El abejorro nativo que mejora el rendimiento y la calidad del tomate en Argentina


La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y la empresa Brometan investigan el uso de Bombus pauloensis como polinizador en cultivos de tomate, con ensayos que muestran mejoras en cantidad, peso y tamaño de los frutos


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

El abejorro nativo Bombus pauloensis empieza a ocupar un lugar estratégico en la producción de tomate en Argentina. Investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, junto con la empresa Brometan, estudian su potencial como polinizador comercial y lo presentan como una alternativa a la abeja melífera tradicional en cultivos donde la vibración de las flores resulta decisiva para liberar el polen.

El trabajo es liderado por Florencia Palottini, docente de Zoología Agrícola de la FAUBA e investigadora del CONICET. La investigación apunta a entender cómo este abejorro nativo de América del Sur puede mejorar la eficiencia de la polinización en tomate y otros cultivos, especialmente bajo sistemas productivos donde se busca elevar rendimiento, calidad y manejo ambiental.

La importancia del tema no es menor: alrededor del 35 % de la producción mundial de alimentos depende del trabajo de insectos polinizadores. En ese contexto, el uso de especies nativas puede fortalecer la producción hortícola y, al mismo tiempo, abrir una discusión sobre biodiversidad, manejo de agroquímicos y servicios ecosistémicos en el campo.

Por qué el abejorro funciona bien en tomate

El Bombus pauloensis posee características que lo vuelven especialmente eficaz como polinizador. Tiene un cuerpo grande y cubierto de pelos, puede cargar mucho polen y mantiene una actividad constante incluso en condiciones adversas. Esa combinación lo diferencia de otros insectos y explica por qué se lo estudia para servicios de polinización en cultivos comerciales.

En tomate y berenjena, su aporte es particularmente relevante por el mecanismo de polinización por vibración. Estas flores no siempre liberan el polen con facilidad, pero el abejorro logra hacerlo mediante movimientos vibratorios que favorecen una mejor fecundación. Esa capacidad se vincula directamente con temas ya conocidos de polinización y productividad agrícola, donde la eficiencia del agente polinizador puede influir en la cantidad y calidad de los frutos.

Desde Brometan señalan que, frente al “hormoneo”, el uso de este abejorro puede generar aumentos de hasta 25 % en la cantidad de tomates, 10 % en peso y 3 % en tamaño. Son datos que colocan al polinizador nativo como una herramienta de interés práctico para productores que buscan mejorar resultados sin depender únicamente de intervenciones artificiales.

Cajas nido para llevar el polinizador al cultivo

El Bombus pauloensis puede verse en jardines y espacios verdes del Área Metropolitana de Buenos Aires, pero no siempre aparece en cantidad suficiente cerca de las producciones. Palottini explicó que los abejorros nidifican en cavidades y en hojarasca acumulada en el suelo, ambientes que la agricultura intensiva suele reducir.

Para asegurar su presencia en los cultivos, los investigadores y las empresas vinculadas al desarrollo proponen el uso de “cajas nido”. Biobest cría Bombus pauloensis, mientras Brometan comercializa estas cajas y acompaña el trabajo con respaldo de la investigación de FAUBA.

María José Ramírez Soria, responsable de Sistemas Biológicos en Brometan, detalló que estas colmenas incluyen una reina, larvas, huevos y entre 80 y 120 obreras. Una vez instaladas en el cultivo, las obreras comienzan a polinizar las flores a cambio de néctar y polen. El armado de cada caja demora unos cuatro meses y su duración habitual es de ocho semanas, aunque puede variar según la época del año, las condiciones del cultivo y el manejo de plagas.

Cuántas colmenas necesita un cultivo de tomate

El número de cajas nido necesarias depende del tipo de tomate y de la cantidad de flores que presenta cada variedad. En tomate redondo se estiman seis colmenas por hectárea; en tomate perita, ocho; y en tomate cherry, hasta doce colmenas por hectárea. Esa diferencia muestra que el manejo de polinizadores debe adaptarse al sistema productivo y no aplicarse como una receta única.

La integración de colmenas dentro de invernaderos también obliga a mejorar el uso de agroquímicos. Ramírez Soria destacó que trabajar con estos insectos implica aplicar buenas prácticas y un manejo más cuidadoso y medido de los productos fitosanitarios, con beneficios para el ambiente, los operarios y los alimentos.

Este enfoque coincide con otros estudios sobre polinizadores silvestres y cultivos, donde la diversificación del ambiente agrícola puede aumentar la presencia de insectos útiles y mejorar la polinización sin separar productividad y conservación.

Investigación sobre comportamiento y aprendizaje

El rendimiento y la calidad del fruto no dependen solo de colocar una caja nido en el cultivo. Detrás hay investigación sobre biología, fisiología y comportamiento del abejorro. Denise Nery, docente de Zoología Agrícola en la FAUBA, explicó que el manejo de estos insectos requiere comprender cómo aprenden y cómo responden a señales de las flores.

Cuando una obrera visita una flor atraída por su color y aroma, y encuentra una recompensa en forma de néctar o polen, genera una asociación. En la siguiente salida del nido buscará señales similares para encontrar alimento. Ese aprendizaje es clave para mejorar la eficiencia de la polinización y orientar mejores estrategias de manejo.

Palottini y su equipo siguieron esa línea en experimentos publicados en Journal of Experimental Biology. Para la investigadora, conocer más aspectos biológicos de esta especie nativa permite ofrecer mejores herramientas a empresas y productores. Esa mirada resulta especialmente importante en una agricultura que necesita sumar productividad, biodiversidad y manejo integrado.

Una alternativa nativa frente a la agricultura intensiva

El uso del abejorro nativo no elimina la importancia de otros polinizadores, pero agrega una opción adaptada a cultivos donde la abeja melífera no siempre ofrece el mejor resultado. La conservación de polinizadores nativos es cada vez más relevante porque muchos sistemas agrícolas dependen de insectos que están perdiendo hábitat, alimento y sitios de nidificación.

En tomate, el avance de Bombus pauloensis muestra cómo una especie local puede transformarse en una herramienta productiva si se combina investigación científica, cría controlada, manejo de cajas nido y buenas prácticas en el uso de fitosanitarios. La clave está en integrar al polinizador dentro del sistema, no tratarlo como un insumo aislado.

El caso argentino también refuerza la importancia del tomate como cultivo hortícola de alto valor. La polinización, la fertilización y el desarrollo del fruto son procesos biológicos decisivos, como ya se ha observado en investigaciones sobre desarrollo de los tomates. En ese ciclo, el abejorro nativo puede aportar una mejora concreta allí donde la flor necesita vibración, constancia y eficiencia.

Referencias

Infocampo – Huertas biodiversas: el abejorro nativo, un polinizador que eleva el rinde y la calidad del tomate



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