La Universidad Estatal de Pensilvania probó híbridos compactos, surcos estrechos y mayor densidad de siembra en sistemas de producción de forraje para ganado lechero.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, estudió si el maíz de baja estatura puede ayudar a controlar las malezas en explotaciones lecheras sin perjudicar la producción de ensilaje. Los ensayos dirigidos por la investigadora Noelle Connors encontraron que la combinación de surcos estrechos y una mayor densidad de plantas fue la más eficaz para limitar el crecimiento y la producción de semillas de las malezas evaluadas.
El trabajo se centra en fincas que alternan maíz para ensilaje con cereales de invierno destinados también a forraje. En esos sistemas, controlar las malezas durante el ciclo del maíz es una tarea habitual. La investigación examinó hasta qué punto el propio cultivo, mediante una disposición más competitiva de las plantas, podría asumir parte de esa función.
Surcos más estrechos y plantas resistentes al vuelco
El equipo comparó híbridos de baja estatura con híbridos convencionales y probó distintas densidades de siembra. También contrastó surcos separados por 15 pulgadas —unos 38 centímetros— con la distancia habitual de 30 pulgadas —unos 76 centímetros—. La idea es que un cultivo más denso cierre antes el espacio entre hileras y reduzca la luz disponible para las malezas.
La siembra densa puede aumentar el riesgo de vuelco en maíces convencionales. Los híbridos más bajos ofrecen una posible respuesta a ese problema por su mayor resistencia a inclinarse o caer, aunque su comportamiento productivo debe evaluarse según las condiciones de cultivo. Para las explotaciones lecheras, además, importa tanto la cantidad cosechada como la calidad del maíz destinado a ensilaje.
Los investigadores trasplantaron a las parcelas tres malezas problemáticas en distintos momentos del ciclo: una cucurbitácea trepadora conocida como burcucumber, el abrojo común y el bledo de Palmer. Después midieron la biomasa y las semillas producidas por esas plantas, además del rendimiento y la calidad del ensilaje. También registraron la luz que atravesaba el cultivo y las condiciones de humedad y temperatura del suelo.
La fecha de aparición de las malezas resultó decisiva
Según Penn State Extension, la mayor densidad de siembra tendió a mejorar el rendimiento del ensilaje durante los dos años estudiados, con diferencias pequeñas en su calidad entre los híbridos comparados. En el control de malezas, la variable de mayor peso fue cuándo emergieron: las que aparecieron más tarde produjeron menos biomasa y semillas.
Entre las configuraciones de siembra, los surcos estrechos combinados con poblaciones altas ofrecieron la mayor supresión. Connors indicó que, dependiendo de la especie, el momento de emergencia y las condiciones ambientales, esta práctica mostró potencial para reducir hasta un 99 % la biomasa y la producción de semillas de las malezas. Esa cifra corresponde a condiciones concretas del ensayo y no debe interpretarse como un resultado garantizado en cualquier parcela.
El hallazgo aporta una vía de manejo para productores interesados en disminuir la presión de malezas mediante la competencia del cultivo. Su aplicación exige valorar el híbrido, la densidad y el sistema de siembra de cada finca. Un antecedente de manejo de malezas en maíz muestra que las decisiones de control también dependen de la etapa del cultivo y de las prácticas utilizadas en el lote.
Interés para las explotaciones lecheras
Los ensayos se realizaron en un sistema de doble cultivo sin labranza, en el que el estiércol lechero constituye la principal fuente de nitrógeno para el maíz. Por eso, la posible reducción de herbicidas se estudia junto con decisiones sobre forraje, fertilización y conservación del suelo. En investigaciones previas sobre aplicación de estiércol en cultivos de cobertura también se ha examinado cómo coordinar el manejo de nutrientes con la producción de maíz en fincas lecheras.
Los resultados señalan una posibilidad agronómica, pero todavía no demuestran que todas las explotaciones puedan reducir sus aplicaciones de herbicidas manteniendo el mismo rendimiento. Penn State indica que la eficacia observada cambia según las malezas y el momento en que aparecen. Para los productores, la decisión dependerá de comprobar cómo responden los híbridos compactos y los surcos estrechos en sus propias condiciones de producción.
Fuentes referenciales:
Penn State Extension: Short Corn, Big Potential for Dairy Farmers
Penn State Extension: Considerations for Selecting Corn Hybrids in Pennsylvania


