Un equipo internacional desarrolló una herramienta con unos 63.000 marcadores para estudiar dos especies comerciales y vigilar la diversidad de sus poblaciones
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional en el que participa el Centro Interdisciplinar de Investigación Marina y Ambiental de Portugal (CIIMAR) desarrolló una herramienta genética para estudiar la almeja japonesa (Ruditapes philippinarum) y la almeja fina (Ruditapes decussatus). El trabajo, publicado en la revista Aquaculture, podría ayudar a seleccionar reproductores para el cultivo y a conservar la diversidad genética de estas especies de interés para las comunidades costeras.
La herramienta analiza pequeñas variaciones del ADN conocidas como SNP. Reúne alrededor de 63.000 marcadores genéticos; los investigadores validaron más de 45.000 para la almeja japonesa y 15.000 para la almeja fina. Su utilidad inmediata es obtener información detallada sobre los ejemplares y las poblaciones, no producir por sí sola almejas resistentes.
Seleccionar reproductores sin perder diversidad
Los marcadores permiten estudiar el parentesco entre almejas y seguir los niveles de consanguinidad. Esa información puede orientar la elección de reproductores y ayudar a evitar que un programa de cultivo reduzca en exceso la variabilidad genética de sus poblaciones.
La selección de animales acuáticos con información genética ya se explora en otras especies. Un mapa genético desarrollado para la cría de barramundi muestra cómo conocer la transmisión de rasgos puede aportar nuevas opciones a los productores, aunque cada especie requiere herramientas y evaluaciones propias.
En las almejas, el equipo plantea investigar rasgos de interés productivo, entre ellos el crecimiento y la respuesta a enfermedades o cambios ambientales. Identificar marcadores no equivale a demostrar que un ejemplar resistirá mejor: las asociaciones útiles deberán comprobarse antes de aplicarse a programas de mejora.
Enfermedades y presión ambiental sobre las almejas
Las dos especies estudiadas tienen importancia económica, pero sus poblaciones y cultivos afrontan presiones relacionadas con enfermedades, degradación del hábitat y cambios ambientales. Una investigación anterior del grupo de salud de animales acuáticos vinculado al proyecto identificó más de 13.000 marcadores asociados con la resistencia o susceptibilidad de la almeja fina al parásito Perkinsus olsenii.
La nueva plataforma puede facilitar estudios sobre ese tipo de problemas sanitarios. También puede complementar otras decisiones de manejo en las granjas de moluscos, como la elección del sistema de cultivo. En otra especie de bivalvo, una comparación de métodos para criar vieiras del Atlántico examinó cómo las técnicas empleadas influyen en los resultados productivos.
Los riesgos para las almejas tampoco se limitan a los patógenos. En zonas del Mediterráneo, el avance del cangrejo azul ha causado problemas a cultivos de almejas y mejillones. El análisis genético puede aportar información para gestionar poblaciones, pero no sustituye las medidas frente a depredadores ni la protección de los hábitats.
Una herramienta para cultivos y poblaciones silvestres
Además de su posible aplicación en criaderos, la plataforma permite comparar la diversidad genética de poblaciones naturales y estudiar su respuesta a cambios del entorno. Los investigadores la han puesto a disposición de la comunidad científica para favorecer nuevos trabajos sobre producción y conservación.
El desarrollo reunió a instituciones y empresas de varios países europeos. Su aplicación productiva dependerá de estudios posteriores que relacionen los marcadores con características observadas en las almejas. Esa cautela también forma parte del debate más amplio sobre cómo ampliar el cultivo de mariscos mientras se protege la biodiversidad marina.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Estudio publicado en Aquaculture


