La principal región arrocera de Europa enfrenta calor temprano, falta de lluvias, restricciones de riego y avance de malezas en campos de Pavía, Lombardía y Piamonte.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
El verano llegó demasiado temprano a la región arrocera más importante de Europa. En la provincia italiana de Pavía, en Lombardía, los arrozales de Sharon Angoli muestran una señal crítica: parcelas secas, plantas debilitadas y malezas que avanzan donde el agua ya no alcanza para mantener los campos inundados.
Angoli, de 22 años, trabaja junto a su padre, Carlo Angoli, en Torre Beretti, a unos 60 kilómetros al sur de Milán. Uno de sus campos ya se da prácticamente por perdido, incluso si las lluvias regresan durante el resto del verano.
La situación reabre una herida reciente para el arroz italiano. Pavía está en el centro de la industria arrocera del país y forma parte del corredor productivo que abastece variedades utilizadas para risotto, sushi y otros mercados alimentarios.
El agua que no llegó en primavera
El problema comenzó con una primavera insuficientemente lluviosa. Los agricultores esperaban reservas de agua capaces de sostener el riego de verano, pero el déficit se agravó con una ola de calor temprana que llevó las temperaturas por encima de los 30 °C.
Carlo Angoli explicó que los cultivos necesitan alrededor de 50 milímetros de lluvia, pero sin granizo. La frase resume el dilema productivo: el arroz necesita agua con urgencia, pero un evento extremo en el momento equivocado también puede dañar la cosecha.
El valle del Po ya había sufrido episodios severos de sequía. En 2022, los arrozales del valle del Po quedaron diezmados por la falta de agua, con pérdidas graves para agricultores que dependen de campos normalmente inundados.
Ríos y lagos bajo presión
La Autoridad del Río Po advirtió que varios cursos de agua del norte de Italia se encuentran en una situación crítica por la sequía. Desde los Alpes hasta el mar Adriático, la cuenca opera con reservas debilitadas.
Los lagos están siendo utilizados para alimentar el Po y sus afluentes, pero las reservas podrían agotarse en pocas semanas si se mantiene el ritmo actual de extracción. Esa presión complica la planificación del riego en una zona donde el arroz depende de una gestión fina del agua.
El problema encaja en una tendencia más amplia sobre la demanda de agua de la agricultura, especialmente en regiones donde el riego compite con otros usos y donde las sequías reducen la disponibilidad estacional.
Malezas en campos que deberían estar inundados
En condiciones normales, los arrozales de Pavía deberían verse verdes y cubiertos de agua en esta etapa. La lámina de agua protege el cultivo, reduce la competencia de malezas y ayuda a regular condiciones del suelo durante fases críticas de crecimiento.
Este año, una parcela destinada a producir arroz para sushi no fue inundada. Las malezas fueron las principales beneficiadas. Sin agua suficiente, el arroz pierde ventaja competitiva y queda expuesto a estrés térmico, estrés hídrico y deterioro del rendimiento.
Nicola Valdi, agricultora vecina de la familia Angoli, señaló que una planta sana tendría entre 70 y 80 granos, mientras que un brote marchito podría producir apenas 10. También explicó que el agua protege al arroz durante una etapa crítica y evita que absorba demasiado cadmio tóxico.
La presión de las malezas también ha sido documentada en investigaciones sobre arroz maleza y competencia en los cultivos, un problema que puede reducir rendimiento y calidad cuando las condiciones favorecen a plantas invasoras.
Conflictos por el reparto del agua
La escasez hídrica generó tensiones entre agricultores de distintas zonas del norte italiano. Productores de Lombardía, donde se ubica Pavía, acusan a agricultores del vecino Piamonte de usar demasiada agua. En el delta del Po, otros productores señalan que reciben demasiado poco después de los usos aguas arriba.
En la zona de Vercelli, del lado piamontés del valle, Roberto Guerrini, responsable local de Coldiretti, explicó que hasta ahora han logrado ayudar a todos mediante rotación de agua entre arrozales. Pero advirtió que si el agua no llega en una semana o diez días, habrá pérdidas de cultivos.
La disputa muestra cómo la sequía agrícola no solo reduce rendimientos: también obliga a renegociar prioridades entre regiones, cultivos y calendarios productivos.
El debate sobre adaptación agrícola
Silvia Garavaglia, responsable local del sindicato agrícola Coldiretti, afirmó que el sector lleva 20 años reclamando mejoras para almacenar agua durante el invierno. La crítica apunta a una infraestructura que no logra responder al nuevo ritmo de sequías, calor temprano y demanda estival.
La organización ambiental Legambiente sostuvo que la ingeniería agrícola no ha avanzado al ritmo del cambio climático y que el campo necesita una nueva transformación. Lorenzo Baio, responsable de recursos hídricos de Legambiente Lombardía, planteó que se debe mitigar el pico de demanda de agua durante el verano.
Entre las medidas mencionadas aparece reducir la superficie dedicada al maíz y modificar la gestión hídrica del arroz para inundar campos durante la primavera. La discusión se relaciona con estrategias de adaptación como las descritas en artículos sobre conservación del agua y selección de cultivos frente a la sequía.
Un cultivo emblemático bajo estrés climático
Algunos agricultores han intentado diversificar con trigo o soja, pero esos cultivos también sufren por la falta de agua y no pagan tan bien como el arroz, según Valdi. La rentabilidad condiciona la capacidad de adaptación, sobre todo en explotaciones familiares.
La sequía del valle del Po se combina con una ola de calor europea que climatólogos de World Weather Attribution vincularon con el cambio climático. Para el arroz italiano, el riesgo no es solo una campaña mala, sino una repetición más frecuente de veranos tempranos, ríos debilitados y riego insuficiente.
El impacto del clima sobre la agricultura europea ya se observa en otros cultivos, como ocurrió con la sequía en trigo y cebada en Alemania, donde el estrés hídrico alteró el desarrollo de los cereales.
La región arrocera italiana busca ahora una salida entre lluvias inciertas, reservas hídricas en descenso y decisiones de manejo que deberán adaptarse a un clima más cálido y variable.
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