Agricultura

Ensayan kale como cultivo trampa contra una plaga de coles

Publicado el 05/10/2026 ·

Un primer ensayo de campo en Illinois encontró más larvas de Contarinia nasturtii en kale ruso que en las coles acompañantes, aunque el daño persistió y los investigadores continuarán las pruebas


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Investigadores de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, probaron durante la temporada 2026 una estrategia basada en utilizar kale ruso como cultivo trampa frente a Contarinia nasturtii, una pequeña mosquita invasora cuyas larvas atacan los puntos de crecimiento de coles y otras brásicas. El ensayo detectó una mayor cantidad de larvas en el kale que en las coles acompañantes, aunque estas últimas continuaron registrando daños.

La experiencia, desarrollada con un productor del condado de Cook, constituye una primera prueba de pequeña escala y no demuestra todavía que el sistema permita proteger eficazmente el cultivo comercial. El equipo de Illinois Extension indicó que espera continuar el trabajo durante la próxima temporada para determinar si la marcada preferencia del insecto por el kale ruso puede aprovecharse dentro de estrategias de manejo de la plaga.

El resultado adquiere interés porque C. nasturtii es difícil de identificar y sus daños pueden confundirse con problemas nutricionales, lesiones mecánicas u otras plagas. Esa dificultad refuerza la importancia de la detección temprana de señales de plagas en los cultivos antes de adoptar una medida de control.

Una plaga diminuta que ataca los brotes de las brásicas

Los adultos de Contarinia nasturtii, conocida en inglés como Swede midge, miden alrededor de dos milímetros y presentan una coloración entre marrón claro y naranja. Las larvas miden aproximadamente entre uno y cuatro milímetros y pasan de un tono blanco cremoso a amarillento conforme se desarrollan.

La especie se especializa en plantas de la familia de las brásicas, entre ellas kale, coles, brócoli, coliflor y coles de Bruselas. Las hembras pueden depositar hasta 100 huevos y las larvas se alimentan de tejidos jóvenes en los puntos de crecimiento. Su desarrollo larvario puede completarse en un periodo de entre siete y 21 días y, bajo condiciones favorables, pueden producirse hasta cinco generaciones durante un año.

La alimentación provoca brotes deformados, hojas hinchadas o arrugadas, cicatrices marrones en pecíolos y tallos y daños en los meristemos. Cuando existe una elevada cantidad de larvas, las zonas afectadas pueden presentar una apariencia húmeda semejante a una pudrición.

El insecto no transmite enfermedades vegetales, por lo que sus pérdidas derivan directamente de la alimentación de las larvas. La identificación correcta resulta particularmente importante en hortalizas, donde diferentes insectos pueden producir síntomas parecidos. Experiencias anteriores muestran que el manejo integrado de plagas en cultivos hortícolas depende precisamente de reconocer qué organismo está causando el daño antes de decidir cómo intervenir.

El kale ruso atrajo más larvas en el ensayo de Illinois

El equipo de Illinois trabajó durante el verano de 2026 con un productor de Cook County para comprobar si el kale ruso podía funcionar como cultivo trampa cuando se producen coles. La elección se basó en que esta variedad de kale figura entre las plantas preferidas por la mosquita.

La hipótesis era que una planta especialmente atractiva podría concentrar una proporción mayor de la infestación y disminuir la presión sobre las coles. Durante la temporada, los investigadores evaluaron los daños provocados por la plaga y contabilizaron las larvas cuando las lesiones alcanzaron niveles elevados.

Los recuentos encontraron más larvas en las plantas de kale ruso que en las coles, confirmando la mayor preferencia del insecto por el primero. Sin embargo, las coles continuaron presentando una cantidad considerable de daños.

Por esa razón, los resultados no permiten afirmar todavía que sembrar kale junto a las coles constituya por sí solo un método efectivo de control. Los investigadores describen la experiencia como su primer ensayo pequeño con esta plaga y plantean continuar la investigación durante el próximo verano.

El principio de utilizar determinadas plantas para modificar el comportamiento de los insectos ya forma parte de distintas estrategias agrícolas. Otros trabajos han evaluado cultivos que atraen plagas lejos de la especie que se busca proteger, pero la eficacia depende de la biología del insecto, las especies vegetales utilizadas y la disposición de las plantas en el campo.

El movimiento de plantas puede favorecer su dispersión

La mosquita fue detectada en Norteamérica por primera vez en Canadá en 2000 y posteriormente apareció en Estados Unidos, donde se confirmó inicialmente en Nueva York en 2004. En la región centro-norte estadounidense ha sido registrada en estados como Michigan, Ohio, Minnesota, Wisconsin e Illinois. En este último fue confirmada en 2017 en el condado de Cook.

Los adultos son voladores débiles. Illinois Extension señala que la propagación a nuevas zonas probablemente esté relacionada en buena medida con el movimiento de trasplantes infestados y no exclusivamente con el desplazamiento de los insectos adultos.

La Universidad de Minnesota también advierte que las pupas permanecen en el suelo y recomienda evitar el establecimiento de trasplantes en sustratos potencialmente infestados. En explotaciones donde la presencia de la plaga ha sido confirmada, la rotación con especies que no sean brásicas puede interrumpir su ciclo.

Este tipo de medidas culturales complementa la vigilancia directa del cultivo. En otros sistemas hortícolas, la experiencia con plagas capaces de afectar brócoli, repollo, coliflor y otras brásicas también ha mostrado la importancia de combinar identificación, monitoreo y manejo preventivo.

La rotación sigue siendo una herramienta central

Además del monitoreo mediante trampas con feromonas, las recomendaciones técnicas disponibles incluyen eliminar rápidamente residuos de cultivos después de la cosecha y establecer rotaciones suficientemente prolongadas para reducir las poblaciones que permanecen en el suelo.

University of Minnesota Extension recomienda una rotación de tres años en explotaciones afectadas y señala que la separación entre los campos también resulta importante. Asimismo, desaconseja utilizar brásicas como cultivos de cobertura en lugares con presencia confirmada de la mosquita, porque pueden actuar como reservorio y permitir que continúe reproduciéndose.

La protección mediante mallas puede emplearse en determinados cultivos de alto valor cuando la presión de la plaga es elevada. Las decisiones sobre insecticidas, cuando sean necesarias, deben realizarse siguiendo las autorizaciones y recomendaciones específicas de cada región y dentro de un programa integrado. Incluso herramientas de contacto utilizadas contra algunas plagas blandas, como el jabón potásico dentro del manejo integrado, dependen de identificar correctamente el organismo objetivo y no constituyen soluciones universales.

El ensayo con kale ruso abre ahora una pregunta concreta para las próximas temporadas: si su elevada atracción sobre C. nasturtii puede transformarse en una ventaja práctica mediante ajustes en la cantidad, distribución y manejo del cultivo trampa. Por ahora, la mayor concentración de larvas en el kale demuestra preferencia, pero el daño observado en las coles obliga a continuar las pruebas antes de recomendar la estrategia como una solución efectiva.

Fuentes referenciales:
University of Illinois Extension
Illinois Extension – Swede Midge
University of Minnesota Extension