Una encuesta internacional con 2.767 equinos relacionó la convivencia, el contacto con las personas, el alojamiento y la frecuencia de monta con rasgos de comportamiento, sin demostrar causalidad
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las decisiones que toman los propietarios sobre el alojamiento, la interacción diaria y el trabajo de sus caballos están asociadas con diferencias en rasgos de personalidad de los animales. Un estudio internacional dirigido por la investigadora Océane Liehrmann, de la Universidad de Turku, en Finlandia, y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, analizó información de 2.767 caballos y encontró patrones relacionados con el interés por las personas, la atención, la sociabilidad entre equinos y conductas vinculadas con ansiedad, miedo e inseguridad.
La investigación, publicada en Royal Society Open Science, se basó en una encuesta internacional realizada entre junio de 2023 y febrero de 2024. Los autores subrayan una limitación fundamental: las asociaciones observadas no permiten afirmar que una determinada práctica de manejo provoque por sí misma un cambio de personalidad. El diseño del estudio tampoco permite descartar que el propio comportamiento del caballo influya en las decisiones que toma su propietario.
Una encuesta internacional examinó 2.767 caballos
El equipo reunió respuestas de 2.257 propietarios de Europa, América del Norte y otras regiones. Los participantes completaron cuestionarios disponibles en finés, francés e inglés y evaluaron diferentes características de sus animales mediante 52 afirmaciones, además de proporcionar información sobre alojamiento, frecuencia de monta, trabajo desde el suelo, tiempo compartido, equipamiento, historial de propietarios y duración de la relación con el caballo.
El análisis identificó cuatro dimensiones principales de personalidad: sociabilidad hacia las personas, atención, sociabilidad con otros caballos y neuroticismo. En este último grupo se incluyeron comportamientos asociados con ansiedad, miedo, inseguridad y excitabilidad.
El interés por relacionar las decisiones humanas con el bienestar equino no es nuevo. Investigaciones anteriores ya han planteado que las experiencias negativas, el miedo y determinados métodos de entrenamiento pueden dejar efectos duraderos en el comportamiento de los caballos, especialmente cuando el animal asocia personas, lugares o procedimientos con situaciones estresantes.
Compartir tiempo sin exigir tareas se vinculó con mayor interés humano
Uno de los patrones más claros apareció en los momentos de interacción que no implicaban entrenamiento ni trabajo. Los 1.624 caballos cuyos propietarios compartían tiempo con ellos entre cuatro y siete veces por semana sin exigirles ninguna tarea obtuvieron puntuaciones de interés por las personas un 10,3 % superiores a las de aquellos que rara vez recibían este tipo de contacto.
Frente a los animales que tenían esas interacciones solamente una o dos veces por semana, la diferencia fue del 4 %. Los investigadores consideraron actividades sencillas como acariciar al caballo, permanecer a su lado en el corral, ofrecerle una golosina o permitirle pastar en un lugar seguro sin convertir el encuentro en una sesión de entrenamiento.
La duración de la relación con una misma persona también presentó una asociación. Los caballos que llevaban más de diez años con su propietario registraron un nivel de interés hacia las personas un 12,3 % superior al de aquellos que habían llegado al hogar durante el año anterior.
Estos resultados refuerzan la importancia de estudiar el manejo desde una perspectiva amplia, en la que salud física, experiencias previas y comportamiento forman parte del bienestar. En ese contexto, también se desarrollan herramientas destinadas a detectar problemas de salud que pueden afectar el bienestar y la conducta de los caballos mediante procedimientos menos invasivos.
Vivir acompañado se relacionó con mayor sociabilidad equina
El alojamiento aportó otro de los resultados destacados. De los caballos incluidos en el estudio, 407 vivían solos, 852 compartían espacio con un único compañero y 1.508 formaban parte de un grupo.
Los animales mantenidos en grupo alcanzaron puntuaciones de sociabilidad hacia otros caballos un 4,2 % superiores a las de los ejemplares alojados solos. Tener un único compañero produjo una diferencia similar: esos caballos obtuvieron puntuaciones un 3,5 % superiores a las de los animales sin compañía.
La diferencia entre vivir con un compañero y hacerlo dentro de una manada no fue estadísticamente significativa. Este resultado sugiere que incluso la presencia de otro caballo puede estar asociada con niveles de sociabilidad próximos a los registrados en grupos mayores.
Los autores recuerdan que los caballos son animales sociales y que, en condiciones naturales, forman grupos relativamente estables. Sin embargo, el estudio no permite establecer la dirección de la relación observada: es posible que vivir acompañado favorezca determinados comportamientos sociales, pero también que los propietarios mantengan solos a animales que previamente mostraban dificultades para convivir con otros.
La frecuencia de monta mostró diferencias en atención y ansiedad
Los investigadores también analizaron la relación entre la frecuencia de monta y los rasgos evaluados. Los caballos montados entre cuatro y siete días por semana fueron descritos como más atentos que los animales que nunca eran montados, los que todavía eran demasiado jóvenes y los ejemplares retirados de esta actividad.
Los caballos montados con poca frecuencia obtuvieron además una puntuación aproximadamente un 4 % superior en la dimensión relacionada con ansiedad respecto de aquellos trabajados regularmente. Este resultado tampoco demuestra que aumentar la frecuencia de monta reduzca la ansiedad.
Existe una posible relación inversa: los propietarios pueden montar con mayor frecuencia a animales que ya son más atentos, cooperativos o previsibles, mientras reducen el trabajo con aquellos que presentan conductas difíciles. Esa posibilidad constituye una de las razones por las que los investigadores evitan interpretar las asociaciones como efectos causales.
La forma en que las personas seleccionan, entrenan y manejan los equinos puede tener implicaciones directas para su bienestar. Un ejemplo distinto aparece en la crianza, donde la presión humana por modificar características del caballo criollo colombiano ha generado advertencias sobre prácticas capaces de comprometer su salud.
Tres prácticas no mostraron asociaciones con los rasgos estudiados
No todas las decisiones de manejo examinadas estuvieron relacionadas con diferencias de personalidad. El trabajo desde el suelo, la utilización o ausencia de bocado durante la monta y el tiempo de pastoreo no presentaron asociaciones estadísticamente significativas con ninguno de los cuatro rasgos analizados.
La raza y el sexo, en cambio, también estuvieron vinculados con diferencias en las respuestas de los propietarios. Los caballos de sangre caliente obtuvieron la puntuación más alta en la dimensión de neuroticismo, un 7,8 % por encima de los animales de tiro. Los ponis superaron a estos últimos en aproximadamente un 5 %.
Los machos castrados registraron las puntuaciones más elevadas tanto en neuroticismo como en interés hacia las personas. Estos resultados muestran que las características biológicas y el manejo deben analizarse conjuntamente, en lugar de atribuir el comportamiento exclusivamente a las prácticas de los cuidadores.
Los cambios de propietario también aparecieron en el análisis
El historial de propiedad fue otra variable examinada. Más de la mitad de los caballos estudiados, 1.485 ejemplares, había pasado por varios propietarios antes de llegar a la persona que respondió la encuesta.
Los animales adquiridos directamente de su criador obtuvieron puntuaciones de interés por las personas un 3,4 % superiores y cerca de un 1,9 % más altas en atención que los caballos que habían tenido varios propietarios.
Liehrmann ya había participado en una investigación anterior que encontró una mayor tendencia a respuestas de miedo extremo ante situaciones nuevas entre caballos que habían pasado por varias ventas. La investigadora señala que algunos equinos pueden cambiar de hogar numerosas veces durante su vida y que necesitan tiempo para adaptarse después de un traslado.
La memoria y las experiencias acumuladas son especialmente relevantes en el manejo de esta especie. La capacidad de los caballos para recordar situaciones asociadas con miedo o dolor ha llevado a especialistas veterinarios a recomendar paciencia, identificación de los factores desencadenantes y modificación del ambiente cuando aparecen conductas adversas relacionadas con experiencias traumáticas previas.
El estudio no demuestra que el manejo cause una personalidad determinada
La principal cautela metodológica reside en que la investigación es observacional y depende de las evaluaciones proporcionadas por los propietarios. No hubo una intervención experimental en la que los científicos asignaran diferentes sistemas de manejo a los caballos y posteriormente midieran cambios de personalidad.
Esto impide separar completamente causa y efecto. Un caballo muy sociable puede provocar que su propietario quiera pasar más tiempo con él, de la misma manera que un ejemplar atento y fácil de manejar puede ser montado con mayor frecuencia. La relación podría operar también en sentido contrario o combinar ambas direcciones.
Además, la personalidad no depende exclusivamente del ambiente creado por las personas. Genética, raza, sexo, edad, experiencias tempranas y acontecimientos acumulados durante la vida pueden contribuir a las diferencias individuales.
La necesidad de integrar múltiples dimensiones también aparece en otros ámbitos del cuidado equino. La investigación veterinaria sobre infecciones transmitidas por garrapatas que pueden pasar desapercibidas en los caballos evidencia que la observación cotidiana debe complementarse con evaluación sanitaria para comprender adecuadamente el estado del animal.
El seguimiento a largo plazo deberá aclarar las relaciones
Para determinar si las prácticas de manejo producen cambios de personalidad sería necesario seguir a los mismos caballos y propietarios durante períodos prolongados, documentando cómo evolucionan tanto las condiciones de vida como el comportamiento antes y después de modificaciones concretas.
Este tipo de investigación longitudinal permitiría comprobar, por ejemplo, si proporcionar compañía a un caballo previamente alojado solo modifica posteriormente su sociabilidad, o si incrementar las interacciones positivas sin exigencias altera de manera medible su disposición hacia las personas.
Los resultados actuales aportan, por tanto, asociaciones relevantes para formular nuevas preguntas sobre bienestar y manejo, pero no una receta universal de crianza equina. Su principal contribución es mostrar que el ambiente doméstico, las relaciones sociales y las decisiones de los propietarios deben incluirse entre las variables que se estudian cuando se intenta comprender por qué los caballos presentan diferencias estables de comportamiento.
Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad de Turku


