Agricultura

Los abejorros muestran reacciones similares a expresiones faciales

Publicado el 10/07/2026 · REDACCION

Experimentos con grabaciones en cámara lenta revelaron respuestas diferentes ante soluciones dulces, saladas y amargas, lo que aporta nuevas evidencias sobre la complejidad sensorial de estos polinizadores.


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

Los abejorros pueden mostrar conductas semejantes a expresiones faciales cuando prueban alimentos agradables o desagradables. Una serie de experimentos realizados con ejemplares de abejorro común reveló movimientos diferenciados después de consumir líquidos dulces, salados o amargos.

La investigación fue desarrollada por un equipo encabezado por Cwyn Solvi, de la Southern Medical University, en Guangzhou, China. Los científicos utilizaron grabaciones en cámara lenta para observar movimientos muy pequeños de la cabeza y de las piezas bucales que pueden pasar inadvertidos a simple vista.

Los resultados no demuestran que los insectos experimenten emociones del mismo modo que los seres humanos. Sin embargo, indican que pueden evaluar determinados estímulos como agradables o desagradables y manifestar externamente respuestas relacionadas con esa valoración.

Decenas de abejorros de 18 colonias participaron en las pruebas

Los experimentos incluyeron decenas de individuos procedentes de 18 colonias diferentes de abejorro común, cuyo nombre científico es Bombus terrestris. Cada insecto recibió distintos tipos de líquidos mientras las cámaras registraban con detalle sus movimientos.

Los investigadores compararon las respuestas producidas por soluciones azucaradas con las observadas después del consumo de líquidos salados o amargos. Las diferencias aparecieron de manera suficientemente consistente como para distinguir reacciones asociadas con aceptación y rechazo.

El estudio se suma a una línea creciente de trabajos que examinan la capacidad de los abejorros para aprender, tomar decisiones y adaptar su conducta. Investigaciones anteriores ya habían mostrado que estos insectos pueden resolver problemas para alcanzar una recompensa alimentaria, incluso cuando la tarea exige combinar experiencias previas con una situación nueva.

La solución dulce provocó una respuesta de aceptación

Después de consumir soluciones con azúcar, los abejorros extendieron la glosa, una estructura alargada que forma parte de sus piezas bucales y que funciona como una lengua especializada para recoger líquidos.

El equipo interpretó este movimiento como una conducta comparable, por su función externa, con relamerse los labios después de probar algo agradable. La comparación no implica que la anatomía ni la experiencia subjetiva sean equivalentes a las humanas, sino que el gesto aparece asociado con un estímulo valorado positivamente.

El azúcar representa una fuente inmediata de energía para los abejorros. En condiciones naturales, la concentración de azúcares del néctar influye en la elección de las flores, la duración de las visitas y la posibilidad de regresar posteriormente al mismo recurso.

Esta capacidad de evaluar recompensas permite a los polinizadores ajustar sus recorridos y aprovechar mejor el alimento disponible. Los abejorros no visitan las flores de manera completamente automática: reconocen señales, comparan recursos y modifican su comportamiento a partir de la experiencia.

Los sabores amargos y salados generaron rechazo

Las respuestas fueron diferentes cuando los insectos probaron líquidos salados o amargos. En esos casos, los abejorros realizaron movimientos de cabeza interpretados como rechazo y se limpiaron las piezas bucales.

El movimiento de la cabeza se parecía a una sacudida destinada a apartarse del alimento, mientras que la limpieza de la boca podía ayudar a retirar sustancias poco atractivas. La combinación de ambas acciones permitió diferenciar claramente estas pruebas de aquellas realizadas con soluciones azucaradas.

Los científicos señalaron que este tipo de comportamiento no había sido documentado previamente en insectos con el mismo nivel de detalle. Las grabaciones lentas resultaron fundamentales para identificar la secuencia de movimientos y relacionarla con cada tipo de alimento.

La respuesta ante la calidad nutricional también puede afectar a las colonias. Otro trabajo difundido por Mundo Agropecuario mostró que la escasez de polen modifica la conducta y la fisiología de las abejas, con aumentos de agresividad y señales de estrés cuando el alimento proteico resulta insuficiente.

Conductas parecidas a estados emocionales

Andrew Barron, neurocientífico de la Macquarie University, en Sídney, Australia, participó en el estudio y destacó que todavía no es posible determinar qué experimentan realmente los abejorros cuando prueban cada sustancia.

Lo que sí puede observarse son conductas parecidas a las que otros animales utilizan para expresar aceptación o rechazo. Por esta razón, los investigadores emplean términos como “comportamientos similares a emociones” y evitan afirmar que los insectos sienten placer o disgusto de la misma forma que una persona.

Las expresiones externas son una herramienta importante para estudiar los estados internos de los animales. En especies que no pueden comunicar verbalmente sus experiencias, los movimientos corporales, la orientación, la velocidad de respuesta y las elecciones permiten formular hipótesis sobre cómo procesan los estímulos.

Estas evidencias coinciden con estudios que atribuyen a abejas y abejorros capacidades cognitivas más amplias de lo que se suponía. Un científico especializado en estos insectos ha defendido que las abejas presentan aprendizaje complejo y posibles estados emocionales, aunque el alcance de estas interpretaciones continúa siendo debatido.

Un cerebro pequeño capaz de valorar experiencias

Fei Peng, científico cognitivo de la Southern Medical University y coautor del trabajo, explicó que muchas personas aceptan que los insectos pueden percibir, aprender y tomar decisiones, pero encuentran más difícil admitir que sean capaces de clasificar una experiencia como agradable o desagradable.

El nuevo experimento aporta una señal observable de ese proceso de valoración. Los abejorros no respondieron únicamente a la presencia de líquido, sino que modificaron su conducta en función de las propiedades gustativas de la solución recibida.

El tamaño reducido del cerebro de los insectos no impide que desarrollen respuestas flexibles. Los abejorros necesitan localizar flores, recordar rutas, reconocer colores y olores, comparar recompensas y regresar a la colonia después de desplazamientos complejos.

También pueden adquirir información observando a otros ejemplares. Las pruebas sobre aprendizaje social en abejorros han mostrado que son capaces de incorporar conductas complejas después de observar cómo otro individuo resuelve una tarea.

Las conclusiones podrían extenderse a otros insectos

Los investigadores consideran que las implicaciones del trabajo no se limitan a los abejorros. La organización básica del cerebro presenta similitudes importantes entre diferentes grupos de insectos, incluidas abejas, moscas y otras especies de seis patas.

Esto plantea la posibilidad de que respuestas de aceptación y rechazo ante experiencias sensoriales también estén presentes en otros insectos. No obstante, cada especie deberá evaluarse mediante experimentos específicos antes de extender las conclusiones.

Las reacciones observadas tampoco confirman que estos animales utilicen sus movimientos para comunicarse entre sí. Todavía no está claro si otro abejorro puede interpretar la extensión de la glosa, las sacudidas de cabeza o la limpieza de las piezas bucales como información sobre la calidad de un alimento.

El estudio se concentra en la respuesta individual del insecto inmediatamente después de probar una sustancia. Determinar si esos gestos tienen una función social requerirá observar cómo reaccionan otros miembros de la colonia cuando están presentes.

Por qué importa para la agricultura

Los abejorros son polinizadores relevantes para numerosos cultivos y plantas silvestres. Su comportamiento determina qué flores visitan, cuánto tiempo permanecen en ellas y con qué frecuencia transportan polen entre ejemplares de una misma especie vegetal.

Comprender cómo evalúan el alimento puede ayudar a interpretar sus decisiones dentro de huertos, invernaderos y paisajes agrícolas. La calidad del néctar y del polen, la diversidad floral y la presencia de sustancias desagradables pueden modificar las rutas de alimentación y la eficacia de la polinización.

Estos insectos son particularmente valiosos por su capacidad de realizar polinización por zumbido. Al sujetarse a determinadas flores y hacer vibrar sus músculos de vuelo, liberan polen que otros polinizadores no extraen con la misma eficiencia.

La protección de sus hábitats resulta esencial para conservar este servicio. La pérdida de flores, la simplificación del paisaje, el uso de plaguicidas y el estrés climático pueden reducir las fuentes de alimento y alterar conductas necesarias para el mantenimiento de las colonias.

Una nueva mirada sobre la sensibilidad de los insectos

Durante mucho tiempo, los insectos fueron descritos como organismos guiados casi exclusivamente por reflejos y respuestas automáticas. Los experimentos actuales muestran un panorama más complejo, con aprendizaje, memoria, evaluación de recompensas y adaptación a cambios del entorno.

Las grabaciones realizadas por el equipo de Guangzhou añaden una manifestación visible a esa discusión. Ante el azúcar, los abejorros extendieron la lengua; frente a sabores salados o amargos, sacudieron la cabeza y limpiaron sus piezas bucales.

La investigación no permite conocer la experiencia subjetiva de los animales, pero sí demuestra que distinguen entre estímulos agradables y desagradables mediante patrones conductuales identificables. Esta diferencia abre nuevas vías para estudiar el bienestar, la cognición y la percepción sensorial de los insectos polinizadores.

Fuente(s) referenciales

Spektrum der Wissenschaft: Hummeln reagieren auf Futter mit Gesichtsausdrücken



Mundo Agropecuario
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