Las altas temperaturas deterioran la calidad comercial del grano y empujan a los productores a sustituir variedades tradicionales por materiales capaces de completar mejor su maduración bajo veranos cada vez más cálidos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los productores de arroz de Japón están acelerando la adopción de variedades tolerantes a las altas temperaturas después de varios veranos excepcionalmente cálidos que deterioraron la calidad del grano y expusieron la vulnerabilidad de algunos de los cultivares tradicionales. El problema no se limita a cuánto arroz puede cosecharse: el calor durante la fase de llenado puede producir granos blanquecinos, opacos y frágiles que pierden valor comercial.
La transformación ya alcanza una superficie considerable. Datos del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón citados en informaciones recientes indican que las variedades resistentes al calor ocuparon alrededor de 248.000 hectáreas en 2025, equivalentes al 18 % de la superficie arrocera del país. La expansión supone un cambio importante respecto de las aproximadamente 42.000 hectáreas registradas anteriormente.
La situación japonesa representa una expresión regional de un desafío más amplio. Una investigación sobre la evolución de la producción internacional determinó que el cambio climático redujo parte del potencial productivo mundial del arroz, aunque durante décadas las mejoras de manejo, riego y superficie cultivada consiguieron compensar ampliamente ese efecto.
El calor afecta la formación y la apariencia del grano
El arroz es particularmente sensible a las temperaturas elevadas durante determinadas etapas de su desarrollo. El Ministerio de Agricultura japonés señala que cuando la temperatura media diaria supera aproximadamente los 26 o 27 °C durante los 20 días posteriores a la aparición de las espigas aumenta el riesgo de deterioro de la apariencia del grano.
El calor durante el llenado puede impedir que el almidón se acumule normalmente. Como consecuencia aparecen granos blanquecinos o parcialmente opacos que pueden conservarse como alimento, pero no alcanzan los estándares visuales exigidos para las categorías comerciales superiores.
Japón ya sufrió una demostración contundente de este fenómeno con la cosecha de 2023. Los resultados oficiales de las inspecciones de arroz integral mostraron que solo el 61,3 % obtuvo la clasificación de primera categoría, la proporción más baja registrada hasta entonces. El Ministerio atribuyó buena parte del deterioro a las temperaturas extremas y a la escasez de agua.
El comportamiento no fue igual entre variedades. En Niigata, uno de los grandes territorios arroceros japoneses, apenas el 4,9 % del Koshihikari inspeccionado alcanzó primera categoría, mientras que Shinnosuke llegó al 95,3 %. La diferencia mostró hasta qué punto la tolerancia varietal puede modificar el resultado comercial bajo un mismo episodio de calor.
La sensibilidad térmica del cultivo tampoco es un fenómeno exclusivamente japonés. Investigaciones sobre su historia evolutiva han advertido que el arroz puede estar aproximándose a límites térmicos importantes, pese a tratarse de una especie que evolucionó durante milenios en ambientes cálidos y húmedos de Asia.
Saga apuesta por Hinatamaru para soportar los nuevos veranos
Una de las regiones donde la reconversión avanza con mayor intensidad es Saga, en el suroeste japonés. Allí las variedades termotolerantes representan alrededor del 67 % de la superficie arrocera. Nagasaki se aproxima al 50 % y Shimane alcanza aproximadamente el 47 %, mientras que la penetración sigue siendo menor en zonas septentrionales históricamente condicionadas por temperaturas más bajas.
Entre los materiales que comienzan a ganar espacio aparece Hinatamaru, una variedad desarrollada por el Centro de Ensayos Agrícolas de la Prefectura de Saga después de unos 12 años de investigación. Las pruebas realizadas en 2024 mostraron resultados que permitieron avanzar hacia su utilización por productores.
Haruki Kawasaki, agricultor de 63 años de Shiroishi, en Saga, se encuentra entre quienes adoptaron Hinatamaru. Además del cambio de semilla, el calor ha obligado a modificar la jornada laboral: las tareas comienzan temprano y terminan cerca del mediodía para evitar las temperaturas más intensas de la tarde.
La adaptación mediante diversidad varietal adquiere especial relevancia en un cultivo con un enorme patrimonio genético. La conservación de materiales tradicionales, como demuestra una colección de 650 variedades de arroz preservada por un agricultor de India, mantiene recursos que pueden resultar valiosos para programas de mejoramiento destinados a enfrentar sequía, salinidad, enfermedades y otros tipos de estrés.
Japón desarrolla un abanico de variedades tolerantes
Hinatamaru no constituye un esfuerzo aislado. El sistema japonés de investigación agrícola dispone de diferentes variedades seleccionadas por su capacidad para conservar la calidad durante periodos de temperaturas elevadas. Entre ellas se encuentran Nijinokirameki, Koinoyokan, Emi no Kizuna y otros materiales desarrollados para distintas regiones y necesidades productivas.
El Ministerio de Agricultura describe a Nijinokirameki como una variedad con elevada tolerancia al calor y al encamado, granos grandes, buena apariencia y una calidad culinaria comparable con Koshihikari. También informa que puede superar aproximadamente en un 15 % el rendimiento de Koshihikari bajo determinadas condiciones.
Niigata, territorio estrechamente asociado con la producción de arroz de alta calidad, incorporó en 2026 otra alternativa: Natsuhime. La nueva variedad puede cosecharse durante agosto y fue desarrollada para mantener una elevada proporción de granos correctamente formados incluso bajo temperaturas estivales anormalmente altas. Para su primer año de cultivo general, las autoridades provinciales proyectaron unas 400 hectáreas.
La búsqueda de variedades resistentes constituye una de las principales vías de adaptación disponibles para el sector arrocero. En otros ambientes, la selección genética también está proporcionando respuestas frente a diferentes tipos de estrés: investigadores del Instituto Internacional de Investigación del Arroz identificaron una variante genética asociada con mayor rendimiento del arroz bajo condiciones de sequía durante una etapa crítica del ciclo reproductivo.
No basta con cambiar la semilla
Las autoridades agrícolas japonesas combinan el uso de variedades termotolerantes con modificaciones en el manejo del cultivo. Entre las recomendaciones se encuentran ajustar la fertilización mediante diagnósticos del desarrollo de las plantas, gestionar cuidadosamente el agua después de la emergencia de las espigas y evitar el drenaje prematuro de los arrozales antes de la cosecha.
También se aconsejan prácticas destinadas a mantener la fertilidad y estructura del suelo, entre ellas la incorporación de materia orgánica y residuos de arroz, así como un manejo adecuado de las plántulas durante periodos de temperaturas elevadas.
Estas medidas reflejan que la adaptación agrícola depende de una combinación de genética y manejo. Un estudio con variedades japonesas Koshihikari y Hitomebore cultivadas en Hawái demostró, por ejemplo, que el arroz japonés puede producirse mediante sistemas de secano con menor utilización de agua, alcanzando en los ensayos rendimientos comparables a los obtenidos en sistemas japoneses de secano.
El envejecimiento de los agricultores complica la adaptación
La transición varietal coincide con otro desafío estructural de la agricultura japonesa: el envejecimiento de su población rural. Cerca del 70 % de los trabajadores agrícolas tiene 65 años o más, por lo que la incorporación de nuevas semillas y prácticas debe realizarse con una fuerza laboral cada vez más envejecida y expuesta directamente a temperaturas extremas.
El calor está modificando incluso los horarios de trabajo. Algunos agricultores han trasladado determinadas inspecciones de frutas y hortalizas hacia la noche, mientras otros concentran sus actividades durante las primeras horas de la mañana. También existe interés por cultivos mejor adaptados a temperaturas elevadas, entre ellos okra, melón amargo y aguacate.
En los arrozales se suma otro efecto indirecto. Las condiciones cálidas también pueden favorecer determinadas plagas. Japón experimentó recientemente un fuerte aumento de chinches que dañan los granos de arroz, una presión adicional sobre un sector que ya enfrenta precios elevados, problemas de abastecimiento y la necesidad de incrementar la producción.
La calidad del arroz se convierte en una prioridad climática
La experiencia japonesa muestra que evaluar el impacto del calor exclusivamente mediante toneladas cosechadas puede ocultar una parte importante del problema. Un arrozal puede producir grano y, al mismo tiempo, registrar una fuerte caída de la proporción que cumple los requisitos comerciales de máxima calidad.
Las temperaturas elevadas durante la floración pueden afectar la fertilidad, mientras que el calor durante el llenado altera el desarrollo y apariencia del grano. Estos efectos se suman a sequías, irregularidad de las lluvias, plagas y cambios en la disponibilidad de agua, factores que condicionan cada vez más la producción mundial de este cereal.
La sustitución progresiva de variedades tradicionales por materiales termotolerantes representa, por tanto, una adaptación concreta a las nuevas condiciones productivas de Japón. El desafío para los programas de mejoramiento consiste en combinar tolerancia al calor con rendimiento, resistencia a enfermedades y las características culinarias que los consumidores esperan de un alimento central en la cultura y la economía agrícola japonesa.
Fuentes referenciales:
Infobae
Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón
Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón – Medidas frente a altas temperaturas
Prefectura de Niigata


