La polinización vibratoria de los abejorros mejora el rendimiento del tomate protegido, pero su cría masiva, transporte y destino final generan dudas sobre bienestar animal, biodiversidad y transparencia en la producción
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Los abejorros se han convertido en aliados centrales del cultivo comercial de tomates bajo invernadero. Su capacidad de realizar polinización vibratoria permite liberar el polen de flores donde otros insectos no logran hacerlo con la misma eficacia. Para los productores, esto significa plantas mejor polinizadas, frutos de mayor calidad y una reducción del trabajo manual que durante décadas fue necesario para asegurar la fecundación de las flores.
Pero detrás de esa imagen de agricultura natural aparece una discusión más incómoda. La cría industrial de abejorros, su transporte a gran escala y el destino de las colonias una vez terminada la polinización están siendo cuestionados por expertos y organizaciones ambientales. La situación resulta especialmente relevante para el sector hortícola, donde el uso de abejorros en tomate se asocia cada vez más con eficiencia productiva, pero también con responsabilidad ecológica.
Por qué los abejorros son tan valiosos para el tomate
El tomate pertenece al grupo de plantas que se benefician de la polinización por vibración. El abejorro se fija a la flor, vibra con la musculatura de sus alas y sacude el polen que permanece atrapado en las estructuras florales. Esa capacidad explica por qué se ha vuelto tan importante en invernaderos y túneles, donde el acceso de insectos silvestres es limitado.
Hasta finales de la década de 1980, muchos productores tenían que sacudir manualmente las plantas para imitar ese efecto. En producciones comerciales, ese trabajo resultaba lento, costoso y difícil de sostener. La introducción de colonias comerciales de abejorros permitió reemplazar gran parte de esa labor manual y estabilizar la polinización en ambientes protegidos.
La ventaja no se limita al ahorro de mano de obra. En sistemas donde se emplean abejorros, suele reducirse el uso de ciertos productos químicos, porque los fitosanitarios pueden dañar a los propios polinizadores. Por eso, la polinización comercial se ha integrado a estrategias de producción más cuidadosas, junto con prácticas como el control biológico de plagas del tomate en invernadero.
Una industria organizada alrededor de colonias comerciales
La especie más utilizada es la llamada abejorro terrestre oscuro, Bombus terrestris. En la naturaleza, estos insectos viven en colonias estacionales; en otoño mueren obreras, machos y reinas viejas, mientras las reinas jóvenes pasan el invierno y forman nuevas colonias en primavera. En la agricultura protegida, sin embargo, las colonias son criadas de forma masiva para responder a la demanda de productores hortícolas.
El artículo original señala que en Europa los países líderes en esta cría comercial son Bélgica, Países Bajos y España. También recoge que alrededor de 30 empresas en el mundo participan en la producción de abejorros para uso agrícola y que más de un millón de colonias se emplean cada año solo en Europa con fines comerciales.
El sistema funciona mediante cajas o cartones con colonias que se colocan dentro de los invernaderos. En promedio, 40 obreras pueden polinizar unos 1.000 metros cuadrados de plantas de tomate durante ocho a doce semanas. La magnitud del proceso muestra que no se trata de una práctica marginal, sino de una pieza importante dentro de la horticultura protegida moderna.
El dilema después de la polinización
La cuestión más sensible aparece cuando termina el periodo útil de las colonias. Las organizaciones ambientales y especialistas en abejorros critican que muchos de estos insectos no pueden liberarse al ambiente, porque podrían representar un riesgo para poblaciones silvestres. En ese escenario, su destino puede ser la eliminación por congelación o incineración, una práctica que ha generado fuertes cuestionamientos.
El problema no se limita al bienestar animal. La liberación accidental o deliberada de abejorros criados comercialmente puede alterar poblaciones locales, competir con especies nativas o transmitir patógenos. Ese riesgo ha sido documentado especialmente en regiones donde especies introducidas terminaron afectando a abejorros locales.
El caso sudamericano resulta ilustrativo: la expansión de Bombus terrestris en Chile y Argentina fue vinculada al desplazamiento del abejorro gigante nativo Bombus dahlbomii, una especie emblemática de la región. La preocupación se relaciona con la misma pregunta que hoy atraviesa el uso de polinizadores y hábitats de calidad: cómo aumentar la productividad sin deteriorar la diversidad de insectos que sostiene los ecosistemas agrícolas.
Parásitos, enfermedades y falta de transparencia
Otro punto crítico es la posible transmisión de parásitos y enfermedades desde colonias comerciales hacia poblaciones silvestres. El texto recoge una investigación británica de 2013 en la que 37 de 48 colonias comerciales analizadas presentaban parásitos. Si abejorros infectados escapan o entran en contacto con flores visitadas luego por insectos silvestres, pueden dejar rastros de patógenos en el polen.
Ese mecanismo aumenta el riesgo de contagio indirecto entre individuos y especies. Para los especialistas, no basta con evaluar la productividad dentro del invernadero; también debe observarse qué ocurre fuera de él, sobre todo en paisajes donde conviven agricultura intensiva, flores silvestres y polinizadores nativos.
La investigación periodística también destaca la dificultad para obtener respuestas claras de algunos actores del sector. Productores y distribuidores consultados ofrecieron poca información sobre el destino de las colonias una vez terminada la polinización. Esa falta de transparencia alimenta las dudas sobre una práctica que suele presentarse como natural, pero que depende de una cadena comercial intensiva y altamente organizada.
Más rendimiento, pero con costos ambientales
La polinización con abejorros ofrece beneficios claros para el tomate de invernadero: mejora el cuajado, reduce la dependencia del trabajo manual y puede acompañar modelos con menor presión química. Sin embargo, su expansión también implica consumo energético en instalaciones de cría, transporte internacional de colonias y posibles impactos sobre la biodiversidad.
La discusión se vuelve más amplia cuando se mira el auge de la producción intensiva bajo cubierta. Los invernaderos modernos permiten altos rendimientos, control climático y producción más estable, como ocurre en sistemas donde los tomates de invernadero se benefician de tecnologías de iluminación y manejo ambiental. Pero cada mejora técnica debe evaluarse también por sus efectos secundarios.
En el caso de los abejorros comerciales, el reto es combinar productividad con protocolos más estrictos: control sanitario de colonias, prevención de escapes, uso responsable de especies nativas cuando sea posible, transparencia sobre el destino final de los insectos y monitoreo de efectos sobre polinizadores silvestres.
Una pregunta incómoda para la horticultura moderna
El uso de abejorros en tomates muestra una tensión cada vez más visible en la agricultura protegida. Lo que parece una solución biológica frente al trabajo manual y al uso químico también puede convertirse en un problema si se maneja sin suficiente control ambiental y sanitario.
Para el productor, la polinización con abejorros seguirá siendo una herramienta valiosa mientras no existan alternativas igual de eficientes y accesibles. Para el consumidor, el debate abre una pregunta sobre el origen real de alimentos que llegan al mercado con imagen natural. Y para el sector agropecuario, deja una tarea pendiente: hacer más transparente una tecnología productiva que ya forma parte de la cadena global del tomate.
Fuente(s) referenciales
PETBOOK: So stark leiden Hummeln für den Anbau von Tomaten
