La humedad de cosecha, el procesamiento del grano, la compactación y el sellado determinan la calidad final del alimento destinado al ganado
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
La elaboración de ensilaje de maíz exige coordinar correctamente la cosecha, la regulación de la maquinaria y el almacenamiento para evitar pérdidas de nutrientes. Denis Sever, gerente del cultivo de maíz para ensilaje de la empresa Limagrain, advierte que una decisión incorrecta en cualquiera de estas etapas puede reducir la calidad energética del alimento y favorecer su deterioro.
El especialista señala que el maíz continúa siendo el principal cultivo utilizado para producir este forraje voluminoso y jugoso. Cuando se prepara adecuadamente, el ensilaje mejora el consumo y la digestión de los animales, además de proporcionar una fuente importante de energía para las explotaciones ganaderas.
La recomendación adquiere especial relevancia cuando la sequía o el calor limitan la disponibilidad de pastos. Situaciones como la reducción del maíz forrajero registrada en Galicia o la escasez de reservas para el ganado en Bizkaia muestran que conservar correctamente cada tonelada cosechada puede resultar decisivo para sostener las raciones.
La humedad define el momento de cosechar el maíz
Uno de los errores más frecuentes consiste en recolectar plantas con una humedad igual o superior al 75 %. Según la información técnica difundida por AgroXXI, el intervalo recomendado para iniciar la cosecha se sitúa generalmente entre 65 % y 70 % de humedad. En esas condiciones disminuyen las pérdidas de nutrientes, se limita la salida de jugos de la masa almacenada y se favorece la fermentación láctica.
El seguimiento debe comenzar cuando aparecen los estigmas o sedas de las mazorcas, fase reproductiva conocida como R1. Como orientación práctica, la cosecha para ensilaje puede realizarse entre 35 y 45 días después de ese momento, cuando la materia seca ronda el 30 % y la humedad se aproxima al 70 %.
No obstante, el calendario no debe sustituir la evaluación directa del cultivo. La condición sanitaria de las plantas, la sequía, la temperatura y el desarrollo del grano pueden modificar su ritmo de maduración. Para una determinación más precisa, el intervalo técnico señalado para la masa completa es de 32 % a 38 % de materia seca, equivalente a una humedad de entre 62 % y 68 %.
La posición de la línea de leche del grano también aporta una referencia útil. En híbridos que conservan hojas y tallos verdes hasta el final del ciclo, esperar hasta que el grano alcance aproximadamente tres cuartas partes de la línea de leche permite acumular más almidón sin perder necesariamente la digestibilidad de la fibra.
El almidón aumenta mientras el cultivo completa su maduración
Antes de alcanzar la madurez fisiológica o fase de “punto negro”, el maíz puede acumular diariamente entre 0,5 % y 1 % de almidón. Este proceso explica por qué una cosecha demasiado temprana entrega una masa muy húmeda, con menor concentración energética y mayor riesgo de pérdidas por efluentes.
Las plantas sanas mantienen la fotosíntesis durante más tiempo y continúan trasladando azúcares hacia la mazorca. En cultivos afectados por enfermedades o déficit hídrico, ese movimiento puede alterarse y producir granos incompletos o una aparición prematura del punto negro. Por ello, la observación del grano debe complementarse con el análisis de la planta completa.
La planificación debe considerar también las fechas de siembra y la duración de los híbridos disponibles. Aunque estos pueden diferenciarse en el tiempo transcurrido desde la emergencia hasta la floración, el periodo comprendido entre la aparición de las sedas y la concentración adecuada de materia seca suele ser más uniforme.
Altura de corte y procesamiento del grano
Elevar la altura de corte puede mejorar la digestibilidad de la fibra detergente neutra y aumentar la concentración nutritiva del ensilaje, aunque reduce el volumen total de biomasa cosechada. Esta alternativa puede ser útil cuando la explotación ya dispone de abundante forraje o cuando el heno y el henolaje almacenados presentan una calidad inferior a la esperada.
El procesamiento del grano es otro punto crítico. Una trituración adecuada rompe los granos y facilita que los animales aprovechen su almidón. Cuando las partículas vegetales son demasiado largas, los rodillos del procesador encuentran mayores dificultades para capturar y romper cada grano.
La regulación recomendada sitúa la separación entre los rodillos en un rango de 1 a 3 milímetros, ajustado según la madurez del cultivo. La diferencia entre sus velocidades de giro debe mantenerse entre 20 % y 40 %. Además, el operador necesita controlar periódicamente la dureza y el desgaste de estas piezas, cuya vida útil media puede variar entre 400 y 1.000 horas de trabajo.
Estas decisiones deben integrarse con el manejo general de la dieta. El artículo de Mundo Agropecuario sobre la función del ensilaje de maíz en el ganado lechero explica que este ingrediente puede representar una proporción considerable de la materia seca consumida en sistemas especializados.
La compactación debe expulsar el aire de la masa
Antes de recibir el material picado, las paredes y el piso de la trinchera deben limpiarse y revisarse. Las grietas y cavidades necesitan reparación para impedir la entrada de aire, mientras que la desinfección, el revestimiento con película y la limpieza de los accesos reducen el riesgo de introducir tierra y microorganismos perjudiciales.
La velocidad de llenado influye directamente en la conservación. Cada capa nueva destinada a la compactación no debería superar los 20 centímetros de espesor, pues las capas delgadas facilitan la expulsión del aire. Las zonas próximas a las paredes requieren especial atención porque suelen resultar más difíciles de compactar.
Una vez finalizado el llenado, la trinchera debe cubrirse inmediatamente y quedar herméticamente sellada. El almacenamiento sin protección puede originar en la superficie una franja podrida de entre 10 y 30 centímetros, además de un deterioro menos visible causado por bacterias aerobias y hongos.
La conservación anaeróbica depende de impedir que el oxígeno vuelva a ingresar después de la compactación. La explicación sobre el funcionamiento de los silos agrícolas detalla cómo la fermentación láctica estabiliza el alimento cuando la masa permanece adecuadamente protegida.
Una cadena de decisiones para proteger el alimento
El resultado final no depende de una sola operación. La cosecha en el intervalo apropiado equilibra humedad, fibra y almidón; la correcta regulación de la picadora mejora el acceso a los nutrientes; y la colocación en capas finas permite alcanzar una compactación uniforme.
El sellado completa esa cadena al restringir el oxígeno durante la fermentación y el almacenamiento. Los mismos principios de limpieza, compactación y cobertura también son importantes en otros materiales, como recoge la guía sobre preparación de ensilaje de hierba.
Para las explotaciones ganaderas, controlar estos puntos significa proteger el valor de un cultivo que ya concentró costos de semilla, fertilización, sanidad, maquinaria y transporte. Registrar la floración, medir la materia seca, revisar los rodillos antes de entrar al campo y preparar anticipadamente el almacenamiento reduce la posibilidad de que una falla operativa comprometa toda la reserva forrajera.
Fuente referencial:
AgroXXI — recomendaciones de Denis Sever, gerente de cultivo de maíz para ensilaje de Limagrain

