Impacto Ambiental

La sequía amenaza con reducir un 6 % la producción agrícola de Kenia

Publicado el 10/10/2026 ·

Un análisis publicado el 9 de octubre por el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias estima que la combinación de pérdidas productivas, El Niño y mayores costos internacionales podría afectar los ingresos rurales y encarecer los alimentos. Los escenarios más severos proyectan una caída del PIB agropecuario de hasta el 6,1 %.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

La agricultura de Kenia enfrenta un escenario económico especialmente delicado durante 2026. Una nueva investigación del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), publicada el 9 de octubre, calcula que las pérdidas de productividad asociadas con las condiciones climáticas podrían reducir el producto interno bruto agropecuario del país entre un 4,5 % y un 6,1 %, dependiendo de la intensidad de los daños considerados.

El análisis examina la coincidencia de dos presiones sobre el sector rural: los efectos de un episodio intenso de El Niño sobre las lluvias y la producción, y el encarecimiento internacional de combustibles y fertilizantes vinculado con las perturbaciones comerciales en Oriente Medio.

Los investigadores concluyen que, bajo los supuestos utilizados, las pérdidas agrícolas relacionadas con el clima tendrían consecuencias económicas mucho mayores durante 2026 que el aumento de los precios energéticos.

El estudio fue elaborado por Emerta Aragie, del IFPRI; Shadrack Mwatu y Adan Shibia, del Instituto de Investigación y Análisis de Políticas Públicas de Kenia (KIPPRA); y Chris Hillbruner, también del IFPRI.

Sus resultados proceden de simulaciones económicas, no de un balance definitivo de cosechas. Las cifras describen posibles consecuencias de diferentes escenarios de productividad y permiten evaluar cómo una disminución de la oferta agrícola podría trasladarse a los mercados, los ingresos de las familias y la economía nacional.

Las lluvias de 2026 dejaron importantes pérdidas agrícolas

La principal preocupación del análisis es el comportamiento de las precipitaciones durante la temporada de lluvias largas de Kenia.

Esta campaña concentra aproximadamente el 70 % de la producción agrícola anual del país, por lo que cualquier alteración importante puede tener consecuencias sobre el abastecimiento y los ingresos de los productores.

Durante 2026, amplias zonas del oeste keniano experimentaron condiciones excepcionalmente secas. Los investigadores señalan que algunos territorios registraron entre junio y agosto su período más seco, o el segundo más seco, desde al menos 1981.

La escasez de precipitaciones afectó el desarrollo de los cultivos en regiones que desempeñan un papel importante en la producción nacional de cereales.

Las evaluaciones agrícolas disponibles al momento del estudio indicaban daños significativos en la campaña de lluvias largas.

El problema también alcanzó a la ganadería. Las autoridades pecuarias relacionaron la disminución de las entregas de leche con la sequía y la insuficiencia de forrajes.

Esta combinación resulta especialmente perjudicial para las explotaciones mixtas, que dependen simultáneamente de las cosechas y de los animales para obtener ingresos.

El maíz aparece entre los cultivos más expuestos

Para representar el impacto de la sequía, los investigadores construyeron tres escenarios de disminución de la productividad agrícola: leve, moderado y severo.

En el caso del maíz, las simulaciones consideran reducciones nacionales de productividad del 13 %, 15 % y 18 %, respectivamente.

Estos porcentajes no deben interpretarse como pérdidas definitivas ya medidas en todas las explotaciones. Son supuestos utilizados para examinar las posibles consecuencias económicas de la reducción de las cosechas.

El maíz tiene una importancia fundamental en la alimentación y en los mercados agrícolas kenianos. Una menor oferta nacional puede elevar la dependencia de compras exteriores y aumentar la presión sobre los precios internos.

El deterioro de la producción ya había generado preocupaciones comerciales durante septiembre. Mundo Agropecuario informó entonces sobre la propuesta de importar maíz blanco sin aranceles para compensar la caída de las cosechas kenianas.

La solicitud de los molineros contemplaba la entrada de hasta tres millones de toneladas durante un período de nueve meses, aunque su aprobación dependía de las autoridades.

El nuevo análisis del IFPRI incorpora una dimensión diferente: estima cómo una disminución de la productividad puede repercutir no solamente en el comercio de cereales, sino también en otros sectores de la economía.

La ganadería también sufriría pérdidas de productividad

El modelo contempla igualmente reducciones de productividad pecuaria.

En los tres escenarios analizados, las pérdidas supuestas para la ganadería son del 7 %, 8 % y 9 %.

Estas estimaciones reflejan la exposición de los sistemas ganaderos a condiciones que limitan la disponibilidad de pastos, agua y alimento suplementario.

Cuando una sequía reduce el crecimiento de la vegetación, los productores pueden verse obligados a trasladar animales, comprar forraje o disminuir temporalmente sus rebaños.

La falta de alimento también puede afectar la condición corporal del ganado y reducir la producción de leche.

En regiones pastoriles de Kenia, las familias dependen de sus animales como fuente de alimentos, ingresos y patrimonio.

Las dificultades provocadas por las sequías recurrentes han impulsado diferentes estrategias de adaptación. Una de ellas es la incorporación de camellos en comunidades ganaderas que buscan reducir su vulnerabilidad a la escasez de agua.

El estudio económico del IFPRI no evalúa específicamente esa transición ganadera, pero permite dimensionar la importancia de proteger la productividad pecuaria cuando las condiciones climáticas se deterioran.

La economía agrícola podría contraerse hasta un 6,1 %

Los resultados del modelo muestran diferencias importantes entre los efectos sobre la economía nacional y los que recaerían directamente sobre la agricultura.

En el conjunto del país, las simulaciones estiman una reducción del producto interno bruto de entre el 1,1 % y el 1,5 % respecto del escenario de referencia.

Sin embargo, las pérdidas proyectadas para el PIB agrícola son considerablemente mayores: entre el 4,5 % y el 6,1 %.

En el escenario moderado, que los investigadores utilizan como referencia central, la economía nacional registraría una disminución del 1,3 %, mientras que el PIB agrícola caería un 5,3 %.

La diferencia muestra que el sector agropecuario absorbería una parte especialmente importante del impacto económico.

Los autores explican que casi todas las pérdidas simuladas del PIB nacional y agrícola proceden de las reducciones de productividad relacionadas con el clima.

El incremento del precio del combustible, aunque representa una presión adicional sobre los costos, tendría un efecto mucho menor en las simulaciones correspondientes a 2026.

Estas proyecciones dependen de los supuestos del modelo y no constituyen una medición definitiva del desempeño económico keniano.

Los alimentos podrían encarecerse entre un 6,7 % y un 10,2 %

La disminución de la producción agrícola también tendría consecuencias sobre los mercados.

Los investigadores calculan que los precios de los productos agropecuarios podrían aumentar entre un 6,7 % y un 10,2 % en los escenarios considerados.

La explicación económica es que una menor disponibilidad de productos puede ejercer presión sobre las cotizaciones cuando la demanda se mantiene.

Sin embargo, el comportamiento real de los precios dependerá de otros factores, incluidos los inventarios, las importaciones, las medidas comerciales y la evolución de las siguientes cosechas.

El aumento de los precios agrícolas tampoco beneficia por igual a todos los productores.

Una explotación que conserva una cosecha comercializable puede recibir precios superiores, pero otra que perdió gran parte de su producción dispone de menos volumen para vender.

Además, numerosas familias rurales compran alimentos en los mercados, especialmente cuando sus propias cosechas resultan insuficientes.

Por ello, el encarecimiento puede afectar simultáneamente a consumidores urbanos y hogares agrícolas.

El modelo estima que, en el escenario moderado, el gasto real de los hogares disminuiría un 2,8 %. En los escenarios leve y severo, la reducción se situaría entre el 2,5 % y el 3 %.

La caída productiva puede aumentar la pobreza rural

El IFPRI también examinó las posibles consecuencias sociales de los cambios en la producción, los precios y los ingresos.

Para ello, los investigadores combinaron el modelo económico nacional con una herramienta de microsimulación que permite estimar efectos sobre distintos grupos de hogares.

En uno de los escenarios, aproximadamente 756.000 personas adicionales podrían caer en situación de pobreza.

El análisis también calcula que cerca de 4,9 millones de personas adicionales podrían experimentar una ingesta energética alimentaria insuficiente.

Estas cifras son resultados de simulación y no recuentos de personas que ya hayan sufrido esas consecuencias.

Su importancia reside en mostrar cómo una crisis agrícola puede extenderse más allá de las explotaciones y afectar el acceso a los alimentos.

Cuando disminuyen las cosechas, los hogares productores pueden perder ingresos. Si simultáneamente suben los precios, también se reduce su capacidad de compra.

El efecto puede ser especialmente intenso entre las familias que destinan una proporción elevada de sus recursos a la alimentación.

Los autores destacan que la magnitud final dependerá de la evolución del clima, las respuestas institucionales y las condiciones de los mercados.

El aumento del combustible tendría un efecto menor en 2026

Uno de los resultados más llamativos del estudio es la diferencia entre el impacto de los precios internacionales y el de las pérdidas agrícolas.

Los investigadores construyeron un escenario en el que el precio promedio del petróleo Brent durante 2026 alcanza 94 dólares por barril, frente a una referencia de 67 dólares sin las perturbaciones comerciales consideradas.

La diferencia representa un incremento aproximado del 40 %.

A pesar de esa subida, el modelo calcula una reducción del PIB nacional de alrededor del 0,01 % atribuible al encarecimiento del combustible.

En el caso del PIB agrícola, la simulación incluso muestra un pequeño efecto positivo, cercano al 0,03 %, relacionado parcialmente con cambios comerciales asociados con el tipo de cambio.

Esto no significa que el combustible más caro beneficie necesariamente a los agricultores.

El transporte, la maquinaria y otras actividades productivas pueden experimentar aumentos de costos, aunque el efecto agregado calculado para la economía sea reducido.

Los autores señalan que determinados mecanismos de importación de petróleo y medidas fiscales aplicadas en Kenia han contribuido a amortiguar parte de las presiones sobre los precios internos.

Los fertilizantes podrían generar mayores dificultades en 2027

El análisis también considera la evolución de los fertilizantes, uno de los insumos más importantes para numerosos cultivos comerciales.

Según los investigadores, gran parte de las adquisiciones de fertilizantes de Kenia para 2026 se había realizado antes de abril, lo que redujo la exposición inmediata a los incrementos posteriores de los precios internacionales.

Por esa razón, el modelo mantiene constantes los precios de los fertilizantes en el escenario principal correspondiente a este año.

Sin embargo, los autores advierten que los costos elevados podrían trasladarse con mayor intensidad a las compras destinadas a 2027.

El Programa Nacional de Subsidios a los Fertilizantes de Kenia puede ayudar a proteger parcialmente a los productores.

Su eficacia depende, no obstante, de que los insumos estén disponibles a tiempo y lleguen a los agricultores que cumplen las condiciones para recibirlos.

La situación refuerza la importancia de ajustar las decisiones de fertilización a las necesidades reales de los cultivos.

El problema forma parte de un contexto internacional más amplio. Un análisis publicado anteriormente en Mundo Agropecuario mostró las grandes diferencias en el uso de nitrógeno, fósforo y potasio entre países y sistemas agrícolas.

La disponibilidad de fertilizantes constituye una condición importante para la productividad, pero su aplicación debe considerar también la humedad del suelo, el cultivo y las condiciones económicas de cada explotación.

El modelo distingue 46 sectores de la economía keniana

Para construir las proyecciones, el IFPRI utilizó RIAPA-AI, una herramienta de análisis económico basada en su modelo de equilibrio general computable.

El sistema permite representar relaciones entre actividades productivas, hogares, precios y otros componentes de la economía.

La versión aplicada a Kenia utiliza una matriz de contabilidad social correspondiente a 2022.

Esta base distingue 46 sectores productivos, incluidos 20 relacionados con la agricultura y la alimentación.

De ellos, 12 corresponden a actividades agropecuarias primarias y ocho al procesamiento de productos alimentarios.

Los otros 26 sectores abarcan actividades industriales y de servicios.

El modelo también diferencia 15 grupos de hogares, lo que permite examinar cómo los cambios económicos podrían afectar de manera desigual a la población.

Los investigadores incorporaron supuestos sobre rendimientos agrícolas, productividad ganadera y precios del combustible.

Posteriormente analizaron cómo esas alteraciones podrían propagarse hacia los precios, el empleo, los ingresos y el consumo.

Este procedimiento permite estudiar posibles consecuencias indirectas, aunque sus resultados siguen sujetos a incertidumbre.

Las próximas lluvias pueden cambiar el resultado de la campaña

Una de las principales fuentes de incertidumbre identificadas por el IFPRI es la temporada de lluvias cortas, que normalmente se desarrolla entre octubre y diciembre.

El episodio de El Niño puede favorecer precipitaciones superiores al promedio en determinadas regiones de Kenia durante esa temporada.

Una recuperación adecuada de las lluvias permitiría mejorar el desarrollo de algunos cultivos y la disponibilidad de pastos.

Sin embargo, precipitaciones excesivas también pueden provocar inundaciones y daños agrícolas.

Para examinar ambas posibilidades, los investigadores compararon el escenario moderado con dos alternativas.

En una de ellas, la producción de la temporada de lluvias cortas supera en un 15 % su nivel habitual.

En la otra, se sitúa un 15 % por debajo de ese nivel.

Los resultados muestran que el comportamiento de esta segunda temporada agrícola puede modificar significativamente el balance económico anual.

Una buena campaña final reduciría parte de las pérdidas

Cuando el modelo incorpora una producción de lluvias cortas un 15 % superior al promedio, las pérdidas del PIB nacional disminuyen 0,4 puntos porcentuales respecto del escenario moderado central.

En el PIB agrícola, la mejora alcanza 1,6 puntos porcentuales.

Los investigadores también estiman que este escenario favorable reduciría en unas 127.000 personas el aumento de la pobreza proyectado para el escenario moderado.

La cantidad adicional de personas con ingesta alimentaria insuficiente disminuiría aproximadamente en 1,7 millones respecto de esa misma referencia.

Estos resultados muestran la importancia de las cosechas de final de año para compensar parcialmente las pérdidas anteriores.

No obstante, una recuperación productiva no necesariamente eliminaría todos los daños económicos sufridos por las explotaciones durante la primera parte del año.

Los agricultores que perdieron cosechas pueden mantener deudas, necesidades de reposición de semillas o dificultades para financiar la siguiente campaña.

La recuperación de la actividad también depende de la disponibilidad de insumos, agua y servicios rurales.

Las lluvias insuficientes agravarían el deterioro económico

El escenario alternativo menos favorable contempla una producción de lluvias cortas un 15 % inferior al promedio.

En ese caso, las pérdidas del PIB nacional alcanzarían aproximadamente el 1,7 %.

Frente al escenario moderado central, el número adicional de personas que caerían en pobreza aumentaría en unas 78.000.

La población adicional con insuficiencia de energía alimentaria crecería alrededor de 1,3 millones respecto de la misma referencia.

Estas cifras ilustran la sensibilidad de la economía keniana a la evolución de las próximas cosechas.

Los investigadores advierten que las lluvias intensas y las sequías pueden producir efectos muy diferentes según la región y el momento del ciclo agrícola.

Por ello, la presencia de El Niño no permite anticipar automáticamente una mejora o un deterioro uniforme de la producción.

El seguimiento de las condiciones locales seguirá siendo fundamental para interpretar el comportamiento de los cultivos y los sistemas ganaderos.

La protección de los productores requiere medidas específicas

El estudio señala la necesidad de respuestas públicas capaces de reducir las consecuencias de las pérdidas agrícolas sobre los hogares vulnerables.

Las posibles intervenciones deben considerar las diferencias entre productores, regiones y sistemas de explotación.

Una familia dedicada principalmente a la producción de maíz enfrenta riesgos distintos de los de una explotación ganadera dependiente de pastizales naturales.

También existen diferencias entre productores que venden gran parte de sus cosechas y aquellos que utilizan la producción principalmente para alimentar a sus familias.

Los investigadores consideran importante actuar con rapidez cuando las pérdidas de productividad amenazan los ingresos y la disponibilidad de alimentos.

Las políticas relacionadas con fertilizantes, mercados y apoyo a los hogares necesitan ajustarse a las condiciones concretas de cada territorio.

El análisis también advierte que una temporada favorable de lluvias cortas podría aliviar parte de las pérdidas, pero no elimina la posibilidad de nuevos problemas climáticos durante 2027.

Los autores mencionan especialmente la incertidumbre sobre la evolución posterior de El Niño y una posible transición hacia condiciones de La Niña.

El impacto climático supera al de los precios internacionales

La principal conclusión del análisis del IFPRI es que la pérdida de productividad agropecuaria representa el riesgo económico dominante para Kenia durante 2026, dentro de los escenarios examinados.

Mientras el aumento de los precios del combustible tendría un efecto agregado relativamente limitado, los daños agrícolas asociados con la sequía podrían reducir el PIB del sector entre un 4,5 % y un 6,1 %.

Las consecuencias también alcanzarían a los mercados, con aumentos simulados de precios agropecuarios de entre el 6,7 % y el 10,2 %.

La investigación subraya que estos resultados no son pérdidas definitivas, sino proyecciones construidas a partir de supuestos sobre producción, clima y precios.

Su utilidad consiste en mostrar cómo las perturbaciones agrícolas pueden afectar simultáneamente a productores, consumidores y actividades económicas relacionadas.

El comportamiento de las lluvias entre octubre y diciembre será una variable decisiva para determinar cuánto pueden recuperarse las cosechas y los ingresos rurales antes de finalizar el año.

Para Kenia, el desafío inmediato es sostener la producción de alimentos y la actividad ganadera mientras se evalúan medidas que permitan reducir las pérdidas y proteger a las familias más expuestas.

Fuentes referenciales:
Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI): análisis económico sobre El Niño y los precios internacionales en Kenia, 9 de octubre de 2026
FEWS NET: perspectivas de seguridad alimentaria y producción agropecuaria de Kenia, agosto de 2026
Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC): evaluación de Kenia para julio de 2026 a enero de 2027