Una investigación basada en más de 248.000 explotaciones y 8.800 puntos de muestreo identifica diferencias importantes entre los sistemas de manejo agrícola y su capacidad para mantener las reservas de carbono orgánico.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario Editor: Karem Díaz S.
Una investigación científica realizada a escala europea ha encontrado nuevas evidencias sobre la influencia de las prácticas agrícolas en las reservas de carbono orgánico del suelo. El estudio, publicado en la revista Global Change Biology, combinó información de 248.362 explotaciones agrícolas con mediciones procedentes de 8.834 ubicaciones de muestreo en la Unión Europea y el Reino Unido. Los resultados muestran que la intensidad del manejo puede contribuir a la pérdida de carbono en tierras de cultivo, mientras que determinadas prácticas de fertilización y rotación presentan potencial para mejorar su conservación.
El trabajo, titulado Continental-Scale Evidence of Farm Management Impacts on Soil Carbon, fue desarrollado por un equipo internacional encabezado por Julian Helfenstein, con la participación de investigadores especializados en suelos y sistemas agrícolas. Su principal aportación consiste en relacionar datos detallados sobre el funcionamiento de las explotaciones con mediciones representativas del carbono almacenado en los terrenos agrícolas.
Esta combinación permite superar una limitación frecuente en los estudios territoriales: conocer cuánto carbono contiene un suelo sin disponer de suficiente información sobre las decisiones productivas que pueden explicar sus diferencias. La investigación aporta así una perspectiva más amplia sobre la relación entre el manejo agrícola, las condiciones del terreno y la conservación de la materia orgánica.
Más de 248.000 explotaciones permiten comparar distintos sistemas agrícolas
Los investigadores utilizaron encuestas sistemáticas sobre prácticas de manejo en 248.362 explotaciones y datos de seguimiento del suelo correspondientes a 8.834 ubicaciones. La información abarca diferentes regiones edafoclimáticas europeas, es decir, territorios con distintas combinaciones de características del suelo y condiciones climáticas.
El análisis consideró tres indicadores: las reservas de carbono orgánico, su posición respecto a valores de referencia establecidos para condiciones comparables de suelo y clima, y los cambios anuales en la concentración de carbono orgánico.
Los resultados indican que la intensidad del manejo agrícola constituye un factor significativo asociado a la pérdida de carbono en los cultivos herbáceos y leñosos. Sin embargo, esa relación no apareció de la misma manera en los pastizales, lo que demuestra que las respuestas dependen del sistema productivo y de las condiciones locales.
Esta diferenciación es importante porque evita aplicar una misma interpretación a todos los terrenos agrícolas. La conservación de la materia orgánica del suelo depende de procesos físicos, químicos y biológicos que interactúan con las prácticas de producción.
Estiércol, agricultura orgánica y rotaciones con pastos muestran potencial
Entre las prácticas asociadas con mejores resultados, los investigadores identificaron una elevada proporción de estiércol dentro de los aportes de fertilización, el manejo orgánico y una mayor presencia de praderas temporales dentro de las rotaciones agrícolas.
Estas prácticas mostraron potencial para incrementar las reservas de carbono orgánico, aunque sus efectos no fueron uniformes en todas las regiones estudiadas. La investigación subraya que las características del suelo y el clima condicionan la magnitud de las respuestas.
La incorporación de materiales orgánicos constituye una de las vías mediante las cuales los sistemas agrícolas pueden aportar carbono al suelo. Sin embargo, su permanencia depende también de la descomposición microbiana, las condiciones ambientales y las interacciones entre los distintos componentes del terreno.
Esta complejidad ya había sido abordada en investigaciones sobre la acumulación y descomposición de la materia orgánica, que muestran cómo los residuos vegetales pueden modificar tanto los aportes como las pérdidas de carbono.
En el caso de las rotaciones con praderas temporales, el estudio europeo identifica una asociación favorable con las reservas de carbono. No obstante, sus resultados no permiten establecer que cualquier incorporación de pastos produzca automáticamente el mismo beneficio en todas las explotaciones.
La diferencia entre las mejores y peores prácticas alcanza miles de millones de toneladas
Uno de los resultados más relevantes procede de los escenarios elaborados por el equipo científico para estimar cómo cambiarían las reservas de carbono si las tierras agrícolas europeas adoptaran distintos patrones de manejo.
Según el modelo, si toda la superficie agrícola europea se gestionara de manera comparable al 10 % de las explotaciones con prácticas más favorables para el carbono del suelo, las reservas podrían aumentar en 1,58 petagramos de carbono, equivalentes a 1.580 millones de toneladas de carbono. El intervalo de confianza del 95 % se situó entre 1,27 y 1,89 petagramos.
En el escenario contrario, utilizando como referencia el 10 % de las explotaciones con prácticas menos favorables, las reservas podrían disminuir en aproximadamente 0,92 petagramos de carbono, equivalentes a 920 millones de toneladas. El intervalo estimado se situó entre pérdidas de 0,68 y 1,15 petagramos.
Estas cifras representan escenarios modelizados y no cantidades de carbono que ya se hayan ganado o perdido como consecuencia de cambios recientes en las explotaciones.
Los autores aclaran que las estimaciones corresponden a reservas de carbono en condiciones de equilibrio. Por tanto, no describen la velocidad a la que se producirían los cambios ni incorporan completamente las interacciones con un clima futuro diferente.
El manejo del suelo requiere soluciones adaptadas a cada región
La investigación señala que no existe una respuesta uniforme del carbono orgánico frente a las prácticas agrícolas. Las diferencias entre regiones indican que las recomendaciones deben considerar las propiedades del suelo, las condiciones climáticas y las características de los sistemas de cultivo.
En consecuencia, una práctica favorable en determinadas explotaciones no necesariamente ofrecerá resultados equivalentes en otros territorios. Esta conclusión refuerza la importancia de evaluar las condiciones productivas antes de establecer estrategias de manejo.
La necesidad de adaptar las prácticas a cada explotación también aparece en trabajos anteriores sobre la evaluación de las mejores prácticas agrícolas, donde se examina cómo las condiciones reales de las fincas influyen en los resultados obtenidos.
Para los productores, el estudio aporta una base científica que permite valorar con mayor precisión las relaciones entre fertilización orgánica, rotaciones y reservas de carbono. No obstante, sus conclusiones no constituyen una recomendación universal sobre cantidades de estiércol, duración de las rotaciones o sustitución de sistemas productivos.
Una nueva base científica para evaluar la gestión agrícola europea
El principal avance de la investigación consiste en vincular información de manejo procedente de cientos de miles de explotaciones con una red representativa de mediciones del suelo. Esta aproximación permite identificar patrones que serían difíciles de observar mediante estudios limitados a una sola finca o región.
Los resultados también ofrecen información para el diseño de políticas agrícolas orientadas a conservar el carbono orgánico, aunque los autores insisten en la necesidad de adaptar las intervenciones a las características de cada territorio.
En paralelo, experiencias productivas como la medición y certificación del carbono en suelos ganaderos de Argentina muestran cómo la cuantificación de este recurso está adquiriendo relevancia dentro de la gestión de las explotaciones.
El estudio europeo no demuestra que una única técnica permita maximizar el carbono del suelo en cualquier circunstancia. Su aportación es identificar, mediante una base de datos continental, qué combinaciones de prácticas presentan asociaciones favorables y dónde pueden existir mayores oportunidades de mejora.
La investigación fue publicada en 2026 en Global Change Biology y su registro académico fue incorporado al repositorio de la Universidad James Cook el 7 de octubre. Sus resultados amplían la evidencia disponible para evaluar el manejo del suelo agrícola a escala regional y continental, sin sustituir la necesidad de mediciones y decisiones específicas en cada explotación.
Fuentes referenciales: Universidad James Cook — Repositorio académico del estudio original Global Change Biology — Continental-Scale Evidence of Farm Management Impacts on Soil Carbon


