Un campo del norte argentino logró registrar bajo Verra un proyecto basado en manejo holístico del pastoreo y medición de carbono orgánico del suelo
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
En el norte de Corrientes, Argentina, un establecimiento ganadero logró registrar bajo el estándar internacional Verra un proyecto de captura de carbono del suelo basado en manejo holístico del pastoreo, monitoreo técnico y mejoras medibles en pastizales naturales asentados sobre planicies arenosas.
El caso corresponde a Rincón de Corrientes, una empresa ubicada en el centro-norte provincial, en una zona de suelos frágiles, baja fertilidad natural y alta susceptibilidad a la degradación cuando el manejo productivo no es adecuado. Allí, el sistema ganadero avanzó hacia una estrategia diferente al manejo tradicional, con subdivisiones de potreros, ajustes dinámicos de carga animal y tiempos de descanso adaptativos.
El proceso fue acompañado por especialistas del grupo Recursos Naturales del INTA Corrientes, que registraron incrementos significativos en el carbono orgánico total del suelo, un indicador clave para evaluar fertilidad, calidad y capacidad productiva. La experiencia conecta con una discusión cada vez más fuerte dentro de la ganadería con manejo holístico, donde el suelo deja de ser solo una base física para convertirse en el principal recurso estratégico del sistema.
Un suelo frágil bajo manejo planificado
La relevancia técnica del proyecto está en el ambiente donde se desarrolló. No se trata de un campo con suelos naturalmente fértiles, sino de un sistema pastoril sobre arenas frágiles, donde la cobertura vegetal, la carga animal y los períodos de descanso pueden marcar la diferencia entre recuperar funcionalidad o acelerar procesos de degradación.
Ditmar Kurtz, especialista del grupo de Recursos Naturales del INTA Corrientes, explicó que desde el punto de vista agronómico el aumento del carbono orgánico representa una señal relevante. En sistemas pastoriles sobre suelos vulnerables, mejorar este indicador implica favorecer la estructura del suelo, la retención de agua, la actividad biológica y la capacidad de respuesta frente a eventos climáticos extremos.
El carbono orgánico del suelo no es únicamente una variable ambiental. También está asociado con la productividad futura del campo, la estabilidad del pastizal y la capacidad del sistema para sostener animales sin deteriorar su base natural. Por eso, el caso de Corrientes se suma a otras experiencias que observan cómo el pastoreo puede influir en la estabilidad del carbono del suelo cuando existe una relación equilibrada entre animales, vegetación y manejo.
Carbono, fósforo y salud productiva
Los resultados observados en Rincón de Corrientes no se limitaron al mayor stock de carbono. También se detectaron mejoras en fósforo disponible en superficie, un dato importante porque este nutriente condiciona la productividad de las pasturas y la respuesta general del sistema ganadero.
En este tipo de ambientes, el manejo holístico del pastoreo busca ordenar el movimiento de los animales para evitar permanencias excesivas sobre una misma superficie, permitir descansos suficientes y favorecer la recuperación de la cobertura vegetal. Esa cobertura protege el suelo, aporta raíces, reduce la exposición directa al clima y contribuye al ingreso de materia orgánica.
La lógica técnica coincide con otras líneas de trabajo sobre manejo de pasturas y carbono del suelo, aunque el valor de este caso está en que fue desarrollado sobre pastizales naturales del NEA argentino y bajo un proceso de certificación internacional.
Un registro exigente bajo estándar Verra
Después de seis años de trabajo, Rincón de Corrientes logró registrar el proyecto bajo Verra, uno de los estándares internacionales más exigentes para proyectos de carbono. El registro implica que las capturas deben ser reales, medibles y adicionales; que se usan metodologías aprobadas y auditables; que existen validaciones independientes; y que el proyecto queda sujeto a monitoreo y verificación continua.
Santiago Angelillo, gerente de la empresa, señaló que en América existen alrededor de cuatro proyectos de carbono en suelos de pastizales registrados bajo el estándar Verra. De ellos, dos incluyen a la Argentina y uno es exclusivamente del NEA. Ese dato muestra la dificultad técnica y operativa de llevar este tipo de iniciativas desde la idea inicial hasta el registro formal.
Entre las barreras mencionadas aparecen la necesidad de series históricas mayores a tres años, monitoreo directo del carbono en suelo, incertidumbre cuantificada, escalas superiores a 100.000 hectáreas y validaciones independientes complejas. Por eso, aunque existen cerca de 100 proyectos en desarrollo a nivel global, solo unos pocos han logrado registrarse y emitir créditos.
Ganadería con datos, no solo con promesas
El registro obtenido en Corrientes representa un paso importante porque traslada el discurso de la ganadería regenerativa hacia un terreno más verificable. No basta con afirmar que un campo captura carbono: es necesario medir, documentar, auditar y sostener el manejo en el tiempo.
Ese punto es central para el futuro de la producción ganadera. La posibilidad de mejorar el ambiente mientras se produce carne depende de prácticas consistentes, pero también de información capaz de demostrar resultados. En esa línea, el monitoreo del carbono, la carga animal, los descansos, la cobertura vegetal y los cambios químicos del suelo se vuelven parte del sistema productivo.
El caso también dialoga con la búsqueda de herramientas que permitan compensar parte del impacto climático de la actividad ganadera mediante mejor manejo del pasto, recuperación de suelos y mayor eficiencia territorial. Experiencias previas han mostrado que un mejor manejo de los pastos puede mejorar el balance ambiental del ganado, siempre que exista planificación técnica y control de los resultados.
Un modelo para seguir evaluando
El INTA plantea ahora la necesidad de profundizar la articulación y continuar los estudios para evaluar si la tendencia positiva observada se mantiene, se estabiliza o se incrementa con el paso del tiempo. Esa cautela es importante: el carbono del suelo responde a procesos biológicos y de manejo que necesitan continuidad, medición y ajuste permanente.
La experiencia de Rincón de Corrientes muestra que los pastizales naturales del norte argentino pueden integrarse a modelos productivos más exigentes, donde la ganadería no se mide únicamente por kilos producidos, sino también por la condición del suelo que sostiene el sistema.
En un contexto de mayor presión climática, mercados ambientales y demanda de trazabilidad, el caso abre una señal concreta para la ganadería argentina: producir en suelos frágiles puede ser compatible con mejorar carbono, fertilidad y salud del ecosistema, siempre que el manejo deje evidencia técnica suficiente para sostener esa afirmación.
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