones de gases de efecto invernadero.

Por tanto, no sería correcto afirmar que la explotación es climáticamente neutra o que su sistema produce necesariamente menos emisiones que otros métodos.

Una evaluación integral debería considerar el consumo de agua, las emisiones, la fertilidad del suelo, la biodiversidad y los resultados productivos.

La restauración de humedales ofrece oportunidades para otras explotaciones

La experiencia de Alice Cerutti plantea una alternativa de organización territorial para regiones donde la agricultura ocupa extensas superficies.

En lugar de separar completamente la producción de alimentos y la conservación de la naturaleza, el proyecto integra ambas funciones dentro de una misma propiedad.

La creación de bosques y humedales proporciona ambientes que pueden beneficiar a diferentes especies.

Al mismo tiempo, la producción continúa mediante variedades de arroz con características comerciales específicas y prácticas de manejo que aprovechan materia orgánica.

El modelo no elimina los desafíos económicos ni garantiza protección frente a todos los episodios de sequía.

Su principal aportación consiste en mostrar que es posible recuperar una parte del paisaje natural mientras se mantiene una actividad agrícola.

La aplicación de estrategias semejantes en otras regiones requiere considerar las condiciones hidrológicas, los ecosistemas originales y las necesidades de los agricultores.

También resulta importante establecer mecanismos de seguimiento que permitan comprobar la evolución de las especies y los efectos sobre la producción.

Un modelo agrícola que combina arroz, ganadería y conservación

Más de cuatro siglos después de que los monjes benedictinos transformaran los terrenos pantanosos de Cascina Oschiena en arrozales, una parte de esas superficies ha recuperado condiciones favorables para la vida silvestre.

La explotación mantiene el cultivo de arroz, pero incorpora bosques, humedales, variedades tradicionales y pastoreo ovino dentro de una estrategia productiva más diversificada.

La plantación de más de 10.000 árboles y la restauración de 25 hectáreas de humedales han creado espacios donde se observan mariposas, libélulas y aves poco frecuentes.

La presencia de la aguja colinegra constituye uno de los resultados más destacados de la recuperación ambiental.

Al mismo tiempo, la finca enfrenta los mismos desafíos que otros productores italianos: temperaturas elevadas, disponibilidad irregular de agua y presión sobre los costes agrícolas.

La experiencia muestra que la conservación puede formar parte de las decisiones de una explotación arrocera, aunque su continuidad depende de mantener un equilibrio entre los resultados ambientales y los ingresos necesarios para sostener la actividad.

Fuente referencial:
Agence France-Presse (AFP) — Italian rice farmer beats heat with biodiversity haven, 12 de octubre de 2026